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jueves, 23 de octubre de 2014

Cura en salud

El Atleti afiló las lanzas ante el Malmö, del que en esta casa hace unos días dimos a conocer su historia, (imperdonable no leerlo después del currele que me pegué cabrones). Sin embargo, apenas conocíamos sus dotes de juego más allá de los resultados obtenidos en las dos jornadas anteriores. El partido comenzó tan frío como el carácter que se le presupone a todo nórdico. Sus talludos centrales despejaban los córners que merodeaban su área sin despeinarse, pero poco a poco el Atleti fue encontrándose en el partido. Si bien en la primera parte, más allá de las ocasiones marradas, costó darle ritmo al juego, la segunda fue otro cantar... Neptuno le metió el tridente por el culo Thor, o quien fuera el dios de estos correctos vikingos, eso nunca está de más. Groserías aparte, el partido pareció hecho a petición de aquellos jugadores que necesitaban retomar confianza: Mandzukic, Griezmann y Cerci mayormente. Tanto el croata como el hipster franchute, arrastran bagaje compuesto de un alto despliegue físico pero negado de cara a gol. El italiano llegó bajo de forma, y encima a un equipo en el que el físico es fundamental. Aún es pronto, pero su gol va confirmando mi alocada teoría de que tiene un aire a Vieri. Tampoco se tomen al pie de la letra esto último. Por lo tanto, cada uno de estos goles fueron de esos que tanto celebra Simeone, y con razón. Todo el que ha jugado mínimamente al fútbol sabe la confianza que te da anotar un gol, máxime siendo hombres de área como estos dos grandes jugadores, que no terminan de engranar de forma óptima en esta maravilla arquitectónica de equipo. Algunos dirán que de maravilla nada, pero a esos herejes fanes del barroco les invito a que vean los tantos y jugadas de ayer, sobre todo la del primer tanto. Crema pura. El turco estuvo en su salsa de yogur con picante e hizo sus orfebrerías de rigor constantemente. Si a eso le sumamos que por la derecha entraba como un puñal Juanfrankestein, que está como un tiro, y si a esto le sumamos además, que Koke estuvo omnipresente en ataque, pues el resultado fue esta goleada, en la que pudo hasta mojar por segunda vez en una semana Mario Suárez. 


¿Y el Malmö? Fue discreto sí, pero que se lo digan a otros equipos que sufren lo indecible e incluso sucumben ante desconocidos para el gran público. El campeón sueco se limitó a buscar un balón parado favorable, y solo se llevó a cambio el gol de propina de Godín (alma de delantero), faltaría más. Por cada gol que marca el Atleti de córner, un tertuliano de prensa rosa futbolera tiene ébola. Respecto a la defensa, si Miranda y él están tan espabilados como anoche, yo me relajo. En cuanto a la repartición de minutos, lástima que Jiménez no tuviera ninguno, pero me alegro una vez más por el Cebolla, que también tiene derecho a jugar, así como Saúl, que está claro no tiene complejos y que cuenta mucho en esta plantilla. Todo fueron buenas noticias, pero ni tanto ni tan poco. Viene de maravilla este contundente triunfo aunque hay que seguir remando porque no hay nada hecho. Ya habrá tiempo de comprobar si los suecos en su campo tienen algo que decir. Yo mientras haciendo el cabrón pensando en Berlin. No tengo arreglo.

lunes, 26 de mayo de 2014

R. Madrid 4-1 At. Madrid - ¿Cómo no te voy a querer?


 Si me leen, es porque están muy despistados, muy aburridos, o bien son unas cotillas que sienten cierta curiosidad por ese toque personal que intento darle a las cosas, esquivando en lo posible lo meramente futbolístico. Así que hoy, con algo parecido a un jet-lag transoceánico tras haber ido a Portugal sin más entradas que las de este blog, escribo lo que me transmitió el partido desde que empezó esta expedición: una de las experiencias de mi vida sin duda. Es mejor centrarse en las sensaciones tras un amargo desenlace como el que se vivió la noche del sábado. Además, hoy más que nunca ¿qué cojones os voy a contar ya que no sepáis? Un día que pasará a la historia rojiblanca y del fútbol mundial, pero en la que al igual que hace cuarenta años nos toca desempeñar el papel de derrotado. Es quizá la crónica que más tristeza me produce, pero por descontado la que rezuma más orgullo. No pretendo que lo entiendan, tan solo que lo acepten. 


La víspera del partido estaba todo listo, y me dispuse a matar el insomnio viendo el documental de Teledeporte en el que se hablaba de la final de Bruselas. El partido ya lo había visto, pero fue un placer ver imágenes para mí inéditas de los jugadores de la época y su modus operandi. Tras elegir la camiseta del Atleti que me iba a poner decidí sacar dinero antes de partir, para ir quitando trámites de en medio. El cajero se traga la tarjeta. Eso solo hace que vaya prácticamente a merced de mi compañero de andanzas, pero no importa. Eso sí, la camiseta elegida (fuera de casa 02/03) se queda en casa y me llevo otra nuevecita de Uruguay con Forlán en la espalda. El viaje de ida fue placentero, aunque por desgracia no puede decir lo mismo un pobre conejo extremeño al que atropellé sin querer. DEP sin coña ninguna. El viaje continuó a ritmo de clásicos British mezclados hábilmente con música portuguesa y futbolera. La sensación de adelantar a hordas de autocares rojiblancos en tierras lusas fue inolvidable. Así llegamos a Lisboa, el sitio en que debíamos hacer historia. Me sentía especial, pero más se querían empeñar en hacerme los de la tele. Tras preguntarme de dónde venía y con qué sensaciones dejaron ese archivo audiovisual en el baúl de los recuerdos. No salió y me importa una mierda. Ni se lo dije a mis padres. 

Poco a poco la ciudad se iba poblando de ambos bandos. Ya he dicho varias veces que soy del sur, y allí ser del Atleti es poco menos raro que saber tocar la balalaika o haber visionado toda la filmografía norcoreana. Por lo tanto, cualquier atlético madrileño que me lea, no se hará una idea de lo gratificante que es sentirte en tu tribu por un puñetero día. Turismo hacinados en tranvías y metros, con algún gili que otro. Una decepción muy grande ver el estadio tan cercado y desde tan lejos. No era el mejor día para ir, pero si no es por el aliciente de la final cuesta mucho arrancarse a ir de Málaga a Lisboa. Pasteles de Belém, limosna al primer mendigo que ví para subir el karma rojiblanco de cara a la final. No toqué tampoco las figuras que hacían referencia a la final si éstas se parecían lo más mínimo a la Copa de Europa. Había que maximizar las opciones de victoria incluso desde gilipolleces como esa. Todo iba a pedir de boca excepto por el cansancio y dolor de tarro que me invadió tras el almuerzo. No me avergüenzo de decir que en ese momento el partido no estaba en mi cabeza, sino una presión que reventaba los párpados y las cervicales. No había dormido mucho antes de partir a las 2:00 de la madrugrada y lo estaba pagando... Aproveché la coyuntura para hacer algo parecido a una oración (y cerrar los ojos como el que no quiere la cosa) en Sé Catedral, en ella en absoluto pedí por el partido: el Atleti es de todo menos celestial. Y Neptuno ya sabría lo que tenía que hacer. Su imagen en el suelo del Padrão dos Descobrimentos me reconfortó. 


Y así siguió la tarde, hasta que me rendí al sueño en el coche y dejé volar libre a mi amigo vikingo. Luego fue más fácil de lo previsto encontrar un lugar para verlo. Restaurante O Cardo. Imagino que fue un acierto retransmitir finalmente el partido en las fanzones para liberar el resto de sitios: no se pueden imaginar la cantidad de gente de ambos bandos que había en la ciudad. Tras tratar de cenar rápido y pronto para centrarme en el juego, comenzó el partido más importante de la historia del Atleti desde que lo conozco. Muy bueno el Bacalhao Grelhado, al igual que el Frango del mediodía mientras intercambiaba impresiones con los dos atléticos que ya había en la mesa. Buena costumbre esa de optimizar el espacio, máxime en un sitio tan pequeño como Casa Liege. Así comenzaba el duelo, Atleti contra Real; SuperBock contra Sagres. Pintaba bien la planta del equipo, sin concesiones tontas excepto un fallo en la salida de balón que por poco cuesta un gol. Además sacamos petróleo en el gol de Godín. Pero quedaba una eternidad. Teníamos un cambio menos, que a la postre sería clave, y el Madrid comenzó a venirse arriba. De boquilla decía que era cuestión de tiempo que empatasen, en una suerte de psicología inversa. Estaba yendo todo bien. No se podía escapar, pero aún quedaban un par de minutos y medio. 

"El Atleti campeón de la Champions"- dijo un gilipollas integral y supuestamente de los nuestros. "No digas esooo" - le increpé (¿Cómo puede decir eso un aficionado del Atleti?). Confianzas cero. Pero va y centra Modric, se oyen gritos en el bar de al lado, que iba unos segundos por delante. El tiempo paralizado. Parece que no va a entrar. No puede ser. Gol. Nunca demostraremos si fue porque un individuo formuló esas palabras prepotentes indignas de un seguidor colchonero, pero en mi universo paralelo sí. Eso desniveló la limosna disimulada al transeúnte en la mañana, y la oración desinteresada en la Catedral para pedir tan solo una vuelta sin incidentes en vez de pedir el oro y el moro. No me avergüenza reconocer que restallaron lágrimas que no llegaron a mojar el párpado, pero eso fue tras un grito de Atleeeeti (iniciado por el mismo imbécil que fomentó el gol del empate) que me hizo merecer la pena la horas de cansancio. Quedaba otro asalto. Necesitaba recargar tanto como los jugadores. Mear por enésima vez también. Ahí les juro que estaba convencido de que era posible aún. Imagino que la mayoría pensábamos eso a pesar de que Ramos se disfrazase de Schwarzenbeck minutos antes. Esta vez tenía que ser. Yo veía penaltys. Ya lo dije cuando los de Cuatro me entrevistaron incrédulos y les dije que venía tras hacerme siete horas de coche por amor a unos colores. La primera parte del tiempo extra transcurrió amortiguando el supuesto efecto psicológico que ese gol tendría en el partido. Pero la segunda, sin apenas fuerzas ni brillo, y de nuevo con el puto desfase en las teles de los bares, me anticipó el nuevo gol que nos ponía por detrás tras haber estado a segundos de conseguirlo. Quizá ese intervalo fue más sádico, pero también redujo la punzada que me azotó tras el tanto. Ahí seguía creyendo, aunque estaba fuera de mí, murmurando como una vieja reza el rosario palabras de ánimo, como si eso fuera a repercutir en que alguien metiera el empate, o cortara el disparo del tercer gol. El cuarto ni lo ví, nos enteramos por carretera. Así me ahorré la serie de despropósitos del final, aunque luego no dejó de producirme lástima la celebración de Cristiano tras ese gol. También me disgustó que Simeone entrara al trapo del niñato ese que tiró el balón, porque luego parece que no sabemos perder, y NO es así, aunque tampoco somos gilipollas. Este equipo y los buenos atléticos sabemos perder y ganar. Marcador duro, resultado justo. Como hace cuarenta años. Pero no tiene por qué ser así siempre. Por mucho que transmita supersticiones en cada partido dramático, cada vez me doy más cuenta de que el destino se escribe sobre la marcha y que todo es posible. Este equipo nos ha llevado a una odisea inolvidable que espero tenga continuidad la próxima temporada. Por desgracia o por suerte no sabemos qué pasará, pero yo ya pienso en la Supercopa de España y en el próximo partido de liga, lo mismo voy y no me pierdo la entrega del trofeo. Porque no olvidemos que somos Campeones de España. La derrota, ya dos días después, queda mitigada por tanto orgullo que siento por este equipo. Una suerte de morfina contra el dolor de no saber cuándo se volverá. Esperemos que no desmantelen al equipo y que se siga trabajando en la misma línea ascendente. Ahora solo quedan dos cosas: felicitar al rival, que ganó en buena lid, como dice su puto himno, en el cual aparece mi apellido (adalid); y por otro lado dar gracias infinitas...

...Gracias al cuerpo técnico, encabezado por Simeone y seguido por Germán Burgos, el Profe y demás nombres que me avergüenzo de no saber al dedillo. Gracias a los jugadores, del primero al último que se haya dejado la piel esta magnífica temporada. Gracias a la afición que ha viajado con el equipo o animado desde casa. Gracias a la gente que le late la pasión por este equipo y alguna vez ha sido partícipe conmigo la misma, ya sea intercambiando un gesto de complicidad o simplemente escribiendo una noticia en su blog colchonero. Gracias a familiares (en especial a mi sobrino y mi cuñado) y amigos que han vivido conmigo los partidos o me han aguantado hablando de los mismos permitiendo mi desahogo: perdón y gracias. En este apartado mención especial a mi pareja, por ser la principal afectada y para colmo no poder venir a este viaje cuando ella formaba parte del trío que prometió ir allá por febrero. Y gracias muchas a mi compañero de aventura Jose Miguel, más raulista que madridista, que el hombre ni vio el alzamiento de la copa ni el último gol (porque no le dio la gana) y seguramente por deferencia a mí, aunque de buena gana le hubiera dejado disfrutar ese instante. Lo dijimos y lo cumplimos, eso es de ser grandes. Gracias también a mí mismo, qué coño, por elegir al Atleti y saber sacar siempre lo mejor de la montaña rusa de emociones a flor de piel que es esta religión. Gracias a los jugadores antiguos que me han marcado, sobre todo los héroes del 74, de los que me acordé muy mucho en los minutos finales del partido. En especial de Don Luis por motivos obvios y del Señor Gárate: el otro día cuando se le quebraba la voz recordando lo cerca que ellos estuvieron de lograrlo me constató aún más lo grande que es. Si imprimen este testimonio y lo ponen al trasluz, verán una marca de agua con el escudo del Atlético de Madrid. Gracias Atleti. Gracias. No es por tirarme el rollo, pero nunca lo entenderéis si no estáis dentro.

Dije que esta iba a ser mi última crónica. Ahora no estoy tan seguro. Lo que sigue siendo cierto es que intentaré meter un contenido más romántico-histórico, en lugar de seguir como una lapa la evolución del equipo. Clubes curiosos, partidos legendarios, jugadores míticos, controversias varias, y siempre el balompié como piedra filosofal. Pero hoy no podemos acabar sin volver al tema principal. Concluyo afirmando que estoy convencido de que volveremos, y para ganar. No porque el destino nos deba nada, sino porque tenemos un par de huevos y tarde o temprano nos llegará nuestra ansiada Copa de Europa. Cabeza arriba. Nos leemos.

martes, 20 de mayo de 2014

Barcelona 1-1 At. Madrid (J38) - Qué manera de poder

 Conforme más se acercaba la cita más rápido pasaba el tiempo, más claro lo iba viendo, más confiaba y creía en este equipo. Luego fue empezar el partido y ver la actitud combativa a pesar de las lesiones y el gol en contra cuando creí sin ver. Aunque esto no es del todo cierto, porque en la pantalla se veía a un grupo irreductible de héroes áureos peleando cada balón como leones, como si valiese un campeonato vamos. Por encima de las circunstancias, pasase lo que hubiese pasado, me sentí más que nunca orgulloso de pertenecer a esta religión. Si es que dan ganas de ir puerta por puerta  cual testigo de Jehová contando a la gente las bondades del cholismo. Pero lo mejor estaba aún por venir. Que aunque uno confiase, el marcador no dejaba de ser adverso. El comienzo de la segunda parte, a lo Stamford Bridge, nos dejó a todos sin aliento. El factor psico-ilógico innato del Atleti combina sorprendentemente bien con la mecánica precisa del juego que ofrece este equipo. No dejar nada al azar, manteniendo las tres efes (FÚTBOL, FE y FUERZA) ha dado lugar a partidos memorables y a un título de liga histórico por cómo se ha producido: la mayor hazaña deportiva a alto nivel que he visto en mi vida (hablo desde la euforia relajada de tres días después). Ni les cuento ya como en Lisboa presencie un nuevo triunfo. Pero no nos desviemos de lo que hoy atañe. La liga, mucho más sacrificada y dura de lograr que la Champions, ya nos pertenece. Ha sido tras un intervalo de 18 años, que dan para muchas cosas. Yo tenía ocho años y medio la última vez. Pero ya no hace falta ponerse en plan nostálgico para recordar. Ya hay un nuevo dígito en el contador de liga, para emparejar con el otro diez de copas, conseguido curiosamente hace justo un año. No solo es el nuevo título, sumamente meritorio tras quitarle la hegemonía a Fortunata y Jacinta. Es mucho más. Es la forma de conseguirlo, desde el primer partido en Sevilla hasta esta final en la fecha 38. Es el legado intangible que va dejando el Atleti de Simeone a su paso. Los niños ilusionados que no dentro de mucho irán al Calderón o llevarán la camiseta rojiblanca por la calle. Ese espíritu combativo que cala hondo hasta en mi equipo de fútbol sala. La vuelta a los orígenes del Atleti en su esplendor, precisamente en una época en la que el fútbol moderno aplasta inmisericorde los viejos valores. Si hasta uno duda de si los merengones querían que perdiera el Barsa o realmente que ganase el Atleti por merecimiento... Eso sí, por mucho merecimiento que estuviese sobre el tapete, hubo que sacar hasta la última reserva para lograrlo. Así sabe mejor, incluso mejor que ganarla en el Calderón, fíjense lo que les digo. Ha habido mucha gente que lo daba por hecho y que tras la semana pasada se rajaron. No les culpo a los que no, pero dichosos los que creyeron. Orgullosamente me incluyo este último grupo. Había que tener muchos huevos y estar lo justo de cuerdo para esperar el gol del Faraón Godín. No se podía escapar joder... Después más suspense porque era el Barça que por peligro real, el tiempo pasaba más lento que el caballo del villano más vil. El intervalo entre el minuto 81 y el 89 se hizo más largo como el periodo de tiempo si ganar la copa. El pitido final en ese saque de banda, Gabi y Raúl abrazados en el suelo, la afición rival aplaudiendo (chapeau, no me lo esperaba)... Algo grande había sucedido. No lo hace nadie. El Atleti en estado puro: ganador, con suspense, pero ganador las más veces, digan lo que digan los analfabetos en Historia del fútbol. Una victoria además desde la humildad, porque si bien el nuestro no es un muerto de hambre, monetariamente no hay color respecto a Telma y Louise. Hay muchos otros equipos que compiten contra jeques y multinacionales que han sucumbido (Liverpool, Dortmund...), así que más mérito aún tiene en los tiempo$ que corren. Una victoria de honor, de huevos, pero quiero destacar que con mucho fútbol. Ya pueden vender las motos que quieran los detractores tildando de juego sucio o rácano (os metéis el autobús por el culo), porque este equipo cuando está on fire hace una interpretación perfecta del balompié.


Pero tras este exitazo, que nadie se vaya, ni que decir tiene que el fin último ha de ser la continuidad en esta línea ascendente. La herencia en vida que sigue dejando la generación cholesca tiene que servir para buscar tiempos de mayor constancia. Eso es lo principal, más allá de ganar en sí. Sería imperdonable, aunque por desgracia posible, que se dilapidara el tesoro construido en estos años con el argentino al mando. Hay que seguir arriba para que los que hoy se alegran porque gane el Atleti siendo de Pimpinela, antes de hablar en actitud paternal se lo piensen dos veces ante el temor, o bien sean felices conversos. Eso querrá decir que esto marcha. De momento, no hay que ser vinagre, y se agradecen los auténticos gestos de felicitación vengan de donde vengan. Máxime cuando aquí en el sur, los acelerones de motos, los pitidos de coche y los salpicones de agua están deliciosamente minimizados cuando Neptuno sale del océano. Es un círculo en el tetris el encontrar a cómplices de batalla entre tanto bipartidismo. Lo que ellos no vivirán son experiencias más personales, como que le hagan a uno un gofre rojiblanco, que te pare un ciclista desconocido para alabar sinceramente a tu equipo sin saber de dónde vino y por dónde se fue, o que cualquier viandante se quede mirándote como a un pingüino en el desierto. "I'm an alien, a legal alien", no sé si como Sting en New York o peor... pero mola esa sensación. Una alegría interna que le hace a uno sentirse estúpidamente culpable por vivir este momento único. Te das cuenta de que compensa la zozobra de los días entre partido, la tensión latido a latido, los desplazamientos a Granada o Sevilla, el trasladarte a donde hiciera falta para encontrar un techo (atlético a poder ser) bajo el que ver los partidos, o bien descargarlos para su posterior visionado aún sabiendo el resultado, incluso autorturarse uno sin más referencia que la aplicación de móvil de turno, todo ello para luego sangrar letras en esta web... Compensa sí, pero no solo este año, no solo este lustro, no solo esta década, no se equivoquen: siempre. Y al menos a mí, estas situaciones de alegría por lo deportivo también me sirven para valorar el resto de cosas buenas del inventario. Lo propio. Mejor acordarse ahora de los patrimonios personales (familia, amigos, posesiones inmateriales...) que cuando se pierde ¿no? Hubo suspense, el indio disfrazado de sheriff dejó caer la pistola, quién sabe si aposta, pero finalmente sorprendió desde el suelo para encañonar al malhechor.


Y así, tres días después de esta proeza, he seguido saboreando la victoria mientras leía el periódico de recuerdo, ese que solo se compra cuando gana el Atleti o la selección, y últimamente me he gastado dinero en esa mierda. Buena señal ésta. Mientras me bebo una Keizer Karel Charles Quint Rouge, como me podría beber una puta Steinburg, uno sigue con el orgullo a flor de piel, y no quiere soltar el teclado ni para terminársela. Gracias Simeone, gracias Germán, gracias Profe Ortega, gracias a todo el que haya puesto un granito de arena en el cuerpo técnico o apoyando al equipo, gracias sin excepción a todos muchachos que son superhombres, gracias por volverlo a hacer.

La Familia
Con el extra de motivación que ha de haber supuesto esta victoria, se nos aproxima una nueva cita con la Historia. Muchos rostro pálido (sin acritud alguna) dicen jocosamente que no seamos avariciosos, que dejemos la Copa de Europa, como siempre me ha gustado llamarla en vez de Champions, para ellos porque ya tenemos la liga: y una mierda! Magullados, heridos, pero con ilusión deslumbrante y con la bendición de los héroes del 74 a la espalda, veremos si se cumple otro sueño, que tornaría la hazaña en milagro empírico. Esta semana, al contrario de la pasada, en la que me martilleaba en la fase REM la parada de Willy Caballero, discurre más apacible, pero no por ello estamos relajados. Se viene una finalísima en la que con los soldados disponibles, y parafraseando a Simeone, habrá que seguir creyendo y trabajando a partes iguales. Así pudimos en el Campo Nuevo, y solo así se podrá en Da Luz. Cada vez menos latidos para la final...


lunes, 14 de abril de 2014

Getafe 0-2 At. Madrid (J33) - Final a final

Un rival en puestos de descenso es de lo peor que uno se puede encontrar a estas alturas. Era una salida difícil como la que más. En Getafe nada menos. En campo que siempre recordaré por el no ascenso del año 2001. Ese mismo año ellos descendieron de categoría, y lo que son las cosas, luego volvieron a primera e incluso me hicieron aplaudir con su actual entrenador marcando goles en Munich. Eso sí, por mucho que uno los mire al trasluz, el Getafe es un equipo que respira al compás del otro lado de la capital (que me perdonen los injustamente aludidos). Se presentó allí el Atleti y fue a por el partido. Resbalándole las protestas y marrullerías rivales, que cuando las hacen los nuestros lo son y cuando no, son meras artimañas. Fútbol al fin y al cabo. Sin mariconadas. Entonces cuando los miles de aficionados rojiblancos concentrados en el fondo donde atacaba el Atleti se maldecían de no ver un gol en esa portería, llegó el tanto de Godín. El Cacique uruguayo sabe de qué va esto y acudió raudo y veloz con los suyos, que esta vez no habían hecho muchos kilómetros pero estaban igual o más entregados que nunca. A lo mejor para otros pasó inadvertida, pero sin duda ha sido una de las celebraciones más emotivas que recuerdo. 

En la segunda parte no tengo otra cosa que hacer que volver cuando el Atleti acababa de fallar un penalty, sin saber nada de la expulsión. El portero azulón se resarció con creces de su error en el primer tanto. Me volví a incorporar más tarde (reservar billetes para Old Trafford y Anfield es lo que tiene), mientras iba por la calle temía escuchar un grito de gol, porque con total seguridad no sería de los nuestros. Si bien la excepción que confirmaba la regla había llegado en el almuerzo, donde no sólo conocí a un familiar político colchonero, sino que había una gorra que sabe dios si provenía de un antibarsa o no había puesto ahí encima, porque la foto del chulopiscinas con el balón de oro cantaba por sí sola. Ni un berrido por el camino. Y tuve puntería porque recuperé el contacto cibernético en otro momento clave. Salta la notificación del 0-2. Misión cumplida. 

Lo que no esperaba es el mensaje de la lesión de Diego Costa. Al principio me lo tomé a a cachondeo, pero un atlético en ese momento no soltaría esa burrada ni de broma. La foto era de repelús. Pero conforme iba llegando a casa con el cuerpo cortado y flojera en las piernas, absurdos pensamientos me asaltaron: "Si no está DC pues a seguir con lo que haya. Hasta el final.","Este tío se va a recuperar pronto". Quizá lo blanquecino que se intuía en esa horrible brecha era un desconchón del poste.  Y coño, por muy mala que sea esa herida, al final no había fractura. No era tan negro como me lo habían pintado. Donde quiero llegar, sin tener en cuenta el desenlace positivo, es al optimismo moderado que me proporcionan las victorias de este equipo. Cada vez queda menos para algo grande. Piensen en aquel junio de 2001 en segunda, destiérrenlo de su cabeza e inmediatamente valoren aún más lo que se está haciendo este año. De nada. Tras este triunfo llegan las ansiadas últimas cinco jornadas. Para darle de qué hablar a la prensa a modo de pelota de tenis que se le lanza a un perro, Simeone ha cambiado el discurso, pasando de DEFCON 2 a DEFCON 1. De Partido a Partido a Final a Final. Últimamente el Cholo es el que me bautiza las crónicas y todo. Un líder para todo. Mientras los demás no se quieran dar cuenta de que la clave son la fe y los cojones vamos bien.

jueves, 23 de enero de 2014

At. Madrid 1-0 Athletic (Copa) - A nuestro terreno

Ya lo dijo nuestro entrenador cuando lo entrevistaron el otro día. Le preguntaron si prefería la liga o la Champions, y el dijo "ganar al Bilbao". Sin aspavientos el Atleti se adelanta en la eliminatoria para dejarla al 51%, se decidirá en terreno hostil pero defendiendo una aceptable ventaja. Un Athletic gatuno, no se lo creyó. Si a eso sumamos el buen hacer colchonero, aun notándose que faltaban titulares, nos da este resultado corto pero esperanzador para la vuelta en San Mamés. Pocas ocasiones, pero han resucitado las magníficas asistencias de Koke, y prácticamente con eso el Atleti ya fue merecedor del triunfo. Lo que ya había desperdiciado un Adrián que conmigo ha dejado de tener crédito, no lo desaprovechó Godín para hacer diegol. ¡Qué manera tan virulenta de rematar! Este tanto llegó en el mejor momento, justo antes del descanso.


El Cholo movió ficha quitando a Guilavogui, puede que demasiado pronto, se va a sentir señalado, pero la competitividad con Simeone es máxima. De hecho se notó positivamente la presencia de Gabi, y la posterior de Arda. De ahí al final estuvo más cerca el segundo que el empate, a pesar de sestear peligrosamente, pero no tanto como ante el Sevilla. Atrás estuvo muy bien la pareja de centrales, siendo hielo Alderweireld y fuego Godín. Demasiado parsimonioso el uno y demasiado alterado el otro: ying-yang. 


¿Y arriba? Diego Costa y el gol se han dado un tiempo, y mientras tanto sigue por tugurios de mala muerte metiéndose en peleas callejeras con cualquier central que pilla. Anoche pudo ser expulsado, y con su falta de anotación, incluso los no oportunistas como yo vemos con peores ojos su comportamiento. La ventaja que ha ido naciendo es que los contrarios también exageran y simulan deliberadamente (que no la plancha, que era segunda amarilla) muchos lances con él. Quizá por eso ayer acabó el partido, porque los árbitros no saben ya de quién fiarse (muy mal el colegiado igualmente). Al hilo de lo mismo, ayer percibí un chivatismo y lloriqueo impropio de chicarrones del norte, pero no hablo muy alto porque la vuelta allí puede ser de traca. Luego está Godín, que además de marcarse un partidazo en cuanto a juego, se le fue la olla demasiado. Sin embargo, no he visto por ningún lado el plantillazo de Aduriz a éste, pero sí las imágenes de cómo el uruguayo perdió los papeles cerca del final del partido, incluso después le duraba el cabreo. Hay que tener cuidadín con estas mierdas que luego nos buscan las cosquillas en cada campo, y puede que con motivos.


Ahora se cambia de estadio hasta que dé comienzo el tercer tiempo de este partido de 180 minutos. Todo por decidir, pues. Confío en este Atlético, que suele moverse como pez en el agua en estos partidos. Enfrente uno de los peores rivales posibles: precisamente vienen de dos rondas donde han remontado sendos 1-0 en la ida (Celta y Betis). A priori será un Leones contra Tigres que no me perderé por nada del mundo. Hablando de felinos, ánimo de todo corazón a Radamel Falcao García. Ojalá pueda estar en el Mundial. Y hablando de babosas, todo mi desprecio a los imbéciles que han firmado el indulto a Del Nido. A mí se me caería la cara a pedazos de hacer eso, sus intereses tendrán, incluido nuestro presidente.



ANEXO: Un poco de historia rojiblanca

mayo del 43
Dos equipos con mucha historia. Padre e hijo, que con el paso de los años se han transformado más bien en hermanos que, olvidando su origen común, a veces se odian entre ellos. Recordemos que el Club Atlético de Madrid S.A.D que conocemos actualmente, proviene del Athletic Club de Bilbao, cuando decidió fundar una sucursal del mismo en Madrid allá por 1903. Con el paso del tiempo, esa especie de filial comenzó a cosechar éxitos, y a día de hoy, los rojiblancos colchoneros tienen un palmarés superior en muchas facetas al de los vascos. La Copa, que es lo que nos atañe estos días, nos ha deparado un enfrentamiento que no se producía desde 1992, año en que por cierto fuimos campeones. Antes de la crónica que espero hacer del partido del 23 de enero de 2014, incrusto aquí lo poco que he recabado de las eliminatorias entre bilbaínos y madrileños. Básicamente, el primer enfrentamiento copero data de 1921, año de la primera participación del Atleti en este torneo. Hasta entonces no participó, mientras que a esas alturas el Athletic Club ya tenía siete entorchados. En ese primer duelo, los euskeras nos golearon para llevarse su octava final. Tras ello, más duelos se fueron sucediendo y todos con desenlace favorable a los norteños. En total nueve derrotas consecutivas, incluyendo un doble enfrentamiento en forma de liguilla en 1928 en el que perdimos ambos*. Pero la tendencia cambió drásticamente en 1972. En la ida, el Atlético de Madrid ganó por 4-1, y aunque perdió en la vuelta, logró eliminar por primera vez a este rival en Copa. El siguiente recorte contiene la previa de ese primer partido de la eliminatoria.

junio del 72

A partir de ahí, victorias y más victorias colchoneras, hasta un total de cinco, aunque han pasado más de veinte años del último precedente. En resumen, si nos ceñimos a la Copa, 5-9 gana el Athletic Club, incluyendo ahí dos finales ganadas por ellos (21 y 56) y una ganada por nosotros (85).



Además se han producido enfrentamientos en otros torneos oficiales de carácter eliminatorio, delimitados en cuanto a vencedor por ese punto de inflexión que fue 1972. Anteriormente a ese año, el Athletic nos ganó la Copa Eva Duarte de 1955 (una predecesora de la Supercopa). Aunque no es menos cierto que hubo un enfrentamiento en la Copa Presidente, donde hubo una victoria para cada equipo aunque a la postre el Atleti fue el campeón. También en dos ediciones de la efímera Copa de la Liga de primeros de los ochenta les derrotamos. Para terminar, por supuesto, el precedente más reciente: la Europa League de 2012, con la actuación estelar de Falcao y el baño táctico que les dimos. 


Dos equipos históricos y laureados del fútbol nacional, que han llenado páginas de gloria en nuestro deporte. Se enfrentarán esta vez, y las que quedan...

*lo contamos como victoria en duelo copero al hacer el cómputo más abajo

Fuentes: memedeportes, wikipedia, infoatleti.es y hemeroteca de ABC

lunes, 23 de diciembre de 2013

At.Madrid 2-1 Sant Andreu; At. Madrid 3-2 Levante (Copa+J17) - Ganar, ganar y ganar

Se está convirtiendo en una extraña costumbre, no que el Atleti gane, no, sino que mis posts sean de dos partidos en vez de uno solo. Esto se presta más a trucos de guion y giros inesperados. Aunque difícil será si se continúa esta dinámica, en la que el equipo hace homenaje una y otra vez a la mítica frase de Don Luis Aragonés, que hace poco "anunciaba su retirada" de los banquillos. El partido de vuelta de Copa apenas tenía ingredientes para dar de qué hablar, sin embargo tengo más que contar de él (lo vi hasta en tres puntos distintos) que del encuentro ante el Levante del sábado. Encima de escribir el doble lo hago cada vez más tarde, y no por falta de ganas, o por hacer retoques innecesarios, sino porque no tengo un puto minuto. Supongo que eso es bueno...


Muchos cambios, como era de esperar, en el partido de vuelta de Copa. El trabajo bien hecho en la ida hacía que se viera algo tan atractivo como al Cebolla Rodríguez de capitán (de los que más cojones le echó, para variar), o a Guilavogui mostrando que confianza y fuerza no le faltan. Muchos cambios y a priori nada hacía presagiar que el equipo catalán se adelantara en una falta con barrera de juveniles. De ahí al final, juego atolondrado pero con infinidad de ocasiones. Incluso Adrián celebró su renovación fallando un penalty. A pesar de las críticas, Óliver hizo varias jugadas de crack, y cuando sepa no complicarse innecesariamente será nuestro faro. En el segundo tiempo, conforme de acercaba el final, comenzó a no importarme la posible derrota. Pero, como bien me hacía ver otro sabio menos conocido: ¿acaso eso no mostraría a los rivales que es más fácil ganar en el Calderón de lo que parece? Sonará a perogrullada, pero importante ganar siempre, para no indicar debilidad. Nunca. Salió Gabi, se rompió el cántaro, y comenzó a cambiar el marcador. Afortunadamente ya se gana hasta "sin querer", y tras el empate del canario del filial Héctor (gran apertura de Insúa), que celebró el gol parecido a como yo lo hubiera hecho si fuera él,  Toby Alderweireld en el descuento dejó a los del superviviente Patxi Salinas sin siquiera el premio de no perder.
Al final, tras esta criba con formato inaccesible para los pequeños, solo el Alcorcón y el Racing han pasado a octavos de Copa sin ser de Primera. Bravo por ellos y por nuestro eliminado rival. En la siguiente ronda, una eliminatoria que no me gusta un pelo, contra un Valencia que cambia de entrenador, con el plus de intensidad que eso conlleva. Difícil, pero no imposible, repetir la gesta del año pasado. No tiremos la Copa. Habrá que seguir ganando títulos en 2014, como pide nuestro capitán, para que cada vez haya más niños del "teti", como mi sobrino-nieto dice:


Tras el trámite de Copa, volvía la liga en el cuarto partido consecutivo disputado en el Calderón. De nuevo un rival valenciano, un equipo aguerrido como el Levante de Caparrós. Los blaugranas, ayer de gris marengo, fueron más molestos que el ruido de una correa desabrochada, y fueron más difíciles de tumbar que el Gordo Master. En este duelo volví a revivir esa sensación perdida de escuchar por la radio el partido. Me dio un vuelco cuando oí que Barral "casi hacía el segundo" nada más arrancar. Menos mal que cada vez con menos ocasiones este equipo hace daño. Godín, un gran llegador de cabeza, hacía el empate. Ya comiendo como mandan los "canelones", Diego Costa hacía el segundo. Pequé de confiado y creía que todo estaba hecho. Una polla. Empate de Pedro Ríos, un jugón por lo poco que conozco de él. Nótense los fallos en ambos goles del equipo granota. Cosas totalmente fuera de lo común. Ojalá el descanso de Navidad venga bien en este aspecto. Pero antes de ello, penalty provocado por un gran Juanfran (el nuestro, no el del Levante), y gol de Diegol de nuevo. Con un par de cojones sigue lanzándolos a pesar de su flojo porcentaje. No sin suspense llegó la última victoria del año al Manzanares. Un Atleti de récord, digno de admirar siempre. Quién sabe si este exitoso 2013 no se repetirá nunca. No fue el mejor partido, quizá nos favoreció el árbitro, pero ¿acaso no ganan los otros grandes a regañadientes y sin merecerlo muchas veces? Estas victorias son incluso más meritorias y anímicas. Parecen fáciles, pero que le pregunten al bueno de Ronaldinho por el Inter de Porto Alegre o el Raja Casablanca, que le han privado en dos ocasiones de ganar el Mundial de Clubes...


Las palabras de alabanza de alguien tan non grato como Joaquín Caparrós son el segundo mejor premio tras este triunfo. Porque ganar (sin malas artes) es lo más importante, no jodamos. Si no que os lo vuelva a decir el sabio:


Ni feliz Navidad ni falsedades por el estilo, pero el año que viene seguiré, "gane gane y gane" o "pierda pierda y pierda" mi equipo, hasta llegar a Mordor una vez más. Por cierto niños: el Espíritu Santo es el Cholo Simeone, Papa Noel es del Atleti y los Reyes son Gabi, Arda y Miranda. 

miércoles, 2 de octubre de 2013

FC Porto 1-2 At. Madrid (CL) - Sin adjetivos

Ni yo y mi verborrea barata y gongoriana a partes iguales podrán describirles lo que me sugiere este Atético de Madrid. En una situación tan adversa como la vivida anoche en Do Dragão no se amilanó este equipo, a no ser que este verbo tuviera algo que ver con alguna época gloriosa del AC Milan. Se dijo bien alto y en todos los idiomas de Europa un "Estamos aquí", que suena igual en portugués que en español, un "Here we are", "Hier sind wir", "Nous sommes ici" y así hasta llegar al "Мы здесь" ruso para que nos entiendan, si no les quedó claro en la primera jornada, nuestros vecinos de grupo.


Salió el Atleti sin DC y sin Koke, y eso, aún en un bloque sólido como el nuestro, tiene que notarse algo. Máxime tras el esfuerzo del sábado, y en un campo dificilísimo ante un rival muy Atleti del Cholo: luchador, solidario y rápido arriba. Quizá por esa razón el equipo salió acarajotado. Si alguien ajeno no conociera las camisetas de ambos rivales hubiera dicho que el Oporto era el Atleti con razón. Cuando el motor rojiblanco tenía la temperatura adecuada ya se iba por detrás. Gol del colombiano Jackson Martínez y a remar en contra. Con lo que le costaba remontar al Atleti...