jueves, 7 de enero de 2021

Estopa

"Y si los dioses supieran que un tío del barrio les supera, 
[...]
si te descuidas, boberas,
vete pidendo ayudita a los druidas del parque,
si te pasas de listo no te enteras, 
si te pasas de tonto tantangaooo"

Al saber del emparejamiento con el Cornellá lo primero que me vino a la chorla fue la pegadiza canción "El Blade" del dúo barcelonés que titula hoy. Estopa también repartió nuestro verdiblanco rival, que merecidamente pasó de ronda entre un descalabro tras otro de los nuestros. Quizá anduvieron privando en alguno de los garitos de la canción, porque el cuadro humilde del duelo, aún jugando su partido y haciéndolo bien, necesitaba una dosis extra de alineación de astros, a la que nosotros contribuimos con confianzas desde el inicio. El once que saltó al césped artificial debería haber sido suficiente para pasar pero, ¿Qué cojones es eso de que ni siquiera viajen los pesos pesados? Giménez se confía también, se lesiona por el orgullo herido de ver que un "inferior" le gana el duelo, falta y gol. Ya lo decían en la retransmisión: el balón parado iguala las categorías... Discutible hasta cierto punto, pero no hoy. No sé qué coño pasa que nos la cuelan demasiado por arriba, joder. Al menos últimamente algo de daño hacemos en el de ataque, pero nos rematan en balón muerto mucho desde hace varios años ya. 1-0. Minuto 7. Encima las que tú tienes para bajarlos a la tierra no entran, y esto se convierte en una irritante carrera contra el tiempo en la que todos fuimos Savic y su desesperación. ¿Que no es suficiente ventaja? El pobre Ricard se vuelve tan torpe como El Langui (se parecen y todo) y es expulsado para, ahí sí que sí, ponérnoslo no ya en alemán, sino en mandarín. Pero a quién voy yo a culpar, si este deporte con su marcador corto nos tiene siempre preparadas estas maravillosas desgracias... 

Lo que menos me gustó de esta vergüenza fue la falta de ocasiones y la frustración que todos sufrimos por el exceso de faltas. De nuevo, olé por el UE Cornellá, debemos de superar ese escollo. ¿Tú qué harías? ¿Veis? Tengo que elogiarlos a cada lloriqueo, no lo puedo remediar. Me siento como una mierda mencionado ese apartado. Este tipo de partidos tienen ese componente de sucio odio al rival que nos martiriza. Los maldices por sus constantes pérdidas de tiempo, por sus calambres y lesiones típicas con salida en falso de los minutos postreros, pero por otro lado piensas: "¿Qué coño quieres que hagan los chavales?" Es una sensación similar a cuando el de un curso más pequeño te tocaba los cojones: si le pegas te puede llegar un hermano grande a devolvértela o también te pueden decir que te metas con uno de tu edad. En resumen, no habría ni que haber dejado que se plantearan la posibilidad de que podían ganar para evitar caer en esos dilemas. Fácil, ¿eh? Porque además el rival sí que tenía claro lo que tenía que hacer y no era nada cojo. Se agarraron a todo lo que tenían a su mano (y más que se pudieron llevar si hubiese habido VAR con el brazo de Ricard antes del gol). Eso además descarta la posible condescendencia arbitral, porque cuando estamos en la mierda en estos escenarios pensamos que el árbitro cree que es es divertido ver al grande en apuros así que no, no es jodida excusa válida. Encima los muy mamones se destapaban con excelentes jugadas de vez en cuando para terminar de exasperarnos. Lo dicho, una tortura de tarde noche en la que la única alegría fue el debut de los chavales San Román y sobre todo Mario Soriano. ¿Qué será de Grbic y Saponjic ahora?...

...¿No esperábamos esta emboscada? ¿Tenía sentido tanta confianza ante este rival, que estuvo apunto de ascender a segunda? ¿Precisamente nosotros, con la herida copera reciente, joder? Esto se convierte en tendencia peligrosa. La de la Cultu fue perdonable porque ahí fallamos un montón de ocasiones, ¿pero ésta? Casi que la equiparo a la eliminatoria a doble partido perdida con el Albacete. Otros tenían ya sus Alcorcones o Toledos, sus Noveldas y Figueres. Nosotros con retraso pero ya tenemos nuestros propias derrotas inopinadas para no ser menos. El atenuante del buen momento en liga no es más que una excusa de las que surgen al abrazar la almohada al borde del llanto. Qué liga ni pollas! El año que viene quiero otro duelo como este, pero ojalá tarden en repetirse porque será que habremos seguido como un tren en el campeonato doméstico y jugaremos la Supercopa a 4 cual patricios. Pero lo que es ahora, desde luego los muchachos se han esforzado en hacerme querer olvidar la Navidad, que esta vez estaba disfrutando de forma un tanto cursi para mi estándar, por el niño pequeño y tal. En esta ocasión menos mal que tenía el documental de Fernando Torres para aliviarme las penas, que me encantó porque me ha hecho entender muchas cosas de su primera marcha. Me encanta que hable tanta gente del entorno y del gran fútbol, menos el representante ese cuando critica al Cholo por no poner a El Niño. En general una muy recomendable pieza...

...Pero poco duró el buen sabor de boca, enseguida me volvió la canción de Estopa al tarro para alegremente recordarme la humillación sufrida: 
"Siempre sabes donde las dan y tu las tomas pero eso sí aquí en K.O.rnelláaa"

lunes, 4 de enero de 2021

Los dos abismos

Antes que nada pido perdón, porque mi arrogancia desde el gol de Marcos Llorente estuvo apunto de salir cara. Me confié, y por eso se fueron al limbo varias ocasiones para rematar este catártico encuentro. Tengo parte de culpa, como todos los que también lo diérais por hecho, en el exceso de confianza que reconoció Giménez en rueda de prensa. Aunque sé que no pero sí, me creo el centro del universo de mi Atleti, a muchos también os pasará. Estoy tan enfermo de él que es un ejercicio de devoción absoluta y no megalomanía, otra explicación no tendría en alguien tan humilde como yo, que por no agobiar se lleva un rapapolvo de no una, sino dos churreras en la mañana del partido. Hoy mismo he respondido con actos en un ámbito en el que mis acciones sí tienen repercusión, o al menos dejan paz mental, dando una mala reseña en google. Pero volvamos al plano adimensional que nos ocupa, a esta personificación que sufro, cábalas, gafes y contragafes mediante, me posee a veces. Una superstición fruto del miedo a que se evapore mi ilusión, que estrangula el sin sentido de que afecte en alguna medida el hecho de que yo diera por sentado el triunfo antes de tiempo... Y encima teniendo razón. Porque con los jugadores que esta vez aún aguantaban sobre el tablero, yo tenía fe en mi torre Koke, mi alfil João y en mi caballo Suárez para ganar esta partida, y eso que enfrente había peones experimentados como Laguardia (te expulsaron porque envidian tu barba) o el infravalorado Pacheco. Sí, he visto The Queen's Gambit, quería dejar huella, como lo ha hecho en mi, pero no puedo hacer más referencias a ella sin hacer más el ridículo, al menos no la recomiendo como hace la gente, yo solo recomiendo que no seáis tan hedonistas como yo y desconfiéis del triunfo, que veáis una trampa a cada vuelta de esquina, solo así construiremos la meta a la que queremos llegar.

Pero retrotraigámonos concretamente a la segunda parte, a esa rigurosísima expulsión fruto del VARiable, que miedo me da cómo nos puede afectar en el futuro ese caprichoso artefacto, y que se convirtió en el chupito de Thunderbitch que necesitaba el equipo vitoriano para ir arriba con todo. También ayudó que ellos metieron a sus dos delanteros titulares. Y por último que Felipe hizo corto y quitó las telarañas, y seguro que algún cacho de escarcha, de la escuadra derecha de Jan. Era un mazazo se mirase por donde se mirase. Encima era hasta justo dado el desarrollo del partido... Un patinazo en el hielo babazorro, otra trampa  como escarmiento divino al error arbitral, como en aquella jornada 1 de la 2015/16, donde el bobo ese de Manu García nos dio la noche con su golazo... Si queremos tener esa sensación de decepción, que en el fondo es un gustazo porque quiere decir que estamos bien arriba, más nos vale a todos, os maldeciré si no lo hacéis, desconfiar de todo, apoyar mentalmente al equipo, tener humildad y no hacer ni caso a los putos que nos felicitan por adelantado. De esa forma luego llegarán alegrías como la de esta ocasión, no siempre sera así, cuando los de arriba conectaron para arrancar un triunfo de obligado cumplimiento por el propio nivel de exigencia. Porque a estas alturas, nunca mejor dicho, existen dos precipicios, uno te proyecta a la ilusión más celestial, a un vértigo que te hincha el pecho y el otro nos espera atrás para descabalgarnos de un sueño que absolutamente nadie esperaba. Pero basta por hoy de precauciones. Ahora vuelta a la trinchera con la esperanza intacta, qué digo intacta, reforzada tras este sobresalto con final feliz, mira que levante la mano el que no se acojonó con que anulaba el gol por fuera de juego de Félix...


sábado, 5 de diciembre de 2020

Metamorfosis

La primera parte transcurrió tal como Sergio quería y la segunda y definitiva a pedir de boca del Cholo, y de cualquier indio que se precie. Me sorprendió tanto como la continuidad del sistema de juego el inicio atrevido de los del Pisuerga, aunque esa película ya la vi este verano, sin público también, cuando nos costó la vida ganarles. Pero tengo muy claro que el mayor número de cambios nos beneficia más que a nadie en España. Sin embargo, ninguno de los ingresados fue el que abrió la lata, sino Lemar, coast-to-coast, pura fe en un balón difícil de rematar y que ni siquiera tenía su nombre. Enseguida se le quitó esa mirada de tocapelotas al bueno de Masip y solo entonces empezó a no tardar cuarenta segundos en cada saque. Pero qué les voy a contar, si de esas hemos hecho nosotros así de veces. Muy buena primera parte del Valladolid, que si bien no hizo sudar a Oblak, sí que remató mucho, aunque fuera por finalizar. Pero tanto tienes, tanto vales, y tras el entreacto se notaron los quilates en la balanza con Llorente, Joao y la jerarkía de Koke. Kondogbia y Torreira pura fibra en la separadora también. Pero fue de nuevo by order of the fucking Peaky Blinders como Trippier, el cual vuelve a regentar su propia casa de apuestas, peinó un balón a un auténtico mastodonte como Llorente, que flota como un águila y pica como un dientes de sable. Esa definición la podría haber firmado el mismísimo presidente del Valladolid, que me han dicho que la toca y tal.  En fin, que pasamos de la ceja levantada a la sonrisa bobalicona en cuestión de un par de cambios. Son necesarios estos trucos para seguir opositando, pero ese jugar con fuego en partidos de obligado cumplimiento pilla con la guardia baja al más pintado. La siguiente sesión de liga será en el Paseo de los Melancólicos que han montado en Valdebebas. Al menos tras ganar en el Pizjuán solo llorarán por un ojo. Ni caso a esos cocodrilos con cuernos que nos felicitan por la liga. Pasen de ellos como hizo Marcos con Roque Mesa cuando fue a buscarle la boca, aunque no sé que hago hablando de muertos, que está feo. Un condón en cada oreja y pa Salzburgo a no repetir cagadas con otro Red Bull, que ya tuvimos bastante en Lisboa. No hemos hecho una puta mierda aún. La única concesión que os dejo es que os memoricéis el calendario de partidos.

martes, 24 de noviembre de 2020

Mia san mia

Fruto del descontento de algunos miembros de una sociedad gimnástica, entre ellos un berlinés y un escultor de Dortmund, nacía en 1900 el FC Bayern en el restaurante Gisela, sito en la propia capital bávara. Conociendo el estilo para denominar clubes que tienen los teutones (Arminia, Fortuna, Hertha...), podía haberse llamado por ese simple motivo el Gisela de Múnich, pero no, tuvieron que complicar las cosas a futuro... Porque, como siempre hay algún despistado que no se ha tomado la aspirina, recordamos que Bayern viene de Baviera, y que los losanges blanquiazules de su viril escudo, qué casualidad que son los mismos que los de la bandera de dicha región, o Land, como dicen los alemanes. Múnich, conocida como Minga (¿de Gisela?) en el arraigado dialecto de esos lares, es entre otras cosas lugar de nacimiento de Sissi Emperatriz y de algún alto mando de las SS, cuna del Oktoberfest, del nazismo, y testigo del carácter más alegre y extrovertido de sus sureñas gentes, diferentes al resto de cabeza-cuadradas, como les llamaba Felipe, un señor tío de mi cuñado Ricardo que vivió casi toda su vida en Frankfurt trabajando para Lufthansa y me traía muchos chirimbolos; entre ellos, cómo no, material futbolero. 

Trofeo Viktoria
Los comienzos no fueron duros en lo futbolístico pero sí en lo financiero, y fruto de esos números rojos, visten hoy día dicho color en sus pantalones tras una fusión momentánea con el Münchner SportClub e.V., que sobrevive hoy en día con secciones de hockey y tenis. Por cierto, esa coletilla la habrán visto más de una vez en instituciones como equipos de fútbol, significa eingetragener Verein, algo así como sociedad registrada. En 1913 llega a la presidencia Kurt Landauer, que instaura, entre otras propuestas innovadoras, la curiosa tendencia de contratar técnicos británicos. A lo largo de varias etapas, trufadas de un par de guerras mundiales, es a día de hoy el máximo dirigente que más tiempo ha ostentado el cargo. Por eso tuvo tiempo de presenciar hechos insólitos, como el primer campeonato regional del sur o el campeonato nacional allá por 1932. Justo después todo empezó a torcerse con la llegada del nacionalsocialismo al poder. Landauer era judío, como por ejemplo también lo era el entrenador de aquel entonces. Eso le salió caro a él y al club. Tanto, que si no hubiera servido en el ejército en la primera Gran Guerra, Cruz de Hierro mediante, habría ido derechito a Dachau. No obstante se exilió a Suiza, donde se dice que sus exjugadores le saludaron en un amistoso. Tras el estallido de la 2º Guerra Mundial, otra gran figura como fue el capitán de la primera liga, Konrad Heidkamp, se hizo cargo de salvaguardar los trofeos de la entidad, entre ellos la preciosa copa Viktoria. Poca broma cuando los nazis estaban pidiendo que los equipos donaran sus copas para financiar la guerra... Finalmente ésta terminó y Landauer pudo volver, eso sí, sin llegar a contemplar la época del arranque definitivo del Bayern como grande de Alemania y Europa. En ese trayecto, Kurt no fue tenido en la estima suficiente hasta hace unos años, cuando fue nombrado presidente de honor póstumo y se gritaron a los cuatro vientos los antecedentes semitas de su figura y la propia entidad, sin rehuir nunca más el apelativo de Judenklub, aunque como vamos a ir viendo, este equipo trasciende al mundo.

Beckenbauer, Maier y Müller
A inicios de los sesenta la Bundesliga no existía. En Alemania Federal no se estilaba la profesionalización e integración a nivel nacional del resto de la nobleza del fútbol continental. Sin embargo, eso no les privó de ser campeones del mundo en 1954. La organización continuaba basándose desde 1903 en un formato disgregado en ligas regionales, que confluían en unas eliminatorias finales a nivel nacional. Fue en 1963 cuando se disputó la primera edición, en la que los bávaros rojos no formaban parte de la primera categoría tras una decisión controvertida, pues tampoco lo merecían según el criterio establecido los vecinos del 1860 München, eterno rival que anda en horas muy bajas. En ese momento, de la mano de otro gran presidente como Wilhelm Neudecker, los que estaban contra las cuerdas eran nuestros amigos de hoy. No tardaron en llegar a la cima. Con una inercia ganadora que iría apareciendo progresivamente fruto de empezar desde abajo y de la mermada economía. Así se forjó una generación con jugadores de los alrededores que forma parte de la historia del fútbol mundial, como Sepp Maier, Beckenbauer y un tal Gerd 'Torpedo' Müller (goleador histórico e inalcanzable). Antes de su primera Bundesliga ya se habían asomado y de qué manera por las competiciones europeas, ganando la Recopa ante el Glasgow Rangers. Justo antes de la nueva década ya tenían su primera liga en este nuevo formato, y poco después enlazaron tres consecutivas. Eso les permitió batirse el cobre con la crème de la crème del viejo continente. En este camino hacia la cima lo que predominaron fueron los técnicos yugoslavos, seguidos por el gran Udo Lattek, que dirigió también en un periplo intermedio al único equipo del país que matenía la mirada al Bayern en los setenta: el Borussia Mönchengladbach.

Todos los clubes que hoy en día son peces gordos han sufrido en algún momento de su historia un punto de inflexión, un hito que cambia sus devenires radicalmente para llevarles un escalafón más arriba a perpetuidad. El Barça con la llegada de Cruyff al banquillo, el Real Madrid fichando a Di Stéfano o, si nos ponemos más mundano$ Abramovich en el Chelsea o los jeques de París o la mitad sky blue de Manchester. En el caso del Bayern, ganar su primera Copa de Europa fue más bien la consagración definitiva de la apuesta por jóvenes talentos en la carestía de años antes; de hecho esa columna vertebral se proclamó campeona del mundo en ese mismo año 74. Pero lo que sí es cierto es que en el caso de nuestro Atleti, se perdió un tren que le pudo haber permitido cambiar su indiosincrasia. En la primera puja por la orejona de bávaros y madrileños, nos pusimos por delante con un gol de Luis en la prórroga. El muy amo lo celebra antes de que entre. Pero... en el minuto 120, un narigón apellidado Schwarzenbeck, algo así como Montenegro en español (si, sé algo de alemán, ¿qué pasa?), tira desde su casa e iguala. El portero era el gran Miguel Reina, cuyo hijo Pepe fichó por el enemigo cuarenta años después. Ese balón raso dejó el corazón de todos los colchoneros más frío que el metal del Atomium que flanqueaba la curva sur del coliseo belga. Según cuenta Uli Hoeness (otro mítico) sobre esa final, estaban tan reventados al día siguiente que no podían ni andar, pero más lo estarían los nuestros, destrozados anímicamente. No había penaltis. ¿Se imaginan que hubiéramos ganado así? Solo dos días después, en el partido de desempate disputado en el mismo estado Rey Balduino de Bruselas, Die Roten nos hicieron un ojete nuevo, con un 4-0 inapelable. ¿Que por qué entro en tanto detalle en esto? Porque hay atléticos que me producís ascopena al ni siquiera conocer este hecho. Yo me enteré de bastante chico, y he de decir que tiré a la basura un banderín de los bávaros que el bueno de Felipe me había regalado (aún conservo como oro en paño el resto). Años después vi el partido, comentado por el mismísimo Luis Aragonés, y he de decir que fue un soberano coñazo. Se dice que les dimos un baño, y yo sostengo que no, si acaso llegamos un poquito más... Por algo sería que ganaron luego dos más (ante otros que se quedaron a medias en Europa como Leeds United y Saint-Éttiene), aunque al igual que la nuestra, jugando puta mierda en las finales, que como dijo el propio Don Luis, "se ganan y no se juegan". Ahora, a mí no me joda usted con lo de que "del subcampeón no se acuerda nadie", a mí me lo recuerdan cada nueve por tres.

El difuminado del núcleo duro de esa generación maravillosa, de la que también hay que mencionar a los continuistas Paul Breitner y cómo no a Karl-Heinz Rummenigge (Breitnigge), dio lugar en su ocaso a un pequeño bache en los éxitos, que ya lo quisiera el 99.9% de equipos para sí. Pero una cosa que hace muy bien la entidad alemana es preservar su identidad ofreciendo altos cargos a leyendas del club. Así Beckenbauer fue entrenador en cortos periodos y presidente, Rummenigge es director general a día de hoy, y qué decir de Uli Hoeness, que tomó las riendas como gerente tras retirarse prematuramente por lesión y engordó las arcas bávaras sobremanera en su desempeño. Eso sí, poco después de suceder a Beckenbauer como presidente fue condenado por evasión de impuestos e incluso pasó por chirona. El día que pase eso en España me hago del Castilla. Luego el cabrón volvió a la presidencia... Muy protagonista Uli, pero no olvidemos que en los ochenta, por mucho que se empeñara Gabinete Caligari, el que la tocaba de verdad era su hermanísimo Dieter Hoeness, con Augenthaler a la espalda y Lothar Matthäus omnipresente. En esa década el Bayern probó su medicina en sendas finales perdidas ante Aston Villa y Porto, pero continuó engullendo campeonatos locales y siendo por un tiempo la bestia negra del Real Madrid, con el que componen el derbi de Europa.

Estamos en el ecuador de la historia, justo cuando yo empecé a enterarme de qué iba esto del fútbol y quiénes eran los que ganaban casi siempre. Uno de mis primeros recuerdos europeos fue la final de la UEFA de 1996. Esa donde sometieron al Bordeaux de Zidane y Lizarazu. A partir de ahí el Bayern siempre me ha ido demostrando que es la metalurgia, el martillo pilón, el único, con la salvedad eventual Juventus o Milan, que puede mojarle la oreja a las dos dragones nacionales. No obstante, la última década del siglo no fue ni de lejos la mejor de los tedescos, ni siquiera a nivel local, y por supuesto tampoco a nivel Champions, donde dos corners en el Camp Nou ante el Manchester United en el alargue les privaron de revalidar un título que, recordemos, se les resistía desde 1976. Ahí es donde les cuelo el término Bayerndusel. Es algo así como el Fergie-Time de los propios Red Devils. Un adjetivo despectivo para los que siempre marcan al final y se las apañan para salir airosos cuando están acorralados. Yo lo que creo es que cuanto mejores jugadores se tienen y más pesa la camiseta, más duda el rival y menos el que ataca. Otra cosa es que para llegar a ese estatus hayas tenido una pizca de suerte, pero de ahí a basar en ello el éxito rotundo de grandes clubes...

El nuevo milenio, ya sin Matthäus, pero entrenados por Ottmar Hitzfeld, capitaneados por un mastodonte como Effenberg, y jugones como Scholl y Salihamidzic o el opacado goleador Élber, dio lugar por fin a la ansiada Copa de Europa, su primera en el formato Liga de Campeones. Eso sí, pasaron un auténtico calvario, aunque la peor parte se la llevó un bravísimo Valencia CF, que cayó en un trabalenguas de penaltis ante el grande, único, volcánico, titánico y monstruoso Oliver Rolf Kahn. Además, en un paso hacia la modernidad, dejaron el legendario Olympiastadion para mudarse al Allianz Arena, una freidora de rivales con una luminotecnia externa que lo flipas. Si bien esto, perdieron ahí una final de Champions en 2012 contra el Chelsea. En la primera década del siglo XXI, continuaron con el dominio nacional, pero permitiendo la alternancia de numerosos equipos que también se hacían con la ensaladera liguera o Meisterchale. A partir de esa final, no han vuelto a perder una liga, y en 2013, con Jupp Heynckes en el banquillo, lograron el triplete con la dupla Robbery en las alas, Lahm, Schweinsteiger, Thomas Müller y Manuel Neuer de propina. Al año siguiente aterrizó el amigo polaco de Gerd Müller, Lewandowski. Pasó el trienio guardioliano, con sus tres semis frustradas ante equipos españoles (aún me acuerdo de la vuelta de esa eliminatoria, que me la perdí por el niño en el hospital por una mierda de fiebre que no era nada). Y por fin llegamos a la época actual, con la inesperada nueva tripleta en plena pandemia con un hombre la casa llamado Hansi Flick, un desconocido hasta 2020, a los mandos.

Se habrán dado cuenta, como yo, que el Bayern es un club muy suyo. Un club que lo pasó mal hasta llegar al estrellato y que no negocia su identidad y sus raíces. Por ejemplo, más de una vez han ayudado a su eterno rival local, el 1860 München, para que salgan del bache financiero, o son uno de los clubes que más involucra a los jugadores con los aficionados, hasta el punto que parte de su contrato implica esta labor (parece una tontería, pero todo lo contrario). Es fácil criticar porque sí al que está arriba, yo también lo hago mucho, faltaría más, pero en este caso a mí me han ganao. Tengo que volver a insistirle a mi compadre Sánchez para que encuentre esa camiseta del Bayern que dice que tiene en Almáchar, pero conociéndole, capaz es de ser del Leverkusen. El lema en dialecto bávaro con el que titulo el post, habla más que lo que yo he querido transmitir: "Mia san mia" ("Nosotros somos nosotros"), y no hay más que hablar... Aunque no me quería despedir sin incluir esta última y curiosa imagen de la final que nos ganaron, en la que a pesar de ser ellos mismos, los joputas se pasaron de caballerosidad cogiendo la copa de rojiblanco. Por desgracia no es la vez que más cerca hemos estado de ganarla... Hasta la próxima o, como diría un bávaro, ¡servus!

domingo, 8 de noviembre de 2020

Casa

Tras el cabreo de Moscú, donde se nos cayeron las ocasiones, llegamos al Metropolitano y dos goles en las dos primeras. Es lo que tiene el hogar. Seguro que en la terminal del aeropuerto de la ciudad moscovita más de uno del plantel se dijo "Ojalá estuviera ya en mi casa". Porque en nuestros dominios todo son buenas noticias en esta frenética temporada de liga. Antes del mismo hemos gritado "casa" al llegar al Wanda, como si fuera esto el pilla-pilla, y tras ofrecer unas prestaciones inusitadas, seguimos invencibles en el torneo doméstico, como el niño que toca la pared y ya nadie puede alcanzarle. Quién nos lo iba a decir tras esos dos ceroceros tan feos que íbamos a estar donde estamos. Porque llegaba el Cádiz, mojama pura, con perros de la guerra como Fali, Espino, Cala o Negredo y peloteros como Álex y Augusto Fernández, tan disciplinado que juega con el piloto automático, imbatido e invicto fuera de casa. Antes de seguir, me alegro infinito de que haya vuelto el equipo de la Tacita a la élite. Ya estaba bien de solo verlos en el Trofeo Carranza... Pero a pesar del percal que se presentaba (que conste que tenía clarísimo que ganábamos) se superó el resultado de la última vez, que vaya recuerdos que me llevé al ver un resumen por la mañana (Torres con melena rubia, A. López, Maxi, Leo Franco, Petrov cuando aún no había gripado...). El Atleti emuló con creces el desenlace de ese choque que no se jugaba desde 2005. Supo tambalear el árbol para recoger sus frutos rápidamente, y luego pudo vivir de ellos sin la zozobra de otras jornadas, donde el postre llegaba demasiado tarde. 


Y eso, que todo es fabuloso, como la canción de la Legopelícula. Si hasta vuelve Koke a la sele... Lo de Marcos no sorprende tanto, porque si no hubiera ido habría que haber llamado a Tassotti para que hablara con Luis Enrique. El otro Lucho, nuestro uruguayo, se llevó palos de todos los colores, y me alegré por su gol más que del resto. Encima ya debutó Kondogbia, lo que exhorcizó el amago de hetingazo que daba por hecho al irse Partey. Está además el pitbull Torreira como si llevara aquí toda la vida; pareciera que el ghanés se dividió en dos partes antes de irse, porque si fusionamos a nuestros dos nuevos centrocampistas a mí me sale un Thomas. ¿Qué más? Asoma la patita Herrera (me llamaban loco), Shoao y Llorente son de videojuego (pero de los jugadores que se crea uno to'trucaos), Rambo Savic ya creo que ni suda, vuelve el comandante Giménez, a Oblak apenas hay que nombrarlo... Que el principal problema sea tener que mirar constantemente el contador del gasoil por la acumulación de minutos es de agradecer. Encima con lo de tener partidos pendientes, la prensa sigue sin tomarnos en serio. Tanto mejor.


Y ¡que sí, coño! Que hay mierda bajo la alfombra y más que vendrá al doblar la esquina: los laterales a veces miran para otro lado, nos rematan demasiado, Saúl lleva dos años sin encontrarse, viene el Parka al Wanda la próxima jornada, el virus FIFA puede decirle al covid que le sujete el cubata y vengan todos lesionados, sí. Pero ya habrá tiempo de pensar en eso, ahora lo que estoy es muy a gusto, recién duchado, sin más ruido que los lametones de fondo de mi perra  (suena regular pero me la suda), cómodo en mis aposentos escribiendo este sinsentido, y sé que ahora viene el parón de selecciones y me confinaré mentalmente en este punto de control tan dulce. Sigo en mi burbuja futbolera para ignorar la vida real con dudoso éxito. No leo más que noticias de deporte, no sé ni si han cerrado mi comarca, ni quién ha ganado en Arizona, y a la UEFA Nations League solo la quiero como follamiga. A mí solo me late mi Atleti, y durante dos semanas tendré un cardiograma que ni Induráin.

lunes, 2 de noviembre de 2020

El lubricante social

Esta vez le quitamos el opio al populacho y lo transformamos en Johnson & Johnson. ¿Cuántas veces el atisbo de un escudo peculiar en la pechera del prójimo ha actuado de rompehielos? Otras veces todo queda en una silenciosa complicidad, fruto de saber que el individuo no olvida de dónde viene, y tiene un banderín de Banfield, una camiseta del Celta o una bufanda del Betis. Pero es innegable que este maldito deporte, disfrazado de mil formas, cataliza miles de verborreas, que vaya usted a saber dónde desembocan. En mi caso, aparte de abrirme puertas a través del propio juego, es decir, uniéndome a pachangas por invitación o jugando en una venta perdida de dios con chavales de otros colegios, me ha ayudado a darme a conocer en lares que van de bares a facultades, de citas con el mecánico a compañeros de trabajo inolvidables. Porque sí, yo en cuanto me dan pie, me apodero del esférico y digo que soy del Atleti. Me acuerdo con espanto cuando en el primer día de instituto nos emparejaron para hablar con otro compañero. La idea era contar algo de nosotros mismos, y luego decírselo al profe enrollao delante de todos. La niña, qué afortunado fui, ¿verdad? no llegó a saber más de mi que me gustaba el fútbol y mi pasión rojiblanca. 

Gracias a Neptuno podemos volver a coordenadas más amigables, y volver a mi última etapa laboral. Un rasgo necesario pero algo asqueroso de mi personalidad, es actuar cual perro de aguas: huraño y sieso al principio, con miedo a ser pesado, y luego al mínimo contacto positivo, dar rienda suelta a demasiada información, innecesaria también. Otra cosa es si luego doy con gente maravillosa y me cogen el guante riéndose conmigo. Así descubrí a todo nuestro pequeño mundo futbolero cómo el gran Antonio ENP no solo era malaguista, sino colchonero. Si no que se lo pregunten al fondo sur del A. Le Coq Arena de Tallinn. O el raulismo del bueno que sepultaba el desencanto con su Córdoba del otro Antonio, con su consiguiente olvido al infrafútbol a pesar de su background en los banquillos infantiles. A descubrir el orgullo colombiano en el mundial de Rusia, la esperada afinidad con mi compadre el Bétiko, que me permitió disfrutar de la biografía de Joaquín antes de regalársela, las anécdotas de mlopez con la Peña Malaguista de Barcelona o la hermandad con Markie Mark, que me hizo tener equipo favorito en Inglaterra antes de Bielsa con sus historias del Leeds, tan diferentes a las que Vitaliy me contaba del refundado Dnipro y de cómo debían ser las cosas en Ucrania para no mosquear al estamento inadecuado. Cuando yo ya me había soltado el pelo hacía tiempo, llegó un argentino muy simpático: lo primero que le pregunté fue ¿de qué hincha sos? Pinché en hueso porque no le gustaba, como me dijo con una sonrisa. Quizá fue el primer indicador del fin de ciclo, pero lo cierto es que aunque cuando jugábamos lo hacíamos al NBA y delante de una videoconsola, el fútbol fue muy partícipe a la hora de darme a conocer en el mejor grupo humano que me he cruzado en un entorno laboral. Si hasta Francisco, llamémosle nuestro entrenador, al día siguiente a mi renuncia me puso una foto de Hugo Sánchez de avatar para tirarme a dar... Como esta gente sabe de qué pie cojeo, en mi partido homenaje en la distancia, recibí en forma de presentes dos piezas de museo que valen más que todo lo que intento transmitir, porque aquí ya sí que me quedo seco, sin más palabras que de agradecimiento.

lunes, 19 de octubre de 2020

El equipo y el pueblo

Últimamente tengo que volver muchas veces a ese término que la mayoría podemos usar con morriña, con repelús, o con ambas cosas: El Pueblo. No tendría aquí la menor importancia si no fuera porque no paro de toparme con recuerdos de niño cada vez que ordenamos una habitación: equipaciones, relojes, llaveros, posters, calendarios a mano del añito en el infierno... Una gran parte del ecléctico elenco que yo llamo mis mierdas del Atleti. Encima leyéndole un libro a mi niño para que se durmiera, descubrí con orgullo unas actividades finales en las que mencionaba al Vicente Calderón en un imagina tu historia... 

Unas horas antes, mi estado de alarma personal y la zozobra que se cernía por la salida en falso tras la salida en falso del propio campeonato, hicieron que me perdiera gran parte del partido; solo vi unos 25 minutos. Me perdí el comienzo, del que he oído maravillas. Al parecer fuimos los Celtics de 2008 y Lemar se disfrazó de Rajon Rondo. Sí que me dio tiempo a ver al omnipresente Torreira, que si puede aguantar los partidos completos me vale y mucho. El que no aguantó fue Diego Costa, y en mi reverso más malévolo me alegré: ¿puedo ser más mezquino? ¿Acaso eso va a mejorar al equipo? Tengo la sensación de que Balaídos es un lugar donde cuando llegamos bien palmamos y cuando llegamos con el gancho sacamos los tres puntos. La similitud entre todas las visitas a la ciudad olívica es que siempre nos lo ponen difícil. Para todo lo demás, ¡Rambo Savic! El final del partido lo oí en la radio mientras volvía a donde comenzó todo. Ganó el Atleti, ganó además el equipo del pueblo, y encima perdieron Pili, Mili y de propina el Sevilla (por rival directo, no por mierdas territoriales). Definitivamente cuanta menos atención les presto, parece que los muchachos salen mejor del atolladero. 

Yo es que tenía otras misiones más importantes. Entre ellas, ir a la comunión de mi sobrino-nieto Darío "Trippier", un campeón literal de atletismo, que por tener una hucha del Atleti se llevó propina al donativo que ya tenía. ¿Seguirá mi hijo el camino difícil? Al menos desde los tres años reconoce el escudo, sin mucho hincapié por mi parte. Al principio pensaba que iba a dejarle elegir, no influenciarle lo más mínimo con el fútbol, ni mucho menos con el equipo que eligiera, pero con el tiempo me di cuenta de que si está en mi mano, tengo que actuar. Así algún día será Hernán quien volverá a Vélez-Málaga y probablemente descubra sus mierdas del Atleti, y entonces sienta el mismo orgullo que yo sentí este finde porque, aunque me despierte con el partido empezado y veo los goles al día siguiente, nadie es más colchonero que yo.