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domingo, 8 de febrero de 2015

ORGULLO

No se me ocurre una palabra que condense mejor todo lo que siento, que es mucho. Un orgullo del bueno, sin pizca de soberbia, que de eso andan sobrados en la acera de enfrente. El Atleti, un equipo con mayúsculas luminosas, nos regaló uno de los partidos más perfectos que recuerdo haber visto, y créanme que han sido unos cuantos. Un triunfo mayúsculo, sin un pero, ante un rival al que no ganábamos en liga desde 1999 y al que tantas veces habíamos tenido cerca de derrotar sin éxito. Aunque no merece la pena recordar esos derbis pasados, ni siquiera los triunfos recientes, porque este partido por sí solo se basta y se sobra para brillar. Todo salió sobre raíles. La charla en el calentamiento del Profe y de Godín ya prometía. El comienzo también, pero la lesión de Koke, que ya estaba hacía tiempo con la luz naranja encendida, nos hizo torcer el gesto. Afortunadamente esto es un equipo, no un concurso de mates, y cada uno sabe su cometido a la perfección. El gol de Tiago tras genial maniobra de Manyuka me ponía tranquilo en el sentido de que contra estos rivales hay que aprovechar las ocasiones. El tiro duro pero centrado del luso encontró un topo en prosopopeya que no pudo más que ralentizar el disparo. Pero había más, porque poco después Siqueira entra sin complejos en la cocina merengona para dejar atrás, allí remató Saúl, el torocampista, con una chilena que saciaba mis sueños más húmedos. Gol psicodélico del James Dean del equipo. Este chaval tiene algo que no tiene el resto. Yo, no obstante, pedía más. No me fío de esos cabronazos. El trauma de tantos años, ya saben. Además, las ganas de aniquilarlos, y de paso a esa arrogancia pestilente. Por si fuera poco, combinaciones perfectas, controles con denominación de origen Bayrampasa, taconazos croatas, exhibiciones de contundencia defensiva y ni una patada mal dada. Para eso había que mirar a los campeones del mundo, concretamente a su ario mediocentro. El otro, mientras, se encargaba de detener un disparo de Godín con su antebrazo alegre. Algún bobo dirá que le dio en la nariz, pero aunque le hubiese dado, ello no cambiaba la jodida trayectoria. Además, la única napia que estaba cerca de ahí era la fracturada de Godín, a manos del mismo Khedira, y la del árbitro. De todas formas ¿qué coño hago yo enmierdándome con árbitros en un partido perfecto? Seguimos, que hay más. 

La segunda parte no podía haber confianzas, pero los nuestros no dieron resquicio. Continuó esa muestra de juego colectivo sembrado de cojones y calidad. Las ganas de nuestros indios llevaron al tercero, pasazo de Arda, prolonga al segundo palo Saúl, y allí estaba el mosquetero presto para dar la estocada definitiva. Le come el desayuno completo a Varane. En esas sale Torres, y en la primera se cae grotescamente, pero en una muestra más de la capacidad de superación de este equipo, se resarce y recupera la pelota. Minutos más tarde dio un gran pase al corazón del área para que la tanqueta balcánica remachara el cuarto. Tarde mágica, totalmente perfecta y merecida. En un momento de máxima exposición, cuando creían que iban a dejarnos sin argumentos, fue el Atlético de Madrid el que habló en el campo, dejando totalmente desnudos a los flojos de pantalón. Esta semana a nadie le gustará el fútbol. Nadie hablará de las pinturerías de Isco, de la BBC, del carapala de oro ni su puta madre... No viene mal de vez en cuando no... 


Ahora el equipo recibe un chute extra de óxido nitroso. Esto es muy largo, y hay que seguir en esta senda. El próximo partido será durísimo con tantas ausencias, pero pase lo que pase, ahora hay que saborear. Encuentro de hall of fame mental. Gracias por este triunfo, en especial a el hombre: Simeone y su aplauso apasionado al salir hacia el vestuario tuvo para mí un carácter simbólico. Él mejor que nadie sabía que había dado una lección a los que tachaban al equipo de violento en el mejor momento. Luego, fue un gustazo oír la justificación de su planteamiento a posteriori. Nada más que orgullo, orgullo que sale por los ojos, por la boca y por los dedos. Orgulloso del Atlético de Madrid. Con saberlo yo, y escribirlo por aquí, que es como anotarlo en un diario bajo llave, ya me conformo. Acuérdense siempre de este partido.

lunes, 26 de mayo de 2014

R. Madrid 4-1 At. Madrid - ¿Cómo no te voy a querer?


 Si me leen, es porque están muy despistados, muy aburridos, o bien son unas cotillas que sienten cierta curiosidad por ese toque personal que intento darle a las cosas, esquivando en lo posible lo meramente futbolístico. Así que hoy, con algo parecido a un jet-lag transoceánico tras haber ido a Portugal sin más entradas que las de este blog, escribo lo que me transmitió el partido desde que empezó esta expedición: una de las experiencias de mi vida sin duda. Es mejor centrarse en las sensaciones tras un amargo desenlace como el que se vivió la noche del sábado. Además, hoy más que nunca ¿qué cojones os voy a contar ya que no sepáis? Un día que pasará a la historia rojiblanca y del fútbol mundial, pero en la que al igual que hace cuarenta años nos toca desempeñar el papel de derrotado. Es quizá la crónica que más tristeza me produce, pero por descontado la que rezuma más orgullo. No pretendo que lo entiendan, tan solo que lo acepten. 


La víspera del partido estaba todo listo, y me dispuse a matar el insomnio viendo el documental de Teledeporte en el que se hablaba de la final de Bruselas. El partido ya lo había visto, pero fue un placer ver imágenes para mí inéditas de los jugadores de la época y su modus operandi. Tras elegir la camiseta del Atleti que me iba a poner decidí sacar dinero antes de partir, para ir quitando trámites de en medio. El cajero se traga la tarjeta. Eso solo hace que vaya prácticamente a merced de mi compañero de andanzas, pero no importa. Eso sí, la camiseta elegida (fuera de casa 02/03) se queda en casa y me llevo otra nuevecita de Uruguay con Forlán en la espalda. El viaje de ida fue placentero, aunque por desgracia no puede decir lo mismo un pobre conejo extremeño al que atropellé sin querer. DEP sin coña ninguna. El viaje continuó a ritmo de clásicos British mezclados hábilmente con música portuguesa y futbolera. La sensación de adelantar a hordas de autocares rojiblancos en tierras lusas fue inolvidable. Así llegamos a Lisboa, el sitio en que debíamos hacer historia. Me sentía especial, pero más se querían empeñar en hacerme los de la tele. Tras preguntarme de dónde venía y con qué sensaciones dejaron ese archivo audiovisual en el baúl de los recuerdos. No salió y me importa una mierda. Ni se lo dije a mis padres. 

Poco a poco la ciudad se iba poblando de ambos bandos. Ya he dicho varias veces que soy del sur, y allí ser del Atleti es poco menos raro que saber tocar la balalaika o haber visionado toda la filmografía norcoreana. Por lo tanto, cualquier atlético madrileño que me lea, no se hará una idea de lo gratificante que es sentirte en tu tribu por un puñetero día. Turismo hacinados en tranvías y metros, con algún gili que otro. Una decepción muy grande ver el estadio tan cercado y desde tan lejos. No era el mejor día para ir, pero si no es por el aliciente de la final cuesta mucho arrancarse a ir de Málaga a Lisboa. Pasteles de Belém, limosna al primer mendigo que ví para subir el karma rojiblanco de cara a la final. No toqué tampoco las figuras que hacían referencia a la final si éstas se parecían lo más mínimo a la Copa de Europa. Había que maximizar las opciones de victoria incluso desde gilipolleces como esa. Todo iba a pedir de boca excepto por el cansancio y dolor de tarro que me invadió tras el almuerzo. No me avergüenzo de decir que en ese momento el partido no estaba en mi cabeza, sino una presión que reventaba los párpados y las cervicales. No había dormido mucho antes de partir a las 2:00 de la madrugrada y lo estaba pagando... Aproveché la coyuntura para hacer algo parecido a una oración (y cerrar los ojos como el que no quiere la cosa) en Sé Catedral, en ella en absoluto pedí por el partido: el Atleti es de todo menos celestial. Y Neptuno ya sabría lo que tenía que hacer. Su imagen en el suelo del Padrão dos Descobrimentos me reconfortó. 


Y así siguió la tarde, hasta que me rendí al sueño en el coche y dejé volar libre a mi amigo vikingo. Luego fue más fácil de lo previsto encontrar un lugar para verlo. Restaurante O Cardo. Imagino que fue un acierto retransmitir finalmente el partido en las fanzones para liberar el resto de sitios: no se pueden imaginar la cantidad de gente de ambos bandos que había en la ciudad. Tras tratar de cenar rápido y pronto para centrarme en el juego, comenzó el partido más importante de la historia del Atleti desde que lo conozco. Muy bueno el Bacalhao Grelhado, al igual que el Frango del mediodía mientras intercambiaba impresiones con los dos atléticos que ya había en la mesa. Buena costumbre esa de optimizar el espacio, máxime en un sitio tan pequeño como Casa Liege. Así comenzaba el duelo, Atleti contra Real; SuperBock contra Sagres. Pintaba bien la planta del equipo, sin concesiones tontas excepto un fallo en la salida de balón que por poco cuesta un gol. Además sacamos petróleo en el gol de Godín. Pero quedaba una eternidad. Teníamos un cambio menos, que a la postre sería clave, y el Madrid comenzó a venirse arriba. De boquilla decía que era cuestión de tiempo que empatasen, en una suerte de psicología inversa. Estaba yendo todo bien. No se podía escapar, pero aún quedaban un par de minutos y medio. 

"El Atleti campeón de la Champions"- dijo un gilipollas integral y supuestamente de los nuestros. "No digas esooo" - le increpé (¿Cómo puede decir eso un aficionado del Atleti?). Confianzas cero. Pero va y centra Modric, se oyen gritos en el bar de al lado, que iba unos segundos por delante. El tiempo paralizado. Parece que no va a entrar. No puede ser. Gol. Nunca demostraremos si fue porque un individuo formuló esas palabras prepotentes indignas de un seguidor colchonero, pero en mi universo paralelo sí. Eso desniveló la limosna disimulada al transeúnte en la mañana, y la oración desinteresada en la Catedral para pedir tan solo una vuelta sin incidentes en vez de pedir el oro y el moro. No me avergüenza reconocer que restallaron lágrimas que no llegaron a mojar el párpado, pero eso fue tras un grito de Atleeeeti (iniciado por el mismo imbécil que fomentó el gol del empate) que me hizo merecer la pena la horas de cansancio. Quedaba otro asalto. Necesitaba recargar tanto como los jugadores. Mear por enésima vez también. Ahí les juro que estaba convencido de que era posible aún. Imagino que la mayoría pensábamos eso a pesar de que Ramos se disfrazase de Schwarzenbeck minutos antes. Esta vez tenía que ser. Yo veía penaltys. Ya lo dije cuando los de Cuatro me entrevistaron incrédulos y les dije que venía tras hacerme siete horas de coche por amor a unos colores. La primera parte del tiempo extra transcurrió amortiguando el supuesto efecto psicológico que ese gol tendría en el partido. Pero la segunda, sin apenas fuerzas ni brillo, y de nuevo con el puto desfase en las teles de los bares, me anticipó el nuevo gol que nos ponía por detrás tras haber estado a segundos de conseguirlo. Quizá ese intervalo fue más sádico, pero también redujo la punzada que me azotó tras el tanto. Ahí seguía creyendo, aunque estaba fuera de mí, murmurando como una vieja reza el rosario palabras de ánimo, como si eso fuera a repercutir en que alguien metiera el empate, o cortara el disparo del tercer gol. El cuarto ni lo ví, nos enteramos por carretera. Así me ahorré la serie de despropósitos del final, aunque luego no dejó de producirme lástima la celebración de Cristiano tras ese gol. También me disgustó que Simeone entrara al trapo del niñato ese que tiró el balón, porque luego parece que no sabemos perder, y NO es así, aunque tampoco somos gilipollas. Este equipo y los buenos atléticos sabemos perder y ganar. Marcador duro, resultado justo. Como hace cuarenta años. Pero no tiene por qué ser así siempre. Por mucho que transmita supersticiones en cada partido dramático, cada vez me doy más cuenta de que el destino se escribe sobre la marcha y que todo es posible. Este equipo nos ha llevado a una odisea inolvidable que espero tenga continuidad la próxima temporada. Por desgracia o por suerte no sabemos qué pasará, pero yo ya pienso en la Supercopa de España y en el próximo partido de liga, lo mismo voy y no me pierdo la entrega del trofeo. Porque no olvidemos que somos Campeones de España. La derrota, ya dos días después, queda mitigada por tanto orgullo que siento por este equipo. Una suerte de morfina contra el dolor de no saber cuándo se volverá. Esperemos que no desmantelen al equipo y que se siga trabajando en la misma línea ascendente. Ahora solo quedan dos cosas: felicitar al rival, que ganó en buena lid, como dice su puto himno, en el cual aparece mi apellido (adalid); y por otro lado dar gracias infinitas...

...Gracias al cuerpo técnico, encabezado por Simeone y seguido por Germán Burgos, el Profe y demás nombres que me avergüenzo de no saber al dedillo. Gracias a los jugadores, del primero al último que se haya dejado la piel esta magnífica temporada. Gracias a la afición que ha viajado con el equipo o animado desde casa. Gracias a la gente que le late la pasión por este equipo y alguna vez ha sido partícipe conmigo la misma, ya sea intercambiando un gesto de complicidad o simplemente escribiendo una noticia en su blog colchonero. Gracias a familiares (en especial a mi sobrino y mi cuñado) y amigos que han vivido conmigo los partidos o me han aguantado hablando de los mismos permitiendo mi desahogo: perdón y gracias. En este apartado mención especial a mi pareja, por ser la principal afectada y para colmo no poder venir a este viaje cuando ella formaba parte del trío que prometió ir allá por febrero. Y gracias muchas a mi compañero de aventura Jose Miguel, más raulista que madridista, que el hombre ni vio el alzamiento de la copa ni el último gol (porque no le dio la gana) y seguramente por deferencia a mí, aunque de buena gana le hubiera dejado disfrutar ese instante. Lo dijimos y lo cumplimos, eso es de ser grandes. Gracias también a mí mismo, qué coño, por elegir al Atleti y saber sacar siempre lo mejor de la montaña rusa de emociones a flor de piel que es esta religión. Gracias a los jugadores antiguos que me han marcado, sobre todo los héroes del 74, de los que me acordé muy mucho en los minutos finales del partido. En especial de Don Luis por motivos obvios y del Señor Gárate: el otro día cuando se le quebraba la voz recordando lo cerca que ellos estuvieron de lograrlo me constató aún más lo grande que es. Si imprimen este testimonio y lo ponen al trasluz, verán una marca de agua con el escudo del Atlético de Madrid. Gracias Atleti. Gracias. No es por tirarme el rollo, pero nunca lo entenderéis si no estáis dentro.

Dije que esta iba a ser mi última crónica. Ahora no estoy tan seguro. Lo que sigue siendo cierto es que intentaré meter un contenido más romántico-histórico, en lugar de seguir como una lapa la evolución del equipo. Clubes curiosos, partidos legendarios, jugadores míticos, controversias varias, y siempre el balompié como piedra filosofal. Pero hoy no podemos acabar sin volver al tema principal. Concluyo afirmando que estoy convencido de que volveremos, y para ganar. No porque el destino nos deba nada, sino porque tenemos un par de huevos y tarde o temprano nos llegará nuestra ansiada Copa de Europa. Cabeza arriba. Nos leemos.

martes, 20 de mayo de 2014

Barcelona 1-1 At. Madrid (J38) - Qué manera de poder

 Conforme más se acercaba la cita más rápido pasaba el tiempo, más claro lo iba viendo, más confiaba y creía en este equipo. Luego fue empezar el partido y ver la actitud combativa a pesar de las lesiones y el gol en contra cuando creí sin ver. Aunque esto no es del todo cierto, porque en la pantalla se veía a un grupo irreductible de héroes áureos peleando cada balón como leones, como si valiese un campeonato vamos. Por encima de las circunstancias, pasase lo que hubiese pasado, me sentí más que nunca orgulloso de pertenecer a esta religión. Si es que dan ganas de ir puerta por puerta  cual testigo de Jehová contando a la gente las bondades del cholismo. Pero lo mejor estaba aún por venir. Que aunque uno confiase, el marcador no dejaba de ser adverso. El comienzo de la segunda parte, a lo Stamford Bridge, nos dejó a todos sin aliento. El factor psico-ilógico innato del Atleti combina sorprendentemente bien con la mecánica precisa del juego que ofrece este equipo. No dejar nada al azar, manteniendo las tres efes (FÚTBOL, FE y FUERZA) ha dado lugar a partidos memorables y a un título de liga histórico por cómo se ha producido: la mayor hazaña deportiva a alto nivel que he visto en mi vida (hablo desde la euforia relajada de tres días después). Ni les cuento ya como en Lisboa presencie un nuevo triunfo. Pero no nos desviemos de lo que hoy atañe. La liga, mucho más sacrificada y dura de lograr que la Champions, ya nos pertenece. Ha sido tras un intervalo de 18 años, que dan para muchas cosas. Yo tenía ocho años y medio la última vez. Pero ya no hace falta ponerse en plan nostálgico para recordar. Ya hay un nuevo dígito en el contador de liga, para emparejar con el otro diez de copas, conseguido curiosamente hace justo un año. No solo es el nuevo título, sumamente meritorio tras quitarle la hegemonía a Fortunata y Jacinta. Es mucho más. Es la forma de conseguirlo, desde el primer partido en Sevilla hasta esta final en la fecha 38. Es el legado intangible que va dejando el Atleti de Simeone a su paso. Los niños ilusionados que no dentro de mucho irán al Calderón o llevarán la camiseta rojiblanca por la calle. Ese espíritu combativo que cala hondo hasta en mi equipo de fútbol sala. La vuelta a los orígenes del Atleti en su esplendor, precisamente en una época en la que el fútbol moderno aplasta inmisericorde los viejos valores. Si hasta uno duda de si los merengones querían que perdiera el Barsa o realmente que ganase el Atleti por merecimiento... Eso sí, por mucho merecimiento que estuviese sobre el tapete, hubo que sacar hasta la última reserva para lograrlo. Así sabe mejor, incluso mejor que ganarla en el Calderón, fíjense lo que les digo. Ha habido mucha gente que lo daba por hecho y que tras la semana pasada se rajaron. No les culpo a los que no, pero dichosos los que creyeron. Orgullosamente me incluyo este último grupo. Había que tener muchos huevos y estar lo justo de cuerdo para esperar el gol del Faraón Godín. No se podía escapar joder... Después más suspense porque era el Barça que por peligro real, el tiempo pasaba más lento que el caballo del villano más vil. El intervalo entre el minuto 81 y el 89 se hizo más largo como el periodo de tiempo si ganar la copa. El pitido final en ese saque de banda, Gabi y Raúl abrazados en el suelo, la afición rival aplaudiendo (chapeau, no me lo esperaba)... Algo grande había sucedido. No lo hace nadie. El Atleti en estado puro: ganador, con suspense, pero ganador las más veces, digan lo que digan los analfabetos en Historia del fútbol. Una victoria además desde la humildad, porque si bien el nuestro no es un muerto de hambre, monetariamente no hay color respecto a Telma y Louise. Hay muchos otros equipos que compiten contra jeques y multinacionales que han sucumbido (Liverpool, Dortmund...), así que más mérito aún tiene en los tiempo$ que corren. Una victoria de honor, de huevos, pero quiero destacar que con mucho fútbol. Ya pueden vender las motos que quieran los detractores tildando de juego sucio o rácano (os metéis el autobús por el culo), porque este equipo cuando está on fire hace una interpretación perfecta del balompié.


Pero tras este exitazo, que nadie se vaya, ni que decir tiene que el fin último ha de ser la continuidad en esta línea ascendente. La herencia en vida que sigue dejando la generación cholesca tiene que servir para buscar tiempos de mayor constancia. Eso es lo principal, más allá de ganar en sí. Sería imperdonable, aunque por desgracia posible, que se dilapidara el tesoro construido en estos años con el argentino al mando. Hay que seguir arriba para que los que hoy se alegran porque gane el Atleti siendo de Pimpinela, antes de hablar en actitud paternal se lo piensen dos veces ante el temor, o bien sean felices conversos. Eso querrá decir que esto marcha. De momento, no hay que ser vinagre, y se agradecen los auténticos gestos de felicitación vengan de donde vengan. Máxime cuando aquí en el sur, los acelerones de motos, los pitidos de coche y los salpicones de agua están deliciosamente minimizados cuando Neptuno sale del océano. Es un círculo en el tetris el encontrar a cómplices de batalla entre tanto bipartidismo. Lo que ellos no vivirán son experiencias más personales, como que le hagan a uno un gofre rojiblanco, que te pare un ciclista desconocido para alabar sinceramente a tu equipo sin saber de dónde vino y por dónde se fue, o que cualquier viandante se quede mirándote como a un pingüino en el desierto. "I'm an alien, a legal alien", no sé si como Sting en New York o peor... pero mola esa sensación. Una alegría interna que le hace a uno sentirse estúpidamente culpable por vivir este momento único. Te das cuenta de que compensa la zozobra de los días entre partido, la tensión latido a latido, los desplazamientos a Granada o Sevilla, el trasladarte a donde hiciera falta para encontrar un techo (atlético a poder ser) bajo el que ver los partidos, o bien descargarlos para su posterior visionado aún sabiendo el resultado, incluso autorturarse uno sin más referencia que la aplicación de móvil de turno, todo ello para luego sangrar letras en esta web... Compensa sí, pero no solo este año, no solo este lustro, no solo esta década, no se equivoquen: siempre. Y al menos a mí, estas situaciones de alegría por lo deportivo también me sirven para valorar el resto de cosas buenas del inventario. Lo propio. Mejor acordarse ahora de los patrimonios personales (familia, amigos, posesiones inmateriales...) que cuando se pierde ¿no? Hubo suspense, el indio disfrazado de sheriff dejó caer la pistola, quién sabe si aposta, pero finalmente sorprendió desde el suelo para encañonar al malhechor.


Y así, tres días después de esta proeza, he seguido saboreando la victoria mientras leía el periódico de recuerdo, ese que solo se compra cuando gana el Atleti o la selección, y últimamente me he gastado dinero en esa mierda. Buena señal ésta. Mientras me bebo una Keizer Karel Charles Quint Rouge, como me podría beber una puta Steinburg, uno sigue con el orgullo a flor de piel, y no quiere soltar el teclado ni para terminársela. Gracias Simeone, gracias Germán, gracias Profe Ortega, gracias a todo el que haya puesto un granito de arena en el cuerpo técnico o apoyando al equipo, gracias sin excepción a todos muchachos que son superhombres, gracias por volverlo a hacer.

La Familia
Con el extra de motivación que ha de haber supuesto esta victoria, se nos aproxima una nueva cita con la Historia. Muchos rostro pálido (sin acritud alguna) dicen jocosamente que no seamos avariciosos, que dejemos la Copa de Europa, como siempre me ha gustado llamarla en vez de Champions, para ellos porque ya tenemos la liga: y una mierda! Magullados, heridos, pero con ilusión deslumbrante y con la bendición de los héroes del 74 a la espalda, veremos si se cumple otro sueño, que tornaría la hazaña en milagro empírico. Esta semana, al contrario de la pasada, en la que me martilleaba en la fase REM la parada de Willy Caballero, discurre más apacible, pero no por ello estamos relajados. Se viene una finalísima en la que con los soldados disponibles, y parafraseando a Simeone, habrá que seguir creyendo y trabajando a partes iguales. Así pudimos en el Campo Nuevo, y solo así se podrá en Da Luz. Cada vez menos latidos para la final...


jueves, 1 de mayo de 2014

Chelsea 1-3 At. Madrid "Vuela alto"

Tras la embriaguez (más futbolística que etílica) de anoche, no puedo menos que cumplir con mi obligación y rendir homenaje a este señor equipo. No se cansan de brindarnos noches mágicas. La de ayer fue una de ellas, con pasaporte a una final de la máxima competición a nivel de clubes del mundo. Una nueva y mareante cita con la historia que de momento dejaremos aparcada hasta tratar de ganar la liga. Quizás ese sea el principal defecto de servidor: no saborear totalmente los éxitos. Ayer pensaba igualmente en la posible lesión de DC que en disfrutar del espectáculo. Porque es que lo fue. Como un guion de cine. Torres nos lo ponía difícil mientras me dolía la vista de verlo hacer gol. Luego, cuando uno firmaba el descanso para rearmarnos en la segunda parte aparece Adrián (bien Juanfran). Lo tengo ya muy dicho: el asturiano se crece en las noches europeas. Ese empate psicológico fue la antesala del resto de emociones positivas. El segundo acto fue apoteósico. Las cosas cambiaron y lo que en la primera eran balones divididos perdidos y relativa incomodidad se tornó en este periodo en un saber estar y un cambio de registro para quitarse el sombrero y no ponérselo más hasta que apriete la calor de verdad. Me vienen a la cabeza nombres propios, cánticos de esa afición entregada, lances del partido... el penalty del suspense con el "Luis Aragonés" de fondo, el centro de Juanfran en el gol del turco, la furia y devoción de Arda en su celebración, las parada s de Courtois... Estamos de acuerdo en que el fútbol no es una cuestión de vida o muerte (coincido con Mr. Shankly en el principio de su frase) pero esto no quita que a veces le emocione a uno. No se paga con dinero el orgullo de poder ver a este equipo darse de hostias con la crème de la crème y los "tops" mundiales. Este Atleti, sin ser ya Aviación, es de altos vuelos. Te quiero Cholo.

PS: es harto incómodo escribir a miles de pies de altura. Pero la ocasión lo merece. Posiblemente bajo las nubes esté en este momento el Calderón. Me santiguo y me despido. Ahora a por el Llevant. No se admiten respiros de aquí al 24.

domingo, 5 de enero de 2014

Málaga CF 0-1 At. Madrid (J18) - El partido más importante del año

No deja de tener gracia que prácticamente dos años después se volviera al lugar del crimen. Ya lo sabrán, porque ha salido en todos los medios: Simeone comparecía dos años después de su debut en La Rosaleda. Con un bagaje impensable en ese momento, una Europa League, una Supercopa de Europa, una Copa del Rey, records por doquier y lo que es mejor, un estilo de juego y unas señas de identidad que hacen del Atlético de Madrid un equipo admirado y temido a partes iguales. Ayer no fue una excepción.


Nada más había que ver la entrada que presentaba La Rosaleda. Uno de los campos con mayor ocupación de España sí, pero en el que en otras ocasiones hay huecos en mi zona y donde ayer mi sobrino del Atleti tuvo que sufrir el vértigo de la última fila irremisiblemente. A pesar de que había muchos atléticos, ni yo, ni él ni mi amigo, que veía su primer partido en un campo de Primera, mostramos nuestros colores por fuera, y eso que el último hasta hace poco era merengón. Para mí eso es casi mejor que un título. Se ve que no le falta razón a este anuncio. 


Lo dicho, dicho queda, y basta de chuparnos las pollas, porque el Atleti sufrió ante un Málaga venido a menos, que puso el autobús y más intensidad que en la mayoría de partidos que les he visto esta temporada, que han sido muchos. Aparte del bienio cholista, se cumplen este año 110 de fútbol en la capital de la Costa del Sol (muy guapo el calendario que regalaban). Pienso que el Málaga no pasará apuros para mantenerse, pero lejos quedan de momento los buenos tiempos recientes. Lo que no cambia es esa especie de odio entre ambos equipos. Nada más llegar el Frente al estadio, que si "Puta Málaga". Luego durante el partido, sin haber hecho absolutamente nada, cánticos aleatorios contra Don Diego, y contra el Atleti. Non-sense. Imagino que eso es la "salsa agridulce" del fútbol. El caso es que cuando más abierto parecía el partido, con el Málaga asomándose al área de Tibu, un balón largo al Lagarto y los tres centrales malaguistas se fueron a por él. Aunque se mira pero no se toca, y tras filtrar un gran pase que marró Adrián, remachó Koke a la red. Diego Costa ya tiene, salvando las distancias, lo que yo llamo el efecto Messi: los defensas saben que no es un cualquiera y eso hace que dudes, que titubees, y en un tris te la lían. Me gustó el equipo en general, aunque echo en falta más participación ofensiva de Villa. El converso Principito Sosa, no confundan con el Pato Sosa, puede que ponga fin al dilema próximamente. ¿Será el nuevo Diego Ribas que nos devuelva al 4.2.3.1 y siente al Guaje? Vaya pitada que se llevó el argentino por su coqueteo con el Málaga, al que supuestamente dio su palabra. Cosas como esas quizá hagan que uno se encuentre artículos tan ventajistas y exagerados como este del diario Sur, que no es la primera ni la última vez que mostrará su odio y envidia al Atleti. ¿Será del Madrid o del Barcelona el malaguista que lo escribe? 

Koke: la bandera del Atleti
De ahí al final, aguante sin mucho sufrimiento y el partido murió más cerca del segundo que del empate. No dejó de tener gracia tampoco ver cómo acabó el Atleti el partido. En una especie de moraleja, Simeone alineó una línea de cinco defensas, pero eso no era un autobús, era un convoy militar. En el plano individual, sin desmerecer a la defensa, para mí brillaron más Koke de mediocentro, Juanfran (lástima su ausencia el sábado que viene) y Cristian Rodríguez. Vaya aire que le dio el uruguayo al equipo. Encima tuvo que aguantar la simulación de todo un capitán del Málaga a medio metro del linier. Lamentable sea del equipo que fuese esa actitud.



Los aceitosos churros de más tarde, el chino y las cervezas belgas de aún más tarde, el vacío en las sábanas, así como el dolor de barriga posterior fueron más llevables con este nuevo triunfo. Que siga el sueño liguero con vida por el bien del fútbol. Pero ahora, no tiremos la Copa el martes. No olvidemos que ÉSE es el próximo partido, no el del Catalonia.

viernes, 28 de diciembre de 2012

El Cholo vuelve a las canchas

¡Lo que nos faltaba! El Cholo Simeone, en una entrevista concedida al diario argentino Clarín, ha declarado que, tras mucha meditación, ha decidido volver a los terrenos de juego. Como lo oyen, volverá a ser parte de la plantilla para reforzar el maltrecho mediocampo. He aquí algunos fragmentos de sus declaraciones al periódico argentino:

"Lo hablé por teléfono con los muchachos que encontré disponibles, y todos estaban de acuerdo, incluso muy ilusionados con la idea. A algunos como a Gabi o Tiago ya se lo había comentado medio en broma hacía tiempo. Con Germán (refiriéndose al 'Mono' Burgos) ya lo teníamos hablado desde hacía tiempo, pero necesitaba saber la opinión, sobre todo de los capitanes, antes de dar el paso. La idea es que cuando yo salga en el once de inicio el 'Mono' se complemente conmigo pero tenga más peso en las decisiones. Él está preparado más que de sobra para ese tipo de situaciones, de hecho, es una pieza igual de importante o más que el propio entrenador en los éxitos del Atlético de Madrid."

Respecto a los motivos de esta atrevida decisión, declaró:

"Cuando uno está dentro de la cancha, máxime jugando en el medio, ve cosas que a los entrenadores se nos escapan desde el banco. Mi idea es probar durante algunos partidos, ya que nunca perdí la forma física. Llámenme loco, pero el alma de futbolista nunca la dejé cuando me hice técnico."

Simeone celebrando un gol con el Atleti
En relación a los dirigentes, ha dicho lo siguiente:


"Con quien se habla para este tipo de cosas, que es Miguel Ángel (refiriéndose a Gil Marín), no me puso ninguna traba, sino todo lo contrario. En el mercado no había soluciones que se adaptaran a los objetivos económicos y deportivos de la institución y lo vio correcto. E insisto, no quiere decir esto que deje de ser el entrenador del Atlético de Madrid, ni busco que la hinchada vuelva a ver al Cholo jugador, simplemente creo que es lo mejor para suplir las posibles bajas y de paso obtener una mejor visión de lo que pasa en la cancha. Es una decisión madurada desde hacía tiempo ."

Simeone, al que muchos entrenadores ya definían como su extensión dentro del campo, tiene ahora la opción de demostrar que puede emular a, entre otros: Kenny Dalglish en el Liverpool, Gianluca Vialli o Rudd Gullit en el Chelsea, o a George Weah en la selección de Liberia.
De momento no se ha hablado sobre qué competiciones serán las que pueda disputar el argentino, aunque su pasaporte comunitario le abre las puertas de todas ellas. Superará con creces a Adelardo, que era el más veterano hasta la fecha en disputar un partido con la casaca rojiblanca, concretamente 36 años y 7 meses. A Diego Pablo, con 42 años a sus espaldas veremos qué cantidad de fútbol le queda en sus piernas, y si el equipo mejora o empeora con él en la cancha. Lo que sí es cierto es que ha sorprendido a todo el mundo con esta sorprendente proposición. 

fuente: diario Clarín. Enlace a la noticia completa.