lunes, 5 de febrero de 2024
Levantarse
viernes, 19 de enero de 2024
Humildad como reliquia
Desde nuestro prisma, la narrativa de los derbis está llena de puntos de inflexión, afines las muchas veces al abismo de la amargura, siempre tangenciales a la locura. En Copa nos sabemos aún más iguales que en Europa, pero tras el drama saudí, había una sensación similar a la de Milán: si se cae, la brecha será inolvidable a pesar del buen balance global; el fútbol tiene memoria, pero pivota y se retroalimenta solo de la épica del ganador. Y basta de florituras, que estoy más exhausto que Carlos Sainz de tanta piedra en el camino. Lo cierto es que esta vez, a lo Rocky, a lo ensayo-error, a lo final del 2013, a lo qué se yo, aguantamos, aprovechamos, fuimos retráctiles, y alcanzamos una merecida catarsis en la prórroga, justo cuando el partido ya sale de órbita y los conceptos tácticos se desprenden como tejido muerto, fagocitados por el instinto de supervivencia. Ahí, esta vez, la moneda cayó por el lado de la sencillez y el no agachar la cabeza ante patéticos monigotes. Antoine se administró como nadie, quizá demasiado, pero todo se justificó cuando bajó del altar de la hagiografía colchonera, se dejó de gilipolleces y nos subió adonde él duerme, con moraleja además para el más tonto de la clase... Aún quedaba ordalía, lo sabíamos de sobra, porque nuestro rival es el adversario por antonomasia y por los precedentes recientes. Eso sólo era volver a postrar a la bestia, pero fue Riquelme, a pase de un correcto Memphis (pélate ya!!!) quien le cortó la cabeza: sangre blanco merdellón y linfa violácea. Me recordó a mi paroxismo en Tallinn. Esta vez en silencio, con la Titoneta zozobrante a mi lado, cayendo finalmente de rodillas, rodeado con la manta noruega y un pijama de navidad. Esta vez con el extra de cobertura wasapera con el Bati, porque lo veía por la tele. Hablando de la retransmisión, no se entienda esto como falta de respeto, pero el gran Mario Suárez me gustó más como comentarista que como jugador. Un indio contra dos madridistas: pocos son. Lo malo es que en estas ocasiones de alegría, siempre echo el freno de mano, como si no fuera merecedor. Siempre busco atenuantes para sosegarme, fruto de mi espíritu pusilánime. Sobre todo, trato de actuar en actos cotidianos como si hubiera ocurrido lo contrario, para no olvidar de dónde yo vengo y de cómo fallo en el resto de obligaciones. Nunca es tarde para cambiar, pero es que no es fácil ser yo, ni decir tiene ser del Atleti, porque yo soy el Atleti. Y por eso sostengo que es el equipo del que más difícil es ser, por quién tenemos al lado, no hay problema en reconocerlo, pero sobre todo por la inefable manera de subir y bajar de las nubes. Hoy salió cara, mañana a ver qué sale en el sorteo. Aquí el "partido a partido" me la suda, yo quiero la Copa y si no moriré ahogado y sin abandonar a mi tripulación.
martes, 26 de septiembre de 2023
Sin complejos
lunes, 19 de septiembre de 2022
Ganar
martes, 1 de octubre de 2019
El inolvidable derbi para olvidar
Todo empezó un 5 de julio, poco después de saberse el calendario de la temporada. Mi sobrino Bati, el más pequeño, atlético, me retó a ver el derbi en Madrid. Yo rehusé argumentando que había partidos más plácidos para peregrinar por primera vez al Metropolitano (él ya había estado). Luego vino la goleada veraniega. Estoy seguro de que ese 3-7 influyó en el resultado que tendría el partido de liga del que ahora hablaremos. Poco a poco el plan remontó. Quizá tuvo que ver el mal de amores del susodicho Bati, pero lo que realmente lo certificó fue un tercer elemento, el alistamiento de mi sobrino Tol. El madridista sufridor podrían llamarle, a priori parecía una misión incluso más suicida para él que para nosotros, pero nos pudo el hecho de ir los tres. Siempre hemos vivido el fútbol. En la calle, en la tele, en la consola, en el almuerzo, en el pabellón, a veces en sueños... El fútbol no nos da de comer, pero nos come la cabeza a todas horas. No nos moriríamos sin él, pero nos da la vida.Yo siempre he sido cagón, y por consiguiente precavido en mis planes. Por eso merodeaba la web atento a los precios y su puesta en venta. Si no hubiera sido por una alerta a la que me suscribí, se nos habría escapado la oportunidad. No obstante hubo suspense. Volviendo del trabajo en coche le digo a mi colega que mire la notificación, para ver cuánto valen al menos. En vez de eso la única opción era una cola online para esperar más de una hora. Para vivirlo: del baño del niño al Mercadona, constantemente revisando la web. ¿Nos quedaríamos sin ir después de toda la ilusión que teníamos puesta en esa locura? Por fin llegó mi turno. Y entonces llegó el varapalo de los precios. Ya había pedido permiso repentino a mi mujer el mismo día que salieron, dijéndole que serían unos ciento y pico euros. Los cojones. Cuando me tocó comprar, la más barata era 250 más gastos de gestión, la mayor gitanada vista. Dudamos mucho, el tiempo corría hacia atrás rápidamente, pero la locura venció a la sensatez. Íbamos a ir al Wanda, al derbi nada menos, a costa de bocadillos y de una paliza de coche en menos de veinticuatro horas para reducir costes y mitigar el sablazo de los tickets. En mi caso, padre y marido, con el recargo de la discusión por la celeridad e irresponsabilidad de todo el tinglado.
Así fueron pasando los días. Los continuos resultados hacían fluctuar los ánimos en unos y otros. El día del 3-0 del PSG Tol estaba planteándose abrir Wallapop para vender un boli con regalito. El Bati con sus audios eternos sin decir nada en realidad. Y luego yo, que al principio pensaba que ya era hora de volver a ganar en liga en casa al Madrid, que íbamos a golear, pero naturalmente fui retractándome conforme llegaba el día. Eso sí, en mis cábalas, consideraba positivo que ellos llegaran líderes. Hace tiempo que a base de hostias sé que esas idioteces poco tienen que decir, pero mis sensaciones son inevitables. Gafes y antigafes en forma de comentarios también pueden hacerte creer que ayudas a tu equipo sin estar en la grada. Además tenía la bendición de Antonio ENP, mi hermano de Tallinn. ¿Qué podía salir mal?Entonces llegó el día, y tras mi horita adicional de viaje, salimos desde Antequera a media mañana. Algún que otro cántico, poca música y mucha radio futbolera gracias a los horarios del ciervo del Tebas. Y venga a especular, y venga a hacer comentarios cagones... No tenemos remedio. Gracias a mi buen criterio ni tuvimos que coger metro, ni problemas para aparcar. A falta de llegar a tiempo para ver in situ el Fuenla-Rayo, vimos el Getafe-Barca y a las tías que pasaban en un bar con Toros Rossos y bocatones de bacon y queso. No era mi intención reírme del camarero, con lo educado que soy yo... Entonces se acabaron las tonterías, a pata pal estadio mientras aumentaba la cantidad de indios por metro cuadrado. Ya no había marcha atrás. Yo me lo esperaba más alejado de las viviendas, y conforme llegaba se apoderaba de mí la ansiedad. Como aún quedaba bastante, hicimos caso a la marabunta y esperamos la llegada del equipo mientras un imbécil que trataba de ligar no tenía otra forma de hacerlo que hablando de las finales perdidas y lo mal que lo pasó. Ya bastante se habló de ellas en nuestro viaje como para que ese carapoya me las recordara.
No es que yo haya ido tantas veces al Calderón como para considerarme conocedor de los más íntimos secretos de las previas, ni la atmósfera de las grandes ocasiones, pero obviamente el hecho de ser el Wanda Metroplitano un estadio moderno, y por ende en una zona amplia de las afueras, restó épica a la entrada de los jugadores. El problema añadido fue que ahí, tras ver las gafas del Mono Burgos y su saludo, me desgañité tanto que me dejé media voz. Fallo garrafal, que me mantuvo miedoso de quedarme afónico hasta bien entrado el partido. Pero antes, luchando contra la zozobra por lo que se avecinaba, saboreé mi primer contacto con los entresijos del estadio: la tienda, el Paseo de las Leyendas... Todo parecía más pequeño de lo que imaginaba en mi mente. Lo que sí superó con nota mis expectativas fue el interior. Precioso coliseo, amplio y a la vez cercano. Demasiado cercano a todo el puto mundo diría yo... Porque en nuestra zona, lateral oeste pegado a la esquina, había tantos madridistas que me sentí desubicado en todo momento. Mientras Bati no hacía más que pedirnos putas fotos, Tol mascullaba arrepentido que debería haberse llevado la camiseta blanca. El juego de luces y la alineación fue un momento muy grande. A más de uno se le durmieron partes del cuerpo. Muy guapo también lo de Forlán y el tifo rollo Peaky Blinders. Pero tras el pitido, sentí que solo cantaba yo en ese jodido sector, lo juro. Pero el mejor atlético del mundo no podía amedrentarse ante tal situación. No paré en todo momento de animar entre mexicanos, asiáticos y eslovacos, cumpliendo con mi obligación. La pena fue que nunca llegué a sentir un momento de conexión de todo el estadio. Probablemente la culpa la tuvo mi lejanía del Frente y sobre todo el partido en sí, del que mejor no hablar. Durante el mismo, por no hablar apenas hablábamos entre nosotros, o sí, no me acuerdo, pero sabíamos que esa sensación de angustia constante era nuestro denominador común. La tensión de cualquier derbi, pero quintuplicada por la consabida inversión en esta expedición, donde además en lo que a mí respecta, había corticheado una vez más la cuerda de la que pende mi matrimonio.En mi último servicio a la excursión, sugerí una salida alternativa al atasco. De nada putos maricones. La vuelta con la radio y la puta mierda esa del chiringuito de propina, luego música que no terminaba de compartir, pero era la que pegaba para que los dos niñatos no se durmieran. Dos paradas entremedias, conmigo dormitando entre el cachondeo de dos bestias que yo con mi privilegiado y mordaz intelecto creé. Almuradiel, Andújar, Montoro... Y así llegamos, y tras pernoctar en casa de mis padres, tras menos de un día, volvía a casa con más mala cara e idéntica jeta de tonto que cuando me fui. Quizá no mereció la pena, pero me temo que volvería a hacerlo. Como dice Guillermo Francella en "El secreto de sus ojos":
sábado, 18 de agosto de 2018
Recuerdos de Tallinn
jueves, 4 de mayo de 2017
Cauterizando
lunes, 10 de abril de 2017
Penitencia a domicilio
Pero antes de esa última fase autoritaria, el Atleti llegó a ser empujado, que no zarandeado, por un Madrid al que si le mencionas a Jan Oblak se le nubla la camiseta. Les deja tan bloqueados que ni siquiera se les ha ocurrido ficharle aún. También mención especial al despeje bajo palos 'a lo Juanfran' de Rambo Savic. En general el equipo estuvo bien pero nos llegaron demasiado claramente cuando las tuvieron. Koke el sábado ocupó el medio cuando mejor funcionaba el dueto Gabi-Saúl. Pero la resurrección experimentada tras el gol de Pepa Pigg no fue orquestada solo por la mente del vallekano. Correa supo interpretar su papel como pocas veces, y si bien Torres no pudo empatar en la primera, Antoine el deseado hizo lo contrario en el 85 por el culo se la hinco a Roncerdo. Si llega a ser diestro no la mete. Flemático y prestigioso punto que sabe a gloria y mantiene el tono alto del equipo. Eso sí, no saquemos tanto pecho vaya que nos rompan dos costillas, que ésto pudo haber acabado en tragedia si no hubiera sido por el declive blanco. Fueron de más a menos como el árbitro. El mérito o demérito de unos y otros no es óbice para valorar puntuar en un estadio en el que no perdemos en liga desde 2012. Ahora a por los ingleses, que por fin vieron truncada su racha justo antes del miércoles. He tenido que hacer malabares moviendo compromisos ineludibles para poder verlo. Ya me baila el cuerpo...domingo, 8 de febrero de 2015
ORGULLO
No se me ocurre una palabra que condense mejor todo lo que siento, que es mucho. Un orgullo del bueno, sin pizca de soberbia, que de eso andan sobrados en la acera de enfrente. El Atleti, un equipo con mayúsculas luminosas, nos regaló uno de los partidos más perfectos que recuerdo haber visto, y créanme que han sido unos cuantos. Un triunfo mayúsculo, sin un pero, ante un rival al que no ganábamos en liga desde 1999 y al que tantas veces habíamos tenido cerca de derrotar sin éxito. Aunque no merece la pena recordar esos derbis pasados, ni siquiera los triunfos recientes, porque este partido por sí solo se basta y se sobra para brillar. Todo salió sobre raíles. La charla en el calentamiento del Profe y de Godín ya prometía. El comienzo también, pero la lesión de Koke, que ya estaba hacía tiempo con la luz naranja encendida, nos hizo torcer el gesto. Afortunadamente esto es un equipo, no un concurso de mates, y cada uno sabe su cometido a la perfección. El gol de Tiago tras genial maniobra de Manyuka me ponía tranquilo en el sentido de que contra estos rivales hay que aprovechar las ocasiones. El tiro duro pero centrado del luso encontró un topo en prosopopeya que no pudo más que ralentizar el disparo. Pero había más, porque poco después Siqueira entra sin complejos en la cocina merengona para dejar atrás, allí remató Saúl, el torocampista, con una chilena que saciaba mis sueños más húmedos. Gol psicodélico del James Dean del equipo. Este chaval tiene algo que no tiene el resto. Yo, no obstante, pedía más. No me fío de esos cabronazos. El trauma de tantos años, ya saben. Además, las ganas de aniquilarlos, y de paso a esa arrogancia pestilente. Por si fuera poco, combinaciones perfectas, controles con denominación de origen Bayrampasa, taconazos croatas, exhibiciones de contundencia defensiva y ni una patada mal dada. Para eso había que mirar a los campeones del mundo, concretamente a su ario mediocentro. El otro, mientras, se encargaba de detener un disparo de Godín con su antebrazo alegre. Algún bobo dirá que le dio en la nariz, pero aunque le hubiese dado, ello no cambiaba la jodida trayectoria. Además, la única napia que estaba cerca de ahí era la fracturada de Godín, a manos del mismo Khedira, y la del árbitro. De todas formas ¿qué coño hago yo enmierdándome con árbitros en un partido perfecto? Seguimos, que hay más. viernes, 16 de enero de 2015
En los genes
PREFACIO: el Glorioso llegaba a la ida con un once lleno de segundos espadas, el rival también. Era una incógnita el devenir del partido, pero cuando peor estaban las cosas, apareció una triquiñuela de RG8, con la complicidad de un desafortunado Ramos. De esta forma abría el Atleti el marcador. Por si fuera poco, el charrúa Josemari Giménez de soberbio cabezazo ponía más tierra de por medio. Ahí me empecé a poner nervioso, porque en los derbis me pongo nervioso cuando vamos ganando, y en una eliminatoria, un 2-0 es, más que un caramelo, un bombón Lindt. El hecho de verlo con dos madridistas, uno más fundamentalista (aún así te aprecio Nando) que el otro (familia política y todo), y un afable argentino que se mantuvo como la mencionada marca de bombones (neutral) me hizo que no disfrutara de la victoria como es debido. Soy tan gili que durante unos minutos sentí remordimientos porque mi equipo había metido un penal dudoso. Así soy yo... Tras dar porculo a mi sobrino madridista con la colaboración de mi sobrino rojiblanco y recibir a cambio imágenes que NO descargué en las que se intuía a Ramos cabeceando en Lisboa, comencé a recapacitar: que se jodan! Ahí me acordé del no-gol de Perea, del fuera de juego de Huntelaar, del agarrón de Raúl a Aragoneses, de la mano de Xabi Alonso, de la no-roja a Arbeloa en este mismo partido... Así que para la vuelta programé verlo en mi pueblo, Antequera, sin tufo avikingado, pero por motivos de trabajo decidí ir un bareto de mi actual localidad a ver al menos parte del mismo, porque un streaming no estaba a la altura de tal partidazo. Así procedí, solo, a lo McClane en Nakatomi, actuando como si me observaran sabiéndome especial: un pato rojiblanco en un estanque de blancos.domingo, 14 de septiembre de 2014
Hijos pródigos
Mi penitencia fue una agonía desconocida. Por motivos laborales, mi pareja, que tiene muchos más cojones que yo y encima está muy buena, entró sin complejos al bar enfundada con la camiseta de Arda. En pleno pasto de borregos, con curiosamente alguna camiseta rojiblanca (recuerden que donde vivo es bien raro). Tuvimos que irnos justo cuando comenzaba lo mejor. En ese momento casi me alegré, porque temía un gol rival en cualquier momento. Cuando me quedé solo, se podía ver a un enfermo dando vueltas por la ciudad, intentando hacer oídos sordos a los posibles gritos de gol, y por tanto alejándome de bares y teles a todo volumen con la voz de Robinson: si no lo estaba viendo, tampoco quería oírlo. Afortunadamente, mi momentáneamente desarrollado sentido del oído fruto de los nervios, escuchó como una bendición desde un balcón un murmullo que decía "ha marcado el Atlético de Madrid". Había marcado Arda. Arda! Entre tanto revuelo por la vuelta del rayos UVA que había logrado el empate, otro que volvía era la barba de Bayrampasa, en quien para variar en este día tan desconfiado tampoco tenía muchas esperanzas, dada su convalecencia.
Tras ello, activé la conexión del móvil y escribía compulsivamente con mi fiel escudero colchonero a modo de cordón umbilical con lo que pasaba en cualquier pantalla cercana. Lo único que deseaba era que pasasen los quince minutos restantes deambulando por calles raras. Al final, extraña alegría en un triunfo de mérito incalculable. Me merecí esa zozobra invidente que me impidió saborear el triunfo. Porque no fui digno de mi equipo, no confié en él cuando más me necesitaba y precisamente cuando más me está devolviendo con éxitos y trabajo mi devoción. Su grandeza actual es capaz de sobrepasar mi fe rojiblanca. Me autoculpo para expiar mi pecado, que me tomaré como una tentación en el desierto fallida. Doy gracias a Simeone y cía, por inculcarle a estos jugadores el sacrificio, el trabajo y la solidaridad que debería suponerse a un profesional, pero que son rara avis en el fútbol aterciopelado actual. Ese es el verdadero patrimonio de este equipo. No hay más que ver un vídeo de hace poco donde se percibía el entusiasmo y la intensidad que imprimía el Cholo a los que hacían un rondo para robar el balón. Esos detalles técnicos, unidos a otros minoritarios como entrar aporreando los cristales del bus al entrar en la pocilga, me hacen estar aún más orgulloso de mi equipo. Si hasta el peluca Cerezo hizo el otro día lo que tenía que hacer: sacar los dientes ante la mugre que dice que el Atleti es violento.Vuelve Arda, esperemos que para quedarse tras la turbiez de su estado físico desde que se lesionó por primera vez en la última jornada de liga. Con él de abanderado, quizá el único capaz de aportar lucidez, se ha sacado un resultado formidable ante los fuchsias. Tiago, otro en el ojo del huracán tras su gatillazo con el Chelsea y posterior vuelta, lidera el núcleo duro, que ha de llegar en breve a la temperatura óptima. Moyá cumple con profesionalidad. Griezmann no puede sino mejorar. Queremos ver a Cerci, y comprobar si el mexicano realmente quiere dejarse ver. Cada vez queda menos para que vuelva el Cholo al banco, y entre él y Burgos van dando con las proporciones adecuadas de cada sustancia en su laboratorio de ganar. Se atisba de nuevo el espíritu y el compromiso tras dos partidos que sembraron la duda. Otra cosa será que se mantenga esta actitud, y por supuesto otra mucho menos controlable y difícil la de que acompañen los resultados como el pasado año. Por si fuera poco, ya comienza la Champions, y soy del Atleti. Créanme eso último que les digo.
domingo, 24 de agosto de 2014
Distancias
No es menos cierto que en la segunda parte la balanza terminó de inclinarse y por poco que hizo el Madrid fue justo que se adelantase en el marcador con un gol de debutante. James, sucedáneo rebozado de CR96, mantenía esa costumbre impertérrita de debutar marcando ante nosotros. Cosas del Atleti... Pero de este Atleti también son cosas el no perderle la cara al partido a pesar de quedar menos de diez minutos, y aunque el que escribe esto desertó por amor y ni siquiera se dignó a poner la radio durante un trayecto de una hora en coche, no saben ustedes la alegría que me llevé al saber que no, que don Raúl García Escudero no estaba muerto y daba un hálito de esperanza para la vuelta. Algo así como despertarte de una pesadilla e ir descubriendo que era solo un sueño... o quizá la manida situación de encontrarte una cantidad de dinero de importe mediano/bajo (según el nivel adquisitivo de cada uno) en el bolsillo interior de un abrigo donde solo esperabas un pañuelo de papel rancio. Después hubo tiempo para una mano de Mario, para rematar su mal partido. No digo que no sea mano, pero ojito con las justificaciones que veo y oigo por ahí de que corta una trayectoria. Efectivamente es así, pero si es mano, es porque el árbitro hubiese visto que había voluntariedad de cortar el balón, bien por poner el brazo en un sitio clave a ver si le da o porque descaradamente ha ido a contactar con él. Todo lo demás creo que estoy en posición de decir que es no tener ni idea de reglamento. Esto lo digo así a las bravas, sin documentarme mucho. De todas formas también les digo que yo en este caso sí hubiera pitado mano y punto, sin entrar en voluntariedades, simplemente porque me parecía justo.
Sea como fuere, el Atlético, como suelo llamarle yo, salió vivo de un lugar donde muchos perecen, y con más opciones de las a priori esperadas de llevarse la copa. Cada uno juega acorde a sus intereses y con lo que tiene, que no es mucho precisamente. Buscaban un rival digno, y ahora berrean. Me cuesta conformarme con el "que hablen de uno, aunque sea mal", porque crean una imagen satanizada de un equipo que honra al deporte en cada aparición, y que en la actualidad está dando un ejemplo de superación constante. El fútbol, para los que están en el terreno de juego ha de ser una guerra bien entendida, en la que se utilizan todas las armas al alcance para conseguir la gloria. Mientras los demás se confundan en otras divagaciones le seguirá yendo bien al equipo, independientemente de los títulos. Y hablando de títulos, no olvidemos que esto era la final de la Supercopa de España. Como trofeo menor que es, y por eficiencia de calendario, debería disputarse a partido único, pero como no es así, los nuestros decidieron ser muy cautos atrás y a partir de ahi tratar de sacar un buen resultado para la vuelta que sería en el Calderón. Aunque seamos francos, contra los de la acera de enfrente, sobre todo en el Manzanares, las expectativas seguían sin ser muy halagüeñas... ![]() |
| Comer aquí es jugarse la vida |
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| Un bar del Atleti en plena Axarquía, rara avis. |
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| #cocoesdelatleti |
lunes, 26 de mayo de 2014
R. Madrid 4-1 At. Madrid - ¿Cómo no te voy a querer?

Poco a poco la ciudad se iba poblando de ambos bandos. Ya he dicho varias veces que soy del sur, y allí ser del Atleti es poco menos raro que saber tocar la balalaika o haber visionado toda la filmografía norcoreana. Por lo tanto, cualquier atlético madrileño que me lea, no se hará una idea de lo gratificante que es sentirte en tu tribu por un puñetero día. Turismo hacinados en tranvías y metros, con algún gili que otro. Una decepción muy grande ver el estadio tan cercado y desde tan lejos. No era el mejor día para ir, pero si no es por el aliciente de la final cuesta mucho arrancarse a ir de Málaga a Lisboa. Pasteles de Belém, limosna al primer mendigo que ví para subir el karma rojiblanco de cara a la final. No toqué tampoco las figuras que hacían referencia a la final si éstas se parecían lo más mínimo a la Copa de Europa. Había que maximizar las opciones de victoria incluso desde gilipolleces como esa. Todo iba a pedir de boca excepto por el cansancio y dolor de tarro que me invadió tras el almuerzo. No me avergüenzo de decir que en ese momento el partido no estaba en mi cabeza, sino una presión que reventaba los párpados y las cervicales. No había dormido mucho antes de partir a las 2:00 de la madrugrada y lo estaba pagando... Aproveché la coyuntura para hacer algo parecido a una oración (y cerrar los ojos como el que no quiere la cosa) en Sé Catedral, en ella en absoluto pedí por el partido: el Atleti es de todo menos celestial. Y Neptuno ya sabría lo que tenía que hacer. Su imagen en el suelo del Padrão dos Descobrimentos me reconfortó.
Y así siguió la tarde, hasta que me rendí al sueño en el coche y dejé volar libre a mi amigo vikingo. Luego fue más fácil de lo previsto encontrar un lugar para verlo. Restaurante O Cardo. Imagino que fue un acierto retransmitir finalmente el partido en las fanzones para liberar el resto de sitios: no se pueden imaginar la cantidad de gente de ambos bandos que había en la ciudad. Tras tratar de cenar rápido y pronto para centrarme en el juego, comenzó el partido más importante de la historia del Atleti desde que lo conozco. Muy bueno el Bacalhao Grelhado, al igual que el Frango del mediodía mientras intercambiaba impresiones con los dos atléticos que ya había en la mesa. Buena costumbre esa de optimizar el espacio, máxime en un sitio tan pequeño como Casa Liege. Así comenzaba el duelo, Atleti contra Real; SuperBock contra Sagres. Pintaba bien la planta del equipo, sin concesiones tontas excepto un fallo en la salida de balón que por poco cuesta un gol. Además sacamos petróleo en el gol de Godín. Pero quedaba una eternidad. Teníamos un cambio menos, que a la postre sería clave, y el Madrid comenzó a venirse arriba. De boquilla decía que era cuestión de tiempo que empatasen, en una suerte de psicología inversa. Estaba yendo todo bien. No se podía escapar, pero aún quedaban un par de minutos y medio.
"El Atleti campeón de la Champions"- dijo un gilipollas integral y supuestamente de los nuestros. "No digas esooo" - le increpé (¿Cómo puede decir eso un aficionado del Atleti?). Confianzas cero. Pero va y centra Modric, se oyen gritos en el bar de al lado, que iba unos segundos por delante. El tiempo paralizado. Parece que no va a entrar. No puede ser. Gol. Nunca demostraremos si fue porque un individuo formuló esas palabras prepotentes indignas de un seguidor colchonero, pero en mi universo paralelo sí. Eso desniveló la limosna disimulada al transeúnte en la mañana, y la oración desinteresada en la Catedral para pedir tan solo una vuelta sin incidentes en vez de pedir el oro y el moro. No me avergüenza reconocer que restallaron lágrimas que no llegaron a mojar el párpado, pero eso fue tras un grito de Atleeeeti (iniciado por el mismo imbécil que fomentó el gol del empate) que me hizo merecer la pena la horas de cansancio. Quedaba otro asalto. Necesitaba recargar tanto como los jugadores. Mear por enésima vez también. Ahí les juro que estaba convencido de que era posible aún. Imagino que la mayoría pensábamos eso a pesar de que Ramos se disfrazase de Schwarzenbeck minutos antes. Esta vez tenía que ser. Yo veía penaltys. Ya lo dije cuando los de Cuatro me entrevistaron incrédulos y les dije que venía tras hacerme siete horas de coche por amor a unos colores. La primera parte del tiempo extra transcurrió amortiguando el supuesto efecto psicológico que ese gol tendría en el partido. Pero la segunda, sin apenas fuerzas ni brillo, y de nuevo con el puto desfase en las teles de los bares, me anticipó el nuevo gol que nos ponía por detrás tras haber estado a segundos de conseguirlo. Quizá ese intervalo fue más sádico, pero también redujo la punzada que me azotó tras el tanto. Ahí seguía creyendo, aunque estaba fuera de mí, murmurando como una vieja reza el rosario palabras de ánimo, como si eso fuera a repercutir en que alguien metiera el empate, o cortara el disparo del tercer gol. El cuarto ni lo ví, nos enteramos por carretera. Así me ahorré la serie de despropósitos del final, aunque luego no dejó de producirme lástima la celebración de Cristiano tras ese gol. También me disgustó que Simeone entrara al trapo del niñato ese que tiró el balón, porque luego parece que no sabemos perder, y NO es así, aunque tampoco somos gilipollas. Este equipo y los buenos atléticos sabemos perder y ganar. Marcador duro, resultado justo. Como hace cuarenta años. Pero no tiene por qué ser así siempre. Por mucho que transmita supersticiones en cada partido dramático, cada vez me doy más cuenta de que el destino se escribe sobre la marcha y que todo es posible. Este equipo nos ha llevado a una odisea inolvidable que espero tenga continuidad la próxima temporada. Por desgracia o por suerte no sabemos qué pasará, pero yo ya pienso en la Supercopa de España y en el próximo partido de liga, lo mismo voy y no me pierdo la entrega del trofeo. Porque no olvidemos que somos Campeones de España. La derrota, ya dos días después, queda mitigada por tanto orgullo que siento por este equipo. Una suerte de morfina contra el dolor de no saber cuándo se volverá. Esperemos que no desmantelen al equipo y que se siga trabajando en la misma línea ascendente. Ahora solo quedan dos cosas: felicitar al rival, que ganó en buena lid, como dice su puto himno, en el cual aparece mi apellido (adalid); y por otro lado dar gracias infinitas...
...Gracias al cuerpo técnico, encabezado por Simeone y seguido por Germán Burgos, el Profe y demás nombres que me avergüenzo de no saber al dedillo. Gracias a los jugadores, del primero al último que se haya dejado la piel esta magnífica temporada. Gracias a la afición que ha viajado con el equipo o animado desde casa. Gracias a la gente que le late la pasión por este equipo y alguna vez ha sido partícipe conmigo la misma, ya sea intercambiando un gesto de complicidad o simplemente escribiendo una noticia en su blog colchonero. Gracias a familiares (en especial a mi sobrino y mi cuñado) y amigos que han vivido conmigo los partidos o me han aguantado hablando de los mismos permitiendo mi desahogo: perdón y gracias. En este apartado mención especial a mi pareja, por ser la principal afectada y para colmo no poder venir a este viaje cuando ella formaba parte del trío que prometió ir allá por febrero. Y gracias muchas a mi compañero de aventura Jose Miguel, más raulista que madridista, que el hombre ni vio el alzamiento de la copa ni el último gol (porque no le dio la gana) y seguramente por deferencia a mí, aunque de buena gana le hubiera dejado disfrutar ese instante. Lo dijimos y lo cumplimos, eso es de ser grandes. Gracias también a mí mismo, qué coño, por elegir al Atleti y saber sacar siempre lo mejor de la montaña rusa de emociones a flor de piel que es esta religión. Gracias a los jugadores antiguos que me han marcado, sobre todo los héroes del 74, de los que me acordé muy mucho en los minutos finales del partido. En especial de Don Luis por motivos obvios y del Señor Gárate: el otro día cuando se le quebraba la voz recordando lo cerca que ellos estuvieron de lograrlo me constató aún más lo grande que es. Si imprimen este testimonio y lo ponen al trasluz, verán una marca de agua con el escudo del Atlético de Madrid. Gracias Atleti. Gracias. No es por tirarme el rollo, pero nunca lo entenderéis si no estáis dentro.
Dije que esta iba a ser mi última crónica. Ahora no estoy tan seguro. Lo que sigue siendo cierto es que intentaré meter un contenido más romántico-histórico, en lugar de seguir como una lapa la evolución del equipo. Clubes curiosos, partidos legendarios, jugadores míticos, controversias varias, y siempre el balompié como piedra filosofal. Pero hoy no podemos acabar sin volver al tema principal. Concluyo afirmando que estoy convencido de que volveremos, y para ganar. No porque el destino nos deba nada, sino porque tenemos un par de huevos y tarde o temprano nos llegará nuestra ansiada Copa de Europa. Cabeza arriba. Nos leemos.














