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sábado, 24 de diciembre de 2022

Espejismos y dualidades

Con más ganas que nunca en mi edad adulta ansiaba éste, mi séptimo mundial. Los deberes hechos en la víspera viendo documentales como FIFA Uncovered o las investigaciones de La Media Inglesa, ayudando con las banderas a mi hijo el nuevo vexilólogo de seis años, vídeos valorando equipaciones de cada país, el Fantasy con los amigos del antiguo curro... De todo mientras llegaba el día, que a mí me pilló volviendo de Sevilla, donde tras ver las camisetas más mainstream a mano me agencié... una del PSG por 14 eypos. La única conexión con el Mundial era la publicidad en su pecho. Debí de pillarme la rareza esa de olitas celestes con la que nos eliminó Marruecos, pero me pudo el ansia y el precio. Cuando oí narrar por la radio el comienzo del partido inaugural de vuelta a casa, el vello de punta.

Mucho hacía que la Selección no me generaba tanta ilusión. Una esperanza mesurada y radiante, amparada por un equipo, el de Lucho, libre de cargas y con pinta de candidato a semis, o como mínimo equipo respondón. Antes de seguir, hasta ahora no había sido realmente consciente del resultadismo de este tipo de torneos, del cula reniego a partir de hoy, porque es tan dependiente para tu devenir cuándo y con quién te vayas cruzando que es una vara de medir muy difusa, aunque ¿cuál mejoe en este caprichoso deporte? Es inevitable, pero también ha de serlo el partir de esa premisa. Se venía de unas semifinales de Eurocopa donde me reenganché a España al calor de esa grata sorpresa que fue su papel de menos a más (llegué a catalogarla la peor de la historia semanas antes). Luego la Nations League, que volverá en junio aunque a nadie excepto a mí le importe. Y después la cuesta abajo de Catar. Esta caricaturizada trayectoria de ascenso y caída de la Selección ha sido digna de estudio. Por mucho que lo de Costa Rica, que nos los puso de corbata en su duelo contra Alemania nos motivara, se atisbaron ya una admisibles alertas contra la propia selección germana en el segundo partido... Pero contra Japón ya se vio lo que se corroboró en la eliminación: una flagrante ausencia de plan B, o A' aunque fuera... Pocas veces acierto y esta vez fue fácil. Desde el minuto 60 o así del derbi de octavos, ya sabía el desenlace. Decepción por la Selección,  rabia momentánea por saber que otro país celebra en el tuyo. Y posterior alivio cuando esta gran Marruecos eliminó también a Portugal para no dejarnos un sabor de boca tan apestoso. Pasé de la ilusión desde el amistoso ante Jordania, el streaming cercano y la compra de la idea de los jóvenes sin miedo a resignarme a que este camino no tiene salida, porque no busca siempre la portería. Al contrario que dijo el asturiano en la rueda de prensa de la lista, sí que murieron miedo, y mi fe en Luis Enrique, que era la que tenía en España, murió. 

Tras el duelo siguió esta copa, que no quería que ganaran ni Argentina ni Brasil, in that order. Los primeros por pesados y ambos por arrogantes, malos ganadores y perdedores y por gozar de la permisividad arbitral necesaria. Al menos eso es lo que he percibido toda la vida. Y desde luego fue así con los albicelestes en todos los aspectos. Fueron justos campeones, pero siempre dio la sensación de que a la entrada o a la salida tendrían el colchón arbitral si la cosa se torcía, a los penaltitos me remito. Y no hacía falta! Hubieran ganado sin ellos. Por eso me jode tanto ese doble rasero, ya con VAR, que me hace ver lo condicionado que está el arbitraje para que te "inclinen", ¿verdad Messi? El tema es que a pesar del escozor de caer ante Marruecos, enemigo íntimo por la humillación que suponía fallar y que te lo celebraran en la cara, luego iba con ellos en sus históricas semis y me alegré de su desempeño, excepto en su lamentable salida del torneo en el tercer puesto de la siempre minusvalorada Croacia. ¿O es que ahí el resultadismo no cuenta? Si no supieran tirar penaltis otro gallo les hubiera cantado, pero eso es saber competir. Ese temple croata es digno de estudio. Bien por ellos y por Morocco, excepto en su lloro arbitral, que es peor que el mío contra los argentinos. ¿Cómo pudieron quejarse así en el tercer y cuarto puesto con ese penaltazo no señalado a Gvardiol? Ese partido es de los pocos que no puede ver, ya en Huelva por motivos de trabajo maritales. Mierda de wifi la razón. Y la final, menos mal que no la quité en el 70, porque cada cuatro años es esto y uno ha visto tantas cosas... Pero pocas como ésta. Excelente thriller de acción, cuya prórroga yo apenas vi mientras caminaba por Onuba. Los penaltis sí, para corroborar mi incipiente precisión en estas predicciones. Aunque había que ser imbécil para no saber que los argentos ganarían con su portero, otro imbécil integral, y su determinación. Lotería de los penaltis mis cojones. Ni la lotería es una lotería, porque solemos coger números relacionados con nuestra vida, como una fecha de nacimiento. Por zanjar la cuestión argentina, se  confirmaron mis temores. Lo de las celebraciones, digno de asco pena: peor de lo que me temía. Pero luego uno ve a sus hinchas copar cada partido las gradas, su animosidad, su pasión, y no puede más que sentir envidia: sana por ese amor loco por un equipo e insana por tener ese palmarés inalcanzable aquí. Que conste, justa ganadora la Argentina, y sobre todo me alegré por nuestro Angelito. Nahuel y Rodrigo Sex Paul son sospechosos habituales mientras no se demuestre lo contrario.

Tras desgranar a la Selección y al campeón, volvamos al transcurso. Durante el mismo, todo desluce cuando ya lo tienes. Aún así aproveché la baja de paternidad para ver los partidos que pude. Seguí una especie de ritual: en las vigilias de cada víspera hacia una especie de previa de cada partido, comparando enfrentamientos, oyendo a Paquetes y a Saber y Empatar y lo que se terciara: Siro, Maldini, Míster Chip... Sin descanso, sobre todo con el Fantasy, que era cuestión de estado ganarlo y así fue. Sacándole partido al youtube premium de prueba y al cable de la urbanización para usar los canales alemanes y así ver joyas matutinas como el Irán Gales o el Camerún Serbia, que sabiamente decidí ver a pesar de tener la mañana libre de críos. Me llamó la atención gustosamenre la igualdad que sigue subiendo y el hecho de que muchos grupos tuvieran partidos en la tercera jornada a cara de perro jugándose el pase, con desenlaces imprevisibles además. Incluso en grupos que parecían bastante encarrilados como el de Alemania y España o el de Portugal y Uruguay hubo sorpresas, ambas protagonizadas por asiáticos con total merecimiento, si bien creo que esta Alemania no era tan mala. Momentos memorables, porque aparte de los penaltitos, Argentina nos brindó conatos de tiros en el pie cada vez que la cosa se les ponía de cara, con la consecuente emoción adicional. Inolvidable ese duelo navajero contra los holandeses, donde sobró faltarle al respeto a un venerable como Van Gaal o traumatizar en la zona mixta a Weghorst. No faltó la típica eliminación anticipada de alguna favorita, escabechina magrebí aparte, como la de la danzarina Brasil. Qué decir de las decepciones, alguna previsible (Bélgica) y otra no tanto (Dinamarca). Digno papel de todas las selecciones menos Catar. 31 selecciones tuvieron algún momento memorable que llevarse a la boca de la historia. Como Canadá y su primer gol en un Mundial o las primeras semifinales de un país africano. Tiene gracia que Messi consiga el Mundial justo el año en que falleció O Rei Pelé. Insisto. No se debería de juzgar tanto a un jugador por brillar en un torneo cortito, que diría el Cholo, como éste. Aunque por mucho que digamos, lo que guarda la retina y la memoria son este tipo de duelos, y se queda bien grabada la marca de la fracción del cuadrante donde uno dijo basta o donde le calzaron una bata. Por los siglos de los siglos.

Fue un gran mundial, el último con 32 equipos (se atisba calamidad en el nuevo formato). Qatar 2022 fue inolvidable como todos, pero me asqueó la confirmación de que el VAR enreda más que ayuda, lo cual me hace odiar lo que rodea este deporte y ser conspiranoico. De las cacicadas y ridículo de los anfitriones, mejor no entrar, que bastante tengo yo. Ni el primero ni el último, aunque aquí se pasaron. Mientras tanto, yo ya he mirado lo que hay el año que viene de fútbol de selecciones, que me encanta. Voy desbridando la capa de pereza que se interpone entre mí y mi Atleti, y ahora aparquemos la parte más intensa, romántica y geopolítica del fútbol para volver a la cruda y podrida realidad de nuestro equipo. Solo quería dejar breve constancia de cómo seguí algo tan grande como un Mundial y tras varios días pude. 

Huelva, diciembre de 2022.

lunes, 14 de julio de 2014

Brasil 2014: parte de la historia

Don Alfredo Di Stéfano, prócer de la historia del fútbol, es parte del libro de leyendas de nuestro amado deporte. A pesar de apenas haber visto imágenes en blanco y negro de él como jugador, y como yo mucha gente, nadie duda de su calidad y su condición de grande del balompié. Acuñador de infinidad de frases ingeniosas, siempre le guardaré cierto rencor/pena por una: "Ser del Atlético de Madrid y no del Real Madrid es como ser pobre pudiendo ser rico". Aún así, mi más profundo respeto para un hombre por el cual el eterno rival ganó su décima Copa en Lisboa en vez de la cuarta o la quinta... Un hombre de clubes, no de selecciones nacionales, porque curiosamente no disputó un solo Mundial. Aún así es recordado como un grande. Más mérito aún. Pero como una especie de ironía, se fue en plena Copa del Mundo, justo cuando empezaban a forjarse las nuevas leyendas o los de siempre añadían nuevas páginas a su tomo de éxitos. Pasamos a completar esta trilogía mundial, del que puedo decir sin duda que me ha parecido el más emocionante de los vividos. 

Los cuartos, que son similares a los de las campanadas de fin de año porque anuncian el final inmediato del torneo, nos dejaron cuatro estampas. En el pase de Brasil a regañadientes, sin duda es el rodillazo a Neymar, del cual bromeé para enterarme al día siguiente de que se perdía el resto de campeonato. Pero donde Brasil realmente comenzó a cavar su tumba fue con la ausencia de Thiago Silva, un gran jugador que encima anotó en este partido ante Colombia. El seleccionado cafetero fue de menos a más durante el partido y gracias a ellos pudimos palpar una vez más el miedo en la cara de esta Brasil toda emoción y garra, con un fútbol semi nulo. Bravo por los colombianos, que espero se hayan marchado con buen sabor de boca pese a la eliminación. El Francia-Alemania se antojaba el partidazo de la cuádrupla, pero fue de lo peor. Alemania tiró de balón parado para dejar impotente a unos galos que hicieron bastantes méritos para equilibrar la balanza. En la próxima Euro los franchutes tendrán una selección mucho más madura y experimentada. Ojito. Mientras, los teutones se metían en semis con más pena que gloria, ¿No eran estos los máximos favoritos? No parecían llegar en plenas condiciones a un choque contra la anfitriona... 

Por el otro lado del cuadro, Holanda se enfrentó a su romance con los penalties y salió airosa. Quizá Van Gaal tenga parte de culpa con su decisión de meter al suplente a parar: ahí invirtió la psicología de la tanda e intimidó la confianza de los costarricenses con Keylor. Estratega nato el cabezón holandés, que tuvo el temple para tomar esa decisión tras ver cómo su equipo derrochó ocasiones para no haber llegado a la muerte súbita. Y otro aplauso para los Ticos, que vendieron cara su piel. Que se vayan de juerga con Colombia para celebrar su gran papel. Para completar el cuarteto de semifinales, Argentina no podía fallar, pero Bélgica venía de hacer su mejor fútbol ante los yankees... Nada fueron para la garra albiceleste y el golazo de Higuaín, que fue suficiente motivo para mandar a casa a una indolente selección belga. Gran decepción de partido y merecido pase de los argentos. Mi camiseta negra de Alderweireld no dio nada de suerte a los diablos rojos. Brasil-Alemania. Holanda-Argentina. Diez copas del mundo entre todos. Si bien los Países Bajos no tienen ninguna, tienen tres subcampeonatos, y eso también es ser historia de los mundiales. Discrepo con Don Luis en lo de que "del subcampeón no se acuerda nadie"... 

En las semifinales solo jugó Alemania. Brasil, Argentina y Holanda no comparecieron. Die Mannschaft hizo un ejercicio de superioridad y efectividad tal que desgarró los anales de la historia brasileños y recuperó para el partido apelativos bélicos e industriales como Panzer, Wehrmacht o Luftwaffe, que parecían desterrados para esta remodelada selección. Creo que no me arriesgo mucho si digo que no veré una goleada de semejante importancia en el resto de mi miserable vida. Brasil era un globo inflado con rezos, himnos a capella y sobre todo la presión de sus 200 millones de habitantes, así que al mínimo roce serio la burbuja estalló sin remisión. El concepto de "hacer un siete" tendrá una nueva acepción a partir de ahora. Si por alguien me alegro es por el mezquino de Scolari, que solo se ha dedicado a sembrar dudas de cara al trato arbitral hacia Brasil. Por si fuera poco, Holanda echaba una palada más de sal en la herida en el partido por el tercer puesto. Lágrimas y traumas por doquier en los brasileños, que a pesar de terminar haciendo la ola en el estadio y firmar unas semifinales, lo cual no es moco de pavo, se van con una cicatriz eterna en medio de sus cinco estrellas. El tercer puesto de Holanda fue totalmente merecido, ofreciendo una propuesta diferente y lógica dada la naturaleza contraatacante de sus delanteros. Un montón de nombres desconocidos para el gran público como Blind, Martins Indi, Clasie o Memphis Depay nos sonarán mucho a partir de esta copa. Solo los penales les separaron de una final a la que llegó Argentina tras buscar más el partido en uno de los encuentros más infumables del mundial junto al Irán-Nigeria y el Rusia-Corea. Solo Cillessen arriesgó algo en un par de recortes. El resto fue un pacto de no agresión cumplido tan a rajatabla que parecían no querer enfrentarse a los alemanes en la final. Romero fue la estrella, pero es que Mascherano fue el héroe. Todo lo que se le diga es poco a este auténtico jefazo. Se dejó el orto literalmente por su país. La manida frase de "es un jugador que siempre quieres tener en tu equipo" está personificada en él. Así nos íbamos al cacareado Maracaná, con la panorámica detrás del Corcovado explotada hasta la saciedad por los realizadores televisivos, como para no hacerlo...


Ahí estaban dos estilos de fútbol, cuyo único denominador común era la pasión. Argentina, con su exceso de testosterona y su raza. Alemania, con su generación de jóvenes con carácter y abrazados al fútbol de talento. Salió bien Argentina, con las ideas mucho más claras, y este tipo de partidos lo ganan esos equipos. Pero no es menos cierto que el que perdona lo acaba pagando. En una final muy igualada, incluso a golpes aparatosos (Garay-Kramer y Neuer-Higuaín), era obvia la prórroga, incluso parecían inevitables los penalties. Pero entonces aparecieron dos invitados de última hora: Schürrle y Götze. Entre esta aleación de umlauts y consonantes del final del alfabeto apareció el gol que valía una copa del mundo, y que yo tan solo oí por la radio mientras iba a recoger una pizza tras haber estado con los ojos como platos ante la pantalla durante el resto del partido. Los germanos son el primer campeón europeo en América, que perdió la oportunidad de igualar al viejo continente en títulos (ahora 9-11). Me alegro porque su oferta futbolística es noble e irrechazable, pero mis respetos también a Argentina por el buen partido que hizo. Un derroche de fe incontrolable y absolutamente necesaria en el fútbol plastificado de hoy en día. Si su estrella hubiera brillado, hoy probablemente tendrían una más cosida sobre su escudo. Porque aunque la FIFA y su afán compensatorio vomitaron el premio de mejor jugador para Messi, el argentino no ha estado en modo Maradona, y ha ido claramente de más a menos. Yo se lo hubiera dado a Robben o a Mascherano por delante de él. 


Pero eso son nimiedades, no son las típicas cosas que recuerdas años más tarde, y que están destinadas a ser contadas a los nietos o en su defecto a infantes de edad similar. En mi caso esas serían el récord de máximo goleador de Miroslav Klose, la incrédula celebración del gol de Brooks para USA, el 1-5, el 1-7, las sonrisas y lágrimas de cada partido, y sobre todo lo más importante: dónde y con quién estaba. Historia con mayúsculas. La bandera alemana, que alguien se encontró tirada en la calle y me cedió conociendo mi afición a la vexilología, aún deberá ondear en mi balcón cuando llegue a mi piso esta tarde. Lo mismo que ondeaba otra sobre los hombros de un niño alemán que corría sin rumbo lleno de alegría cuando terminó todo (la Costa del Sol es así). Ahí eché de menos la sensación de saberte campeón del mundo, y me pareció no haberlo saboreado cuando pude. Ésto, sumado a ver más tarde las imágenes de Puyol habiendo ofrecido la Copa que ahora ya era alemana, me hizo darme cuenta por primera vez cuatro años más después de lo sumamente difícil que es que tu selección gane un Mundial, y que además tú estés ahí para verlo. 

miércoles, 2 de julio de 2014

Brasil 2014: magos del suspense

El fútbol, al menos a nivel de selecciones, cada día está más igualado. La globalización es lo que tiene. Resulta harto complicado encontrar goleadas como las de antaño en estos eventos. Ahora las cenicientas son más zorras y conocen casi todos los trucos de los donjuanes, quedándose estos a veces con el culo al aire. Cuando acaban los grupos, para todos empieza otro mundial: los que han pasado de fase inesperadamente afrontan su envite con la tranquilidad que da el saberse sin nada que perder y un mundo al que seguir impresionando, si bien los aspirantes se la juegan a doble o nada con todos los focos sobre ellos para filmar el maracanazo de turno. Ya terminaron los enfrentamientos simultáneos y los días con tres sesiones de partidos. Aunque quede la mitad del tiempo, el mundial para mí ha consumido sus tres cuartas de disfrute llegados a este punto. 

En un cuadrante izquierdo absolutamente iberoamericano, el sábado 28 de junio comenzaban los octavos de final. Brasil y Chile abrían fuego. No daba un duro por los chilenos, pero ellos sí que fueron duros complicándole la vida como nunca a los anfitriones. Una pena que La Roja siempre se tenga que enfrentar a los cariocas a las primeras de cambio, a Francia 98 y Sudáfrica 10 me remito. Eso por no contar el mundial que ellos organizaron en 1962, y en el que cayeron en semis contra Garrincha y compañia. Esta vez la historia se repitió, pero llegaron hasta la tanda de penaltys. Mal asunto el querer ganarle desde los once metros a los brasileros. Salió cruz, pero desde este blog le deseamos suerte a Chile en la próxima Copa América, que ellos organizan. Ese mismo día salía de nuevo Colombia, conociéndose ya el mordisco que daba a Uruguay la FIFA por culpa de Suárez (justo pero excesivo castigo). Pero pensé que el fútbol aguerrido y enrabiado de los celestes iba a acabar con los cafeteros, nanai. Quién les iba a decir que sin Falcao iban a llegar tan lejos... Ahora sabíamos que un duelo de cuartos iba a tener un claro color amarillo. El tiro de James, que no se pronuncia Yeims, fue para mí el gol del mundial hasta la fecha: soy un enamorado de los tiros que entran tras golpear el travesaño. En el otro lado de las llaves de octavos, teníamos un apasionante México Holanda sobre la sartén verde de Fortaleza. Cuando creíamos haberlo visto todo en cuanto a crueldad en esta copa, los tulipanes van y remontan a los entre cooling breaks a la tricolor: Van Persie, la vedette Robben y Sneijder son mucha tela, pero mis respetos para los mexicanos, que han hecho una gran competición... Ahora siento una suerte de afinidad por los Países Bajos, porque me recuerdan un poco al Atleti: tres finales de Mundial hasta la fecha y tres subcampeonatos... ¿les suena de algo? Por delante tendrán a Costa Rica, que en un duelo pintoresco y llamativo dejó en la cuneta a una Grecia que no solo vendió cara su derrota, sino que tuvo la eliminatoria en su poder varias veces. Un tal Keylor Navas que ojalá fiche por los nuestros les agotó la testosterona. No sé a quién halagar más, si a los equipos que están pasando de ronda o a los que se van, pero los costarricenses se llevan la palma... Sigamos. Francia y Alemania, en un paralelismo de europeos contra africanos vestidos de verde, ganaron llegando a manchar el calzoncillo, sobre todos los alemanes, que tuvieron que minimizar el tikitaka y correr al ritmo de Schürrle... Y qué cojones de la selección argelina, que ha sumado velocidad y verticalidad a aquel rocoso equipo que no anotó un solo gol hace cuatro años. Me han encantado los zorros del desierto, pero mi debilidad en África, al menos en su anterior época dorada, eran las Águilas Verdes nigerianas. Francia al final se hizo con el mando, y los de Keshi (me cae bien este tío), se quedaron con la tibia y peroné rotos de Onazi (se han sacado rojas de mierda y esto fue solo amarilla...) y la sensación de haber hecho un mundial muy pero que muy digno. A lo tonto al final África ha hecho un torneo muy apañado. Solo quedaban dos selecciones por conseguir boleto a cuartos. Argentina y Bélgica hicieron buena su condición de primeras de grupo, como el resto de cuartofinalistas, y vencieron a Suiza y EEUU respectivamente. Los argentinos merecieron esa suerte de la que tanto hablan. La condición física de Di María bastó para derrocar a unos helvéticos hipermotivados. Por mucho que uno no se imagine a un suizo con el cuchillo entre los dientes, los tíos le echaron igual o más huevos que los albicelestes. Para suerte, pero mala, la de Ottmar Hitzfeld, el técnico suizo que se enteró del fallecimiento de su hermano poco antes de su último partido en los banquillos. Banquillos que dejan imágenes para el recuerdo como la de Wilmots y Klinsmann, dos auténticos cazagoles noventeros... Por si fuera poco la estima que le tengo a Bélgica, su entrenador sí que ya me gana, porque es verlo y recordar el gol más infamemente anulado que recuerdo. Uno se lleva el pase de ronda, y el otro la sensación de haber dado otro empujón grande al soccer en USA. Otra vez será para los gringos, un equipo con personalidad y que a mí me cae bien: el fútbol humaniza a los estadounidenses de cara al mundo.

La igualdad es la tónica general de este mundial, y ese está siendo un aliciente más aparte del excelente nivel futbolístico que hay. Una pena que España se haya ido tan pronto, porque hasta la fecha es el campeonato con mayor calidad y el más apasionante que estoy presenciando. Como curiosidad, decir que aunque se hable de que es un mundial con predominancia americana, en Sudáfrica 2010 tuvieron el mismo número de representantes en cuartos que ahora (Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay), mientras que Europa solo tenía a esas alturas tres. Las apariencias engañan, y mientras lo bueno se acaba entre una ensalada de prórrogas, goles in extremis y fútbol en estado puro...


viernes, 27 de junio de 2014

Brasil 2014: hemisferio occidental

Si me dicen un año, automáticamente lo asocio con la temporada de liga que fue o, si es par, con el Mundial o Eurocopa del mismo. Esos eventos son una suerte de hitos en mi vida. Demarcan épocas personales y situaciones para el recuerdo. Son sin duda los eventos que espero con más ganas, aunque luego por el camino nos damos cuenta de que, como en todo, la novedad paulatinamente da paso a la indiferencia y la desmitificación. Hace poco leí un post en la que el autor hablaba de ver el Mundial partiendo de la base de que los primeros partidos (por muy perrunos que sean) son innegociables, y luego cuanto más nos acercamos al final, por un motivo o por otro, dejamos de tener esa capacidad de atención volcada todo el mes en el verde. Ese proceso es perfectamente aplicable a mí, pero eso no quita que la Copa del Mundo deje imágenes para el recuerdo, las cuales paso a enumerar en esta retrospectiva crónica de la primera fase.

1ª JOR. Todo empezó con el penalty infame del árbitro japonés, que demostró no tener personalidad, o ser muy malo, o tener el bolsillo lleno, o las tres cosas. Se me quitaron sensiblemente las ganas de seguir enchufado al Mundial, pero ¡qué coño! Si me había gastado el dinero como un pijo para verlo en cualquier parte ahora no podía desertar. Además empezaba fuerte con un España-Holanda. Todo seguía donde se dejó en Johannesburgo, y confiaba en la Selección, a pesar de no tenerlas todas conmigo. Yo tan solo pedía que pasaran de fase, porque ¿qué más les íbamos a pedir? Después de todo lo que esta gente había conseguido... Pero tras el vuelo sin motor de Van Persie, que igualaba el partido en uno de los goles psicológicos más evidentes de la historia, todo se torció, y la torçida brasileña contempló cómo su odiadamente querido Diego Costa hincaba la rodilla seguido por todos sus compañeros.

Van Gaal y los suyos dejaban a España conmocionada, por no decir en coma. Me alegro por él, que siempre es ridiculizado por gente que no tiene ni puta idea de fútbol. En ese mismo día, México confirmaba mis expectativas, y a pesar de escamotearles dos goles a todas luces legales (grupo de Brasil, vaya usted a saber), vencían a Camerún, que ya hacía presagiar que se la iban a volver a pegar, como literalmente veríamos la siguiente jornada. Golpe duro para la vigente campeona, ¿habría más sorpresas? No hubo que esperar mucho porque al día siguiente Costa Rica daba un navajazo en el costado de Uruguay. Cuando todo parecía de cara para una de mis selecciones apadrinadas, aparecía el primer pelotazo de la siempre ninguneada CONCACAF. Por su parte, ingleses e italianos ofrecieron un espectáculo digno de la Copa del Mundo, en un sensacional encuentro en el que tras él aún creía en los ingleses pero me maldecía por haber apostado a que Italia quedaba fuera. De esta primera jornada rescatar también los esperanzadores debuts de Colombia y Costa de Marfil, el zozobrante inicio belga, el trámite necesario de Francia, y el gol de Seferovic que dejaba tocadísima a la simpática Ecuador en el descuento. Argentina me quitó las ganas de trasnochar tras su tempranero gol ante una Bosnia, a la que aún veía con opciones de pasar. Por último, la para mí sorprendente goleada sin despeinarse de los cabezacuadrada ante Cristianogal. ¿A quién cojones se le ocurre apostar porque los alemanes se quedan fuera en la primera fase? 

2ª JOR. No por acabar sin goles dejó de engancharme el  Brasil-México, un partido que creía que iba a volver a ganar la anfitriona a trompicones pero que al final derivó en unas atractivas tablas. Trasnoché como casi siempre para ver a Croacia, que se deshizo sin problemas de Camerún y sus clanes... Descorazonadora la imagen del fútbol africano en ocasiones, aunque por suerte siempre hay alguna nación que saca las castañas del fuego. En este caso parecía ser Nigeria, que me sorprendió derrotara a los bosnios, que para mí es la selección de la segunda fila de que más me ha decepcionado. En ese momento Costa de Marfil aún era mi principal esperanza nigga, pese a perder contra una Colombia que bailaba de felicidad con el permiso de las lágrimas del bueno de Serey Die, que encima perdió un balón clave para la derrota de su equipo. La férrea Argelia goleaba a una Corea lejos de la de los últimos años... ¿Y Ghana? Qué decir de la Italia de África... Nos había brindado dos exhibiciones de coraje y fútbol vertiginoso, pero ni contra USA ni contra Alemania (un partidazo) en el segundo, sacaban una cifra aceptable de puntos.

África aún era una incógnita, pero la que de verdad lo estaba petando era Ámerica... Uruguay vencía y eliminaba a Inglaterra, que tiene un no sé qué que me recuerda a la España de antes de empezar a ganar... Siempre tienen un equipo apañado, tradición, pero nunca hacen nada. Humo. Con los charrúas de vuelta en la pelea, Colombia clasificada, y Ecuador volviendo a la vida, el auténtico bombazo llegó con la derrota azzurra ante Costa Rica. Me quito el sombrero ante esta humilde selección, ninguneada por absolutamente todos. Algo parecido pasaba con Australia, a pesar de que era la primera en hacer las maletas tras dos encuentros muy buenos ante Chile y Holanda. Los mismos rivales a los que tenía que encararse la Selección. Porque ahora tocaba Chile, teniendo que ganar sí o sí o sí. Debía de haber un golpe encima de la mesa, un zarpazo que pusiera al orgullo españolito, y también a los simplemente seguidores de este equipo como yo. La gran mayoría creíamos, pero por el peor motivo que puede haber: porque sí, porque éramos España y los vigentes campeones. A los pocos minutos se confirmaron los peores augurios, mejor dicho, hechos que ni el más cenizo habría presagiado. A la puta calle en la jornada dos. Con un juego patético tras el segundo tiempo ante Holanda. No me dejó ni rabia ni la cara de tonto de otras veces, no sé si porque era totalmente justo o porque estamos borrachos del éxito pasado. Más bien lo primero, porque me pareció una pena y una vergüenza no defender de mejor manera el título, al menos sobrevivir hasta la última jornada por favor... Máxime en un Mundial tan bonito y con tantas alternativas, en el que me sentía como un esloveno o un hondureño. No obstante, el grupo era complejo, y como ya sabemos, no iba a ser la única grande en irse fuera. Una de esas no iba a ser Francia, que certificaba lo asequible de su grupo tras golear a Suiza. Bélgica a regañadientes también pasaba el corte dejando en alerta roja a Rusia. En otro de esos partidos perrunos y con pocos telespectadores, Grecia sacaba un aparentemente inservible empate ante Japón, con diez hombres durante gran parte del juego. Pero los helenos, tras ese cerocero, seguían vivos, muy vivos. No tanto, pero también, los portugueses, que ante una excelente selección yankee veían cómo Varela mantenía enchufada la respiración artificial. Por último Messi, que al final van a tener razón con lo de que se estaba reservando para el campeonato, decidió un partido que Irán no mereció perder, y menos de esa forma. La crudeza del fútbol: un deporte de equipo, pero con un alto componente individual, altamente propenso a tragedias y proezas, según el bando.

3ª JOR. Así llegábamos a donde todo se decide, donde comienzan a salir aviones de sueños rotos hacia todos los puntos del mundo. Croacia, un equipo al que por amor tenía especial cariño, fue la siguiente de la lista. México hizo buena su condición de "local" e hizo bueno el dicho de que los que llegan al mundial con suspense tienen un plus de peligrosidad. Mítico el kaiser Rafa Márquez, ayudando a los tricolor a pasar de ronda. Curioso el romance de los aztecas con los octavos. Siempre les espera allí un rival duro, pero es que aún siendo un buen seleccionado, jamás de los jamases afirmaríamos que de los ocho mejores del mundo. Veremos cómo desempeñan ante los holandeses, que dejaron a Chile bailar con la más fea pero la que tiene mejor culo: Brasil. España mientras tanto hacía un ejercicio de profesionalidad con una aceptable victoria ante Australia. Me quedo con el gol de Villa, uno de los artífices de los éxitos recientes, con ese punto de raza y de oportunismo tan necesario. Su golazo fue la mejor despedida para esta leyenda hispana. Habrá que ver con qué intensidad soplan los vientos de cambio en España de cara a la Euro 2016, a la que confieso miro de reojo con Koke como posible hombre clave. Pero no elucubremos tanto...

En el grupo de los campeones, Costa Rica confirmaba su morrocotudo liderazgo, mientras que Uruguay dejaba fuera a Italia en un partido bocatto di cardinale (pregúntenle a Chiellini). Godín, una vez más, decisivo. Mis respetos para los celestes, hay que saber jugar muy mucho para eliminar a los transalpinos. Son el equipo con más cojones con el permiso de los griegos. Ay los griegos... Sin hacer ruido, con mucho esfuerzo, y aprovechando las ventajas de una naif selección marfileña, se metía en el descuento en octavos. Costa Rica-Grecia, agárrense el coño... Si bien me alegro por los espartanos grecos, (si tengo una camiseta suya es por algo), me dio una gran pena la eliminación de les eléphants en probablemente la última aventura de esta gran generación, que ya sea por grupos difíciles o como esta vez, por fallos de niños, han quedado fuera. Mondragón hacía historia al ser el más veterano en debutar. Klose también está a un gol de colocarse como máximo anotador de la historia de las copas del mundo, y al menos ya ha conseguido igualar al gran Ronaldo. Francia pasaba sin despeinarse, y Suiza ganaba con fuerza a Honduras, vengándose del pasado campeonato. Lástima que quedase fuera Ecuador, los pequeños detalles... Argentina seguía ganando, esta vez con más movilidad, pero aún veo que son mucho ruido y pocas nueces... Se medirán a los helvéticos del veterano Ottmar Hitzfeld y que no se fíen mucho. A pesar de que es una de las selecciones sudamericanas que más antipatía me levanta, aprovecho para decir que es un espectáculo ver al público argentino llenar un estadio tras otro. Viven el fútbol como nadie, no se puede negar. A partir de USA 94, donde se vive cada vez más el deporte rey es en Estados Unidos. Un país que cada vez comete menos errores de novato, y que junto a Alemania ha pasado de ronda. Una pena por Ghana, a la que me hubiera gustado ver competir en octavos. Aunque dieron la sensación de poder doblegar a cualquier equipo al final solo obtuvieron un punto y un logro individual: el gran Asamoah Gyan se convierte en el máximo goleador africano superando a un tal Roger Milla (el pobre camerunés ha perdido sus dos records, ni eso se queda Camerún). Mientras las águilas negras decían adiós, Argelia, los zorros del desierto, tumbaban con un fútbol lleno de alma a Rusia, otra de mis grandes decepciones europeas. Portugal, siempre correosa y por la que apostaba en su grupo incluso por encima de los germanos, se ahogó en la desesperación de Cristiano, las lesiones y las lágrimas de Beto. Luto ibérico, esperanza americana, África mantiene el tipo y Asia ni estuvo ni se le esperó. Solo quedan 16: las sorpresas de turno, los aspirantes eternos y la escolta de cinco campeonas del mundo. Millones de personas les contemplan, que siga el espectáculo.