viernes, 21 de febrero de 2020

YNWA

Todo empezó con uno de estos sorteos que los sabes, que lo hueles, y que por si fuera poco eso, la probabilidad está ahí para darte la razón cuando menos lo quieres. Liverpool, Anfield Road, The Reds, You'll never walk alone, European Cups: el más grande de Las Islas. Dicen que el mejor equipo del mundo a día de hoy. Más de una vez se me habrá visto el plumero con este club, cuya pasión como local, sus cánticos, sus proezas, me han hecho respetarle y admirarle hasta asomarme a los abismos de la bigamia futbolera, como si de un amor de Erasmus se tratase (hablo como si me hubiera ido, cuando me tiré toda la puta carrera yendo de Antequera a Málaga chupando carretera). Como ya pasara con la Juventus el año pasado, es una gran responsabilidad sintetizar y hablar de tamaño club, pero aquí soy infalible, como Gerrard chutando desde fuera del área, o como Torres tirando un desmarque hacia The Kop (la inefable grada sur de Anfield). Pero digamos que sesteé un poco, cual cigarra invernal, posponiendo una y otra vez mis obligaciones blogueras, y me he plantado en los partidos de ida de octavos con los deberes sin hacer. Precisamente ese mágico 1-0 en el Metropolitano, que ya nadie nos podrá arrebatar, ha servido de acicate para que termine de una santa vez este artículo.

1892. John Houlding, tras ver cómo los inquilinos de su estadio, el Everton FC, le dejaban por abusón con el alquiler, se preguntó qué hacer con tal terreno sin uso. No se quedó corto, y decidió fundar su propio equipo, que acabaría llamándose Liverpool Football Club. Y anda que el Everton... vaya oportunidad que perdieron de ponerle el nombre de la ciudad al primer equipo que surgió. Como dice el gran Ilie Oleart, los Toffees "no eran muy listos". Aunque saborearon las mieles del triunfo desde bien pronto, la historia del club, que por aquellos tiempos vestía de rojiblanco, era de más pena que gloria. Hasta los cincuenta "tan solo" habían ganado cuatro ligas. Todo comenzó a cambiar a finales de 1958. Después un lustro en la Second Division y una sonrojante eliminación en FA Cup. Llegó entonces cual Simeone a la ciudad del río Mersey un escocés que iba a cambiar el devenir del LFC. Tras un periodo de maduración, subió al equipo a la primera división, y ya que estaban, ganaron su primera copa inglesa y varios títulos de liga.

El susodicho era un tal Bill Shankly, que además dio al Liverpool una de sus señas de identidad más características: el rojo en la totalidad de su uniforme. Más razón que un demonio tenía cuando pensó que eso les haría más temibles. Otro símbolo fruto de su legado es el cartel que precede al estrecho túnel de vestuarios, por los siglos de los siglos: 'THIS IS ANFIELD'. Pero no se engañen, esos golpes de efecto tan solo trufaban un fútbol ya de por sí eficaz y perfeccionado al milímetro. Todo se cocía en la Boot Room (la sala de las botas), donde no solo Shankly, sino sus profesionales de confianza, se compenetraban de fábula en ese humilde habitáculo para labrar la etapa de éxito continuado más grande del equipo cuyo emblema, al igual que su ciudad, es el liverbird. Con Shankly llegó la comunión total entre grada, cuerpo técnico y jugadores; además ligas, copas y una copa de la UEFA, pero aún había más, mucho más... 

Por si fuera poco, Bob Paisley, un excelente estratega y ojeador, exjugador además del propio Liverpool, tomó las riendas como sucesor natural del escocés, que no acabó muy bien con la directiva, pero que tiene una estatua y una preciosa puerta en el estadio. Volviendo a Paisley, subió la apuesta y además de otra UEFA, como si de una progresión irrefrenable se tratara, trajo para la ciudad scouser tres Copas de Europa, lo cual indica que ganó varias ligas, un total de seis, y varias copas inglesas. El éxito fue seguido por otro Boot Room guy, Joe Fagan, con un triplete, cuarta orejona mediante. En ese periplo de técnicos para el recuerdo, también hubo jugadores míticos como el delantero Kevin Keegan, quien se fue en un traspaso astronómico al Hamburgo, el galés Ian Rush (máximo anotador), Ian Callahan (más partidos con el club) o las piernas de espagueti del bigotudo zimbabués Bruce Grobelaar, que amargó la noche a la Roma en el Olímpico en aquella final europea de 1984.

Kenny Dalglish, otro escocés, vino a sustituir Keegan y no veas la que lió... Desde el césped y el banquillo (a veces de entrenador-jugador) continuó llevando alegrías a Anfield Road. En veinte años se habían convertido en los más grandes del Reino Unido, una leyenda europea. Dentro de esa ola cuasi eterna de éxitos que continuaron siendo los ochenta, se produjeron dos acontecimientos que establecieron un antes y un después en lo que a asistencia a los estadios se refiere en general, y en el acervo liverpudlian en particular. En primer lugar la tragedia de Heysel, con los aficionados de la Juventus como víctimas. Nada bueno puede pasar en ese estadio, recuerden a Schwarzenbeck... Ese convulsa noche, el Liverpool perdió su primera final de Copa de Europa (tras haber ganado cuatro), recibiendo además una sanción de cinco años, extensiva a todos los equipos ingleses, que les privó de jugar en Europa. Muchos evertonians aún maldicen a sus rivales de la ciudad por ello, ya que les impidió hacerse hueco en el panorama internacional cuando estaban en su momento más dulce. Cuatro años más tarde, otra pesadilla en las gradas: Hillsborough. Allí perdieron la vida 96 aficionados rojos hacinados entre pánico, cemento y rejas oxidadas. Era una semifinal de copa, disputada en campo neutral. La mala gestión policial fue ocultada durante años, pero si hay algo que guardan con celo los seguidores del Liverpool, es el recuerdo a los que perecieron ese día. Ese tipo de incidentes hoy se antojan impensables, pero tuvieron que ocurrir verdaderas catástrofes para la gestión actual de los espectadores.

El fin del hooliganismo duro, la revolución global del fútbol, la operación de tetas de la First Division que derivó en la actual Premier League... Todo ello venía de serie con los noventa, y al Liverpool no le sentó bien. Un decenio de sequía, que terminó con el triplete de 2001. Dirigidos por Gerard Houllier, ganaron UEFA, FA Cup y Copa de la Liga. Owen, Fowler, McAllister, Heskey, o un incipiente Gerrard, componían la plantilla de aquel oasis de felicidad. Entre medias el Manchester United había vuelto a convertirse en el referente inglés, con un pujante Arsenal de propina. Menos de un lustro después de esa inolvidable temporada, llegó otra aún más notoria. Rafael Benítez era el técnico de aquel Liverpool, ya con Steven Gerrard de estrella, que remontó tres goles en la segunda parte al Milan en Estambul 2005. Otra muesca más en la leyenda de remontadas y del espíritu ganador de este club. Seguramente por eso les eligió Fernando Torres para marcharse y dejar atrás al Atleti allá por 2007, justo tras caer los ingleses en la final de la Champions ante el mismo rival que dos años antes. 

Pero no nos engañemos, lo que antes eran décadas de dominio incontestable, se habían tornado en temporadas puntuales de éxito rotundo que, ya las quisieran la mayoría, suponían la excepción en un mar de decepciones. Todo ello con la obsesión de la primera Premier de fondo, la cual pocas veces llegaban a pelear. Al Man United (el enemigo íntimo) se les sumaba (por no decir que le relevaban) el Chelsea y el petrolífero Man City. Afortunadamente,  los reds no perdieron la calma, y empezaron a reconstruirse desde los cimientos, pero sin cambiar de estadio, como se llegó a especular. Eso sí, la Boot Room fue demolida para hacer sala de prensa, yo estuve allí y comprobé lo humilde que era. Así me gusta cojones: instalaciones espartanas. Se juega como se vive. Esa identidad industrial no exenta de grandeza nunca la han perdido a pesar de los años. Por eso me entusiasmó visitar Anfield en 2014 (también vi Old Trafford eh).

En un ejercicio de vuelta a los orígenes de la gloria, miraron al este y vieron a un alemán gafotas pero con pinta de profe guay de educación física. Jürgen Klopp: The Normal One. Poco a poco fue rescatando el carácter competitivo con un estilo muy reconocible hasta llegar a lo más alto. Como muestra de intenciones a medio plazo, el alemán, que se me cayó del pedestal tras su plañidera rueda de prensa en el Metropolitano, prohibió a sus pupilos tocar el This is Anfield hasta que no ganaran algo grande, entre otras cosas porque él con el Dortmund lo tocó de visitante y les cascaron 4. Y vaya si lo han hecho... El Liverpool parece haber retomado el ciclo ganador con más fuerza que nunca, y nosotros tendremos el privilegio de vivir una noche europea de gala (y garra) en tan mágico escenario, máxime cuando su dominio en el panorama internacional pocos lo discuten. Sin más me despido, mientras recuerdo que yo, me cago en la puta, toqué el dichoso cartelito sin pensar si gafaría a mi Atleti querido. Esperemos que haya prescrito ya, ¿no, Oblak?


martes, 10 de diciembre de 2019

8 yardas por 8 pies

Me gustaría tener más tiempo para pasarme por aquí. Quizá lo que ocurre es que me falta voluntad. O días de veintisiete horas. Pero hoy, tras dejar al niño en el colegio, y con incredulidad decidir qué hacer en la mañana libre que se me presentaba, lo primero que me vino a la cabeza, esta vez sí, fue mirarme en el espejo rojiblanco. Podría callar sin más. Nadie me ha preguntado. Pero no solo me apetece, sino que siento un deber para con mi equipo en esta difícil situación. Es fácil escribir en los días de vino y rosas, cuando todo sopla a favor, incluso cuando hay tropezones en un mar de tranquilidad y de poderío. Ahí es fácil buscar esos tres cuartos de hora a las once de la noche a costa de tener sueño al día siguiente. Todo vale con tal de glosar sobre nuestro equipo y su excelente estatus actual. Todo ello, eso sí, si nos situamos en el prisma de la era Simeone. En una suerte de paralelismo con los cambios más importantes de mi vida, el nacimiento de este blog mediante, llegó Diego Pablo al Atleti y todo empezó a mejorar en ambas partes de un todo, que somos el Atletiyyo.

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Ahora es lo que importa, el Cholo es el primero en saberlo, y se percibe que hay mucha gente que duda, yo incluso en conatos de ira tras malos resultados, lo reconozco. Luego uno ve al Man United o al Arsenal y le da ganas de besar a nuestro argentino. Se atisban vacas flacas por vez primera con él, y antes que buscar la respuesta, seguramente errónea, me llama la atención la evolución del equipo. Obviando la destacable pretemporada (que sí, que eso es paja), ¡llegamos a ser líderes en solitario en la jornada 3! Y luego, el bloqueo. Tirar las primeras partes era un clásico, pero lo que antes era un comentario al final del boletín para bajar del sobresaliente, se tornó en una patología imperdonable en cuanto dejaron de entrar. Al menos se tocó fondo futbolísticamente, y todo comenzó a mejorar en cuanto a lo que entra por los ojos, las llegadas, la sensación de ir, ahora sí que sí, a por los partidos desde el inicio. Y justo cuando ya estábamos todos enchufados menos el gol, nos enteramos que se nos va Diego Costa, quizá para siempre. Otra vez nos la ha liado, quizá con consecuencias más dañinas que en Lisboa: este muchacho... El bajón del lagarto, con el mal agüero del Pizjuán mediante, se antoja como una de las causas principales por cualquiera de los expertos que somos, con todo el derecho, cada uno de los que tratamos de buscar una respuesta al problema de nuestro equipo. Este motivo se radicaliza fácilmente en falta de gol.

Resultado de imagen de lodi villarrealEl gol, ¿no te jode?, que no quiere entrar. Solo es eso, ¿eh? Sabemos las dimensiones de una portería, ¿que no? Pues como se de cuenta Don David Vidal os tira de la oreja... Sabemos que el fútbol es un deporte de marcador corto, que si tienes un mal día cualquiera te puede ganar, excepto el Atleti al Barca en liga. Ese decisivo partido que nos despedía en diciembre del campeonato ante el cabrón de Messi, o Sevilla, o Granada, incluso Villarreal y Turín si me apuran, debieron tener otro devenir, al menos con algún que otro tanto, independientemente del signo de la quiniela. No me habléis aquí de suerte que os reviento... Tengo que llegar a algo más empírico. Partiendo de la base de que el Atleti sigue siendo atrás más o menos tan fiable como siempre (ojo al noble rendimiento de Felipe y Hermoso), y que ahora el juego es ligeramente más alegre que en otros tiempos, compro que la falta de gol sea la clave. Pero me temo que más que por apatía de los delanteros, donde Morata, que es Morata, ha estado excelente tirando del carro, el problema viene en cómo nos lo montamos para generar esas ocasiones. Quizá el problema sea que no nos corre el balón lo suficiente. Que esos pases de la muerte que acaban en dudosos penaltis no pitados en tierras andaluzas en el noventipico o esos balones a las nubes con todo a favor, no tienen el veneno de la descolocación rival o el lapso suficiente para amartillar con certeza. Quizá sea que somos tan previsibles que el dios del fútbol, ese hijoputa infinito para lo que nos conviene, no nos firma los papeles del gol. Que tras engullir antaño, ahora no es que mastiquemos treinta y dos veces, pero sí que lo hacemos algo lento.

Resultado de imagen de borja garcés golYo me auto-tranquilizo pensando que van por ahí lo tiros, nunca mejor dicho. Solo espero que esta fluidez arriba, que es lo que creo que falta en definitiva, vaya apareciendo desde las decisiones del Cholo, a quien le incomoda más que mear empalmado eso de llevar la iniciativa, pero es un DT como la pobre tribuna del túnel de la M-30 de grande. A nadie más que a él, por mucho que cobre, le joderá el no hallar la raíz del problema, así que dejémosle actuar, aunque eso sí, mejor no oírle en las ruedas de prensa. Los buenos atléticos sabemos que esta mancha del esmóquin al comienzo de la fiesta es gracias a él, pero también el traje y la invitación, así que no necesita denotar tanto llanto justificante, cosa que me pone de mala leche más que los propios resultados. Volviendo al simulacro de análisis del percal que llevo a cabo, él ya se ha dado cuenta de que todo puede surgir de un mexicano ojeroso y de pecho caído, que es el mejor fichaje desde noviembre. Esperemos también, que mientras le crece la barba al de Viseu y deja atrás su lesión, vaya alargando su incidencia en el juego (aquí me mojo y creo que será más fácil si Simeone no le da de lado). Y en ese mundo etéreo sin goles que lo cimienten, aderezado con Vitolos que se lesionan y se sustituyen multiversalmente, Lemares que no se transforman, angelitos que solo centrados pinchan con su tridente, esa sinergia onírica cuyo combustible es el gol, puede que le suba el voltaje a los que realmente tienen la llave de todo: los canteranos Saúl, Koke y Thomas. ¡Pardiez! Eso me ha hecho bajar de las nubes y recordar al chaval Poveda. ¡Qué mala suerte, joder! Pero ahí está Borja Garcés, que ya pasó por lo mismo y está calentando por la banda.

Podría ser un final perfecto para este divagar, aunque fruto de la impotencia por los resultados y por no encontrar una contundente respuesta en forma de revelación para hacérsela llegar a Diego Pablo, como contrapartida me invade una retahíla de largas preguntas retóricas: ¿Debemos continuar denormalizando las armas del Atleti primigenio del Cholo? ¿Y si el problema es el perfil de los jugadores elegidos para la posición que realmente desempeñan luego? ¿Y si el balón parado volviera a campar? ¿Y si nos quedamos fuera de la Champions? ¿Huimos hacia atrás o seguimos avanzando? Para, para, para; esa de retórica, nada. No nos queda otra que ser del Atleti, esto es, apretar los dientes y estar a muerte. Hablando de la parka. ¿Dónde está el bueno de Saponjic? Si no nos cuentan alguna verdad escabrosa, no me explico cómo no ha jugado un puto minuto con lo romos que andamos. ¿A que marca el gol decisivo contra el Lokomotiv?

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martes, 1 de octubre de 2019

El inolvidable derbi para olvidar

Todo empezó un 5 de julio, poco después de saberse el calendario de la temporada. Mi sobrino Bati, el más pequeño, atlético, me retó a ver el derbi en Madrid. Yo rehusé argumentando que había partidos más plácidos para peregrinar por primera vez al Metropolitano (él ya había estado). Luego vino la goleada veraniega. Estoy seguro de que ese 3-7 influyó en el resultado que tendría el partido de liga del que ahora hablaremos. Poco a poco el plan remontó. Quizá tuvo que ver el mal de amores del susodicho Bati, pero lo que realmente lo certificó fue un tercer elemento, el alistamiento de mi sobrino Tol. El madridista sufridor podrían llamarle, a priori parecía una misión incluso más suicida para él que para nosotros, pero nos pudo el hecho de ir los tres. Siempre hemos vivido el fútbol. En la calle, en la tele, en la consola, en el almuerzo, en el pabellón, a veces en sueños... El fútbol no nos da de comer, pero nos come la cabeza a todas horas. No nos moriríamos sin él, pero nos da la vida.
Yo siempre he sido cagón, y por consiguiente precavido en mis planes. Por eso merodeaba la web atento a los precios y su puesta en venta. Si no hubiera sido por una alerta a la que me suscribí, se nos habría escapado la oportunidad. No obstante hubo suspense. Volviendo del trabajo en coche le digo a mi colega que mire la notificación, para ver cuánto valen al menos. En vez de eso la única opción era una cola online para esperar más de una hora. Para vivirlo: del baño del niño al Mercadona, constantemente revisando la web. ¿Nos quedaríamos sin ir después de toda la ilusión que teníamos puesta en esa locura? Por fin llegó mi turno. Y entonces llegó el varapalo de los precios. Ya había pedido permiso repentino a mi mujer el mismo día que salieron, dijéndole que serían unos ciento y pico euros. Los cojones. Cuando me tocó comprar, la más barata era 250 más gastos de gestión, la mayor gitanada vista. Dudamos mucho, el tiempo corría hacia atrás rápidamente, pero la locura venció a la sensatez. Íbamos a ir al Wanda, al derbi nada menos, a costa de bocadillos y de una paliza de coche en menos de veinticuatro horas para reducir costes y mitigar el sablazo de los tickets. En mi caso, padre y marido, con el recargo de la discusión por la celeridad e irresponsabilidad de todo el tinglado.

Así fueron pasando los días. Los continuos resultados hacían fluctuar los ánimos en unos y otros. El día del 3-0 del PSG Tol estaba planteándose abrir Wallapop para vender un boli con regalito. El Bati con sus audios eternos sin decir nada en realidad. Y luego yo, que al principio pensaba que ya era hora de volver a ganar en liga en casa al Madrid, que íbamos a golear, pero naturalmente fui retractándome conforme llegaba el día. Eso sí, en mis cábalas, consideraba positivo que ellos llegaran líderes. Hace tiempo que a base de hostias sé que esas idioteces poco tienen que decir, pero mis sensaciones son inevitables. Gafes y antigafes en forma de comentarios también pueden hacerte creer que ayudas a tu equipo sin estar en la grada. Además tenía la bendición de Antonio ENP, mi hermano de Tallinn. ¿Qué podía salir mal?
Entonces llegó el día, y tras mi horita adicional de viaje, salimos desde Antequera a media mañana. Algún que otro cántico, poca música y mucha radio futbolera gracias a los horarios del ciervo del Tebas. Y venga a especular, y venga a hacer comentarios cagones... No tenemos remedio. Gracias a mi buen criterio ni tuvimos que coger metro, ni problemas para aparcar. A falta de llegar a tiempo para ver in situ el Fuenla-Rayo, vimos el Getafe-Barca y a las tías que pasaban en un bar con Toros Rossos y bocatones de bacon y queso. No era mi intención reírme del camarero, con lo educado que soy yo... Entonces se acabaron las tonterías, a pata pal estadio mientras aumentaba la cantidad de indios por metro cuadrado. Ya no había marcha atrás. Yo me lo esperaba más alejado de las viviendas, y conforme llegaba se apoderaba de mí la ansiedad. Como aún quedaba bastante, hicimos caso a la marabunta y esperamos la llegada del equipo mientras un imbécil que trataba de ligar no tenía otra forma de hacerlo que hablando de las finales perdidas y lo mal que lo pasó. Ya bastante se habló de ellas en nuestro viaje como para que ese carapoya me las recordara.


No es que yo haya ido tantas veces al Calderón como para considerarme conocedor de los más íntimos secretos de las previas, ni la atmósfera de las grandes ocasiones, pero obviamente el hecho de ser el Wanda Metroplitano un estadio moderno, y por ende en una zona amplia de las afueras, restó épica a la entrada de los jugadores. El problema añadido fue que ahí, tras ver las gafas del Mono Burgos y su saludo, me desgañité tanto que me dejé media voz. Fallo garrafal, que me mantuvo miedoso de quedarme afónico hasta bien entrado el partido. Pero antes, luchando contra la zozobra por lo que se avecinaba, saboreé mi primer contacto con los entresijos del estadio: la tienda, el Paseo de las Leyendas... Todo parecía más pequeño de lo que imaginaba en mi mente. Lo que sí superó con nota mis expectativas fue el interior. Precioso coliseo, amplio y a la vez cercano. Demasiado cercano a todo el puto mundo diría yo... Porque en nuestra zona, lateral oeste pegado a la esquina, había tantos madridistas que me sentí desubicado en todo momento. Mientras Bati no hacía más que pedirnos putas fotos, Tol mascullaba arrepentido que debería haberse llevado la camiseta blanca. El juego de luces y la alineación fue un momento muy grande. A más de uno se le durmieron partes del cuerpo. Muy guapo también lo de Forlán y el tifo rollo Peaky Blinders. Pero tras el pitido, sentí que solo cantaba yo en ese jodido sector, lo juro. Pero el mejor atlético del mundo no podía amedrentarse ante tal situación. No paré en todo momento de animar entre mexicanos, asiáticos y eslovacos, cumpliendo con mi obligación. La pena fue que nunca llegué a sentir un momento de conexión de todo el estadio. Probablemente la culpa la tuvo mi lejanía del Frente y sobre todo el partido en sí, del que mejor no hablar. Durante el mismo, por no hablar apenas hablábamos entre nosotros, o sí, no me acuerdo, pero sabíamos que esa sensación de angustia constante era nuestro denominador común. La tensión de cualquier derbi, pero quintuplicada por la consabida inversión en esta expedición, donde además en lo que a mí respecta, había corticheado una vez más la cuerda de la que pende mi matrimonio.

Abandonamos el estadio descargados, con más ánimo por parte del merengón, lo cual me evitó conducir a la vuelta. Yo hubiera firmado el empate antes del partido, pero ese encuentro tan soso no hizo justicia a nuestras expectativas. Yo solo iba por las risas durante el viaje y la previa ¿verdad? JA!
En mi último servicio a la excursión, sugerí una salida alternativa al atasco. De nada putos maricones. La vuelta con la radio y la puta mierda esa del chiringuito de propina, luego música que no terminaba de compartir, pero era la que pegaba para que los dos niñatos no se durmieran. Dos paradas entremedias, conmigo dormitando entre el cachondeo de dos bestias que yo con mi privilegiado y mordaz intelecto creé. Almuradiel, Andújar, Montoro... Y así llegamos, y tras pernoctar en casa de mis padres, tras menos de un día, volvía a casa con más mala cara e idéntica jeta de tonto que cuando me fui. Quizá no mereció la pena, pero me temo que volvería a hacerlo. Como dice Guillermo Francella en "El secreto de sus ojos"

"El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios… pero hay una cosa que no puede cambiar… no puede cambiar de pasión." 

martes, 24 de septiembre de 2019

Los hijos del ferroviario


La mayoría de clubes de fútbol surgieron a finales del siglo XIX y principios del XX. Gran parte de ellos a partir de colectivos ya existentes: estudiantes, hombres de negocios, agrupaciones deportivas que se expandieron al balompie, y también, por supuesto, los propios gremios de trabajadores. En ese ámbito post-revolución industrial no es nada raro que surgieran múltiples equipos relacionados con el sector del ferrocarril en todo el mundo: en África el Clube Ferroviário de Maputo en Mozambique o el Clube Ferroviário de Luanda (Angola); en Sudamérica los brasileros A.F.E. de Araraquara, Nacional Atletico de São Paulo y el Ferroviário Atlético de Fortaleza; en Argentina Rosario Central, Talleres de Córdoba, Ferro Carril Oeste (encuentren al Mono Burgos en la foto), Club Ferrocarril Midland ó Club Atlético Central Córdoba. Ni que decir tiene que los más íntimos orígenes del Peñarol uruguayo se hallan en la Central Uruguay Railway Co., incluso se dice que sus colores son en honor a la 'Locomotora Rocket'... Otros países de latinoamérica no escaparon a la influencia (Bolivia, Chile, Ecuador...). El tren no para. En Asia el coreano Daejeon Korailel japonés JEF United, el Pakistan Railways F.C. de Lahore, el indio Eastern Railway F.C. de Calcuta o el laureado Kigwancha Sports Club norcoreano. Turquía también tiene su vagón particular con el capitalino Ankara Demirspor. Incluso en Oceanía existen referencias de un club amateur llamado Lokomotiv Cove, llamado así debido a su vínculo con los trenes como medio de encuentro para los entrenos. Si nos vamos a Reino Unido, donde empezó todo, el ejemplo más evidente es el Manchester United, que comenzó como un equipo de trabajadores de la Newton Heath Lancashire & Yorkshire Railway. En las islas también encontramos al humilde Harrogate Railway Athletic, cuyo estadio además se llama Station View. En España encontramos los ejemplos de la madrileña (extinta en 2007) Agrupación Deportiva Ferroviaria y del malagueño Atlético Estación de Cártama, que si bien desconozco sus más profundos orígenes, pertenece a una población que creció entorno a una estación de tren. 

Conforme nos aproximamos a Europa del Este proliferan más este tipo de equipos. Lech Poznan en Polonia, el Debreceni húngaro, y en Rumanía CFR Cluj, CFR Timisoara y Rapid de Bucarest. En Macedonia a los del Rabotnicki les apodan los railway boys, por algo será... Y es que mención aparte merece la antigua Yugoslavia con los "Željezničar", clubes balcánicos cuyo más conocido representante es el de Sarajevo, con permiso, eso sí, de sus "hermanos" de Maribor, Liubliana o Subotica. Aquí ya nos vamos acercando al meollo: Zagreb, Dresden, Leipzig, Sofia, Plovdiv, Ruse, Mezdra, Tbilisi, Tashkent, Kiev, Donetsk Košice... y por supuesto Moscú. Partiendo del marco previo: ¿qué mejor contexto socio-cultural para asociar el trabajo a la actividad lúdica como los países de influcencia soviética? (en el término más amplio y permisivo de la palabra). Los equipos con el acrónimo Lokomotiv (como los últimos mencionados) tienen un inequívoco origen ferroviario, que abarcaba desde los propios trabajadores al mismísimo ministerio de transportes de la extinta URSS. Si uno ha resaltado en el panorama europeo en algún momento, ese es el moscovita. Nuestros rivales rusos fueron fundados en los años veinte. Su primera representación fue con trabajadores de la línea Moscú-Kazán (pero ellos no tendrán tanta suerte como el Rubin). Tras varios renombramientos, incluido uno llamado Club de la Revolución de Octubre, en el 36 pasaron a llamarse tal como les conocemos en la actualidad. Siempre a la sombra de Spartak, Dinamo y CSKA, esto es, el equipo del pueblo, el de la policía y el del ejército respectivamente, no brillaron en exceso en los torneos que aglutinaban a todos los países de la URSS. El Loko, siempre con el Torpedo (del gremio del automóvil) como rival cercano, no obtuvo más que dos copas y un subcampeonato de liga. En los años sesenta disfrutaron de una leyenda, campeón de la primera Eurocopa de Naciones con la CCCP, y jugador con más partidos en el equipo: Valentin Bubukin.

No obstante, los días de gloria se reservaban lo mejor para la llegada de la nueva Rusia. Concretamente entorno a 2002 se produjo el principal punto de inflexión. En primer lugar se mudaron a un nuevo estadio, actualmente denominado RZD Arena. En sus alrededores puede verse una gran locomotora, muestra identitaria como pocas. Además en ese año alcanzaron su primera Premier rusa en un final de infarto. Revalidaron título a los dos años, y volvieron a conquistarlo en 2018. Todo ello aderezado con varias copas de Rusia. Este auge les ha permitido ser relativamente recurrentes en competiciones europeas, aunque sus principales logros continentales son de finales de los noventa, con dos semifinales de Recopa consecutivas. Casi todos los triunfos tienen un denominador común: Yuri Siomin. El recurrente técnico sin cuya existencia no podría concebirse al "quinto equipo" de la capital rusa. Se encuentra en su cuarta etapa dirigiendo la entidad. Otras dos leyendas son el one-club-man uzbeko Vladimir Maminov, con más partidos, y Dmitri Loskov, el máximo goleador con amplio margen en las filas de los krasno-zelyonyye.

Con tanto trasiego por Europa, era raro que no tuvieran el honor de enfrentarse a nuestro Atleti. Pues sí, ni más ni menos que en tres duelos. En el extraño formato de la Europa League en la temporada 2007-08, nos enfrentamos a ellos en su estadio, en un partido loko que terminó con empate a 3 sobre la bocina. Gran gol que metió el Kun ese día para abrir el marcador (encima lo comenta Andrés Montes)... El destino quiso que se repitiera emparejamiento diez temporadas después, en octavos de final del mismo torneo, con goleada en ambos partidos. De la ida hay crónica y todo. En la vuelta, golazo absoluto de otro innombrable como Antoine, que manda huevos que no fuera parte del top 10 de goles oficial de la competición. El buen estatus de la modernizada liga rusa, ha hecho que los susodichos participen en Champions por segundo año consecutivo, y nos veremos nuevamente las caras. El gran Maldini dice que es probablemente el peor equipo de la competición, así que habrá que estar atentos, que nos conocemos ante los debiluchos. Corluka capitaneando, João Mário, Fedor Smolov, Farfán, Krychowiak, Höwedes, Éder (el que le dio la Euro a Portugal y la última liga al Lokomotiv)... Algunos nombres conocidos sí, aunque ya lejos de los focos.

Trenes y fútbol: definitivamente hay química, no solo por el origen de muchos equipos, ni porque la compañía de catering y coches-cama Mitropa patrocinara el trofeo homónimo, uno de los precursosres de la UEFA. La relación trasciende aún más por ser algo tan frecuentemente cercano al aficionado, ya sea por proximidad de las estaciones al estadio o por su necesidad para llegar a él. No se puede entender la proliferación de este bendito deporte sin la ayuda de las locomotoras y las vías de acero. En Gran Bretaña los trenes fueron clave para los desplazamientos masivos desde principios de siglo, actuando como aplanador de clases. Los fans forasteros podían permitirse un viaje adaptado a casi cualquier bolsillo. Luego en los setenta y ochenta vino el hooliganismo y el auge de los Football Specials. Eran trenes de fin de semana cargados de supporters enloquecidos, que cobraban más sentido que nunca para evitar líos a pasajeros ajenos al partido o las escaramuzas entre radicales. Prueba de ese vínculo son los nombres de algunas facciones radicales guiris como The Inter City Firm del West Ham o la Leeds Service Crew. Qué aroma a emboscada rezuma cualquier estación de tren en las pelis hooliganescas...

Circulan además historias mágicas, como el extinto tren del gol de Cádiz, que incluso dio lugar a un programa de radio. ¿Cuántas más habrá por ahí que se nos hayan escapado en esta entrada? Si hasta el estadio del Tatran Cierny eslovaco está literalmente pegado a una vía de tren, que pasa con indiferencia para los presentes por la fuerza de la costumbre... Decir antes de sacar un pañuelo rojiblanco por el andén a modo de despedida, que este artículo es a día de hoy el más largo en el tiempo, ya que mi idea era haberlo publicado la vez anterior que nos enfrentamos al Lokomotiv de Moscú. Al final, gracias a la buena mano de Wesley Sneijder en el sorteo, el trabajo ha valido la pena. Solo falta colarnos antes del silbido y engañar al revisor para estar en octavos. Do svidaniya!


lunes, 19 de agosto de 2019

INIC10 E IDIL10

Mi hijo aún no había nacido la última vez que debutamos en liga con victoria. Volvimos a hacerlo, con nuestro binario amigo por bandera, y con muchos o pocos cambios según se mire. El primer partido de liga es una trampa, como el propio rival. Un equipo de Europa League con las ideas incluso más claras que el Atleti, con ramalazos low-cost de la mejor versión del mismo. No se explica la increíble buena racha que tenemos contra ellos: ni un gol encajado en el pleno de victorias en casa contra los del sur de Madrid en la era Cholo. Frente al espejo azulón nos veíamos con unos laterales de altos vuelos, dos ramales que antes se lo pensaban más a la hora de cruzar la aduana del cuarto árbitro. Eso y algo más intangible, un chaval llamado João, del que intuyo Félix es su segundo nombre y no su apellido. Quizá debido a la ausencia de Costa vimos a este Atleti con la misma pegada, gran gol de Morata que sigue de dulce, pero con el ancla ghanesa como único tope al baile constante en tres cuartos. Como cooling break se nos obsequió con una ensalada de expulsiones, en la que el árbitro más que aplicar la ley del talón de Aquiles aplicó la ley del Talión, llevándose por delante a Jorge Molina y al pobre Lodi, que no sabía ni qué le había pasado. Se llegaba así al descanso con una sensación agridulce. Esa inferioridad compartida, sabiendo quién nos entrena, tenía visos de partida de ajedrez con muchos peones y pocos alfiles, con un final apretado como horizonte. Poco a poco el Cholo fue mandando mensajes de contención, y el Geta, a pesar de sus magníficos cambios, fue un diésel antiguo tratando de entrar al Madrid Central ese, que no sé ni lo que es pero lo digo por tirarme el rollo.


...Y entonces, apareció, en una jugada que parecía que un defensa o el árbitro truncarían. [...] 10 segundos a lo sumo [...] Solo diré que nunca había sentido eso con una individualidad de un jugador del Atleti. Esto nos viene genial para la salud de los que nos pareció, con toda la razón de este mundo de traspasos locos, una inversión arriesgada la contratación del chaval. Pero ahí sigue él, sin alardes, con algo de barba, quién sabe si de dos días o de dos semanas, y con el regate como eficacia en vez de floripondio... Si continúa así mejor disfrutarle desde ya que pensar en cuando diga de irse. Yo es que soy así de agonías, antes de morder la hamburguesa ya estoy pensando en lo pequeña que es y el hambre que me va a quedar tras comérmela. Eso mismo o una mierda similar debió pensar el bueno de Morata, que desperdició el caramelo que era ese penal. Que lo fallaba lo sabía hasta mi gato. Parte negra de nuestra indiosincrasia contemporánea este romance con los penales. Aunque para los escépticos quizá lo falló para no quitarle protagonismo a esa antológica jugada. Ganar, sí, pero sufriendo un poquito para no quitar la razón a los memos con el A2 en habilidades sociales, muy fanes ellos del "¿Atleti? tú eres sufridor eh".

Como ya hemos dicho, el primer partido es especial: lo que son un dechado de buenas intenciones pueden tornarse en una claudicación de propósitos al más mínimo revés en la clasificación, como mi deseo de seguir escribiendo por aquí. De momento este Atleti parece haberse transformado bien, y lo más importante, para mal y sobre todo para bien, sin dejar de ser él mismo.

sábado, 20 de abril de 2019

Pequeños placeres

Remarcar que me dejo muchas palabras atrás... Pero es que si no, no hay manera de escribir algo hoy. Así que vamos: comienza el timebox autoimpuesto tras la alineación de astros que me permite poder hacerlo sin morirme de sueño. Poco a poco se nos ha ido pasando el cabreo, o mejor dicho, la desilusión. Por suerte siempre, siempre hay algo por lo que ilusionarse: el femenino y su posible doblete (sigo buscando entradas para la final), los chavales nuevos, los experimentos del Cholo, ver ganar a tu equipo, o simplemente verles defendiendo sus colores. En este caso yo me tomo los partidos como un ejercicio de atletismo básico. Suena a A1 de seguidor de cualquier equipo, pero hay que saberse la lección por mucho tiempo que haya pasado sin vernos así de ociosos a estas alturas del año. He prestado más atención a muchos de estos partidos donde solo nos jugamos el HONOR de ser segundos (lo fuimos el año pasado tras 27 años!!!), que en muchos partidos cruciales, quizá por los nervios que me atenazan la vista en las grandes ocasiones. 


El Atleti me gustó en Éibar tanto como a mí me gusta el propio equipo guipuzkoano en primera: mucho. Aunque eso sí, globalización de perfil bajo la de estos cabrones, ni un puto nombre vasco veo yo ahí. Encima gente como el Cucuruella ese que no pegan nada. Dónde coño están los estándares? Todos los nuestros rindieron a un gran nivel, paradójicamente el único fallito lo tuvo el recién renovado Oblak. Con esa noticia en mitad de la semana daba igual el resultado, que esta jornada ya salía rentable. Hablando de porteros, vaya con Dmitrovic, al final va a tener razón la FRAC en su canción, y todos los porteros calvos son muy buenos. Espectacular tanto en la ida como hoy en la vuelta el otro portero balcánico. Qué más... Correa desquiciante fallando un gol que era gol o gol, cuántos suspiros me hace exhalar el amigo... Mira que es uno de los nuestros pero me revienta que Vitolo tenga menos minutos que él. Que sí, que el canario quizá abuse de la conducción, pero protege bien, regatea bien, pausa bien, define bastante bien... Más cosas? Fue un gustazo poder volver a ver a Godín defendiendo la rojiblanca. Yo sigo pensando que al final seguirá al menos un año más, pero todo el mundo con su silencio me lo niega. Nunca entro al facebook más que para stalkearle tías a mis colegas, y lo volveré a hacer también si el uruguasho se va para cambiar mi foto de perfil de Gabi y poner una del Faraón. Morata muy bien, me lo imaginaba más blando y más lento, y el nota es una fiera. Hoy se le ha sacado demasiada punta al tema del árbitro, debería haber más colegueo, pero venimos de truculentas historias pasadas... A mí es que me cuesta ponerme contra los árbitros, les veo ahí tan solos, tan desprotegidos cuanto más inferior es la categoría, tan susceptibles al fallo como los jugadores... que soy un puto blando. Se dice y punto. Terminando con Álvaro, espero que la sanción sin fichar del Chelsea no nos joda la continuidad del delantero centro de la selección española. Por cierto, ya que miramos a las islas de refilón: tras muuucho sin ver fútbol no rojiblanco, vi esta semana dos veces parte del mismo enfrentamiento. Me dolió hasta a mí el chasco del ManCity de Guardiola, y el Tottenham de Pochettino me recuerda un poco a ese Atleti outsider de hace más tiempo del que parece, más por sensaciones que por juego, que no tengo ni zorra de cómo se lo montan. 


Que ya voy! Al final ganamos con gol de Lemar, que no creo que haya ni un atlético que no se sienta decepcionado con la actuación general del francés. Sin lastre de lesiones que yo recuerde, con muchas oportunidades de brillar, pero que ha sufrido una especie de efecto Óliver Torres bajo la lupa de Simeone. Me genera una gran curiosidad el futuro del galo este verano, y me alegra que marcase. El Cholo sabrá, como cuando mantuvo a Kalinic. Si por algo me alegra la sanción a Costa es que el croata podrá rascar algo más de bola, ojalá pudiera estar ahí Borja Garcés. Un profesional Nikola, a pesar de los malos precedentes; y de DC mejor no hablar, con decir que si se va a China me voy a quedar tan pancho creo que es suficiente. Y no me vengáis con mierdas de ser agradecido y tal. No, si al final me voy cabreado... Que no! Victoria muy trabajada, lástima que no viéramos a ningún chaval, porque Mollejo y Montero me la ponen dura pensando en el futuro. Quedan cinco partidos de esta pretemporada de pago, y no quiero que nadie se relaje. Bueno, yo sí... Busco una fotillo guapa del partido y que os jodan!

miércoles, 13 de marzo de 2019

Supergados

Apocalíptica hecatombe en Turín. Corneados tranquilamente hasta quedar con las tripas por los suelos. Este piccolo atleti nada tuvo que ver con el Grande Torino, pero encontró en la ciudad turinesa su tragedia de Superga particular en forma de histórica eliminación. Y lo peor es que más dañino aún que el fatal desenlace, máxime partiendo del marcador del que partíamos, fue la actitud y sensaciones que transmitió el equipo. Temblón, impreciso, sin tablas, sin reacción acertada, carente de todas las características que le han hecho zafarse en partidos de similar calaña. Había bajas sensibles sí, pero además se palpaba desarbolamiento, desorden, yo diría que hasta miedo. Quizá otras veces la diferencia fue el marcador y el tiempo engrandeció hazañas, pero lo cierto es que anoche el equipo no existió, aparte de algunas fases de toqueteo balonmanesco, que se usaban más bien para descansar del asedio que para hacer daño y cerrar la eliminatoria. Lo venía diciendo, que cuando se entra mal al partido y te marcan, luego no es nada fácil cambiar el discurso y venirte arriba por mucha ventaja que tengas. Ahí ya el rival está encendido, y a ti no te sale nada mientras te desperezas del agazapamiento: pura inercia. Creo que la Juventus era tan consciente de lo bien que le estaba saliendo el plan que ni siquiera tuvo que asumir el mínimo riesgo conforme pasaban los minutos. En cuanto pitó el árbitro para mí acabó la temporada 2018/19. Quien quiera pensar en la liga allá él. Ya se me pasará, solo espero que se tomen medidas con todos los imprescindibles abordo, en ellos, por si cabe alguna duda, incluyo al cuerpo técnico. Ojalá, aunque cada vez con más escepticismo lo digo, el Atleti no sea fuera de casa ese equipo dubitativo y penoso que vimos anoche y en alguna que otra ocasión más: o vuelta a los orígenes o culminación de la supuesta evolución. De momento, conforme perdemos el ADN del comienzo de la era Simeone son más los episodios parecidos, donde duele más el cómo que el qué. En ese cómo me incluyo a mí mismo con mi egoísta actuación durante el partido. Desatendí educadamente a mi hijo, rehuí de mi mujer cuabdo me ayudaba a tender la ropa por la tensión que acumulaba en el cuerpo, se me olvidó cenar, ni me quité la que era mi 'camiseta de la suerte' este año para dormir... Y luego la nube de decepción que te acosa varios días cada vez que dejas la mente desatendida. Esa sensación de amargura y pesar que no sabes de dónde viene hasta que te acuerdas del final del partido, del final de la ilusión. A estas alturas me importa poco lo ridículo del asunto, aún así no tiene sentido cuestionarme si merece la pena. No es algo tan repetitivo como para que tenga que corregirme, quizá el tiempo lo haga, las hostias de la vida, o peor aún, las aspiraciones del propio equipo. Lo que tengo claro es que a día de hoy no me volveré a ilusionar tan exacerbadamente con la Champions. De hecho yo no quería, pero joder, con ese resultado y juego de la ida a ver quién era el guapo que no lo hacía. Soñar no es gratis, porque duele al despertar.

Te Quiero Atleti