jueves, 4 de octubre de 2018

Desgarrador triunfo

Contra viento y marea sigo con mi propósito de mostrar mi predilección por la Champions haciendo crónicas de todos los partidos. No ha sido fácil, como tampoco lo fue encontrar algo potable y curioso del equipo que nos visitó anoche, a excepción sabida que nos eliminaron de Europa las dos únicas veces que nos cruzamos. En la última de ellas sé de buena tinta que hubo ostias como panes. Que yo recuerde, solo el Groningen, el Parma y el Brujas nos han largado del viejo continente más de una vez y se han ido de rositas sin un ápice de venganza nuestra. Yo es que estas mierdas me las tomo muy en serio... Si alguna vez nos tocaran los parmesanos chillaría cada gol recordando viejas batallas...


Por cierto, aclaración respecto a la ciudad de nuestro flamenco rival: Brujas es la traducción libre de Brugge, que viene del germánico y significa algo así como 'Puentes', así que no aplican símiles y metáforas con palabras como exhorcismo o aquelarre, a no ser que a uno le salga de los cojones igualmente. Porque lo que sí es cosa de brujas son las malditas lesiones. Diego Costa, cuyo último servicio fue la asistencia del ansiado gol que nos volvía a poner por delante, se rompía (pa que lo haga con la selección que lo haga con el Atleti). Además, Giménez se fue tocado de nuevo... Dos casos recurrentes la verdad, y dos jugadores difícilmente sustituibles por mucho que el charrúa no haya gozado de la titularidad hasta la lesión, valga la redundancia, de Rambo Savic. Pero volvamos al principio, al Atleti se le presentó un rival 3-5-2, de esos que nos hacen pupita de la buena llámense Girona o Chelsea. Al Cholo le dio por poner el espejo, y el negrocampismo que se atestiguaba en la alineación se atenuó hacia este sistema tan de moda. La novedad de Arias en el once era la comidilla, y el colombiano fue de menos a más. El partido era tan incómodo como verlo era para mí: culpando a mi hijo por ver los dibujitos en Youtube al mismo tiempo que yo veía el fútbol. ¿Cómo quitárselos para evitar los parones que me metía la conexión? Si se estaba comiendo el pescado y todo el cabronazo... En esas mete la aplicación esta un acelerón y me veo a Griez celebrando un gol. Gran pase de Tanto Thomas Thomas Tanto, de uno de los dos. ¿Sacamos ya la cerveza belga y el chocolate? Los cojones, golazo de un tal Danjuma con Arias de espectador privilegiado. No, si al final el negrocampismo iba a ser cosa visitante... El partido era áspero, los cambios de dibujo no apenas desdibujaban a los del ex-malaguista Leko... pero cuando el síndrome de Qarabag atisbaba, por fin nuestros dos puntas se entendieron, y aunque el Brujas nos creó peligro con un cabezazo a balón parado (me revienta que nos creen peligro de ese tipo) lo poco que vi de lo que restaba fue apacible. Por si fuera poco, Koke aprovechaba un rechace para hacer el tercer gol tras un partido en el que precisamente había estado incomprensiblemente fallón en un par de superioridades en ataque. Supimos reponernos al inesperado empate, así que dos de dos. La eliminatoria a ida y vuelta con el Dortmund dictará sentencia en nuestro devenir, pero vamos bien, cosa que tras el chasco del año pasado es poca broma, igual que la enfermería...

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Tocaba

El del Mónaco fue uno de los partidos en los que uno está tranquilo, y presiente que vamos a ganar. Son peligrosos, porque el día del Éibar ya se me quedó la cara de gilipollas por pensar de igual guisa. Aquel partido, solo la positividad del gol y la actitud de un canterano echándose el equipo a la espalda me consoló a medias: puto Dmitrovic... La liga, por mucho que se haya empezado fatal, es una tarea de fondo, y no me ilusiona tanto como la orejuda zorra esta, que además viene a quedarse a dormir en nuestra casa una noche allá por junio.¿Estaremos ese día o simplemente le dejaremos las llaves debajo de la alfombra? Nos han vendido que este año aspiramos absolutamente a todo, y cuando Correa nos puso por delante en Mestalla viniendo de haber ganado la Supercopa de Europa todo era fucsia y los letristas desde Bilbao a Gibraltar estaban a nuestro favor; pero resulta que tras varios partidos nos hemos acordado un poquitín de Gabi, y sobre todo de que el dogma del "partido a partido" no por antiguo es menos aplicable, aunque este año sea de plantillón. Pero por muy pesimista que pueda ser uno, en liga se puede recuperar el terreno perdido. Otra cosa es la Copa de Europa... El debut, tras el frustrante empate con ocasiones marradas a gó-gó en Roma el pasado curso, se antojaba crucial, una suerte de exhorcismo para tratar de volver a la zona noble de los clubes del viejo continente tras la hidalguía, muy valerosa no obstante, de la pasada temporada en forma de Europa League.

Resultado de imagen de atletico monacoSe acabó el chollo del Orange TV de gañote, por lo que las pasé putas encontrando streaming, aunque rojadirecta sigue siendo mi diosa. Los megas por segundo comenzaron a fluir a tiempo para ver el tiro cruzado que falló Costa. Tantas no era normal que se fueran joder... Confiaba en el de Lagarto plenamente, tanto que es mi capitán en el Champions Fantasy. Pero los desajustes acechan a poco que nos descuidemos, sobre todo si anda un señor del área como Don Radamel Falcao García, de lo más íntegro, humilde y gran jugador que uno ha visto con la rojiblanca. Ayer olió la sangre en un pequeño desaguisado y con todo el dolor de su corazón nos hirió no con un tiro, sino con un inteligente pase atrás, que con la connivencia de Correa terminó enviando a las mallas Grandsir (¿se puede tener un apellido más molón? Sí, Adalid, el mío). No culpo a Angelito, sino a la pérdida de posición general del equipo. Se está perdiendo la solidez de antaño, pero tampoco vamos a ponernos criticonas. Vamos a lo bueno: el equipo se recompuso, con el Mono en el banquillo ¿quién no lo hace? Costa por fin se quitó la losa, con una celebración por la que el árbitro le echó la bulla. Marcó en el minuto de los años que cumplo justo hoy el cabrón. Vaya pase de Antoine por cierto... A ver si el rubio se deja de decir gilipolleces, porque luego hay gilipollas que contestan, y darle la razón al caracaballo de la acera de enfrente me da ardores de estómago, es algo confuso, como que me flipe esta tercera equipación, con lo clásico que suelo ser yo para esos menesteres. ¿Será la edad y el querer sentirme un niñato 2.0?  

El empate nos puso el cuerpo bailón, y sin alardes, pero nos empezamos a soltar, aunque hubo un paradón sideral de Oblak por medio, nos fuimos merecidamente ganando al descanso tras un cabezazo de Giménez: un jabato, un crack, el pundonor en forma de charrúa. Solo él sería capaz de superar de cabeza a Falcao como lo hizo. No pudo acabar mejor la primera parte, y debería de haber terminado ahí el partido, porque vaya mierda de segunda parte nos marcamos. Habrá que seguir ajustando (la suplencia o la adaptación definitiva de Rodri serán el desenlace final) y exigiendo conforme esto avance. Por lo pronto, la Champions es la prioridad de todos, y hacemos los deberes. 

sábado, 18 de agosto de 2018

Recuerdos de Tallinn

Antes de que esta experiencia sea arrollada por el césped y la cal de la liga y la Champions, haré el agradable esfuerzo de relatar en primera persona las visicitudes de la expedición que Antonio ENP y yo, el mejor atlético del mundo, llevamos exitosamente a cabo. Nuestra odisea báltica comenzó en pleno barrio obrero de Málaga, con el aura de la feria rondando. Coche en uno de los parkings del aeropuerto y primera sorpresa: un pantalón corto delataba como fan del Atleti a otro compañero de viaje, en este caso jiennense. El vuelo nocturno hasta Helsinki fue una tortura, lo único destacable fue la agradable conversación con una finlandesa que se preguntaba qué leches era tanta camiseta rojiblanca. Tras la eterna escala en tierras finesas, un avión de hélices cruzaba la charca que separa la capital suomi de la estonia. Sobrevolando Tallinn (se pronuncia Tálin en estonio), vislumbramos el A. Le Coq Arena. ¿Qué pasaría esa misma noche? En el aeropuerto mucha ambientación supercopera, y en el tranvía hacia la pensión conocemos a una estonia que hablaba español y a una española. ¿Pedirles el número para tener un plan alternativo y conocer la ciudad de buena mano? Qué va! Eso es de perdedores hombre! Lo mejor es arrepentirnos cada media hora de no haberlo hecho. La puta mierda de pensión merece mención aparte: ahí nos hubiéramos tirado una hora que no nos habrían hecho caso hasta que no terminaran de limpiar. La clientela: gente ruidosa y maleducada aderezada con japoneses y guiris despistaos con la camiseta del Madrid.

Es el momento de decir que Tallinn es una ciudad que se recorre perfectamente a pie, y que es razonablemente bella, como una joya de las que las abuelas dan en herencia a las nietas al casarse. La embriaga una pátina de antigua república soviética mezclada hábilmente con la influencia nórdica. Cerca teníamos una zona digamos de negocios, con centros comerciales y los hoteles de ambos equipos. A continuación, en una patada te plantabas en la puerta de Viru (significa bisagra bolo!), y ahí empezaba la beldad del centro histórico, duplicada para el europeo meridional por sus picudas y coloridas fachadas, tan extrañas en el sur. Entre las dos torrecitas de teja naranja que custodiaban la entrada, un rosario de banderas rojiblancas. En el interior de ese casco antiguo, precios intermedios en las comidas y caros en los recuerdos; eso sí, seguramente baratos respecto a otras ciudades más masificadas por el turismo. En un día te pateas la ciudad de sobra. Nosotros al día siguiente teníamos muchas horas de margen para rematar la visita, y tras una minisiesta y ver la descafeinada subida al autobús de los jugadores le tiramos para el campo. Cosa curiosa la iniciativa de la UEFA, ya que las entradas no eran físicas, sino habilitadas desde una aplicación activando el bluetooth. Todo fue sobre ruedas, y mientras entrabamos por nuestra puerta, cuajada de seguidores colchoneros de todo el mundo, un tren colindante atronaba con su bocina a modo de saludo: buen augurio. El estadio, independientemente del resultado posterior, me pareció coqueto. Los precios de su interior, qué les voy a contar. Suertudos por ser posicionados totalmente anexados al fondo de seguidores del Atleti, en una suerte de apéndice de nuestra gente, y con el plus de estar cerca de la bocana de salida de los jugadores, pero con la rémora de dos estonios pseudoultras, borrachos y vociferantes casi tanto como yo, y que apoyaban a la vikingada. Enseguida empezaron las fricciones, aunque con nosotros eran paradójicamente amables. De hecho, nos felicitaron tras el gol de Costa cuando aún las manecillas del reloj no se habían desperezado. En el minuto 40, tras el empate madridista, que se veía venir desde mi casa por cierto, la politsei despachó a los individuos, y quedamos Antoñito y yo como únicas voces en esa cajita que era la esquina sureste superior del estadio estonio. Al descanso, sin cobertura más que para mensajes, decidí atar mi bandera a la reja metálica para matar el tiempo, mientras nos conjurábamos para la que se avecinaba. Iba a ser durísimo, y la reflexión era clara. El Atleti estaba tratando de tú a tú al Madrid. Ni rastro de ese dominio encabritado al que por rachas nos han sometido frecuentemente. Los nuestros, quizá con menos sensación de peligro, devolvían los golpes con un Rodrigo y Lemar integradísimos.


Entonces llegó la segunda parte, y en el momento más soporífero, el penalty tonto de Juanfran. La transformación del cara caballo y su posterior bailecito no me removió la bilis. Simplemente estaba triste porque la fiesta podía estar cerca de terminar aguada, y uno estaba allí, a 4300 km de casa, en una ocasión única en la vida. El desánimo me animó a ir a mear. Total... si marcaba el Atleti y me lo perdía por ir al servicio me iba a alegrar igual. Poco después, en la portería contraria devolvía la igualada DC, y quizá fue el gol que más saboreé y aprecié, aunque fue el más comedido por mi parte. Era un orgullo absoluto habernos repuesto a la remontada merengona. Mi yo conformista me susurraba para consolarme del sufrimiento que se venía, diciendo cosas como que 'en cualquier caso el Atleti había dado la cara' y mierdas por el estilo. Pero cuando empezó la prórroga, al Le Coq se le puso cara de Bernabéu, y los cambios del Mono surtían efecto en su totalidad, y donde un día fue un cabezazo de Miranda, aparecieron dos goles fruto de la voracidad rojiblanca, que olió la sangre en un rival habitualmente intratable probablemente debido a la revitalización de todos y cada uno de los cambios. En el misil de Saúl me marqué un Fernando Vázquez por la banda de San Lázaro, y en el de Koke, rayano al paroxismo, me golpeé, me besé la camiseta, me destrocé las rodillas contra la chapa de la tarima, y por poco no pierdo las gafas, que recuperé con la agilidad de mi propio gatito, que esperaba en casa ajeno al pequeño Calderón que había instalado en el fondo sur tallinés. La segunda parte de la prórroga me la pasé implorando arrodillado tras mi bandera, constatando que cuando uno está obsesionado con el objetivo, ni le duelen las manos al martillear el travesaño metálico, ni mucho menos le pica la faringe al cantar, porque uno golpea con el corazón y grita con el alma.


La celebración fue un bonus track inolvidable. No tiene precio ver el hervidero atlético secundado por los jugadores, con el aprecio al título de los veteranos que saben lo que cuesta y la ilusión de los novatos, muy arropados por la afición en este acto de merecido regodeo. Mención especial al Mono Burgos. Todo lo que te diga es poco. Con tu libreta pegada al pecho y tu pinta de tenor de La Scala me tienes totalmente entregado. Meritazo de nuestro contramaestre, que tose copas cada vez que pisa el área técnica. Luego vuelta al redil, siguiendo el reguero rojiblanco, tras intercambiar mensajes de felicitación y felicidad con nuestra gente. Sin cenar, directamente a dormir la mona, tras descartar por miedo a una clavada la entrada al club de striptease que teníamos en mente antes de dejarnos la vida en el estadio. Al día siguiente, despedimos a Tallinn desde el prisma de la victoria. La pequeña capital báltica parecía más bonita si cabe, sus mujeres más guapas aún, y donde el día anterior había una capota de grisáceos nimbos, brillaba sutilmente un sol blancuzco. Compra de recuerdos, cervecita de pleitesía, e inesperado botín de chapas de cerveza para mi colección: a pesar de probar una de barril, la dependienta y el césped de los aledaños me ayudaron en mi misión secundaria. La otra era encargarle a mi sobrino Bati un ejemplar de periódico deportivo del día, el que tuviera la portada que más mostrara al equipo como un bloque.


La vuelta a casa se antojaba eterna en el control de seguridad, que terminó retrasando el posterior Helsinki-Málaga. El mini juego escape-room que nos ventilamos durante el trayecto Antonio y yo fue un símil del pasatiempo angustioso que era el vuelo en sí. Luego llegada al aeropuerto, choques de manos rojiblancos, y así se dispersaba parte del bastión de valientes que fueron a ver cómo el Atlético de Madrid escribía otra página en su códice sagrado que siempre recordaremos. Concluyo adaptando una lapidaria frase que leí en otra bitácora colchonera: "La Supercopa de Europa es un trofeo, el premio es ser del Atleti."

lunes, 6 de agosto de 2018

La máquina del tiempo

La última vez que me pasé por aquí teníamos una copa menos, hasta que nuestro eterno capi14n, siempre lo será, da igual que esté en Catar o en Leganés, selló con el tercer tanto una final fea, donde se ganó industrialmente al todo pasión Olympique, que hasta el primer gol de Griezmann, por aquel entonces con la azulgrana debajo de la rojiblanca, nos había puesto el culo prieto y la oreja llena de moscas. Ese título, que probablemente fuese el trofeo europeo donde más éramos favoritos, se ganó y festejó con mesura. Quizá el mayor motivo de celebración fuera que por fin Fernando conseguía un título con el equipo de su ánima. Luego decliné la opción de ver su despedida en directo para que mi hermana pudiera disfrutar de una aventura sin nietos, ya habrá tiempo propio de ir al nuevo estadio. Ya habrá tiempo de recordar a Torres, sus goles; a Gabi, sus robos; mejor dicho, de no olvidar.


La Europa League y sus réditos... una de las ventajas que tienen estos campeonatos es la opción de disputar copas posteriores. La Supercopa de Europa, a la que se enroló días después el Madrid, quién si no, esperaba en Tallin. Capital de un país que en mi infancia siempre me inquietó. Por suerte, yo era un niño raro, no me conformaba con jugar a la pelota en la calle, y cuando lo hacía en mi patio, me flipaba y pensaba que jugaba con selecciones de las banderas de una vieja enciclopedia. Pero entonces la tele, ¿qué coño es internet?, se encargó de joderme el panorama hablando de países nuevos, con nombres raros. ¿Era Estonia? ¿Etonia? ¿Letonia era lo mismo?  ¿Y por qué Valery Karpin jugaba para los rusos habiendo nacido en Tallin? Cambiar a Rusia por la URSS fue fácil, pero ¿y los otros fragmentos? Simplemente daba rienda suelta a mi imaginación o esperaba a alguna retransmisión de juegos olímpicos o atletismo para tratar de rapiñar nuevas insignias nacionales. Mientras, en la libreta donde apuntaba los resultados de esos partidos imaginarios, la bandera estonia permanecía huérfana, solo con el nombre impreso en boli azul. Luego llegó un Atlas más moderno, luego la Encarta, las pajas con VHS, las pajas con internet, e internet como tal por supuesto. Ya no tenía tanta gracia... No obstante, mantuve ambas pasiones, fútbol y vexilología.


Un destino cuya lejanía es inversamente proporcional al tamaño de su estadio, ergo pocas entradas disponibles, pero un propósito tan sólido como poco probable sería cumplirlo. Este tipo de experiencias requieren un igual, un compañero de aventura. Todo se fraguó rápido, en un grupo de wasap del trabajo. Enseguida Antonio ENP y yo decidimos bailarle el agua a la UEFA y apuntarnos a su sorteo para tratar de ir a Tallin. Todo ello previa petición de permiso en casa, si no de qué. Mi mujer sabe muy bien mi punto débil, y desde aquí te digo, por si lo lees, que por mis huevos tenemos que volver juntos, es que ni te voy a hacer espoilers de la ciudad de lo seguro que estoy. La verdad que sería la ostia pod... ¡Pero calla ya coño! ¡Que le jodan a los clubes, que empieza el Mundial!


Porque Tallin, ajena al tumulto que la rodeaba, seguro que ya solo piensa en que el Atleti va a jugar allí como evento de la década, pero está a pocos kilómetros de la nación otrora imperio que organizó la que ha sido mi sexta copa del mundo como futbolero. USA 94 es especial pero no cuenta, solo vídeos de mis primos mientras se preguntaban qué habría pasado si ese día en Boston Sandor Puhl hubiera expulsado a Tassotti por echarle abajo el tabique a nuestro actual seleccionador. Todo giró entorno a esta posición desde el principio para España en la cita del país euroasiático. Nunca sabremos hasta qué punto la erupción del caso Lopetegui y el rígido relevo de Hierro afectó al devenir de los nuestros, pero está claro que tal como se dio todo, deberían haber llegado más lejos, que les faltó profundidad, y que hay una certeza que poca gente ve: se antepone el toque pastoso, no por pasto verde, sino por pastoso de pesado como una puta carbonara en medio la plaza la Constitución en Julio, se antepone digo, a toda rebelión en forma de desmarque directo o ruptura del plan establecido. Lo poco que rompía ese enfoque era el eternamente cuestionado Costa. Parece pecado apostar por algo distinto, aun viéndose que la cosa no pitaba: el fundamentalismo del fútbol horizontal. Con decirles que me fui a la playa en el descanso de la prórroga... Será por haber visto a España ganar tanto y tan seguido, pero no me joden las derrotas últimamente. Desde luego disfruté el resto del mundial como un enano en un gangbang a su gusto. Vi el 95% de los partidos, me envicié como nadie al FIFA Fantasy, un Comunio con las tetas operadas. Por cierto, los dos mendas que se van a Tallin campeón (Antoñito) y segundo (yo). De las demás selecciones, me apenó la eliminación temprana de Egipto, Marruecos y sobre todo Perú, y quedándonos en Sudamérica, pues confié demasiado en la anarquía argentina porque Mes-Sí, me sorprendió que la a sabiendas excelente Uruguay superara a Portugal por similares razones, y lo que sí reconozco es que veía a Inglaterra merodear la copa con permiso de una Colombia a la que hubo que echar con forceps y una Suecia 'cholesca' como ningún otro equipo. Bélgica eliminando a Brasil fue orgásmico, el gatillazo de Alemania erógeno, y la anfitriona merece mención especial, no solo por la atípica pinta de su entrenador, que no podía evitar mirarle fijamente cada plano que nos brindaba la realización, sino por haber exprimido hasta las semillas de un equipo absolutamente terrenal. Así me podría tirar hasta mañana, pero no tiene gracia porque, seamos francos, el mundial es un festival de verano, una anormalidad que esperamos y esperamos y que cuando acaba la fase de grupos ya está agonizando. En semis ya estamos mirando de reojo los fichajes de nuestro club, y en la final, en este caso íbamos todo el globo con Croacia excepto en Serbia y la Galia. Al final Antoine, Lucas... y Lemar (a ver cómo te portas chavalín) campeonaron la cita, mientras que mi Mandyuka se quedó a las puertas y el Vrsaljko menos mal que ya la ha cogido rumbo a Milano. Gran soplo de aire fresco el de los croatas secundados por los belgas. Más recuerdos en la retina, más marcadores y goles en el disco duro cerebral. Se fue una gran Rusia 2018 y así, sin más, nos olvidamos de estos corchetes futbolísticos que cada dos años telonean el verano en forma de Eurocopa o copa del mundo... El próximo en Catar, que encima de mangonear el próximo mundial nos birló a Gabi... Si al final acaba todo en clave rojiblanca...



¿Y la Supercopa de Europa? ¿Y el sorteo? Estos hijos de puta de la UEFA necesitaban tomarse casi diez días tras el fin de solicitudes para decirte si te tocaba o no, con la consecuente angustia de no saber si habría vuelos o si el alojamiento se agotaría o dispararía. Hace 25 años apenas podías saber la bandera estonia y ahora puedes planificar un viaje a su capital desde el váter de tu piso. Tras tantear el terreno decidimos jugárnosla. Y así nos llegó la buena nueva del salvoconducto a Tallin, justo cuando Infantino terminó de sortear en su mansión de Ginebra una a una las alrededor de diez mil entradas. No teníamos muchas esperanzas de antemano, pero o bien tuvimos potra, o no hay tanta gente dispuesta a plantarse en el Báltico en agosto para ver una final bastante trillada últimamente. El caso es que por una vez en mi vida, me tocó algo. Nunca me volveré a alegrar si me cobran algo como recompensa, pero en esta ocasión va a significar ver a mi equipo en una final, cosa que siempre he dicho con la boca grande pensando en mi fuero interno la dificultad para hacerlo. Felizmente los vuelos y el alojamiento fueron pan comido, y encima sin tener mucho dolor de bolsillo. Muchas cosas han cambiado en este tiempo, pero lo que prevalece es la pasión por estos colores.


miércoles, 16 de mayo de 2018

Mareando la perdiz desesperado

Esta previa quizá solo haya sido comparable a la de la primera final de Lisboa: me he visto todos los resúmenes de las finales de UEFA y Recopa, y por supuesto la final contra el Dinamo de Kiev enterita. Vaya repaso nos dieron por cierto. En ella quizá, fue cuando mi cuñado del Atleti comenzó a apodarme Damianenko, refiriéndose obviamente al carrilero zurdo que nos fustigó en Gerland. La historia es caprichosa, lo sabemos, al menos desde que eliminamos al viejo zorro alsaciano y su voluble Arsenal de autor. Ahí teníamos un nuevo billete para la ciudad de los hermanos Lumière. Por suerte o por desgracia, viejas heridas se recordaban, aunque por lo que he leído y visto, la superioridad absoluta de los soviéticos en aquella final, hizo que no doliera tanto. Esta vez, con el Cholo aún entre rejas, nos veremos las caras con un histórico franchute. Un equipo con corazón, buenos jugadores, y que además de tener una Copa de Europa que ya quisiéramos nosotros, tiene varias espinitas europeas también. Como curiosidad nuestra de cada día, con el tema de la final contra el Marsella, indagué un poco (sabía que el difunto tío de mi padre se fue a currar allí) y encontré a un nieto del susodicho, con avatar de l'OM incluido, faltaría más. Aparte de este affaire, justo antes de la final tengo otro evento. Hace dos meses lo menos, a sabiendas de que podría coincidir con el Atleti jugando la final, reservé tickets para ver a los Harlem GlobeTrotters. Si llegábamos finalmente, no me cabía duda que iba a dejar el espectáculo antes. Hoy sobre las 20:30, en un bar del interior del pabellón Martín Carpena, ahí estaremos dos atléticos y medio. Otra final...
A pesar de las ganas de ganarla que me embargan, y tonto del que no, surge una especie de paradoja: tras los dos últimos bofetones europeos, esta final de UEFA es como un trago de coca-cola después de probar esos dos trozos de tarta. Una tarta que tuvo sabor a mierda sí, pero con unas orejas grandes de por medio y con todo el foco y la expectación del mundo. Quizá nos arrepentiremos mucho tiempo del inevitable desprecio (ni se han agotado las entradas) que el que más y el que menos le está haciendo a esta oportunidad de ganar, pero el contexto es el que es. No obstante, a mí hace más de una semana que me baila el cuerpo, hoy me desvelé a media noche y cualquiera me quitaba de la cabeza el partido de hoy. Lo más probable es que haya pensado tanto en esta final por la imposición de ganar: el cumplir con el peso del favoritismo que nos hemos ganado a pulso, pero que sabemos se puede romper en segundos si uno saca pecho. ¿Qué puedo hacer yo para ayudar a los nuestros? Por fin me he dado cuenta de que absolutamente nada. De hecho, le he pedido el divorcio a la señora superstición, aunque esta se empeñe en hacer que el coche se me quede sin batería la tarde antes o que hoy se quede sin agua. A tomar porculo las cábalas y macumbas. Solo respetar el ritual de oír el CD de Lisboa. Si algo me ha enseñado la experiencia en estos avatares, es que Lyon no nos debe una copa, que el fútbol no le debe una mierda a nadie, y que hoy, si ganamos, estaré igual de orgulloso. Luego vendrá la misma sensación que me posee tras las grandes noches colchoneras: no soy nada sin mi familia, y el fútbol es una infartante droga sin corazón. En cualquier caso, espero que mañana al alba, sea con el coche que sea, tenga que parar en una gasolinera o kiosko para seguir apilando periódicos que glosen nuestras gestas. La camiseta la llevaré pase lo que pase, por dentro y por fuera.

lunes, 19 de marzo de 2018

Porcelana

Sigo sin terminar mi mierda de artículo sobre el Lokomotiv, al que ya hemos eliminado y todo. Para colmo, Filipe no se volverá a vestir de corto hasta que lo hagamos nosotros mismos en nuestra casa. Precisamente se lesionó el día en que yo tras un año inactivo volvía a jugar una pachanguilla. Se queda sin mundial y es algo que me jode aún más que no tenerlo en el Atleti, ya que era su último billete para un evento así... Por cierto, de laterales ya andábamos escasos de por sí, pero esto podría haber pasado en otra parte del campo y tras la limpieza de medios en invierno la directiva hubiera quedado aún peor que de costumbre.

En esas salió el Atleti con la equipación futurista, y no lo hizo nada mal. Hizo méritos para ir por delante, y se puso con un penalty más falso que la agresión de Vitolo. Para penal el que le hicieron a mi niño en el parque de bolas... Asenjo miró para el lado contrario, a diferencia de cuando salió al césped con la camiseta de Filipe Luis. Ese gesto hace que le tenga menos de la tirria injustificada quizá que le tengo al palentino. Por desgracia paulatinamente los amarillos, o groguets, como está ahora de moda llamarles, comenzaron a acogotarnos. De ahí al final la tónica no cambió. La mía fue una bebida energética del Supersol, el copazo fue el día antes. El que sí cambió fue Simeone. Su sustitución de Gabi por Griezmann y el empate ipso facto de Ünal (¿hay un descuento en delanteros turcos o qué?) caricaturizó lo que fue el Atleti este encuentro. Y del 2-1 mejor no hablar, ya habló el locutor por la radio. Yo ya había cogido el coche sin hacer presión por ver el final del partido, de hecho, no es por vacilar, pero me lo olía. Mientras todos miraban la cara del francés en el banquillo, a mí se me quedó grabada la de Oblak. Cara que no podré ver en mi viaje a Madrid de semana santa, porque jugamos demasiado tarde, así que otra vez será.

Una vez más caída en el Madrigal, y yo me quedo con la sinceridad del Cholo. Desde la irascible atalaya de la derrota es fácil echar bilis. A mí también me gustaría que el equipo fuera más echao palante en ciertos momentos. No me vale la teoría de la manta corta de Tim para justificarlo, pero también es cierto que enfrente había un gran rival, y que apenas nos inquietaron más allá de pisar campo contrario. Que eso no se confunda con que merecieron ganar, porque donde otras veces fuimos una placa de acero, se vio una figura de porcelana, cara y fea. A partir de ahora los jueves serán los nuevos domingos más que nunca, si bien la segunda plaza es un logro del que estaría infinitamente orgulloso, máxime con quien viene por detrás. Pero lo que está claro es que nuestro bread and butter es más europeo que nacional. Además me queda la bala del Antequera, que se agarra a la lucha por la liguilla nuevamente: goles postreros con equipos amarillos como rivales, pero en este caso en el bando adecuado. Encima, queda algo que por mis huevos tengo que darle más cancha: el fútbol femenino. Que la liga está pérdida!? y un coño! Nunca mejor dicho.

viernes, 9 de marzo de 2018

A la carta

Ni lío con rusos descerebrados, ni sobresaltos durante el partido... todo fue positivo y transcurrió a su debido tiempo, algo que sabemos no es en absoluto fácil. Cualquier atlético humilde hubiera pedido al genio tener este desenlace para el partido. Y el rival... supongo que será también por el parón invernal, pero lo cierto es que el Lokomotiv, para ser el líder de la liga rusa y haberse deshecho con solvencia del Niza, estuvo escandalosamente inapente, y más desbordados que yo en el trabajo. Solo cierto orden defensivo y nuestra clásica falta de profundidad les impidieron salir más calentitos. Manuel Fernandes, un pelotero de cuidao, era lo único que les quedaba, y los nuestros le secaron hasta el sudor. Porque más allá del bajo tono moscovita el Atleti mostró que va en serio a por esta competición. Faltaría más tras el último enfrentamiento con Messi. La insistencia de fogueo se tornó en un gran gol de Saúl. Esos disparos del torocampista son bitcoins en nuestra dificultad para crear ocasiones, aunque con Diego Costa la vida en más fácil en ese plano. Por eso en la segunda parte se hizo aún más patente la diferencia entrambos en forma de gol del varano brasileño-hispano. La sed de gol del doble 9 quedó saciada tras el cabreo que se pilló el otro día contra el Lega. En mi opinión estos son más goles sicológicos que los que se meten antes del descanso, porque no tienes el entretiempo para recomponerte. Entonces comenzó una nueva edición de Juanfran Unchained. Fue un no parar del alicantino, que cerca del final puso el broche anhelado (remate de Koke mediante) para hacer total justicia con el marcador y permitirnos hacer alguna foto en la nieve de Moscú el próximo jueves. Si no, ya les obsequiaré yo con un articulillo al respecto para cumplir la tradición de stalkear la historia del rival. 


A la larga quizá nos aburriríamos, pero este tipo de partidos tan plácidos no creo que sean malos para la salud. Mas allá de los goles, volvió Lucas (franco-hispano?), y Giménez lo hizo hace tiempo para quedarse. Encima, tras la pena de Moyá, Oblak le dio la alternativa a Axel Werner, que con ese nombre de jugador de Oliver y Benji lo mismo es hasta bueno. Los cuartos están más cerca que nunca. Yo ya curioseo descaradamente cómo les va a los rivales, pero como diría Rocky... one step, one round, one punch at a time.