Un día antes, y en una localidad de claras connotaciones islámicas, volvió el Atleti a ganar fuera de casa. Fue el partido deseado para cualquier aficionado en términos de pragmatismo: gol tempranero, sentencia poco después, y a vivir de las rentas dosificando a golpe de escalpelo. Eso fue lo que se vio en Córdoba, donde finalmente no fuimos porque nos sobraban motivos de toda índole. Cómodamente desde el sofá, vi como se daba el desenlace soñado. Gol rápido de Griezmann, cuyos goles vuelven a florecer, y lejos de especular, y quizá ayudados por la endeblez del rival, que no olvidemos es colista destacado, se siguió buscando el segundo con precisión quirúrgica. Así llegó lo que se venía pidiendo a gritos: el aprovechamiento de los geniales saques de banda de Jesús Gámez. Prolonga Giménez, con G de Güeno, y allí estaba Saúl, el torocampista que vuelve a estar como antes de la lesión, abarcando mucho campo y sudando goles. Estos dos últimos jugadores mencionados, son claros candidatos a ser vendidos por la directiva del club "comprador donde los jugadores juegan donde quieren". Ojalá se sigan haciendo las cosas bien y se mantengan estos interesantes futbolistas, porque sobre todo con el uruguayo hay central para rato. Por otro lado, qué bien Gámez joder, si ya sabía yo que este tío iba a rendir... pero no en la izquierda! El único lunar lo pondría en la apatía de Mandzukic, al que espero para la causa, porque se le necesitará más que nunca a partir de ahora. No obstante, sin florituras, se hizo todo bien, y no es fácil. El topicazo de que "en fútbol no hay enemigo pequeño" no es ninguna tontería, porque el rival, errático y despistado a más no poder, gozó de alguna que otra llegada peligrosa mientras su entrenador se desgañitaba apelando al ánimo y yo sin saber por qué sentía compasión por él. El fútbol es lo que tiene, las distancias son mínimas, pero francamente nunca dio sensación de que la victoria se fuese a escapar. Ese savoir-faire tan de este equipo campó a sus anchas en el Nuevo Arcángel, y se encargó de desquiciar a una grada asqueada y que mucho me temo no va a disfrutar de lo poco que le queda en primera como es debido. Quizá el ascenso del Córdoba llegó accidentalmente antes de lo previsto, o la gestión no ha sido la mejor, o simplemente no se pueden pedir peras al olmo, pero el caso es que el equipo blanquiverde parece avocado al descenso sin remisión. Ojalá vuelvan pronto, que siempre se agradece tener estadios a tiro de piedra por si uno se lía la manta a la cabeza para ver al Atleti. Regresa la pátina de profesionalidad que probablemente siempre estuvo ahí, pero que estuvo enmarcada dentro de un valle físico tan comprensible como premeditado. Eso es lo que quiero creer, porque a partir de ahora los fallos serán prácticamente imposibles de subsanar. Ya queda menos para el martes, otra cosa es que yo vuelva a arrastrarme por estos lares, mostrando mi falta de mojo, que no de musa, a la hora de escribir. Quizá esté yo también en un valle de rendimiento de esos... así que aunque seguramente vuelva en el próximo partido, cada vez voy notando más el peso de los dedos, la falta de agudeza a la hora de sacar chascarrillos baratos. Intento hacer malabares con las palabras pero éstas se me caen como si fuera un mendigo en medio de un semáforo en rojo, además no disfruto escribiendo esta mierda como antes, que es lo fundamental. ¿Será obsolescencia programada? ¿Será que las carreras de Juanfran y los despejes de Godín se alimentan de mi ego? ¿Será que me creía mierda y no llegaba ni a peo? ¿Será que todo fue un sueño, u otra vida?
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domingo, 5 de abril de 2015
Sábado de resurrección
Un día antes, y en una localidad de claras connotaciones islámicas, volvió el Atleti a ganar fuera de casa. Fue el partido deseado para cualquier aficionado en términos de pragmatismo: gol tempranero, sentencia poco después, y a vivir de las rentas dosificando a golpe de escalpelo. Eso fue lo que se vio en Córdoba, donde finalmente no fuimos porque nos sobraban motivos de toda índole. Cómodamente desde el sofá, vi como se daba el desenlace soñado. Gol rápido de Griezmann, cuyos goles vuelven a florecer, y lejos de especular, y quizá ayudados por la endeblez del rival, que no olvidemos es colista destacado, se siguió buscando el segundo con precisión quirúrgica. Así llegó lo que se venía pidiendo a gritos: el aprovechamiento de los geniales saques de banda de Jesús Gámez. Prolonga Giménez, con G de Güeno, y allí estaba Saúl, el torocampista que vuelve a estar como antes de la lesión, abarcando mucho campo y sudando goles. Estos dos últimos jugadores mencionados, son claros candidatos a ser vendidos por la directiva del club "comprador donde los jugadores juegan donde quieren". Ojalá se sigan haciendo las cosas bien y se mantengan estos interesantes futbolistas, porque sobre todo con el uruguayo hay central para rato. Por otro lado, qué bien Gámez joder, si ya sabía yo que este tío iba a rendir... pero no en la izquierda! El único lunar lo pondría en la apatía de Mandzukic, al que espero para la causa, porque se le necesitará más que nunca a partir de ahora. No obstante, sin florituras, se hizo todo bien, y no es fácil. El topicazo de que "en fútbol no hay enemigo pequeño" no es ninguna tontería, porque el rival, errático y despistado a más no poder, gozó de alguna que otra llegada peligrosa mientras su entrenador se desgañitaba apelando al ánimo y yo sin saber por qué sentía compasión por él. El fútbol es lo que tiene, las distancias son mínimas, pero francamente nunca dio sensación de que la victoria se fuese a escapar. Ese savoir-faire tan de este equipo campó a sus anchas en el Nuevo Arcángel, y se encargó de desquiciar a una grada asqueada y que mucho me temo no va a disfrutar de lo poco que le queda en primera como es debido. Quizá el ascenso del Córdoba llegó accidentalmente antes de lo previsto, o la gestión no ha sido la mejor, o simplemente no se pueden pedir peras al olmo, pero el caso es que el equipo blanquiverde parece avocado al descenso sin remisión. Ojalá vuelvan pronto, que siempre se agradece tener estadios a tiro de piedra por si uno se lía la manta a la cabeza para ver al Atleti. Regresa la pátina de profesionalidad que probablemente siempre estuvo ahí, pero que estuvo enmarcada dentro de un valle físico tan comprensible como premeditado. Eso es lo que quiero creer, porque a partir de ahora los fallos serán prácticamente imposibles de subsanar. Ya queda menos para el martes, otra cosa es que yo vuelva a arrastrarme por estos lares, mostrando mi falta de mojo, que no de musa, a la hora de escribir. Quizá esté yo también en un valle de rendimiento de esos... así que aunque seguramente vuelva en el próximo partido, cada vez voy notando más el peso de los dedos, la falta de agudeza a la hora de sacar chascarrillos baratos. Intento hacer malabares con las palabras pero éstas se me caen como si fuera un mendigo en medio de un semáforo en rojo, además no disfruto escribiendo esta mierda como antes, que es lo fundamental. ¿Será obsolescencia programada? ¿Será que las carreras de Juanfran y los despejes de Godín se alimentan de mi ego? ¿Será que me creía mierda y no llegaba ni a peo? ¿Será que todo fue un sueño, u otra vida?sábado, 1 de noviembre de 2014
Testarudos
Minuto 54, tras ir por delante en el marcador con una primera parte constante e insistente, un balón tontamente no despejado provoca un córner. El Atleti, el número uno ejecutándolos, y posiblemente también defendiéndolos, veía cómo el Córdoba igualaba un partido de obligado cumplimiento con un golazo de Ghilas (pasado de kilos y con un gran parecido a El Barrio). Con ese peso en el lomo, nunca mejor dicho, el Atleti tenía que volver a meter una marcha más, pero a cabezón no le gana nadie. Afortunadamente, este equipo responde de maravilla ante las exigencias del guion, y cortó de raíz lo que podría haberse convertido en una pesadilla antes de navidad, dadas las fechas. Eso es con lo que me quedo de este partido: la convicción y oportunismo para acallar la rebelión cordobesista. Anteriormente, vimos a un Atleti equitativamente tozudo por las bandas, con un Siqueira que cada vez me gusta más pero que tiene errores que cuestan goles (también se distrajo luego Juanfran en ese córner). Aunque se puede decir que la marcha de Filipe está cada vez mejor salvada con los dos recambios que hay para ese puesto. Hoy por ti, mañana por Ansaldi.
Se percibe además mayor participación de la gente de dentro, pero no, no terminan de germinar todas las ocasiones que deberían. No obstante, Griezmann comienza a justificar su contratación y le van entrando los goles que al principio no querían. Los dos tantos del borgoñón fueron los que nos hicieron romper las igualadas. Por otro lado, el gol nuestro de cada día a balón parado para Mandzukic, que suma y sigue. Encima, otro gol de RG8 con la colaboración del pobre Pinillos, que también había participado desviando el tiro de Griezmann en el primer gol. En los minutos finales, se pudo comprobar que Simeone da oportunidades a quien se lo curra: otra lectura no tiene la entrada reciente en los cambios para Cristian Rodríguez. Me alegro por él, me identifico mucho con su carácter en la cancha y siempre está bien tenerle con autoestima. Fallé en mi pronóstico de que Cerci nos iba a sacar del atolladero, y también en que iban a dosificar a Koke, que soltó un larguerazo enroscado genial. Él, si cabe más que Gabi, es uno de los termostatos de este equipo, y me preocupa que se gripe con tantos partidos. De todas formas, si el año pasado se llegó tan lejos con 13 hombres y estamos empezando noviembre, es un tanto paranoide crearnos este tipo de zozobras.
Cerca del final, llegó un tanto de esos que tanto me ponen de los nervios para darle rimel al marcador final. Quiero creer que esto no sucederá en situaciones igualadas y que ese segundo gol cordobés fue fruto de la parsimonia puntual debida al resultado. De todas formas, poco que objetar a un equipo que fue a por el partido de principio a fin y que cada jugada mordía al contrario. Enfrente estuvo un Córdoba (de infausto recuerdo los años en el infierno) que no fue ni mucho menos lo peor que ha pasado por el Calderón. Dudo que les de para mantenerse en liga de los premios de la risa, pero dieron sensación de peligro en varias contras pese a su desplome final. Además, es una gozada ver un desplazamiento masivo de aficionados de otro equipo a un Calderón que ya de por sí tiene ambientazo, y el premio sin discusión de ver a un equipo con alma de campeón. A seguir remando ambos y nos vemos en abril, ojalá que in situ dada mi cercanía con la ciudad califal.
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