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miércoles, 13 de marzo de 2019

Supergados

Apocalíptica hecatombe en Turín. Corneados tranquilamente hasta quedar con las tripas por los suelos. Este piccolo atleti nada tuvo que ver con el Grande Torino, pero encontró en la ciudad turinesa su tragedia de Superga particular en forma de histórica eliminación. Y lo peor es que más dañino aún que el fatal desenlace, máxime partiendo del marcador del que partíamos, fue la actitud y sensaciones que transmitió el equipo. Temblón, impreciso, sin tablas, sin reacción acertada, carente de todas las características que le han hecho zafarse en partidos de similar calaña. Había bajas sensibles sí, pero además se palpaba desarbolamiento, desorden, yo diría que hasta miedo. Quizá otras veces la diferencia fue el marcador y el tiempo engrandeció hazañas, pero lo cierto es que anoche el equipo no existió, aparte de algunas fases de toqueteo balonmanesco, que se usaban más bien para descansar del asedio que para hacer daño y cerrar la eliminatoria. Lo venía diciendo, que cuando se entra mal al partido y te marcan, luego no es nada fácil cambiar el discurso y venirte arriba por mucha ventaja que tengas. Ahí ya el rival está encendido, y a ti no te sale nada mientras te desperezas del agazapamiento: pura inercia. Creo que la Juventus era tan consciente de lo bien que le estaba saliendo el plan que ni siquiera tuvo que asumir el mínimo riesgo conforme pasaban los minutos. En cuanto pitó el árbitro para mí acabó la temporada 2018/19. Quien quiera pensar en la liga allá él. Ya se me pasará, solo espero que se tomen medidas con todos los imprescindibles abordo, en ellos, por si cabe alguna duda, incluyo al cuerpo técnico. Ojalá, aunque cada vez con más escepticismo lo digo, el Atleti no sea fuera de casa ese equipo dubitativo y penoso que vimos anoche y en alguna que otra ocasión más: o vuelta a los orígenes o culminación de la supuesta evolución. De momento, conforme perdemos el ADN del comienzo de la era Simeone son más los episodios parecidos, donde duele más el cómo que el qué. En ese cómo me incluyo a mí mismo con mi egoísta actuación durante el partido. Desatendí educadamente a mi hijo, rehuí de mi mujer cuabdo me ayudaba a tender la ropa por la tensión que acumulaba en el cuerpo, se me olvidó cenar, ni me quité la que era mi 'camiseta de la suerte' este año para dormir... Y luego la nube de decepción que te acosa varios días cada vez que dejas la mente desatendida. Esa sensación de amargura y pesar que no sabes de dónde viene hasta que te acuerdas del final del partido, del final de la ilusión. A estas alturas me importa poco lo ridículo del asunto, aún así no tiene sentido cuestionarme si merece la pena. No es algo tan repetitivo como para que tenga que corregirme, quizá el tiempo lo haga, las hostias de la vida, o peor aún, las aspiraciones del propio equipo. Lo que tengo claro es que a día de hoy no me volveré a ilusionar tan exacerbadamente con la Champions. De hecho yo no quería, pero joder, con ese resultado y juego de la ida a ver quién era el guapo que no lo hacía. Soñar no es gratis, porque duele al despertar.

Te Quiero Atleti

jueves, 21 de febrero de 2019

Continuará

Más de dos meses de espera. De maldecir aquel maldito partido en Brujas que nos ponía en un brete desde octavos... Con la liga en chino mandarín, la copa en una lengua muerta, todas las esperanzas recaen más que nunca en la competición que más deseamos, y en la primera eliminatoria aparece uno de los favoritos... Contando las semanas, los días, llega el miércoles de marras, con el ritual más marcado que nunca. 'Desesperado' de Mareando la Perdiz atronando en el coche. Hablando del partido a la más mínima oportunidad con cualquiera que tenga dos dedos de fútbol. Especulaciones, vaticinios, castillos en el aire, mis miedos e ilusiones al descubierto.
Era el escenario propicio para que este equipo nos volviera a dar una lección de grandeza, pero creo que muy pocos podíamos aventurar semejante desenlace. Quizá actitud sí, pero no esta diferencia respecto al rival, materializada además en un gran resultado. Se vio algo que en las grandes noches de Copa de Europa no estamos muy habituados: el equipo fue de más a mucho más. Se sobrepuso a varios reveses en forma de decisiones de VAR (me gusta) y ocasiones de esas que si las fallas te da la sensación de que a la siguiente el rival no va a hacer lo mismo contigo. Conforme avanzaban los minutos y las buenas ocasiones esa zozobra se aunaba a la rabia de no estar aprovechándolas ante un granítico oponente, que en Madrid comenzaba a mostrar aluminosis. Pero llegó... Como un sacrificado parto de mellizos aparecieron en el mejor momento dos goles fruto de una suerte que en su momento fue nuestra arma más venenosa: la palla ferma.
Giménez y Godín. Precisamente los artífices de lo más temido de este equipo, que fue esa defensa solidaria y metódica que hemos de recuperar. Ellos son el sol de mayo de la bandera uruguaya. Y eso también es lo que todos ansiamos: llegar a los soleados días de ese mes vivos, allí donde los partidos empiezan aún de día, ya con manga corta, el estómago hecho un mariposario y el himno de la Champions listo para ser silbado. Que continue esto por favor.

martes, 5 de febrero de 2019

La géminis de tauro

La revolución industrial trajo como la más divertida consecuencia la expansión del germen de un deporte que sobreviviría a la máquina de vapor, y no solo eso, sino que se convertiría en lo más importante del globo terráqueo. El football, a través de intrépidos hombres de negocios en busca de recursos y mano obra barata, llegó con fuerza a las ciudades de otros países a finales del siglo XIX, ya lo sabemos. Turín, cuna de la industria transalpina junto a Génova y Milán, no fue una excepción, sino un ejemplo claro. Tras varios proyectos fallidos, (hasta tres equipos turineses integraron la primera edición del campeonato italiano en 1898), cuajó uno llamado Juventus, nacido un año antes y que inicialmente convivió con otros clubes locales como el FBC Torinese.


En esa época, las escisiones estaban a la orden del día, y en este caso dos magnates de la industria textil fueron los más destacados en el devenir de la topología del fútbol turinés. En primer lugar el piamontés Marco Ajmone-Marsan, que potenció económicamente al equipo que por aquel entonces aún vestía de rosa y negro. Todo iba bien, de hecho, tras debutar en 1900, ganaron su primer campeonato en 1905. Insisto en que es acojonante la relación de los orígenes de este deporte con la industria. El llamado triangolo industriale literalmente daba forma al campeonato italiano por aquellos días. Dos equipos de Milán, dos de Génova y dos de Turín. Pero al suizo Alfred Dick, segundo opulento en cuestión, y que en ese momento presidía a la Juve, no le parecía bien la profesionalización que se avecinaba y liándose la manta a la cabeza, aunque realmente vendía cueros y calzado, tiró de algún descontento más, miró a la acera de enfrente, y tras unirse al ya mencionado Torinese sentó los cimientos del actual Torino FC. Dicho club lucirá desde entonces el color granate en honor a la Brigade Saboia, que liberó a la ciudad del mismo duque años antes. La Juventus adoptó rápidamente las rayas blanquinegras del Notts County. Por cierto, Alfred Dick se suicidó en 1909: tan temperamental como el emblema de la ciudad. Se dice que en el primer partido entre ambos clubes, en un estadio que estaba a su nombre (la Juventus queda temporalmente sin estadio tras la salida de Alfred), el suizo se encerró en los vestuarios a lo Gilma por la M-30 mientras le iban contando cómo ganaron por 2-1 el primer Derbi della Mole, llamado así por la identificativa estructura que hay en el centro de la capital piamontesa. El Velodromo Umberto I seguiría siendo el estadio del Torino hasta 1910. 


Ese cisma desembocó en la bicefalia actual, Juventus-Torino, que pasó por diversas etapas que vamos a condensar amenamente a lo largo de estas líneas. Hasta 1926, Turín no volvió a tener ganador en el máximo campeonato nacional, y fue nuevamente el club juventino. Al año siguiente algo raro ocurrió. Por supuestamente tocar a un jugador rival en un derbi, le arrebataron al Torino el que hubiera sido su primer campeonato. Felizmente se resarcieron de ese turbio asunto un año después con su primer entorchado. En 1937 la Juventus gana su primera Copa en un derbi a doble partido. En esa época los Agnelli, dueños de FIAT, ya mandaban en el club, y ganaron cinco Scudettos seguidos antes de la segunda gran guerra. Ya en pleno zafarrancho, los jugadores del Torino fueron alistados como trabajadores de la empresa automovilística de la Juventus para evitar ir al frente. Justo antes de que se suspendiera la liga, el FIAT Torino (sic) ganó su segundo título en dura pugna con el Livorno. Ese periodo en el campeonato italiano da para un artículo entero... La paz y la salida de Mussolini sentó bien en la orilla granate de Turín, y a finales de los cuarenta vivieron sin duda la mejor época del club. El archiconocido Grande Torino campó a sus anchas ganando una Coppa Italia y cuatro ligas seguidas más, con un rebranding táctico e institucional que tuvo al director técnico húngaro, Erno Erbstein, como uno de sus ejecutores principales. Tras pasar mil y una penurrias en esa época por ser judío, pudo volver al Torino y ser partícipe de los éxitos de posguerra asesorando a varios entrenadores. El problema es que la última victoria de esa gran generación tiene un epílogo amarguísimo. El 4 de mayo de 1949, tras volver de un amistoso post-temporada en Lisboa en un avión FIAT G.212 (ironía), el equipo al completo perece tras estrellarse contra un muro de la Basílica de Superga, cercana a Turín. No queda claro el motivo, pudo ser un fallo humano o en algún sensor de la nave, lo cierto es que el fútbol italiano quedaba invertebrado ante tamaña tragedia. Actualmente existe un museo donde empaparse de la trayectoria de este involvidable equipo, que quién sabe si hubiera sido aún más legendario de haber existido entonces la Copa de Europa.


Tras el durísimo golpe, River Plate, en un gesto que les honra, fue a Italia a disputar un amistoso solidario, que sentó una amistad que llega hasta nuestros días y ha dado lugar a uniformes conmemorativos por ambas partes. Bello gesto, pero la pérdida era irreparable, por eso los cincuenta y sesenta fueron años difíciles para el Torino. Sufrió su primer descenso, y solo conquistó una copa en 1968, justo la temporada en que falleció trágicamente el icónico y transgresor extremo Gigi Meroni, la Farfalla Granata, atropellado por un aficionado de su propio equipo, un tal Attilio Romero, que conducía un puto FIAT, lo cual tampoco era tan difícil en aquella época, no nos conspiranoiemos aún... Por otro lado, ajena al caos que la rodeaba, la Juventus siguió engordando su impresionante palmarés cuando los equipos de Milán le dejaban. Eso sí, se quedaron sin disfrutar de las mieles de Meroni, porque anduvieron muy interesados en la contratación de la estrella vecina ellos... De lo que sí disfrutaron fue del Trio Magico, formado por el argentino Omar Sívori, el galés John Charles y el nacional Giampiero Boniperti. En esos tiempos se produjo el apogeo de los apodos a duplas, tríos, incluso quintetos de jugadores, gracias probablemente a periodistas influidos por el fenómeno Beatles. Incluso España no se libró, si no que le pregunten al Atlético de Madrid y su Ala Infernal. Molaría verlos enfrentados cual grupos de Pokémon futboleros ¿que no? Pues verlos no los vamos a ver, pero gracias a la Copa de Ferias, precursora de la UEFA, hubo hasta cinco enfrentamientos entre colchoneros y bianconeri. En la edición 63/64, los juventinos nos eliminaron en octavos, ganándonos en ambos partidos, pero claro, de esa mítica dupla Peiró-Collar solo nos quedaba el segundo. Así cualquiera... Aunque siendo honestos, del Trio Magico solo quedaba Sívori. Excusas poquitas, porque un año después tuvimos opción de revancha en semifinales de la misma copa. En el que probablemente fue el último partido europeo del viejo Metropolitano, La Vecchia Signora encajó un 3-1 con hat-trick de Luis Aragonés. Pero la vuelta en el Stadio Comunale terminó con idéntico resultado en contra, a pesar de adelantarnos con gol de Luis. Otro Luis, Del Sol, era una de las figuras bianconeras. En el partido de desempate, jugado en el mismo estadio, empezamos ganando de nuevo, pero los italianos terminaron llevándose el toro al agua. Definitivamente esos partidos de desempate se nos dieron fatal. La semifinal contra el Real Madrid en los cincuenta, esta propia semi, la final contra el Bayern... Ay...


Por otro lado, la Intertoto existía en esa época, aunque no la controlaba la UEFA, solo daba pasta y no acceso a Europa, pero mantenía el mismo espíritu decadente y veraniego. Eso sí, el Atleti le dio fuste con la única participación de españoles, junto al RCD Espanyol, de la época antigua del torneo. Nos enfrentamos al Torino y al Ajax, pero quedamos últimos de grupo. En casa, al menos ganamos a los italianos con dos goles de Pastor, aunque allí nos derrotaron por de paliza, 5-2. Vamos p'alante que nos pilla el toro y esto se va a hacer eterno, pero es que quiero abarcar a dos equipos míticos y encima hablar de sus enfrentamientos contra el Atleti... Los setenta vinieron moviditos. La Juventus dio un paso más allá, y además de campeonar en Italia varias veces, hizo lo propio por primera vez en Europa, tras derrotar al Athletic Club en la UEFA de 1977 de la mano de un zorro de esto del fútbol, aunque aún no peinase canas: Giovanni Trapattoni. Un año antes, el Torino conquistó su primer y último Scudetto tras la catásfrofe de Superga de la mano de los gemelos del gol, ríanse de los Gemeliers esos. Con todos ustedes, Francesco Graziani y Paolo Pulici (goleador histórico del club), vaya partebragas que tenían que ser:


Por cierto, ese título no pudo festejarlo el jugador con más partidos en la historia de los granates: Giorgio Ferrini, alias La Diga, por su carácter de perro de presa defensivo. Murió de un aneurisma un año antes de la última liga del equipo de su vida. Qué triste me cago en la puta... Los ochenta acentuaron aún más la diferencia competitiva entre Juventus y Torino. A medidados de la década las cebras ya tenían todas las copas que podía ganar un club europeo (excepto la copa de Ferias, que se la quitó el Ferencvaros). La más dolorosa y truculenta fue la más ansiada. En 1985, la final de Copa de Europa contra el Liverpool en Bruselas no tuvo como protagonistas a Platini, Boniek o Paolo Rossi, sino a las 39 muertes causadas por una avalancha de hinchas reds. Demasiadas tragedias en estas líneas, de verdad. Uno podría pensar que el Torino es el único desafortunado, pero quizá sea la torinesitá transversal la que atrae las desgracias. Eso sí, ese día consiguieron su primera Copa de Europa, todo hay que decirlo, con un penalty que no sé cómo se pitó dentro del área, mamma mía... La década del sinth-pop termina para il toro peor imposibile, con un descenso a la Serie B. Movidita la cosa... Al menos el soplo de aire fresco llega con el nuevo Stadio Delle Alpi para el mundial de Italia. Fue inaugurado con un amistoso entre, al loro, una selección de jugadores de los dos equipos contra el Oporto. 4-3 terminó esta joya, click al vídeo y sigan leyendo, hijos de puta. Decíamos del Torino, que peor no les podía ir, pero con el cambio de década ascendieron y formaron un gran equipo. Tan bueno que se atrevieron a enfrentarse al Atleti...


Porque es que parecía no haber ningún duelo registrado entrambos, pero logré encontrar uno cuando había perdido la esperanza. En 1990, tras el mundial, se disputó en Génova la primera edición de un torneo veraniego con el idílico nombre de Copa Mediterráneo. Lo jugaron con un formato de liguilla a dos partidos entre cuatro equipos. El Atleti debutó ante el Toro en el Luigi Ferraris. Se nos adelantaron por dos goles en el segundo tiempo, cuando el flamante fichaje granate Martín Vázquez y Futre ya habían abandonado el césped. Con uno menos los italianos, en las postrimerías se alcanzó la igualada mediante Baltazar y Manolo. Zago, Lentini o el meta Marcheggiani son nombres a destacar en la alineación rival. Anecdotilla: en esa época Gil campaba a sus anchas mediáticamente hablando, y el Atlético de Madrid estuvo apunto de retirarse del torneo en el segundo partido, que nos enfrentaba al Olympique de Marsella, porque el gran hombre decía que aún no habían recibido el pago por participar. Al final todo se calmó y se empató nuevamente. Una joyita la página de El Mundo Deportivo que rescaté de su hemeroteca, por algo es mi diario de referencia para ver noticias del Atleti:


La última cresta de la ola del equipo al que más siguen los turineses tuvo lugar precisamente con este plantel, que obtuvo un subcampeonato de UEFA, una Copa Mitropa y una Coppa Italia al año siguiente. Luego, como tributo por esos escuetos laureles, vuelta a la convulsión institucional, con descensos incluidos (el gran interior derecho Lentini ascendió dos veces con el Torino, respect). ¿Adivinan cómo le fue a i bianconeri mientras tanto? Un par de UEFAs más, y tras el declive del Milan de Sacchi llega Marcelo Lippi al club con una liga y al año siguiente una Champions, la segunda y última a día de hoy, ganada en penales al Ajax. Recuerdo a fuego el gol de billar de Ravanelli, con su pelo plateado y cara de hijoputa italiano. Es curiosa la cantidad de finales que ha perdido la Juve (7) para "solo" tener dos copas de Europa, aunque yo me cambiaba por ellos antes de que me lo preguntasen. Insistimos en que esa época hubo bancarrotas por doquier en la otra parte de Turín, y por allí anduvo Attilio Romero, ¿se acuerdan de quién atropelló a Meroni? Pues luego presidió al Torino con igual de nefasto desenlace. Entorno a 2006 la estabilidad llega a los granate hasta el día de hoy, incluso regresan a jugar como locales al Comunale, con su mítica Torre Maratona. Paralelamente la desgracia se cernía, para variar, en las oficinas de los Agnelli, porque en las altas esferas, el vecino rico era salpicado y de qué manera por el Calciopoli, donde el directivo Luciano Moggi sugería nombres de árbitros para favorecer los intereses juventinos. Otros equipos también estaban en el ajo, y eso costó al club sus dos Scudettos  de la época (vendetta por el de 1927!)  y el descenso a la Serie B. De ella regresaron rápidamente de la mano de estrellas como Del Piero (jugador con más partidos y máximo goleador), Gigi Buffon, Trezeguet o Pavel Nedved (actual directivo y balón de oro).


La Juve se tomó su tiempo para volver, como el pelo de Antonio Conte, pero cuando lo hizo rabiosa, nadie la pudo parar. Desde 2011, año en que se mudaron al coqueto Juventus Stadium (sito sobre las cenizas del demolido Delle Alpi), el Scudetto tiene un solo dueño, y ya van por la tercera estrella (se otorga una cada diez entorchados). Tres dobletes locales consecutivos... y otras dos finales de Champions perdidas, como nosotros... En eso nos parecemos, y también en el reciente cambio de escudo. No obstante, la época actual nos trata bien tanto a Atleti como a Juventus. Nos vimos en la fase de grupos del 2014/15, edición en la que cayeron en la final contra el hijo de Amunike. Eso sí, ni nos marcaron, y en el Calderón palmaron. El sorteo ha querido que nos veamos las caras cuatro años después, y la verdad que llegan en plenitud, siendo claro favori... ¿Cómo? ¿Ya me estoy rajando?  ¡Eso nunca! A toriles y ¡Forza Toro!, que diría Petón.


martes, 9 de diciembre de 2014

"Porque me están agarrando que si no..."

O un "¿A qué eso no me lo dices tú a mí en la calle?" también vendría bien. Porque el partido de Turín estuvo claramente sesgado por lo que ocurría a 1548 kilómetros de distancia. El Olympiacos sacaba su partido adelante con sufrimiento y, pasada la fase inicial, la Juve fue levantando el pie del acelerador hasta firmar un entente cordiale del que el Atleti salió con la cabeza muy alta. Nos quedamos con ganas de más, pero si el rival, jugando en casa y necesitando dos goles, no ataca a por todas, no vamos ser quijotes, que esto es la competición más grande del mundo. No obstante, los nuestros dejaron un poso de profesionalidad considerable, así como la sensación de que si el rival hubiera torcido el gesto, nosotros hubiéramos respondido debidamente. En un campo imponente (me encanta su atmósfera y su corto aforo) los rojiblancos, hoy enfundados en la áurea, no se arrugaron y si me apuran dispusieron de las ocasiones más claras del encuentro. Fue un partido raro, en el que se atisbaba el cerocero a eso del minuto 55. Nadie se atrevía a hablar por ser bocachancla, pero al final no hubo para más y empezó a oler a Biscotto, por no decir Panettone. Entre medias, Raúl García hizo historia, se graduó Giménez, Tiago descansó, y Arda demostró que si se pega a la izquierda con dos más, puede arder Troya. Partido raro, sin sustituciones, y en el que se cumplió el objetivo de ser líderes de grupo sin florituras ante todo un campeón del Calcio. Ahora llega una de las cosas que más me gusta aparte de ver al Atleti batirse el cobre cual coloso: el sorteo. Ya conocemos a Basel (quién te ha visto y quién te ve, Liverpool), Leverkusen (ojito la industria pesada), Arsenal (una ruleta rusa) y Shakhtar (delanteros brasileños y Srna). Cualquiera de ellos me vale para octavos, pero independientemente del oponente, algo me dice que volveremos a Turín pronto sin incidentes, y ahí seguro que los nuestros sueltan un sopapo a su debido tiempo si el rival bravucón se pasa de la raya. Hasta febrero aparcamos esta competición, en la que tengo muchas ilusiones, directamente proporcionales a la dificultad para ganarla. 



ANEXO: duelo textil
Siempre que tengo la oportunidad, menciono mi colección de camisetas. En ella, por supuesto, abundan ejemplares del Glorioso, pero también se coló una camiseta juventina, a pesar de que los bianconeri no son muy santos de mi devoción. Siento más admiración por el AC Milan, y me atrae la Roma de Totti e incluso el Napoli, por ser sureño y su mística maradoniana. Pero el caso es que un día hace años en el Nike Factory vi una camiseta dorada de la Vecchia Signora (2008/09), y sin pensar el toque cani intrínseco que albergaba, compré por menos de 30€ (no me suelo gastar más en camisetas). El ejemplar que luce a su derecha, es la archiconocida camiseta del año de la Europa League 2010, muy bella ella. Mañana tengo una entrevista de trabajo, y yo haciendo fotos a camisetas de fútbol y pensando cuándo estarán todos los rivales en el horno de octavos para hacer sorteos de mentira mientras llega el lunes. Así funciono yo...

jueves, 2 de octubre de 2014

Ligarte a la estrecha buenorra

-Perdone señor, ¿sabe dónde está una mezquita que me han dicho que está por aquí cerca?
-Pues no tengo ni idea. A mano izquierda creo que hay un sitio en el que se reúnen evangelistas brasileños de esos, pero de mezquitas, no sé nada.

Como si de una premonición al desenlace final se tratara, mantuve esta conversación con un musulmán que me topé camino al partido. ¿Sabría lo que es el ardaturanismo? ¿Debería haberle dejado mi número para hacerle entrar en la verdadera fe? No, mejor no.

Salió el Atleti ante una Juve menos Juve con ese verde tan feo e impersonal. En todo caso que vistan de rosa (su color originario) o de azul (mítico en Europa). Colores con identidad, joder. Es frustrante lo de las equipaciones. Pero ¿qué les voy a contar yo? Que tengo un modelo bastante cani de la Vecchia Signora en tonos dorados. Por ahora tan solo el Levante me ha jodido la estadística de equipo que está en mi colección de camisetas y pierde. Volviendo al partido, enseguida se vio que delante había todo un hueso. Un equipo aguerrido, de los que no dan un resquicio y con jugadores top 20 a chorros. Pocas ocasiones, con un anecdótico dato de posesión y pases realizados favorable a los transalpinos. Quien se guíe por esas cifras a la hora de valorar a un equipo mal lo lleva. Tiago estuvo sublime en colocación y contundencia. Está ahora mismo en un momento dulcísimo. Un auténtico cortafuegos. Del portugués más o menos me lo espero, pero hay alguien que se merece nuevo reconocimiento: Mario Mandzukic, un tío con un par de testículos, intercambiando manotazos por doquier con defensas desquiciantes. Seguro que es un hijoputa, pero es nuestro hijoputa, los centrales le tocan los cojones bastante pero él aguanta sin perder los nervios. Para chulo nuestro batman larguirucho, que se quita la máscara al cuarto de hora dejándose la napia desprotegida ante la atonicidad de Bonucci. Lo dicho, un tío grande y guerrero, no como la maricona de Llorente. Al descanso daba la sensación de que se necesitaba un golpe de timón para superar a esos tres centrales. Éste se produjo paulatinamente. Tanto, que incluso los italianos comenzaron a llegar al área con cierta claridad. Pero una jugada de Arda por banda derecha provocó la amonestación (árbitro malísimo para ambos equipos) para Chiellini, que daría divinamente el pego como actor en pelis de romanos. Ese lance, cual partido de rugby, permitió arrinconar durante unos minutos a los juventinos, con varios corners y centros. Ya que no se podía con cates, pues a empujones.

Entonces llegó el gol. Es un tío raro este turco. Se lleva balones inverosímiles metiendo culo, es listo como nadie para romper a las defensas en esos bloqueos cerca de las esquinas, pero luego el bueno de Manyu todo el rato bajando para cubrir el hueco que dejaba en las contras... Anarquía al servicio de la magia. Porque en contraprestación apareció nuestro barbudo favorito en un centro de Juanfran (todo lo que le diga es poco) al que no llegó el propio croata, y sin saber muy bien cómo, embocó el balón bajo la mirada con ceño fruncido de todos los rojiblancos del mundo: en Estambul y en Málaga los hay fijo. Al igual que los grandes de la NBA se crecen en los play-offs, a Turan le va la Copa de Europa. No es la primera vez que el otomano consigue goles de pura raza en Champions: Milan, Oporto, Zenit, Chelsea, y ahora Juventus. Un gol de sutil casta, de huevos. Tras los peores minutos de la reanudación, nos poníamos por delante con pocas ocasiones. Cosas de equipo grande y tal. El marcador no se podía mover. A base de palos vamos aprendiendo a echar el cerrojo, pero Ansaldi, no te vayas al corner en el 84' cabrón. Este tío centra de puta madre por cierto. Luego Siqueira reforzó ese lado y forzó corners que si yo fuese un aficionado de la Juventus habría roto la tele de impotencia (el travelo de Lichsteiner casi pierde los estribos). Pero qué bien sabe cuando es uno de los tuyos el que resguarda la ventaja. En esa ensalada de laterales dobles, con Mario entrando como cemento extra, mientras los italianos metían a ochocientos delanteros y al repelente niño de papá de Morata, murió el partido como empezó: feo de cojones, plomo puro, pero con un gol más. No se cometieron errores, y he ahí el resultado. No es nada fácil crearle problemas a este tipo de equipos, y les vencimos con mentalidad férrea y de equipo ganador. No había encajado goles y contaban por victorias sus partidos. Ahora es el Atleti quien lleva tres seguidos sin recibir un gol, aunque Moyá apunto estuvo de liarla y de paso darnos una taquicardia gratuita. Se reconduce la clasificación, y ahora espera el Malmoe, al que no habrá que subestimar (le mojó la oreja a los grecos). Definitivamente estos triunfos son los que mejor saben, valorémoslo como se merece antes de la siguiente batalla.



PD: La próxima vez que cruce con un mahometano y me haga la misma pregunta, le diré que el Calderón a ratos es mezquita y hay un duende turco al que alabar. Luego lo mismo me tira un zapato a la cara...