Mostrando entradas con la etiqueta Vikingays. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vikingays. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de febrero de 2024

Levantarse

No apetecía. Casi nunca lo hace un derbi. Menos con esa Copa que la camarera ya está tirando a la vuelta de la barra. Lo pongo, gol de Brahim tras pinball contemplativo. Mal síntoma. Una ojeada de vez en cuando no era suficiente. No anoche. Tan importante es no darle la espalda al equipo en un derbi sin mayúsculas como el miércoles en esas semis que tanta ilusión me producen. Me incorporé en el minuto 52, tras el gol en fuera de juego del nuevo testamento de estos que se llevan ahora, y que yo estoy de acuerdo. Luego el Atleti puso un pie en el suelo, levantó una rodilla y se incorporó parcialmente entre un cóctel de caídas cérvidas en el área, que todas juntas distaron un par de centímetros, newtons o kilojulios para sumar un penalty (o que el marcador hubiera sido otro). Luego el tiempo pasaba rápido, y yo percibía que algo podía pasar si no nos habían matado ya. Y ahí pusimos los dos pies en tierra. Llorente (siempre sospeché que se iba a volver al Madrid cuando lo petó con nosotros) miró al cielo, y aunque al final ya habíamos dado la cara, ese empate raro a mí me dio un plus para levantarme al día siguiente entre mis propias dudas y temores. El tiempo de descanso de los nuestros es poco, el mío también, pero se me hace lenta la espera (hasta me he equivocado al etiquetar el partido y he puesto Athletic). No me falles Atleti. Tú siempre te levantas.


Marco Llorentini, minuto novantatre


viernes, 19 de enero de 2024

Humildad como reliquia

Desde nuestro prisma, la narrativa de los derbis está llena de puntos de inflexión, afines las muchas veces al abismo de la amargura, siempre tangenciales a la locura. En Copa nos sabemos aún más iguales que en Europa, pero tras el drama saudí, había una sensación similar a la de Milán: si se cae, la brecha será inolvidable a pesar del buen balance global; el fútbol tiene memoria, pero pivota y se retroalimenta solo de la épica del ganador. Y basta de florituras, que estoy más exhausto que Carlos Sainz de tanta piedra en el camino. Lo cierto es que esta vez, a lo Rocky, a lo ensayo-error, a lo final del 2013, a lo qué se yo, aguantamos, aprovechamos, fuimos retráctiles, y alcanzamos una merecida catarsis en la prórroga, justo cuando el partido ya sale de órbita y los conceptos tácticos se desprenden como tejido muerto, fagocitados por el instinto de supervivencia. Ahí, esta vez, la moneda cayó por el lado de la sencillez y el no agachar la cabeza ante patéticos monigotes. Antoine se administró como nadie, quizá demasiado, pero todo se justificó cuando bajó del altar de la hagiografía colchonera, se dejó de gilipolleces y nos subió adonde él duerme, con moraleja además para el más tonto de la clase... Aún quedaba ordalía, lo sabíamos de sobra, porque nuestro rival es el adversario por antonomasia y por los precedentes recientes. Eso sólo era volver a postrar a la bestia, pero fue Riquelme, a pase de un correcto Memphis (pélate ya!!!) quien le cortó la cabeza: sangre blanco merdellón y linfa violácea. Me recordó a mi paroxismo en Tallinn. Esta vez en silencio, con la Titoneta zozobrante a mi lado, cayendo finalmente de rodillas, rodeado con la manta noruega y un pijama de navidad. Esta vez con el extra de cobertura wasapera con el Bati, porque lo veía por la tele. Hablando de la retransmisión, no se entienda esto como falta de respeto, pero el gran Mario Suárez me gustó más como comentarista que como jugador. Un indio contra dos madridistas: pocos son. Lo malo es que en estas ocasiones de alegría, siempre echo el freno de mano, como si no fuera merecedor. Siempre busco atenuantes para sosegarme, fruto de mi espíritu pusilánime. Sobre todo, trato de actuar en actos cotidianos como si hubiera ocurrido lo contrario, para no olvidar de dónde yo vengo y de cómo fallo en el resto de obligaciones. Nunca es tarde para cambiar, pero es que no es fácil ser yo, ni decir tiene ser del Atleti, porque yo soy el Atleti. Y por eso sostengo que es el equipo del que más difícil es ser, por quién tenemos al lado, no hay problema en reconocerlo, pero sobre todo por la inefable manera de subir y bajar de las nubes. Hoy salió cara, mañana a ver qué sale en el sorteo. Aquí el "partido a partido" me la suda, yo quiero la Copa y si no moriré ahogado y sin abandonar a mi tripulación.


"A mi manera, ilusionado, en un velero que me lleva a todos lados;
con el Batiato, muy motivado, y con el Tito con el que otra Copa ya viví;
yo que te animo y que te quiero tanto, 
Simeone puso mi corazón latiendo por ti, latiendo por ti..."

martes, 26 de septiembre de 2023

Sin complejos

Tercer derbi triunfado en casa en liga con el Cholo, esto es: 2015, 2022 y el del pasado domingo. Si buscamos antes, hay que remontarse al siglo pasado. Así que nos sobraban los motivos para ganar, entre ellos evitar retirarnos de la liga en septiembre, y también sobraban para desconfiar en un contexto tan complicado. Tanto bullying histórico en forma de resultados, desgracias arbitrales y, por qué no decirlo, malas actuaciones del equipo partidos de tal fuste tan a menudo, hacen del derbi un partido en el que la cábala, el sudor frío y el pellizco estomacal mellan incluso los corazones como el mío, a prueba de lisboas y milanes (a veces me pregunto cómo sobreviví emocionalmente esos caminos y otros tantos), pero con la fe inquebrantable. Y más sabiendo que, cuando yo genuinamente sé que el Atleti está mal y que sinceramente veo la cosa chunga, los nuestros sacan la cara. En Roma se atisbó, y aquí por fin bastó para ganar al peor rival de cualquier deporte. Para ganarles, como decía el gran Rubén Uría, no hay que salir al 120%, conseguir renta y bajar al 60%. Mejor mantenerse estable en ese máximo rendimiento, con un plan, y con contundencia y una pizca se suerte quizá se dé... Eso pasó mientras yo no llegaba a tiempo de recoger unas pizzas. El primer gol desde OndaCero. "Hemos marcado muy pronto", le dije a mi interlocutor, y durante la cena narrador, madridista él. El segundo de Griezmann hizo me entrara el picorsito, incluso dije alguna bravata de que sí podría ser. Como cuando se fue la visita íbamos ganando y la presión era enorme, decidí dejar el móvil aparcado, fruto de la esperanza de ganar, creyéndome el ombligo del mundo y al mismo tiempo un poso de ser el más cagón del globo. Como un burro amarrado a la puerta del baile. Pero salió bien. Cada cuarto de hora bajaba sin saber muy bien cómo había llegado hasta allí, y todo era grato. Ese 3-1 valía millones. Y luego el final. Alegría contenida. Subidón light, porque no estuve allí, y sufrí menos, qué coño. Entonces aunque no fuera por miedo, ni vergüenza, ni mucho menos por darle la espalda al equipo, sino por ayudarle (os sorprenderían nuestras estadísticas cuando me ausento del derbi por un motivo u otro), tengo una alegría más serena y tántrica, de menos voltaje, y estoy saboreando todo en consecuencia de ello. Cada programa, puede que a 1.5x, la rueda de prensa magistral de Simeone, y por supuesto, voy hasta a ver el partido, que la ocasión lo merece. Tengo hasta el jueves... Donde habrá que despertar en Pamplona, si no, esto habrá servido de mucho menos y volverán las preocupaciones. No quiero despertar, incluso un paroncito de selecciones me pedía yo ahora. Es tan difícil ganarle a estos cabrones, y encima llorándonos (Belic-gan sigue asiduo a liarla en el descuento lesionando a Angelito), que la alegría me invade sin complejos. De hecho llevo ya dos camisetas del Atleti puestas en la semana como terapia, porque por miedo a ser considerado oportunista, la visto con rectitud más bien en las derrotas, cual muestra de orgullo. Pero, ¿más orgullo que hoy? Además, ¿quién es nadie para dudar de mi atletismo? Ni siquiera yo puedo hacerlo. Rompen las olas en la Caleta de Málaga, voy a hacer footing inmerso en mi crisis de los trentitantos, con una camiseta de cuando estuvimos en el infierno, porque lo que más importa es lo jodidamente sexy y bella que me queda cualquier camiseta de nuestro Atleti. Voy a echar el pulmón luciendo la rojiblanca como penitencia por no verlo. Va por vosotros, equipo, y también por mí. Fuera complejos  siempre que se pueda.

lunes, 19 de septiembre de 2022

Ganar

No me importa que hoy sea mi cumpleaños. No pasa nada porque me equivocara al afirmar que gozaría más ganar el Eurobasket que ganarle al Madrid. No me incumbe, si bien me sorprende y apena, la neymarización de Vini Junior. A estas alturas, tampoco tanto que el cangugo se señale las Champions. Muchísimo menos me importa que nos vituperen por revolvernos si nos quieren o piensan humillar, que ojo, yo quizá también lo haría desde esa atalaya de marfil merdellón, al menos una vez seguro que lo hacía. Porque piedras, unas de previsible sorna venenosa y otras de destilado y acomplejado odio, se lanzan desde ambas aceras al calor de las batallas de la década. Pero a mí me preocupa más nuestra impotencia en el verde, por mucho que la realzara la pegada demoledora del rival. Me da pavor la intensidad e identidad que verano a verano fueron drenadas. Me desespera la expulsión injusta de un desquiciado Hermoso, cuya felipada sopló la última raya de esperanza. Va a haber que fichar a Alberto Díaz para que ponga orden en defensa... Y creo que me aguijonea más la duda de entrar en Champions que el haber dimitido de la pelea en la vuelta de calentamiento. Ya me martillean demasiado varios diablillos recurrentes: el de la mala planificación, el de las lesiones, el del supuesto o no plantillón, el de dónde iríamos sin el Cholo y a su vez el que prefiere al tándem Emery-Marcelino, sin olvidar el arbitraje... Pues bien, todos esos problemas, en un derbi, no nos harían ni cosquillas si, como la Selección, hubiéramos ganado: 


Cada vez me jode más ponerme la rojiblanca, porque siempre lo hago henchido de orgullo, pero en vez de hacerlo al ganar (me avergonzaría que me tildaran de oportunista, como si a alguien le importara), pues lo hago cuando palmamos una grande, cual máscara de gas contra la toxicidad culémadridista que asfixia a poco que mires. Aunque si seguimos así, más me vale cambiar la razón por la que me la pongo.

El Vini güeno


martes, 1 de octubre de 2019

El inolvidable derbi para olvidar

Todo empezó un 5 de julio, poco después de saberse el calendario de la temporada. Mi sobrino Bati, el más pequeño, atlético, me retó a ver el derbi en Madrid. Yo rehusé argumentando que había partidos más plácidos para peregrinar por primera vez al Metropolitano (él ya había estado). Luego vino la goleada veraniega. Estoy seguro de que ese 3-7 influyó en el resultado que tendría el partido de liga del que ahora hablaremos. Poco a poco el plan remontó. Quizá tuvo que ver el mal de amores del susodicho Bati, pero lo que realmente lo certificó fue un tercer elemento, el alistamiento de mi sobrino Tol. El madridista sufridor podrían llamarle, a priori parecía una misión incluso más suicida para él que para nosotros, pero nos pudo el hecho de ir los tres. Siempre hemos vivido el fútbol. En la calle, en la tele, en la consola, en el almuerzo, en el pabellón, a veces en sueños... El fútbol no nos da de comer, pero nos come la cabeza a todas horas. No nos moriríamos sin él, pero nos da la vida.
Yo siempre he sido cagón, y por consiguiente precavido en mis planes. Por eso merodeaba la web atento a los precios y su puesta en venta. Si no hubiera sido por una alerta a la que me suscribí, se nos habría escapado la oportunidad. No obstante hubo suspense. Volviendo del trabajo en coche le digo a mi colega que mire la notificación, para ver cuánto valen al menos. En vez de eso la única opción era una cola online para esperar más de una hora. Para vivirlo: del baño del niño al Mercadona, constantemente revisando la web. ¿Nos quedaríamos sin ir después de toda la ilusión que teníamos puesta en esa locura? Por fin llegó mi turno. Y entonces llegó el varapalo de los precios. Ya había pedido permiso repentino a mi mujer el mismo día que salieron, dijéndole que serían unos ciento y pico euros. Los cojones. Cuando me tocó comprar, la más barata era 250 más gastos de gestión, la mayor gitanada vista. Dudamos mucho, el tiempo corría hacia atrás rápidamente, pero la locura venció a la sensatez. Íbamos a ir al Wanda, al derbi nada menos, a costa de bocadillos y de una paliza de coche en menos de veinticuatro horas para reducir costes y mitigar el sablazo de los tickets. En mi caso, padre y marido, con el recargo de la discusión por la celeridad e irresponsabilidad de todo el tinglado.

Así fueron pasando los días. Los continuos resultados hacían fluctuar los ánimos en unos y otros. El día del 3-0 del PSG Tol estaba planteándose abrir Wallapop para vender un boli con regalito. El Bati con sus audios eternos sin decir nada en realidad. Y luego yo, que al principio pensaba que ya era hora de volver a ganar en liga en casa al Madrid, que íbamos a golear, pero naturalmente fui retractándome conforme llegaba el día. Eso sí, en mis cábalas, consideraba positivo que ellos llegaran líderes. Hace tiempo que a base de hostias sé que esas idioteces poco tienen que decir, pero mis sensaciones son inevitables. Gafes y antigafes en forma de comentarios también pueden hacerte creer que ayudas a tu equipo sin estar en la grada. Además tenía la bendición de Antonio ENP, mi hermano de Tallinn. ¿Qué podía salir mal?
Entonces llegó el día, y tras mi horita adicional de viaje, salimos desde Antequera a media mañana. Algún que otro cántico, poca música y mucha radio futbolera gracias a los horarios del ciervo del Tebas. Y venga a especular, y venga a hacer comentarios cagones... No tenemos remedio. Gracias a mi buen criterio ni tuvimos que coger metro, ni problemas para aparcar. A falta de llegar a tiempo para ver in situ el Fuenla-Rayo, vimos el Getafe-Barca y a las tías que pasaban en un bar con Toros Rossos y bocatones de bacon y queso. No era mi intención reírme del camarero, con lo educado que soy yo... Entonces se acabaron las tonterías, a pata pal estadio mientras aumentaba la cantidad de indios por metro cuadrado. Ya no había marcha atrás. Yo me lo esperaba más alejado de las viviendas, y conforme llegaba se apoderaba de mí la ansiedad. Como aún quedaba bastante, hicimos caso a la marabunta y esperamos la llegada del equipo mientras un imbécil que trataba de ligar no tenía otra forma de hacerlo que hablando de las finales perdidas y lo mal que lo pasó. Ya bastante se habló de ellas en nuestro viaje como para que ese carapoya me las recordara.


No es que yo haya ido tantas veces al Calderón como para considerarme conocedor de los más íntimos secretos de las previas, ni la atmósfera de las grandes ocasiones, pero obviamente el hecho de ser el Wanda Metroplitano un estadio moderno, y por ende en una zona amplia de las afueras, restó épica a la entrada de los jugadores. El problema añadido fue que ahí, tras ver las gafas del Mono Burgos y su saludo, me desgañité tanto que me dejé media voz. Fallo garrafal, que me mantuvo miedoso de quedarme afónico hasta bien entrado el partido. Pero antes, luchando contra la zozobra por lo que se avecinaba, saboreé mi primer contacto con los entresijos del estadio: la tienda, el Paseo de las Leyendas... Todo parecía más pequeño de lo que imaginaba en mi mente. Lo que sí superó con nota mis expectativas fue el interior. Precioso coliseo, amplio y a la vez cercano. Demasiado cercano a todo el puto mundo diría yo... Porque en nuestra zona, lateral oeste pegado a la esquina, había tantos madridistas que me sentí desubicado en todo momento. Mientras Bati no hacía más que pedirnos putas fotos, Tol mascullaba arrepentido que debería haberse llevado la camiseta blanca. El juego de luces y la alineación fue un momento muy grande. A más de uno se le durmieron partes del cuerpo. Muy guapo también lo de Forlán y el tifo rollo Peaky Blinders. Pero tras el pitido, sentí que solo cantaba yo en ese jodido sector, lo juro. Pero el mejor atlético del mundo no podía amedrentarse ante tal situación. No paré en todo momento de animar entre mexicanos, asiáticos y eslovacos, cumpliendo con mi obligación. La pena fue que nunca llegué a sentir un momento de conexión de todo el estadio. Probablemente la culpa la tuvo mi lejanía del Frente y sobre todo el partido en sí, del que mejor no hablar. Durante el mismo, por no hablar apenas hablábamos entre nosotros, o sí, no me acuerdo, pero sabíamos que esa sensación de angustia constante era nuestro denominador común. La tensión de cualquier derbi, pero quintuplicada por la consabida inversión en esta expedición, donde además en lo que a mí respecta, había corticheado una vez más la cuerda de la que pende mi matrimonio.

Abandonamos el estadio descargados, con más ánimo por parte del merengón, lo cual me evitó conducir a la vuelta. Yo hubiera firmado el empate antes del partido, pero ese encuentro tan soso no hizo justicia a nuestras expectativas. Yo solo iba por las risas durante el viaje y la previa ¿verdad? JA!
En mi último servicio a la excursión, sugerí una salida alternativa al atasco. De nada putos maricones. La vuelta con la radio y la puta mierda esa del chiringuito de propina, luego música que no terminaba de compartir, pero era la que pegaba para que los dos niñatos no se durmieran. Dos paradas entremedias, conmigo dormitando entre el cachondeo de dos bestias que yo con mi privilegiado y mordaz intelecto creé. Almuradiel, Andújar, Montoro... Y así llegamos, y tras pernoctar en casa de mis padres, tras menos de un día, volvía a casa con más mala cara e idéntica jeta de tonto que cuando me fui. Quizá no mereció la pena, pero me temo que volvería a hacerlo. Como dice Guillermo Francella en "El secreto de sus ojos"

"El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios… pero hay una cosa que no puede cambiar… no puede cambiar de pasión." 

sábado, 18 de agosto de 2018

Recuerdos de Tallinn

Antes de que esta experiencia sea arrollada por el césped y la cal de la liga y la Champions, haré el agradable esfuerzo de relatar en primera persona las visicitudes de la expedición que Antonio ENP y yo, el mejor atlético del mundo, llevamos exitosamente a cabo. Nuestra odisea báltica comenzó en pleno barrio obrero de Málaga, con el aura de la feria rondando. Coche en uno de los parkings del aeropuerto y primera sorpresa: un pantalón corto delataba como fan del Atleti a otro compañero de viaje, en este caso jiennense. El vuelo nocturno hasta Helsinki fue una tortura, lo único destacable fue la agradable conversación con una finlandesa que se preguntaba qué leches era tanta camiseta rojiblanca. Tras la eterna escala en tierras finesas, un avión de hélices cruzaba la charca que separa la capital suomi de la estonia. Sobrevolando Tallinn (se pronuncia Tálin en estonio), vislumbramos el A. Le Coq Arena. ¿Qué pasaría esa misma noche? En el aeropuerto mucha ambientación supercopera, y en el tranvía hacia la pensión conocemos a una estonia que hablaba español y a una española. ¿Pedirles el número para tener un plan alternativo y conocer la ciudad de buena mano? Qué va! Eso es de perdedores hombre! Lo mejor es arrepentirnos cada media hora de no haberlo hecho. La puta mierda de pensión merece mención aparte: ahí nos hubiéramos tirado una hora que no nos habrían hecho caso hasta que no terminaran de limpiar. La clientela: gente ruidosa y maleducada aderezada con japoneses y guiris despistaos con la camiseta del Madrid.

Es el momento de decir que Tallinn es una ciudad que se recorre perfectamente a pie, y que es razonablemente bella, como una joya de las que las abuelas dan en herencia a las nietas al casarse. La embriaga una pátina de antigua república soviética mezclada hábilmente con la influencia nórdica. Cerca teníamos una zona digamos de negocios, con centros comerciales y los hoteles de ambos equipos. A continuación, en una patada te plantabas en la puerta de Viru (significa bisagra bolo!), y ahí empezaba la beldad del centro histórico, duplicada para el europeo meridional por sus picudas y coloridas fachadas, tan extrañas en el sur. Entre las dos torrecitas de teja naranja que custodiaban la entrada, un rosario de banderas rojiblancas. En el interior de ese casco antiguo, precios intermedios en las comidas y caros en los recuerdos; eso sí, seguramente baratos respecto a otras ciudades más masificadas por el turismo. En un día te pateas la ciudad de sobra. Nosotros al día siguiente teníamos muchas horas de margen para rematar la visita, y tras una minisiesta y ver la descafeinada subida al autobús de los jugadores le tiramos para el campo. Cosa curiosa la iniciativa de la UEFA, ya que las entradas no eran físicas, sino habilitadas desde una aplicación activando el bluetooth. Todo fue sobre ruedas, y mientras entrabamos por nuestra puerta, cuajada de seguidores colchoneros de todo el mundo, un tren colindante atronaba con su bocina a modo de saludo: buen augurio. El estadio, independientemente del resultado posterior, me pareció coqueto. Los precios de su interior, qué les voy a contar. Suertudos por ser posicionados totalmente anexados al fondo de seguidores del Atleti, en una suerte de apéndice de nuestra gente, y con el plus de estar cerca de la bocana de salida de los jugadores, pero con la rémora de dos estonios pseudoultras, borrachos y vociferantes casi tanto como yo, y que apoyaban a la vikingada. Enseguida empezaron las fricciones, aunque con nosotros eran paradójicamente amables. De hecho, nos felicitaron tras el gol de Costa cuando aún las manecillas del reloj no se habían desperezado. En el minuto 40, tras el empate madridista, que se veía venir desde mi casa por cierto, la politsei despachó a los individuos, y quedamos Antoñito y yo como únicas voces en esa cajita que era la esquina sureste superior del estadio estonio. Al descanso, sin cobertura más que para mensajes, decidí atar mi bandera a la reja metálica para matar el tiempo, mientras nos conjurábamos para la que se avecinaba. Iba a ser durísimo, y la reflexión era clara. El Atleti estaba tratando de tú a tú al Madrid. Ni rastro de ese dominio encabritado al que por rachas nos han sometido frecuentemente. Los nuestros, quizá con menos sensación de peligro, devolvían los golpes con un Rodrigo y Lemar integradísimos.


Entonces llegó la segunda parte, y en el momento más soporífero, el penalty tonto de Juanfran. La transformación del cara caballo y su posterior bailecito no me removió la bilis. Simplemente estaba triste porque la fiesta podía estar cerca de terminar aguada, y uno estaba allí, a 4300 km de casa, en una ocasión única en la vida. El desánimo me animó a ir a mear. Total... si marcaba el Atleti y me lo perdía por ir al servicio me iba a alegrar igual. Poco después, en la portería contraria devolvía la igualada DC, y quizá fue el gol que más saboreé y aprecié, aunque fue el más comedido por mi parte. Era un orgullo absoluto habernos repuesto a la remontada merengona. Mi yo conformista me susurraba para consolarme del sufrimiento que se venía, diciendo cosas como que 'en cualquier caso el Atleti había dado la cara' y mierdas por el estilo. Pero cuando empezó la prórroga, al Le Coq se le puso cara de Bernabéu, y los cambios del Mono surtían efecto en su totalidad, y donde un día fue un cabezazo de Miranda, aparecieron dos goles fruto de la voracidad rojiblanca, que olió la sangre en un rival habitualmente intratable probablemente debido a la revitalización de todos y cada uno de los cambios. En el misil de Saúl me marqué un Fernando Vázquez por la banda de San Lázaro, y en el de Koke, rayano al paroxismo, me golpeé, me besé la camiseta, me destrocé las rodillas contra la chapa de la tarima, y por poco no pierdo las gafas, que recuperé con la agilidad de mi propio gatito, que esperaba en casa ajeno al pequeño Calderón que había instalado en el fondo sur tallinés. La segunda parte de la prórroga me la pasé implorando arrodillado tras mi bandera, constatando que cuando uno está obsesionado con el objetivo, ni le duelen las manos al martillear el travesaño metálico, ni mucho menos le pica la faringe al cantar, porque uno golpea con el corazón y grita con el alma.


La celebración fue un bonus track inolvidable. No tiene precio ver el hervidero atlético secundado por los jugadores, con el aprecio al título de los veteranos que saben lo que cuesta y la ilusión de los novatos, muy arropados por la afición en este acto de merecido regodeo. Mención especial al Mono Burgos. Todo lo que te diga es poco. Con tu libreta pegada al pecho y tu pinta de tenor de La Scala me tienes totalmente entregado. Meritazo de nuestro contramaestre, que tose copas cada vez que pisa el área técnica. Luego vuelta al redil, siguiendo el reguero rojiblanco, tras intercambiar mensajes de felicitación y felicidad con nuestra gente. Sin cenar, directamente a dormir la mona, tras descartar por miedo a una clavada la entrada al club de striptease que teníamos en mente antes de dejarnos la vida en el estadio. Al día siguiente, despedimos a Tallinn desde el prisma de la victoria. La pequeña capital báltica parecía más bonita si cabe, sus mujeres más guapas aún, y donde el día anterior había una capota de grisáceos nimbos, brillaba sutilmente un sol blancuzco. Compra de recuerdos, cervecita de pleitesía, e inesperado botín de chapas de cerveza para mi colección: a pesar de probar una de barril, la dependienta y el césped de los aledaños me ayudaron en mi misión secundaria. La otra era encargarle a mi sobrino Bati un ejemplar de periódico deportivo del día, el que tuviera la portada que más mostrara al equipo como un bloque.


La vuelta a casa se antojaba eterna en el control de seguridad, que terminó retrasando el posterior Helsinki-Málaga. El mini juego escape-room que nos ventilamos durante el trayecto Antonio y yo fue un símil del pasatiempo angustioso que era el vuelo en sí. Luego llegada al aeropuerto, choques de manos rojiblancos, y así se dispersaba parte del bastión de valientes que fueron a ver cómo el Atlético de Madrid escribía otra página en su códice sagrado que siempre recordaremos. Concluyo adaptando una lapidaria frase que leí en otra bitácora colchonera: "La Supercopa de Europa es un trofeo, el premio es ser del Atleti."

jueves, 4 de mayo de 2017

Cauterizando

Dos días más tarde, dejo constancia de la derrota de la ida de semifinales de Copa de Europa 2017 ante el Real Madrid. Antes no pude: por la mala hostia del resultado y por el estrés de esta semana, a la que se le junta todo lo malo. Aún así, más vale tarde que callar en las duras. Es mi pequeña muestra de respeto a mi equipo y a este mi diario, tras el trabajo que me ha costado volver a escribir en él. 

El Atleti salió con el cuchillo sin afilar, el espíritu a medio abrochar, y a todos se nos quedó el alma de tontos cuando acabó todo, seguro que antes. Fue un resultado justo por más que nos pese. Lo que no fue justo fue aguantar los comentarios de Petón, al que le queda mejor contar historias que la faceta de comentarista forofo. Mencionar también que el rival juega. Porque los nuestros lo hacen tan bien normalmente que damos por sentado que si no se consigue el éxito es exclusivamente nuestra culpa. El Madrid mordió más, y quizá eso es lo que más me apene independientemente del resultado, que nos ganaron en lo que normalmente nadie nos tose: carácter. En este día de engarrotamiento general, llegado en el peor momento, no olvidemos destacar la gran labor de Lucas Hernández, al que le tocó bailar con la más guapa. Un ejemplo más de superación como el que acostumbra el Atleti habitualmente. Por eso nos desangelamos cuando nos deja huérfanos de él. De nada sirvió que yo, creyéndome el centro del universo, me quitara mi camiseta, la de mi novia y que cambiara a Hernán la equipación por el pijama al descanso. Tampoco el motivador paseo por el Bernabéu el día antes de Gabi. Ya sabemos desde hace tiempo que el fútbol no nos debe una mierda, pero hay gente que tendemos a asociar ciertas gestos como sintomáticos de la victoria, por más que volvamos a descubrir que no importa más que meter más goles que el rival.

Solo queda estar con el equipo, como ya hacía la afición en el tiempo de alargue. Vamos a agarrarnos al alfiler ardiendo de la vuelta. No ya para tratar de remontar, sino para terminar esta competición con la cabeza alta. Lo que más me jode es tener tan sumamente truncadas las ilusiones para la vuelta. Yo, qué quieren que les diga, estaré imbécil y/o loco, pero llegar lo más lejos posible en esta competición es algo que me tiene obsesionado, como dice la canción. Quizá lo que ocurre es que tengo muy cubiertas otras expectativas, pero en cualquier caso me avergüenza, porque supongo que no habla muy bien de mí, el reconocer que es probablemente la ilusión de mi vida ganarla. La culpa la tiene un argentino que desde que llegó nos ha subido a una torreta para mirar a los ojos a los grandes tanques de este campo de batalla. Él lidera a un grupo que ha conseguido que asocie el aroma de las tardes de primavera con atmósfera de partidos grandes, cuando casi siempre eran otros los protagonistas. Hoy no te doy las gracias Cholo, ni siquiera te las daré en mi último partido en el Calderón el próximo sábado, pero cuando todo acabe, las mías serán las primeras pase lo que pase. Ni un pero.

lunes, 10 de abril de 2017

Penitencia a domicilio

No era normal el optimismo que yo desprendía antes del partido. "Hoy no perdemos, y como se pongan tontos ganamos..." decía mi voz interior. Estos excesos por mi parte suelen desembocar en partidos de sufrido desenlace, pero en esta ocasión mi aventura como pitoniso fue fiel a la realidad. Pese a las clarísimas ocasiones marradas por los del huevo frito en el escudo, el Atleti fue capaz de cambiar el panorama del partido cuando peor pintaban las cosas. Simplemente igualó, incluso superó fuerzas, ante un rival que perdió terreno no se sabe si por su entrenador, por el cansancio o porque el Atleti le obligó a ello. Probablemente por las tres cosas, y sea cual sea, algo tuvimos que ver. Lo más interesante de todo esto fue que se produjo sin grandes alardes, ni rastro de heroicidad. Más héroes fuimos mi cuñado Amador y yo al no volvernos estrábicos cuidando a la chiquillería que invadía el piso. 

Pero antes de esa última fase autoritaria, el Atleti llegó a ser empujado, que no zarandeado, por un Madrid al que si le mencionas a Jan Oblak se le nubla la camiseta. Les deja tan bloqueados que ni siquiera se les ha ocurrido ficharle aún. También mención especial al despeje bajo palos 'a lo Juanfran' de Rambo Savic. En general el equipo estuvo bien pero nos llegaron demasiado claramente cuando las tuvieron. Koke el sábado ocupó el medio cuando mejor funcionaba el dueto Gabi-Saúl. Pero la resurrección experimentada tras el gol de Pepa Pigg no fue orquestada solo por la mente del vallekano. Correa supo interpretar su papel como pocas veces, y si bien Torres no pudo empatar en la primera, Antoine el deseado hizo lo contrario en el 85 por el culo se la hinco a Roncerdo. Si llega a ser diestro no la mete. Flemático y prestigioso punto que sabe a gloria y mantiene el tono alto del equipo. Eso sí, no saquemos tanto pecho vaya que nos rompan dos costillas, que ésto pudo haber acabado en tragedia si no hubiera sido por el declive blanco. Fueron de más a menos como el árbitro. El mérito o demérito de unos y otros no es óbice para valorar puntuar en un estadio en el que no perdemos en liga desde 2012. Ahora a por los ingleses, que por fin vieron truncada su racha justo antes del miércoles. He tenido que hacer malabares moviendo compromisos ineludibles para poder verlo. Ya me baila el cuerpo...


Al segundo la tercera:
Tuve la suerte o la desgracia de poder volver a El Maulí cuatro años después para ver el Antequera - Loja (la que no es puta es coja). Pueden estar tranquilos, que no iré más para evitar que queden fuera de los playoffs. Mis disculpas por el gafazo. Me quedo con el sonido de ambulancia del megáfono cuando alguno del otro equipo se hacía el muerto y con la hermandad entre aficionados, aunque nada sería normal sin el chusma de turno.


domingo, 8 de febrero de 2015

ORGULLO

No se me ocurre una palabra que condense mejor todo lo que siento, que es mucho. Un orgullo del bueno, sin pizca de soberbia, que de eso andan sobrados en la acera de enfrente. El Atleti, un equipo con mayúsculas luminosas, nos regaló uno de los partidos más perfectos que recuerdo haber visto, y créanme que han sido unos cuantos. Un triunfo mayúsculo, sin un pero, ante un rival al que no ganábamos en liga desde 1999 y al que tantas veces habíamos tenido cerca de derrotar sin éxito. Aunque no merece la pena recordar esos derbis pasados, ni siquiera los triunfos recientes, porque este partido por sí solo se basta y se sobra para brillar. Todo salió sobre raíles. La charla en el calentamiento del Profe y de Godín ya prometía. El comienzo también, pero la lesión de Koke, que ya estaba hacía tiempo con la luz naranja encendida, nos hizo torcer el gesto. Afortunadamente esto es un equipo, no un concurso de mates, y cada uno sabe su cometido a la perfección. El gol de Tiago tras genial maniobra de Manyuka me ponía tranquilo en el sentido de que contra estos rivales hay que aprovechar las ocasiones. El tiro duro pero centrado del luso encontró un topo en prosopopeya que no pudo más que ralentizar el disparo. Pero había más, porque poco después Siqueira entra sin complejos en la cocina merengona para dejar atrás, allí remató Saúl, el torocampista, con una chilena que saciaba mis sueños más húmedos. Gol psicodélico del James Dean del equipo. Este chaval tiene algo que no tiene el resto. Yo, no obstante, pedía más. No me fío de esos cabronazos. El trauma de tantos años, ya saben. Además, las ganas de aniquilarlos, y de paso a esa arrogancia pestilente. Por si fuera poco, combinaciones perfectas, controles con denominación de origen Bayrampasa, taconazos croatas, exhibiciones de contundencia defensiva y ni una patada mal dada. Para eso había que mirar a los campeones del mundo, concretamente a su ario mediocentro. El otro, mientras, se encargaba de detener un disparo de Godín con su antebrazo alegre. Algún bobo dirá que le dio en la nariz, pero aunque le hubiese dado, ello no cambiaba la jodida trayectoria. Además, la única napia que estaba cerca de ahí era la fracturada de Godín, a manos del mismo Khedira, y la del árbitro. De todas formas ¿qué coño hago yo enmierdándome con árbitros en un partido perfecto? Seguimos, que hay más. 

La segunda parte no podía haber confianzas, pero los nuestros no dieron resquicio. Continuó esa muestra de juego colectivo sembrado de cojones y calidad. Las ganas de nuestros indios llevaron al tercero, pasazo de Arda, prolonga al segundo palo Saúl, y allí estaba el mosquetero presto para dar la estocada definitiva. Le come el desayuno completo a Varane. En esas sale Torres, y en la primera se cae grotescamente, pero en una muestra más de la capacidad de superación de este equipo, se resarce y recupera la pelota. Minutos más tarde dio un gran pase al corazón del área para que la tanqueta balcánica remachara el cuarto. Tarde mágica, totalmente perfecta y merecida. En un momento de máxima exposición, cuando creían que iban a dejarnos sin argumentos, fue el Atlético de Madrid el que habló en el campo, dejando totalmente desnudos a los flojos de pantalón. Esta semana a nadie le gustará el fútbol. Nadie hablará de las pinturerías de Isco, de la BBC, del carapala de oro ni su puta madre... No viene mal de vez en cuando no... 


Ahora el equipo recibe un chute extra de óxido nitroso. Esto es muy largo, y hay que seguir en esta senda. El próximo partido será durísimo con tantas ausencias, pero pase lo que pase, ahora hay que saborear. Encuentro de hall of fame mental. Gracias por este triunfo, en especial a el hombre: Simeone y su aplauso apasionado al salir hacia el vestuario tuvo para mí un carácter simbólico. Él mejor que nadie sabía que había dado una lección a los que tachaban al equipo de violento en el mejor momento. Luego, fue un gustazo oír la justificación de su planteamiento a posteriori. Nada más que orgullo, orgullo que sale por los ojos, por la boca y por los dedos. Orgulloso del Atlético de Madrid. Con saberlo yo, y escribirlo por aquí, que es como anotarlo en un diario bajo llave, ya me conformo. Acuérdense siempre de este partido.

viernes, 16 de enero de 2015

En los genes

PREFACIO: el Glorioso llegaba a la ida con un once lleno de segundos espadas, el rival también. Era una incógnita el devenir del partido, pero cuando peor estaban las cosas, apareció una triquiñuela de RG8, con la complicidad de un desafortunado Ramos. De esta forma abría el Atleti el marcador. Por si fuera poco, el charrúa Josemari Giménez de soberbio cabezazo ponía más tierra de por medio. Ahí me empecé a poner nervioso, porque en los derbis me pongo nervioso cuando vamos ganando, y en una eliminatoria, un 2-0 es, más que un caramelo, un bombón Lindt. El hecho de verlo con dos madridistas, uno más fundamentalista (aún así te aprecio Nando) que el otro (familia política y todo), y un afable argentino que se mantuvo como la mencionada marca de bombones (neutral) me hizo que no disfrutara de la victoria como es debido. Soy tan gili que durante unos minutos sentí remordimientos porque mi equipo había metido un penal dudoso. Así soy yo... Tras dar porculo a mi sobrino madridista con la colaboración de mi sobrino rojiblanco y recibir a cambio imágenes que NO descargué en las que se intuía a Ramos cabeceando en Lisboa, comencé a recapacitar: que se jodan! Ahí me acordé del no-gol de Perea, del fuera de juego de Huntelaar, del agarrón de Raúl a Aragoneses, de la mano de Xabi Alonso, de la no-roja a Arbeloa en este mismo partido... Así que para la vuelta programé verlo en mi pueblo, Antequera, sin tufo avikingado, pero por motivos de trabajo decidí ir un bareto de mi actual localidad a ver al menos parte del mismo, porque un streaming no estaba a la altura de tal partidazo. Así procedí, solo, a lo McClane en Nakatomi, actuando como si me observaran sabiéndome especial: un pato rojiblanco en un estanque de blancos.

 Llevaba esperando este momento varios días, en el sentido de que por suerte o por desgracia el trabajo me absorbe poderosamente y no he tenido el tiempo que hubiera deseado para descargar aquí, en mi mind palace, mis visicitudes con el Atleti como actor secundario con alma de principal, mínimo Morgan Freeman. Y llevaba esperando este momento varios años: ver a Torres, a.k.a. Fernando el Conquistador, enviar por mensajería dos paquetes en forma de balón en las dos porterías de la pocilga. Entre él y Griezmann (con un Mario y Tiago que destacaron sobremanera) se bastaron para despelotar a una defensa de chiste. En esta vuelta con aires cacareados de remontada, con enésima invocación del espíritu de Juanito (dejad en paz a los muertos por favor), el Madrid, un gran equipo, el club más poderoso del mundo en líneas generales, todo hay que decirlo, no consiguió ni acercarse a eliminar a un equipo que no es el mejor del mundo, pero es mejor que cualquiera, que dirían Sabina y Páez. Hace poco decíamos que a equipos colosos el Atleti le hacía frente mejor a partido único, así que fíjense en la evolución positiva de los nuestros, que en la Supercopa de España y en esta eliminatoria (además de la de la Champions ante el Barca), ha eliminado a Pili y Mili a doble asalto. Sencillamente espectacular. Que nos quiten lo bailao. Porque llegar a un bar exhausto, pedirte un Red Bull (Red Bull verdadero, no bebida energética marca blanca al mismo precio de un Red Bull), porque si te pido una Coca Cola y me pones una Hacendado no me cobras lo mismo no? pues igual con el Red Bull de los cojones... Pedirte un Red Bull, decía, (a este paso me van a pagar por hacerles publi) entre madridistas que veían el repelente y grimoso homenaje con tintes norcoreanos a su ídolo vociferante, y ver cómo segundos después se quedaban a cuadros con el 0-1, es momento Mastercard (nada, que hoy hago anuncios gratis y punto). Y es que se veía venir... entre esto del baloncito de gold-filled y el espíritu del bueno de Juanito que las cosas no les iban a salir bien (si hay algo de lo que me alegro de haber estado ajetreado es por no haber visualizado mierdas de tal calibre durante la semana, pero me han llegado en forma de diarrea auditiva, qué se le va a hacer). En esas va y comienza el partido, y cuando aún ni había apartado la mirada por primera vez de la pantalla, se va Grizzie por la banda, la mete a dentro del área, y en ese momento pensé que el pase era malo, pero The Kid remachó como un gran delantero que es, le pese a quien le pese. Tras celebrar con rabia el gol, yo y algún que otro valiente, incluso había un nota con una camiseta rojiblanca, el Madrid comenzó a cercar el marco de Oblack [sic]. Dominio asfixiante para el aficionado y tan solo exigente para nuestros gladiadores, que controlaban como podían las embestidas de un buen equipo merengue, que aún así no tuvo tantas ocasiones claras como posesión circundante. De todas maneras el gol de Ramos, con cantada del esloveno que salió a por aceitunas de noche, reactivó la zozobra, porque seamos francos, el RM es de los pocos equipos que te mete el miedo en el cuerpo con casi cualquier resultado adverso. No sé si es el ADN que se ha instalado en el seguidor atlético en la última década, pero yo no me fiaba ni un pelo. Así llegó el descanso como agua de mayo. No aguantaba allí más, e hice un semi-GilMa. Me fui a por lechuga al Supersol, descuidando adrede un buen pellizco del segundo tiempo. Ya dentro del coche (pasaba de gastar más dinero entre vikingas histéricas) oí estupefacto como el gol del becerro de oro (que conste que Cristi no me cae ni mal, me cae peor Messi fíjense lo que les digo) no era el 2-1, sino el 2-2. Ole los cojones de mi Atleti una vez más. Tras aguantar unos veinte minutos más, y enterarme de que entraba Arda, dejé de preocuparme por la eliminatoria. El turco saliendo a cerrar los partidos no hace falta ni que me lo enseñen para saber lo que hace... Mientras, ya en casa, picaba cebolla para burritos con el móvil al lado, y también hubo tiempo para que el mismo que protestaba por juego duro del Atleti en la ida mereciera la expulsión, además para que fuera aplaudido por el señorío de la capital. Hasta hoy no he visto el segundo golazo de Torres. Otra muesca más, este equipo lleva en los genes la competitividad, y poco a poco se están mutando los genes recesivos* del pesimismo en los derbis que se propagaron los últimos años. Pocos equipos, por no decir ninguno, aguantan tal tormenta de ataques casi sin despeinarse. Por desgracia hay gente que solo valora un subconjunto barroco y quijotesco del maravilloso deporte que es el fútbol, y que no ve jugar a los nuestros más que contra el equipo de la galaxia y con eso ya establecen verdades universales. De ahí me imagino que brotará ese mantra que dice que somos violentos, que no jugamos a nada, y demás sandeces. Son un mal necesario, y no hay que olvidar que si chillan tanto es porque ahora les estorbamos, pero son los mismos que se alegraban de las Europas Leagues. Afortunadamente, hace tiempo que aprendí que el mayor insulto es la ignorancia, o como mínimo la buena educación cuando alguien busca que uno entre al trapo. Incluso les doy la razón distraídamente cuando me dicen que los del Cholo son "donadores de patadas", o que son violentos. En resumen: "ladran, luego cabalgamos". No se sabe por cuánto a este ritmo, pero esta eliminatoria nos la merecíamos. Y ya está, que no se puede sacar pecho mucho más, que enseguida se lo hunden a uno, sino que se lo digan a los haters de El Niño. Humildad como reliquia.

* no soy experto en genética, pero sé lo de los guisantes de Mendel y esa mierda. Que ningún experto en la materia me corrija. Gracias.

ANEXO: El Barça en liga y en copa.
No quería obviar el partido que hubo entre medias del derbi copero. El Atleti jugó mal los minutos que le vi contra un Barcelona que le pasó por encima. Esta vez la insípida equipación visitante hizo honor a su apariencia. El tridente Neymar, Messi y Suárez percutió justamente a los nuestros. A pesar de ello, es cuestión del gen simeónico, tan correctamente implantado en nuestros jugadores, el hecho de que el Atleti llegó a ponerse a un gol de nuevo, y plantó más cara de la esperada al descanso a un Barsa que sufrió hasta el final para certificar su justísima victoria. Eso sí, NO ME GUSTÓ LA ACTITUD MACARRA EN CIERTAS ACCIONES, COMO MANDZU MANDANDO CALLAR AL NOU CAMP, QUE NOS APLAUDIÓ EL DÍA QUE GANAMOS LA LIGA ALLÍ. ASÍ NO CROATA. HUELGA DECIR QUE CIERTAS ACTITUDES HAY QUE RELAJARLAS, QUE UNA COSA ES COMPETIR, QUE LO HACEMOS DE CINE, Y OTRA PASARSE DE LA RAYA. CON ESTO NO LE DOY LA RAZÓN A LOS QUE DICEN QUE SOMOS VIOLENTOS, SINO QUE MATIZO CIERTOS COMPORTAMIENTOS QUE NO SON DE RECIBO, SEA EL RIVAL QUE SEA. OTRA COSA ES QUE LOS DETRACTORES DEL JUEGO ATLÉTICO VEAN FANTASMAS DONDE NO LOS HAY. Ahora los hechos sitúan una nueva eliminatoria, que esperemos tenga el mismo devenir que la de tan grato recuerdo en Copa de Europa. El FCB también es un rival temible, pero hay que tratar de hacer la machada completa en Copa tras eliminar al Real Madrid. A falta de nuevos resultados, esta Copa me la está empezando a poner dura, esperemos que no haya gatillazo y que las palabras del Cholo se sigan cumpliendo: "a doble partido, los míos no temen a la muerte".

domingo, 14 de septiembre de 2014

Hijos pródigos

A veces, en una suerte de psicología inversa, me mentalizo de que lo peor va a pasar: ese gol en contra el último minuto, ese balón que da en el palo y sale fuera... Detrás de esos rituales fatalistas en busca del desenlace beneficioso para el Atleti, se esconde un feo, pero a veces justificado, poso de desconfianza. Desde hace unos años, Simeone y esta máquina de ganar que ha creado me han enseñado a creer. Creí en este equipo en el Bernabéu, en Mestalla, en el Nou Camp, en Stamford Bridge, en Lisboa (prórroga incluida). Pero en este nuevo curso futbolístico, a pesar de comenzar con título, se instaló en mí un reflejo de esa actitud de niñata insegura. Confiaba, sí, pero con escepticismo del bueno. No hablo de confianza ciega, sino simplemente dar otorgar el merecido crédito ganado con creces a este equipo. Sin embargo en este partido no daba dos duros por el Atleti. Me avergoncé de su primera parte agazapada, y me merezco la tortura que pasé en la segunda parte. Por mezquino y cenizo y por ser permeable a los comentarios catastrofistas de la prensa que consulto cual yonqui. 

Mi penitencia fue una agonía desconocida. Por motivos laborales, mi pareja, que tiene muchos más cojones que yo y encima está muy buena, entró sin complejos al bar enfundada con la camiseta de Arda. En pleno pasto de borregos, con curiosamente alguna camiseta rojiblanca (recuerden que donde vivo es bien raro). Tuvimos que irnos justo cuando comenzaba lo mejor. En ese momento casi me alegré, porque temía un gol rival en cualquier momento. Cuando me quedé solo, se podía ver a un enfermo dando vueltas por la ciudad, intentando hacer oídos sordos a los posibles gritos de gol, y por tanto alejándome de bares y teles a todo volumen con la voz de Robinson: si no lo estaba viendo, tampoco quería oírlo. Afortunadamente, mi momentáneamente desarrollado sentido del oído fruto de los nervios, escuchó como una bendición desde un balcón un murmullo que decía "ha marcado el Atlético de Madrid". Había marcado Arda. Arda! Entre tanto revuelo por la vuelta del rayos UVA que había logrado el empate, otro que volvía era la barba de Bayrampasa, en quien para variar en este día tan desconfiado tampoco tenía muchas esperanzas, dada su convalecencia.

Tras ello, activé la conexión del móvil y escribía compulsivamente con mi fiel escudero colchonero a modo de cordón umbilical con lo que pasaba en cualquier pantalla cercana. Lo único que deseaba era que pasasen los quince minutos restantes deambulando por calles raras. Al final, extraña alegría en un triunfo de mérito incalculable. Me merecí esa zozobra invidente que me impidió saborear el triunfo. Porque no fui digno de mi equipo, no confié en él cuando más me necesitaba y precisamente cuando más me está devolviendo con éxitos y trabajo mi devoción. Su grandeza actual es capaz de sobrepasar mi fe rojiblanca. Me autoculpo para expiar mi pecado, que me tomaré como una tentación en el desierto fallida. Doy gracias a Simeone y cía, por inculcarle a estos jugadores el sacrificio, el trabajo y la solidaridad que debería suponerse a un profesional, pero que son rara avis en el fútbol aterciopelado actual. Ese es el verdadero patrimonio de este equipo. No hay más que ver un vídeo de hace poco donde se percibía el entusiasmo y la intensidad que imprimía el Cholo a los que hacían un rondo para robar el balón. Esos detalles técnicos, unidos a otros minoritarios como entrar aporreando los cristales del bus al entrar en la pocilga, me hacen estar aún más orgulloso de mi equipo. Si hasta el peluca Cerezo hizo el otro día lo que tenía que hacer: sacar los dientes ante la mugre que dice que el Atleti es violento.

Vuelve Arda, esperemos que para quedarse tras la turbiez de su estado físico desde que se lesionó por primera vez en la última jornada de liga. Con él de abanderado, quizá el único capaz de aportar lucidez, se ha sacado un resultado formidable ante los fuchsias. Tiago, otro en el ojo del huracán tras su gatillazo con el Chelsea y posterior vuelta, lidera el núcleo duro, que ha de llegar en breve a la temperatura óptima. Moyá cumple con profesionalidad. Griezmann no puede sino mejorar. Queremos ver a Cerci, y comprobar si el mexicano realmente quiere dejarse ver. Cada vez queda menos para que vuelva el Cholo al banco, y entre él y Burgos van dando con las proporciones adecuadas de cada sustancia en su laboratorio de ganar. Se atisba de nuevo el espíritu y el compromiso tras dos partidos que sembraron la duda. Otra cosa será que se mantenga esta actitud, y por supuesto otra mucho menos controlable y difícil la de que acompañen los resultados como el pasado año. Por si fuera poco, ya comienza la Champions, y soy del Atleti. Créanme eso último que les digo.


domingo, 24 de agosto de 2014

Distancias

 Volvemos a hacer lo que más nos gusta desde esta cédula de sentimiento colchonero. Como ya dije hace tiempo, las entradas serán menores, que no menos extensas, pero empezando con un título en disputa era imperdonable no escribir algo. Quedan muchos temas en el limbo, como las salidas y llegadas, las sensaciones y las inquietudes. Pero ya habrá tiempo de desgranar toda esa mierda.

1º Asalto Quizá hoy me guíe por el antimadridismo exacerbado de mi contertulio el día del partido, ya que yo soy mucho de retener lo que veo y oigo durante los mismos, pero creo que un majareta más perdido en la red como yo no hace daño a nadie. Sobró el cuarteto de instrumentos de cuerda del inicio, pero sobró aún más enturbiar el ambiente recordando a Luis Aragonés en pleno minuto de silencio. Lamentable la manera de algunos de ensuciar la imagen del aficionado rojiblanco. Vamos a zambullirnos ya en el partido, que si no se nos atraganta esto entre media del síndrome postvacacional. Salió el Atleti con la cota de malla en pleno verano y a horas más adecuadas de programas de prensa rosa futbolera de esos que yo por suerte no veo ni para criticarlos. Enfrente estaba un equipo que le pese a quien le pese llega a producir trauma aparte de desprecio natural. Yo no sé qué critican tanto los exquisitos, pero en la primera parte si hubo un equipo con ocasiones fue el Atlético de Madrid. Para "no querer jugar" ya es algo. No aparecían por ningún lado ni el enchufado del presidente ni el resto de divas, a una de ellas más le vale quitarse esa diadema o perderá followers en Instagram. Mientras, al Atleti le podrán recriminar su poca vistosidad a veces (solo a veces) por mucho que se empeñen en decir que es siempre. Pero ¿qué quieren que les diga? A mi me gusta más ver a un jugador de mi equipo pelear a muerte por un balón y llevárselo que una pataleta absurda en la esquina del área para posteriormente ceder el balón hacia atrás. El fútbol es un deporte y un sentimiento, para otros menesteres están el cine o el teatro. Percibo que se hablan pestes del Atlético de Madrid actual, desde los áticos con piscina futboleros a los más lúgubres tugurios, cuando deberían como mínimo valorar las ganas e intensidad que le pone este equipo. Entendería más esta postura si los árbitros fueran permisivos, pero si el Atleti juega al límite es un riesgo que tiene sus consecuencias pagadas a rajatabla en forma de tarjetas. Véase la torticera tarjeta a Koke en los primeros minutos oficiales de la temporada: absolutamente precondicionada por dónde se jugaba y quién era el infractor. Esta forma de jugar ha servido tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, con buenos resultados con árbitros europeos y nacionales. Invito a esos paladines del "jugar al fútbol en vez de dar patadas" a ver más de un partido del Glorioso antes de opinar desde el desconocimiento, demostrando no tener ni puta idea de la grandeza del fútbol.

No es menos cierto que en la segunda parte la balanza terminó de inclinarse y por poco que hizo el Madrid fue justo que se adelantase en el marcador con un gol de debutante. James, sucedáneo rebozado de CR96, mantenía esa costumbre impertérrita de debutar marcando ante nosotros. Cosas del Atleti... Pero de este Atleti también son cosas el no perderle la cara al partido a pesar de quedar menos de diez minutos, y aunque el que escribe esto desertó por amor y ni siquiera se dignó a poner la radio durante un trayecto de una hora en coche, no saben ustedes la alegría que me llevé al saber que no, que don Raúl García Escudero no estaba muerto y daba un hálito de esperanza para la vuelta. Algo así como despertarte de una pesadilla e ir descubriendo que era solo un sueño... o quizá la manida situación de encontrarte una cantidad de dinero de importe mediano/bajo (según el nivel adquisitivo de cada uno) en el bolsillo interior de un abrigo donde solo esperabas un pañuelo de papel rancio. Después hubo tiempo para una mano de Mario, para rematar su mal partido. No digo que no sea mano, pero ojito con las justificaciones que veo y oigo por ahí de que corta una trayectoria. Efectivamente es así, pero si es mano, es porque el árbitro hubiese visto que había voluntariedad de cortar el balón, bien por poner el brazo en un sitio clave a ver si le da o porque descaradamente ha ido a contactar con él. Todo lo demás creo que estoy en posición de decir que es no tener ni idea de reglamento. Esto lo digo así a las bravas, sin documentarme mucho. De todas formas también les digo que yo en este caso sí hubiera pitado mano y punto, sin entrar en voluntariedades, simplemente porque me parecía justo.

Sea como fuere, el Atlético, como suelo llamarle yo, salió vivo de un lugar donde muchos perecen, y con más opciones de las a priori esperadas de llevarse la copa. Cada uno juega acorde a sus intereses y con lo que tiene, que no es mucho precisamente. Buscaban un rival digno, y ahora berrean. Me cuesta conformarme con el "que hablen de uno, aunque sea mal", porque crean una imagen satanizada de un equipo que honra al deporte en cada aparición, y que en la actualidad está dando un ejemplo de superación constante. El fútbol, para los que están en el terreno de juego ha de ser una guerra bien entendida, en la que se utilizan todas las armas al alcance para conseguir la gloria. Mientras los demás se confundan en otras divagaciones le seguirá yendo bien al equipo, independientemente de los títulos. Y hablando de títulos, no olvidemos que esto era la final de la Supercopa de España. Como trofeo menor que es, y por eficiencia de calendario, debería disputarse a partido único, pero como no es así, los nuestros decidieron ser muy cautos atrás y a partir de ahi tratar de sacar un buen resultado para la vuelta que sería en el Calderón. Aunque seamos francos, contra los de la acera de enfrente, sobre todo en el Manzanares, las expectativas seguían sin ser muy halagüeñas... 

2º Asalto
Conscientes de que repetir el discurso de repantigarse atrás no iba a ser suficiente bajo ningún escenario de partido, el Atleti salió enrabietado y a la carótida del rival. Antes de que todo el mundo estuviera sentado dejándose la garganta apareció una pareja que huele de maravilla: Antoine y Mario. El francés (que me gustó mucho en la ida) la peina y el croata la cruza con un tiro de los que duelen a los porteros. Ni el palo salvó a Iker en esta ocasión (no hago bromas fáciles con él porque le agradezco sus éxitos con España). Curiosa la conversión de héroe a villano tanto a nivel nacional como de club la que ha sufrido este hombre, claramente en el ocaso de su carrera. Ley de vida. A partir de ahí, paulatinamente pasó lo que se esperaba, el potencial del Madrid comenzó a mostrarse con la connivencia rojiblanca y bien pudieron empatar. Especialmente activo estuvo James, cuyo gran Mundial le permitió a Florentino enterarse de que existía para hacer rico al mafioso del Mónaco. Lo que no haga Floren... Pero sin Di María, el desequilibrio en persona, costaba más hincarle el diente a esta roca (que no joya) de equipo que es el del Mono Burgos, porque Simeone perdió los papeles en una hipersobrereacción. Un comportamiento lamentable que le puede costar varios partidos. Prefiero un entrenador con sangre a un pecho frío, pero hay fronteras que no se deben superar nunca. Al menos se disculpó y ha asumido su culpa. Espero que su ausencia no se note. De hecho, vaya por delante que yo siempre que digo "Simeone", menciono implícitamente a Germán y su cronómetro, otro artífice igual de importante de los éxitos recientes. Lo mismo no hay mal que por bien no venga y empezamos a vislumbrar al sucesor natural de nuestro líder. En el otro lado, su entrenador y su flor adherida al culo no tuvieron tino con los cambios, mientras que los jugadores colchoneros mutaban de soldados rasos a gladiadores, dando un recital de garra y sacrificio culminado con varias ocasiones para haber finiquitado la final, que no eliminatoria. Esto era un título, no lo olvidemos.

Comer aquí es jugarse la vida
Ser seguidor del Atleti de mi perfil no es fácil. Si dragan en mi mente, por desgracia encontrarán que mi psique se vio afectada a perpetuidad por esa fatídica noche lisboeta. Esperaba un gol del Madrid en cualquier momento, pero también esperaba uno del Barcelona la noche mágica de la Champions pasada y no llegó, y así muchas otras veces. Este equipo sabe cada vez mejor aguantar el resultado y mover el partido a su antojo. Recuerdo cómo le quemaba la pelota en los pies a los nuestros en el primer derbi de Simeone contra los merengones. Al menos en esta vuelta de Supercopa se vio a un equipo capaz de sacar el balón desde atrás. Sin rifarla y terminando jugada.

Un bar del Atleti en plena Axarquía, rara avis.
El gol no llegó, y no solo eso, sino que durante toda la segunda parte el Atleti fue superior y creó más peligro, volteando el dominio madridista tras el gol de Manyu (ya se me ocurrirá algún mote para el croata). No tenía precio ver las caras de desazón de dependientes y clientes dentro del antro donde cenamos. Fin a la infame racha sin ganar al eterno rival en casa, y encima celebrando título en el Calderón, probablemente el último en este mítico estadio con los días contados. Esto no ha hecho más que empezar y los del Cholo ya tienen un título esta temporada, para otros será peccata minuta pero a mí me sabe a gloria. Nueva compra de periódico para inmortalizar el recuerdo y ojalá no sea la última del año, aunque será sumamente complicado rascar algo más esta temporada. No obstante, cada vez es más corta la distancia entre este equipo y la nobleza futbolística de la que nunca llegó a estar del todo distante. Lo mejor es que nadie le ha regalado nada y seguimos con los pies en el suelo. Este año será duro, pero ¿quién no está ilusionado con estos jugadores que se dejan los cojones en el campo? Cuando los demás van, el Atleti del Cholo vuelve, y cada vez con más adeptos de todas las especies...

#cocoesdelatleti

lunes, 26 de mayo de 2014

R. Madrid 4-1 At. Madrid - ¿Cómo no te voy a querer?


 Si me leen, es porque están muy despistados, muy aburridos, o bien son unas cotillas que sienten cierta curiosidad por ese toque personal que intento darle a las cosas, esquivando en lo posible lo meramente futbolístico. Así que hoy, con algo parecido a un jet-lag transoceánico tras haber ido a Portugal sin más entradas que las de este blog, escribo lo que me transmitió el partido desde que empezó esta expedición: una de las experiencias de mi vida sin duda. Es mejor centrarse en las sensaciones tras un amargo desenlace como el que se vivió la noche del sábado. Además, hoy más que nunca ¿qué cojones os voy a contar ya que no sepáis? Un día que pasará a la historia rojiblanca y del fútbol mundial, pero en la que al igual que hace cuarenta años nos toca desempeñar el papel de derrotado. Es quizá la crónica que más tristeza me produce, pero por descontado la que rezuma más orgullo. No pretendo que lo entiendan, tan solo que lo acepten. 


La víspera del partido estaba todo listo, y me dispuse a matar el insomnio viendo el documental de Teledeporte en el que se hablaba de la final de Bruselas. El partido ya lo había visto, pero fue un placer ver imágenes para mí inéditas de los jugadores de la época y su modus operandi. Tras elegir la camiseta del Atleti que me iba a poner decidí sacar dinero antes de partir, para ir quitando trámites de en medio. El cajero se traga la tarjeta. Eso solo hace que vaya prácticamente a merced de mi compañero de andanzas, pero no importa. Eso sí, la camiseta elegida (fuera de casa 02/03) se queda en casa y me llevo otra nuevecita de Uruguay con Forlán en la espalda. El viaje de ida fue placentero, aunque por desgracia no puede decir lo mismo un pobre conejo extremeño al que atropellé sin querer. DEP sin coña ninguna. El viaje continuó a ritmo de clásicos British mezclados hábilmente con música portuguesa y futbolera. La sensación de adelantar a hordas de autocares rojiblancos en tierras lusas fue inolvidable. Así llegamos a Lisboa, el sitio en que debíamos hacer historia. Me sentía especial, pero más se querían empeñar en hacerme los de la tele. Tras preguntarme de dónde venía y con qué sensaciones dejaron ese archivo audiovisual en el baúl de los recuerdos. No salió y me importa una mierda. Ni se lo dije a mis padres. 

Poco a poco la ciudad se iba poblando de ambos bandos. Ya he dicho varias veces que soy del sur, y allí ser del Atleti es poco menos raro que saber tocar la balalaika o haber visionado toda la filmografía norcoreana. Por lo tanto, cualquier atlético madrileño que me lea, no se hará una idea de lo gratificante que es sentirte en tu tribu por un puñetero día. Turismo hacinados en tranvías y metros, con algún gili que otro. Una decepción muy grande ver el estadio tan cercado y desde tan lejos. No era el mejor día para ir, pero si no es por el aliciente de la final cuesta mucho arrancarse a ir de Málaga a Lisboa. Pasteles de Belém, limosna al primer mendigo que ví para subir el karma rojiblanco de cara a la final. No toqué tampoco las figuras que hacían referencia a la final si éstas se parecían lo más mínimo a la Copa de Europa. Había que maximizar las opciones de victoria incluso desde gilipolleces como esa. Todo iba a pedir de boca excepto por el cansancio y dolor de tarro que me invadió tras el almuerzo. No me avergüenzo de decir que en ese momento el partido no estaba en mi cabeza, sino una presión que reventaba los párpados y las cervicales. No había dormido mucho antes de partir a las 2:00 de la madrugrada y lo estaba pagando... Aproveché la coyuntura para hacer algo parecido a una oración (y cerrar los ojos como el que no quiere la cosa) en Sé Catedral, en ella en absoluto pedí por el partido: el Atleti es de todo menos celestial. Y Neptuno ya sabría lo que tenía que hacer. Su imagen en el suelo del Padrão dos Descobrimentos me reconfortó. 


Y así siguió la tarde, hasta que me rendí al sueño en el coche y dejé volar libre a mi amigo vikingo. Luego fue más fácil de lo previsto encontrar un lugar para verlo. Restaurante O Cardo. Imagino que fue un acierto retransmitir finalmente el partido en las fanzones para liberar el resto de sitios: no se pueden imaginar la cantidad de gente de ambos bandos que había en la ciudad. Tras tratar de cenar rápido y pronto para centrarme en el juego, comenzó el partido más importante de la historia del Atleti desde que lo conozco. Muy bueno el Bacalhao Grelhado, al igual que el Frango del mediodía mientras intercambiaba impresiones con los dos atléticos que ya había en la mesa. Buena costumbre esa de optimizar el espacio, máxime en un sitio tan pequeño como Casa Liege. Así comenzaba el duelo, Atleti contra Real; SuperBock contra Sagres. Pintaba bien la planta del equipo, sin concesiones tontas excepto un fallo en la salida de balón que por poco cuesta un gol. Además sacamos petróleo en el gol de Godín. Pero quedaba una eternidad. Teníamos un cambio menos, que a la postre sería clave, y el Madrid comenzó a venirse arriba. De boquilla decía que era cuestión de tiempo que empatasen, en una suerte de psicología inversa. Estaba yendo todo bien. No se podía escapar, pero aún quedaban un par de minutos y medio. 

"El Atleti campeón de la Champions"- dijo un gilipollas integral y supuestamente de los nuestros. "No digas esooo" - le increpé (¿Cómo puede decir eso un aficionado del Atleti?). Confianzas cero. Pero va y centra Modric, se oyen gritos en el bar de al lado, que iba unos segundos por delante. El tiempo paralizado. Parece que no va a entrar. No puede ser. Gol. Nunca demostraremos si fue porque un individuo formuló esas palabras prepotentes indignas de un seguidor colchonero, pero en mi universo paralelo sí. Eso desniveló la limosna disimulada al transeúnte en la mañana, y la oración desinteresada en la Catedral para pedir tan solo una vuelta sin incidentes en vez de pedir el oro y el moro. No me avergüenza reconocer que restallaron lágrimas que no llegaron a mojar el párpado, pero eso fue tras un grito de Atleeeeti (iniciado por el mismo imbécil que fomentó el gol del empate) que me hizo merecer la pena la horas de cansancio. Quedaba otro asalto. Necesitaba recargar tanto como los jugadores. Mear por enésima vez también. Ahí les juro que estaba convencido de que era posible aún. Imagino que la mayoría pensábamos eso a pesar de que Ramos se disfrazase de Schwarzenbeck minutos antes. Esta vez tenía que ser. Yo veía penaltys. Ya lo dije cuando los de Cuatro me entrevistaron incrédulos y les dije que venía tras hacerme siete horas de coche por amor a unos colores. La primera parte del tiempo extra transcurrió amortiguando el supuesto efecto psicológico que ese gol tendría en el partido. Pero la segunda, sin apenas fuerzas ni brillo, y de nuevo con el puto desfase en las teles de los bares, me anticipó el nuevo gol que nos ponía por detrás tras haber estado a segundos de conseguirlo. Quizá ese intervalo fue más sádico, pero también redujo la punzada que me azotó tras el tanto. Ahí seguía creyendo, aunque estaba fuera de mí, murmurando como una vieja reza el rosario palabras de ánimo, como si eso fuera a repercutir en que alguien metiera el empate, o cortara el disparo del tercer gol. El cuarto ni lo ví, nos enteramos por carretera. Así me ahorré la serie de despropósitos del final, aunque luego no dejó de producirme lástima la celebración de Cristiano tras ese gol. También me disgustó que Simeone entrara al trapo del niñato ese que tiró el balón, porque luego parece que no sabemos perder, y NO es así, aunque tampoco somos gilipollas. Este equipo y los buenos atléticos sabemos perder y ganar. Marcador duro, resultado justo. Como hace cuarenta años. Pero no tiene por qué ser así siempre. Por mucho que transmita supersticiones en cada partido dramático, cada vez me doy más cuenta de que el destino se escribe sobre la marcha y que todo es posible. Este equipo nos ha llevado a una odisea inolvidable que espero tenga continuidad la próxima temporada. Por desgracia o por suerte no sabemos qué pasará, pero yo ya pienso en la Supercopa de España y en el próximo partido de liga, lo mismo voy y no me pierdo la entrega del trofeo. Porque no olvidemos que somos Campeones de España. La derrota, ya dos días después, queda mitigada por tanto orgullo que siento por este equipo. Una suerte de morfina contra el dolor de no saber cuándo se volverá. Esperemos que no desmantelen al equipo y que se siga trabajando en la misma línea ascendente. Ahora solo quedan dos cosas: felicitar al rival, que ganó en buena lid, como dice su puto himno, en el cual aparece mi apellido (adalid); y por otro lado dar gracias infinitas...

...Gracias al cuerpo técnico, encabezado por Simeone y seguido por Germán Burgos, el Profe y demás nombres que me avergüenzo de no saber al dedillo. Gracias a los jugadores, del primero al último que se haya dejado la piel esta magnífica temporada. Gracias a la afición que ha viajado con el equipo o animado desde casa. Gracias a la gente que le late la pasión por este equipo y alguna vez ha sido partícipe conmigo la misma, ya sea intercambiando un gesto de complicidad o simplemente escribiendo una noticia en su blog colchonero. Gracias a familiares (en especial a mi sobrino y mi cuñado) y amigos que han vivido conmigo los partidos o me han aguantado hablando de los mismos permitiendo mi desahogo: perdón y gracias. En este apartado mención especial a mi pareja, por ser la principal afectada y para colmo no poder venir a este viaje cuando ella formaba parte del trío que prometió ir allá por febrero. Y gracias muchas a mi compañero de aventura Jose Miguel, más raulista que madridista, que el hombre ni vio el alzamiento de la copa ni el último gol (porque no le dio la gana) y seguramente por deferencia a mí, aunque de buena gana le hubiera dejado disfrutar ese instante. Lo dijimos y lo cumplimos, eso es de ser grandes. Gracias también a mí mismo, qué coño, por elegir al Atleti y saber sacar siempre lo mejor de la montaña rusa de emociones a flor de piel que es esta religión. Gracias a los jugadores antiguos que me han marcado, sobre todo los héroes del 74, de los que me acordé muy mucho en los minutos finales del partido. En especial de Don Luis por motivos obvios y del Señor Gárate: el otro día cuando se le quebraba la voz recordando lo cerca que ellos estuvieron de lograrlo me constató aún más lo grande que es. Si imprimen este testimonio y lo ponen al trasluz, verán una marca de agua con el escudo del Atlético de Madrid. Gracias Atleti. Gracias. No es por tirarme el rollo, pero nunca lo entenderéis si no estáis dentro.

Dije que esta iba a ser mi última crónica. Ahora no estoy tan seguro. Lo que sigue siendo cierto es que intentaré meter un contenido más romántico-histórico, en lugar de seguir como una lapa la evolución del equipo. Clubes curiosos, partidos legendarios, jugadores míticos, controversias varias, y siempre el balompié como piedra filosofal. Pero hoy no podemos acabar sin volver al tema principal. Concluyo afirmando que estoy convencido de que volveremos, y para ganar. No porque el destino nos deba nada, sino porque tenemos un par de huevos y tarde o temprano nos llegará nuestra ansiada Copa de Europa. Cabeza arriba. Nos leemos.