sábado, 18 de agosto de 2018

Recuerdos de Tallinn

Antes de que esta experiencia sea arrollada por el césped y la cal de la liga y la Champions, haré el agradable esfuerzo de relatar en primera persona las visicitudes de la expedición que Antonio ENP y yo, el mejor atlético del mundo, llevamos exitosamente a cabo. Nuestra odisea báltica comenzó en pleno barrio obrero de Málaga, con el aura de la feria rondando. Coche en uno de los parkings del aeropuerto y primera sorpresa: un pantalón corto delataba como fan del Atleti a otro compañero de viaje, en este caso jiennense. El vuelo nocturno hasta Helsinki fue una tortura, lo único destacable fue la agradable conversación con una finlandesa que se preguntaba qué leches era tanta camiseta rojiblanca. Tras la eterna escala en tierras finesas, un avión de hélices cruzaba la charca que separa la capital suomi de la estonia. Sobrevolando Tallinn (se pronuncia Tálin en estonio), vislumbramos el A. Le Coq Arena. ¿Qué pasaría esa misma noche? En el aeropuerto mucha ambientación supercopera, y en el tranvía hacia la pensión conocemos a una estonia que hablaba español y a una española. ¿Pedirles el número para tener un plan alternativo y conocer la ciudad de buena mano? Qué va! Eso es de perdedores hombre! Lo mejor es arrepentirnos cada media hora de no haberlo hecho. La puta mierda de pensión merece mención aparte: ahí nos hubiéramos tirado una hora que no nos habrían hecho caso hasta que no terminaran de limpiar. La clientela: gente ruidosa y maleducada aderezada con japoneses y guiris despistaos con la camiseta del Madrid.

Es el momento de decir que Tallinn es una ciudad que se recorre perfectamente a pie, y que es razonablemente bella, como una joya de las que las abuelas dan en herencia a las nietas al casarse. La embriaga una pátina de antigua república soviética mezclada hábilmente con la influencia nórdica. Cerca teníamos una zona digamos de negocios, con centros comerciales y los hoteles de ambos equipos. A continuación, en una patada te plantabas en la puerta de Viru (significa bisagra bolo!), y ahí empezaba la beldad del centro histórico, duplicada para el europeo meridional por sus picudas y coloridas fachadas, tan extrañas en el sur. Entre las dos torrecitas de teja naranja que custodiaban la entrada, un rosario de banderas rojiblancas. En el interior de ese casco antiguo, precios intermedios en las comidas y caros en los recuerdos; eso sí, seguramente baratos respecto a otras ciudades más masificadas por el turismo. En un día te pateas la ciudad de sobra. Nosotros al día siguiente teníamos muchas horas de margen para rematar la visita, y tras una minisiesta y ver la descafeinada subida al autobús de los jugadores le tiramos para el campo. Cosa curiosa la iniciativa de la UEFA, ya que las entradas no eran físicas, sino habilitadas desde una aplicación activando el bluetooth. Todo fue sobre ruedas, y mientras entrabamos por nuestra puerta, cuajada de seguidores colchoneros de todo el mundo, un tren colindante atronaba con su bocina a modo de saludo: buen augurio. El estadio, independientemente del resultado posterior, me pareció coqueto. Los precios de su interior, qué les voy a contar. Suertudos por ser posicionados totalmente anexados al fondo de seguidores del Atleti, en una suerte de apéndice de nuestra gente, y con el plus de estar cerca de la bocana de salida de los jugadores, pero con la rémora de dos estonios pseudoultras, borrachos y vociferantes casi tanto como yo, y que apoyaban a la vikingada. Enseguida empezaron las fricciones, aunque con nosotros eran paradójicamente amables. De hecho, nos felicitaron tras el gol de Costa cuando aún las manecillas del reloj no se habían desperezado. En el minuto 40, tras el empate madridista, que se veía venir desde mi casa por cierto, la politsei despachó a los individuos, y quedamos Antoñito y yo como únicas voces en esa cajita que era la esquina sureste superior del estadio estonio. Al descanso, sin cobertura más que para mensajes, decidí atar mi bandera a la reja metálica para matar el tiempo, mientras nos conjurábamos para la que se avecinaba. Iba a ser durísimo, y la reflexión era clara. El Atleti estaba tratando de tú a tú al Madrid. Ni rastro de ese dominio encabritado al que por rachas nos han sometido frecuentemente. Los nuestros, quizá con menos sensación de peligro, devolvían los golpes con un Rodrigo y Lemar integradísimos.


Entonces llegó la segunda parte, y en el momento más soporífero, el penalty tonto de Juanfran. La transformación del cara caballo y su posterior bailecito no me removió la bilis. Simplemente estaba triste porque la fiesta podía estar cerca de terminar aguada, y uno estaba allí, a 4300 km de casa, en una ocasión única en la vida. El desánimo me animó a ir a mear. Total... si marcaba el Atleti y me lo perdía por ir al servicio me iba a alegrar igual. Poco después, en la portería contraria devolvía la igualada DC, y quizá fue el gol que más saboreé y aprecié, aunque fue el más comedido por mi parte. Era un orgullo absoluto habernos repuesto a la remontada merengona. Mi yo conformista me susurraba para consolarme del sufrimiento que se venía, diciendo cosas como que 'en cualquier caso el Atleti había dado la cara' y mierdas por el estilo. Pero cuando empezó la prórroga, al Le Coq se le puso cara de Bernabéu, y los cambios del Mono surtían efecto en su totalidad, y donde un día fue un cabezazo de Miranda, aparecieron dos goles fruto de la voracidad rojiblanca, que olió la sangre en un rival habitualmente intratable probablemente debido a la revitalización de todos y cada uno de los cambios. En el misil de Saúl me marqué un Fernando Vázquez por la banda de San Lázaro, y en el de Koke, rayano al paroxismo, me golpeé, me besé la camiseta, me destrocé las rodillas contra el metálico suelo de la tarima, y por poco no pierdo las gafas, que recuperé con la agilidad de mi propio gatito, que esperaba en casa ajeno al pequeño Calderón que había instalado en el fondo sur tallinés. La segunda parte de la prórroga me la pasé implorando arrodillado tras mi bandera, constatando que cuando uno está obsesionado con el objetivo, ni le duelen las manos al martillear el travesaño metálico, ni mucho menos le pica la faringe al cantar, porque uno golpea con el corazón y canta con el alma.


La celebración fue un bonus track inolvidable. No tiene precio ver el hervidero atlético secundado por los jugadores, con el aprecio al título de los veteranos que saben lo que cuesta y la ilusión de los novatos, muy arropados por la afición en este acto de merecido regodeo. Mención especial al Mono Burgos. Todo lo que te diga es poco. Con tu libreta pegada al pecho y tu pinta de tenor La Scala me tienes totalmente entregado. Meritazo de nuestro contramaestre, que tose copas cada vez que pisa el área técnica. Luego vuelta al redil, siguiendo el reguero rojiblanco, tras intercambiar mensajes de felicitación y felicidad con nuestra gente. Sin cenar, directamente a dormir la mona, tras descartar por miedo a una clavada la entrada al club de striptease que teníamos en mente antes de dejarnos la vida en el estadio. Al día siguiente, despedimos a Tallinn desde el prisma de la victoria. La pequeña capital báltica parecía más bonita si cabe, sus mujeres más guapas aún, y donde el día anterior había una capota de grisáceos nimbos, brillaba sutilmente un sol blancuzco. Compra de recuerdos, cervecita de pleitesía, e inesperado botín de chapas de cerveza para mi colección: a pesar de probar una de barril, la dependienta y el césped de los aledaños me ayudaron en mi misión secundaria. La otra era encargarle a mi sobrino Bati un ejemplar de periódico deportivo del día, el que tuviera la portada que más mostrara al equipo como un bloque.


La vuelta a casa se antojaba eterna en el control de seguridad, que terminó retrasando el posterior Helsinki-Málaga. El mini juego escape-room que nos ventilamos durante el trayecto Antonio y yo fue un símil del pasatiempo angustioso que era el vuelo en sí. Luego llegada al aeropuerto, choques de manos rojiblancos, y así se dispersaba parte del bastión de valientes que fueron a ver cómo el Atlético de Madrid escribía otra página en su códice sagrado que siempre recordaremos. Concluyo adaptando una lapidaria frase que leí en otra bitácora colchonera: "La Supercopa de Europa es un trofeo, el premio es ser del Atleti."

lunes, 6 de agosto de 2018

La máquina del tiempo

La última vez que me pasé por aquí teníamos una copa menos, hasta que nuestro eterno capi14n, siempre lo será, da igual que esté en Catar o en Leganés, selló con el tercer tanto una final fea, donde se ganó industrialmente al todo pasión Olympique, que hasta el primer gol de Griezmann, por aquel entonces con la azulgrana debajo de la rojiblanca, nos había puesto el culo prieto y la oreja llena de moscas. Ese título, que probablemente fuese el trofeo europeo donde más éramos favoritos, se ganó y festejó con mesura. Quizá el mayor motivo de celebración fuera que por fin Fernando conseguía un título con el equipo de su ánima. Luego decliné la opción de ver su despedida en directo para que mi hermana pudiera disfrutar de una aventura sin nietos, ya habrá tiempo propio de ir al nuevo estadio. Ya habrá tiempo de recordar a Torres, sus goles; a Gabi, sus robos; mejor dicho, de no olvidar.


La Europa League y sus réditos... una de las ventajas que tienen estos campeonatos es la opción de disputar copas posteriores. La Supercopa de Europa, a la que se enroló días después el Madrid, quién si no, esperaba en Tallin. Capital de un país que en mi infancia siempre me inquietó. Por suerte, yo era un niño raro, no me conformaba con jugar a la pelota en la calle, y cuando lo hacía en mi patio, me flipaba y pensaba que jugaba con selecciones de las banderas de una vieja enciclopedia. Pero entonces la tele, ¿qué coño es internet?, se encargó de joderme el panorama hablando de países nuevos, con nombres raros. ¿Era Estonia? ¿Etonia? ¿Letonia era lo mismo?  ¿Y por qué Valery Karpin jugaba para los rusos habiendo nacido en Tallin? Cambiar a Rusia por la URSS fue fácil, pero ¿y los otros fragmentos? Simplemente daba rienda suelta a mi imaginación o esperaba a alguna retransmisión de juegos olímpicos o atletismo para tratar de rapiñar nuevas insignias nacionales. Mientras, en la libreta donde apuntaba los resultados de esos partidos imaginarios, la bandera estonia permanecía huérfana, solo con el nombre impreso en boli azul. Luego llegó un Atlas más moderno, luego la Encarta, las pajas con VHS, las pajas con internet, e internet como tal por supuesto. Ya no tenía tanta gracia... No obstante, mantuve ambas pasiones, fútbol y vexilología.


Un destino cuya lejanía es inversamente proporcional al tamaño de su estadio, ergo pocas entradas disponibles, pero un propósito tan sólido como poco probable sería cumplirlo. Este tipo de experiencias requieren un igual, un compañero de aventura. Todo se fraguó rápido, en un grupo de wasap del trabajo. Enseguida Antonio ENP y yo decidimos bailarle el agua a la UEFA y apuntarnos a su sorteo para tratar de ir a Tallin. Todo ello previa petición de permiso en casa, si no de qué. Mi mujer sabe muy bien mi punto débil, y desde aquí te digo, por si lo lees, que por mis huevos tenemos que volver juntos, es que ni te voy a hacer espoilers de la ciudad de lo seguro que estoy. La verdad que sería la ostia pod... ¡Pero calla ya coño! ¡Que le jodan a los clubes, que empieza el Mundial!


Porque Tallin, ajena al tumulto que la rodeaba, seguro que ya solo piensa en que el Atleti va a jugar allí como evento de la década, pero está a pocos kilómetros de la nación otrora imperio que organizó la que ha sido mi sexta copa del mundo como futbolero. USA 94 es especial pero no cuenta, solo vídeos de mis primos mientras se preguntaban qué habría pasado si ese día en Boston Sandor Puhl hubiera expulsado a Tassotti por echarle abajo el tabique a nuestro actual seleccionador. Todo giró entorno a esta posición desde el principio para España en la cita del país euroasiático. Nunca sabremos hasta qué punto la erupción del caso Lopetegui y el rígido relevo de Hierro afectó al devenir de los nuestros, pero está claro que tal como se dio todo, deberían haber llegado más lejos, que les faltó profundidad, y que hay una certeza que poca gente ve: se antepone el toque pastoso, no por pasto verde, sino por pastoso de pesado como una puta carbonara en medio la plaza la Constitución en Julio, se antepone digo, a toda rebelión en forma de desmarque directo o ruptura del plan establecido. Lo poco que rompía ese enfoque era el eternamente cuestionado Costa. Parece pecado apostar por algo distinto, aun viéndose que la cosa no pitaba: el fundamentalismo del fútbol horizontal. Con decirles que me fui a la playa en el descanso de la prórroga... Será por haber visto a España ganar tanto y tan seguido, pero no me joden las derrotas últimamente. Desde luego disfruté el resto del mundial como un enano en un gangbang a su gusto. Vi el 95% de los partidos, me envicié como nadie al FIFA Fantasy, un Comunio con las tetas operadas. Por cierto, los dos mendas que se van a Tallin campeón (Antoñito) y segundo (yo). De las demás selecciones, me apenó la eliminación temprana de Egipto, Marruecos y sobre todo Perú, y quedándonos en Sudamérica, pues confié demasiado en la anarquía argentina porque Mes-Sí, me sorprendió que la a sabiendas excelente Uruguay superara a Portugal por similares razones, y lo que sí reconozco es que veía a Inglaterra merodear la copa con permiso de una Colombia a la que hubo que echar con forceps y una Suecia 'cholesca' como ningún otro equipo. Bélgica eliminando a Brasil fue orgásmico, el gatillazo de Alemania erógeno, y la anfitriona merece mención especial, no solo por la atípica pinta de su entrenador, que no podía evitar mirarle fijamente cada plano que nos brindaba la realización, sino por haber exprimido hasta las semillas de un equipo absolutamente terrenal. Así me podría tirar hasta mañana, pero no tiene gracia porque, seamos francos, el mundial es un festival de verano, una anormalidad que esperamos y esperamos y que cuando acaba la fase de grupos ya está agonizando. En semis ya estamos mirando de reojo los fichajes de nuestro club, y en la final, en este caso íbamos todo el globo con Croacia excepto en Serbia y la Galia. Al final Antoine, Lucas... y Lemar (a ver cómo te portas chavalín) campeonaron la cita, mientras que mi Mandyuka se quedó a las puertas y el Vrsaljko menos mal que ya la ha cogido rumbo a Milano. Gran soplo de aire fresco el de los croatas secundados por los belgas. Más recuerdos en la retina, más marcadores y goles en el disco duro cerebral. Se fue una gran Rusia 2018 y así, sin más, nos olvidamos de estos corchetes futbolísticos que cada dos años telonean el verano en forma de Eurocopa o copa del mundo... El próximo en Catar, que encima de mangonear el próximo mundial nos birló a Gabi... Si al final acaba todo en clave rojiblanca...



¿Y la Supercopa de Europa? ¿Y el sorteo? Estos hijos de puta de la UEFA necesitaban tomarse casi diez días tras el fin de solicitudes para decirte si te tocaba o no, con la consecuente angustia de no saber si habría vuelos o si el alojamiento se agotaría o dispararía. Hace 25 años apenas podías saber la bandera estonia y ahora puedes planificar un viaje a su capital desde el váter de tu piso. Tras tantear el terreno decidimos jugárnosla. Y así nos llegó la buena nueva del salvoconducto a Tallin, justo cuando Infantino terminó de sortear en su mansión de Ginebra una a una las alrededor de diez mil entradas. No teníamos muchas esperanzas de antemano, pero o bien tuvimos potra, o no hay tanta gente dispuesta a plantarse en el Báltico en agosto para ver una final bastante trillada últimamente. El caso es que por una vez en mi vida, me tocó algo. Nunca me volveré a alegrar si me cobran algo como recompensa, pero en esta ocasión va a significar ver a mi equipo en una final, cosa que siempre he dicho con la boca grande pensando en mi fuero interno la dificultad para hacerlo. Felizmente los vuelos y el alojamiento fueron pan comido, y encima sin tener mucho dolor de bolsillo. Muchas cosas han cambiado en este tiempo, pero lo que prevalece es la pasión por estos colores.


miércoles, 16 de mayo de 2018

Mareando la perdiz desesperado

Esta previa quizá solo haya sido comparable a la de la primera final de Lisboa: me he visto todos los resúmenes de las finales de UEFA y Recopa, y por supuesto la final contra el Dinamo de Kiev enterita. Vaya repaso nos dieron por cierto. En ella quizá, fue cuando mi cuñado del Atleti comenzó a apodarme Damianenko, refiriéndose obviamente al carrilero zurdo que nos fustigó en Gerland. La historia es caprichosa, lo sabemos, al menos desde que eliminamos al viejo zorro alsaciano y su voluble Arsenal de autor. Ahí teníamos un nuevo billete para la ciudad de los hermanos Lumière. Por suerte o por desgracia, viejas heridas se recordaban, aunque por lo que he leído y visto, la superioridad absoluta de los soviéticos en aquella final, hizo que no doliera tanto. Esta vez, con el Cholo aún entre rejas, nos veremos las caras con un histórico franchute. Un equipo con corazón, buenos jugadores, y que además de tener una Copa de Europa que ya quisiéramos nosotros, tiene varias espinitas europeas también. Como curiosidad nuestra de cada día, con el tema de la final contra el Marsella, indagué un poco (sabía que el difunto tío de mi padre se fue a currar allí) y encontré a un nieto del susodicho, con avatar de l'OM incluido, faltaría más. Aparte de este affaire, justo antes de la final tengo otro evento. Hace dos meses lo menos, a sabiendas de que podría coincidir con el Atleti jugando la final, reservé tickets para ver a los Harlem GlobeTrotters. Si llegábamos finalmente, no me cabía duda que iba a dejar el espectáculo antes. Hoy sobre las 20:30, en un bar del interior del pabellón Martín Carpena, ahí estaremos dos atléticos y medio. Otra final...
A pesar de las ganas de ganarla que me embargan, y tonto del que no, surge una especie de paradoja: tras los dos últimos bofetones europeos, esta final de UEFA es como un trago de coca-cola después de probar esos dos trozos de tarta. Una tarta que tuvo sabor a mierda sí, pero con unas orejas grandes de por medio y con todo el foco y la expectación del mundo. Quizá nos arrepentiremos mucho tiempo del inevitable desprecio (ni se han agotado las entradas) que el que más y el que menos le está haciendo a esta oportunidad de ganar, pero el contexto es el que es. No obstante, a mí hace más de una semana que me baila el cuerpo, hoy me desvelé a media noche y cualquiera me quitaba de la cabeza el partido de hoy. Lo más probable es que haya pensado tanto en esta final por la imposición de ganar: el cumplir con el peso del favoritismo que nos hemos ganado a pulso, pero que sabemos se puede romper en segundos si uno saca pecho. ¿Qué puedo hacer yo para ayudar a los nuestros? Por fin me he dado cuenta de que absolutamente nada. De hecho, le he pedido el divorcio a la señora superstición, aunque esta se empeñe en hacer que el coche se me quede sin batería la tarde antes o que hoy se quede sin agua. A tomar porculo las cábalas y macumbas. Solo respetar el ritual de oír el CD de Lisboa. Si algo me ha enseñado la experiencia en estos avatares, es que Lyon no nos debe una copa, que el fútbol no le debe una mierda a nadie, y que hoy, si ganamos, estaré igual de orgulloso. Luego vendrá la misma sensación que me posee tras las grandes noches colchoneras: no soy nada sin mi familia, y el fútbol es una infartante droga sin corazón. En cualquier caso, espero que mañana al alba, sea con el coche que sea, tenga que parar en una gasolinera o kiosko para seguir apilando periódicos que glosen nuestras gestas. La camiseta la llevaré pase lo que pase, por dentro y por fuera.

lunes, 19 de marzo de 2018

Porcelana

Sigo sin terminar mi mierda de artículo sobre el Lokomotiv, al que ya hemos eliminado y todo. Para colmo, Filipe no se volverá a vestir de corto hasta que lo hagamos nosotros mismos en nuestra casa. Precisamente se lesionó el día en que yo tras un año inactivo volvía a jugar una pachanguilla. Se queda sin mundial y es algo que me jode aún más que no tenerlo en el Atleti, ya que era su último billete para un evento así... Por cierto, de laterales ya andábamos escasos de por sí, pero esto podría haber pasado en otra parte del campo y tras la limpieza de medios en invierno la directiva hubiera quedado aún peor que de costumbre.

En esas salió el Atleti con la equipación futurista, y no lo hizo nada mal. Hizo méritos para ir por delante, y se puso con un penalty más falso que la agresión de Vitolo. Para penal el que le hicieron a mi niño en el parque de bolas... Asenjo miró para el lado contrario, a diferencia de cuando salió al césped con la camiseta de Filipe Luis. Ese gesto hace que le tenga menos de la tirria injustificada quizá que le tengo al palentino. Por desgracia paulatinamente los amarillos, o groguets, como está ahora de moda llamarles, comenzaron a acogotarnos. De ahí al final la tónica no cambió. La mía fue una bebida energética del Supersol, el copazo fue el día antes. El que sí cambió fue Simeone. Su sustitución de Gabi por Griezmann y el empate ipso facto de Ünal (¿hay un descuento en delanteros turcos o qué?) caricaturizó lo que fue el Atleti este encuentro. Y del 2-1 mejor no hablar, ya habló el locutor por la radio. Yo ya había cogido el coche sin hacer presión por ver el final del partido, de hecho, no es por vacilar, pero me lo olía. Mientras todos miraban la cara del francés en el banquillo, a mí se me quedó grabada la de Oblak. Cara que no podré ver en mi viaje a Madrid de semana santa, porque jugamos demasiado tarde, así que otra vez será.

Una vez más caída en el Madrigal, y yo me quedo con la sinceridad del Cholo. Desde la irascible atalaya de la derrota es fácil echar bilis. A mí también me gustaría que el equipo fuera más echao palante en ciertos momentos. No me vale la teoría de la manta corta de Tim para justificarlo, pero también es cierto que enfrente había un gran rival, y que apenas nos inquietaron más allá de pisar campo contrario. Que eso no se confunda con que merecieron ganar, porque donde otras veces fuimos una placa de acero, se vio una figura de porcelana, cara y fea. A partir de ahora los jueves serán los nuevos domingos más que nunca, si bien la segunda plaza es un logro del que estaría infinitamente orgulloso, máxime con quien viene por detrás. Pero lo que está claro es que nuestro bread and butter es más europeo que nacional. Además me queda la bala del Antequera, que se agarra a la lucha por la liguilla nuevamente: goles postreros con equipos amarillos como rivales, pero en este caso en el bando adecuado. Encima, queda algo que por mis huevos tengo que darle más cancha: el fútbol femenino. Que la liga está pérdida!? y un coño! Nunca mejor dicho.

viernes, 9 de marzo de 2018

A la carta

Ni lío con rusos descerebrados, ni sobresaltos durante el partido... todo fue positivo y transcurrió a su debido tiempo, algo que sabemos no es en absoluto fácil. Cualquier atlético humilde hubiera pedido al genio tener este desenlace para el partido. Y el rival... supongo que será también por el parón invernal, pero lo cierto es que el Lokomotiv, para ser el líder de la liga rusa y haberse deshecho con solvencia del Niza, estuvo escandalosamente inapente, y más desbordados que yo en el trabajo. Solo cierto orden defensivo y nuestra clásica falta de profundidad les impidieron salir más calentitos. Manuel Fernandes, un pelotero de cuidao, era lo único que les quedaba, y los nuestros le secaron hasta el sudor. Porque más allá del bajo tono moscovita el Atleti mostró que va en serio a por esta competición. Faltaría más tras el último enfrentamiento con Messi. La insistencia de fogueo se tornó en un gran gol de Saúl. Esos disparos del torocampista son bitcoins en nuestra dificultad para crear ocasiones, aunque con Diego Costa la vida en más fácil en ese plano. Por eso en la segunda parte se hizo aún más patente la diferencia entrambos en forma de gol del varano brasileño-hispano. La sed de gol del doble 9 quedó saciada tras el cabreo que se pilló el otro día contra el Lega. En mi opinión estos son más goles sicológicos que los que se meten antes del descanso, porque no tienes el entretiempo para recomponerte. Entonces comenzó una nueva edición de Juanfran Unchained. Fue un no parar del alicantino, que cerca del final puso el broche anhelado (remate de Koke mediante) para hacer total justicia con el marcador y permitirnos hacer alguna foto en la nieve de Moscú el próximo jueves. Si no, ya les obsequiaré yo con un articulillo al respecto para cumplir la tradición de stalkear la historia del rival. 


A la larga quizá nos aburriríamos, pero este tipo de partidos tan plácidos no creo que sean malos para la salud. Mas allá de los goles, volvió Lucas (franco-hispano?), y Giménez lo hizo hace tiempo para quedarse. Encima, tras la pena de Moyá, Oblak le dio la alternativa a Axel Werner, que con ese nombre de jugador de Oliver y Benji lo mismo es hasta bueno. Los cuartos están más cerca que nunca. Yo ya curioseo descaradamente cómo les va a los rivales, pero como diría Rocky... one step, one round, one punch at a time.

martes, 27 de febrero de 2018

Hambre, gula y empacho

Quizá por la reciente eliminación copera, no me esperaba un nuevo traspiés en Nervión. Yo es que por mucho que el futuro me vaya demostrando que no, soy mucho del equilibrio, de que si has perdido una vez es más difícil que pierdas otra y esa mierda. No obstante, Navas, el Juanfran del SFC, esto es, extremo reconvertido a lateral de emergencia que luego carbura, quería jodernos nuevamente, como lo ha hecho tantas otras, y un pase suyo deflectado casi nos hace recordar la vuelta de hace un par de semanas. Esta vez estaba un tal Oblak por ahí, y aparte ejque le tiraron al cuerpo cuando el Muriel ese tenía toda la portería para ajusticiar, como cuando yo jugaba al PRO 6 vamos... Acto seguido, cuando el Atleti ya se había asomado por las narices del asqueroso portero sevillista, Navas cae lesionado. Qué hubiera pasado de haber entrado esa increíble ocasión marrada, o de no haberse lesionado el de Los Palacios es todo un misterio. Lo que está claro es que ese fue el inicio del fin. Él era el Cid difunto en el caballo de ese once perenne, que hasta yo me sé de memoria y ha hecho a los de Montella plantarse en una final de Copa y tener al Manchester United en vilo.

Resultado de imagen de diego costa sevilla

Hasta ahí hemos hablado del rival, y mucho en proporción a lo que se vio en el partido. El Atlético de Madrid, con una alineación que podía hacer encorvar más de una ceja al ver pocos arreos ofensivos, terminó firmando un partido que con seguridad recordaremos aunque pase el tiempo. Una vez alguien me dijo que la clave del fútbol está en el centro del campo, y me da a mí que algo de razón lleva. Si por delante tienes además a un chalado que lo mismo hace el perfecto imbécil, le sacan amarilla y a los dos minutos de reloj le roba el reloj, la cartera y las llaves del coche al pajero Banega pues también algo ayudará. Yo creo que Diego necesita esas mierdas de guerrillas para subirse el octanaje, así que nada que objetar, seguid encabronándole rivales. Además, recordemos que Griezmann hace mucho que dejó de ser el hombre del traje gris, y es l'enfant terrible de nuevo. Golazo de videojuego y 0-2. La verdad que le vamos a echar un hígado de menos a Antoine el año que viene, espero que se vaya lejos, a la Premier lo menos, o lo mismo tenemos suerte y se pira a China en plan Marco Polo Carrasco. Gaitán también se fue, pero los únicos minutos buenos que hizo este año fueron el otro día en la pachanga contra el Copenhague. Algún día hablaremos de ellos... sobre todo me jode Yannick. Belga, aún me acuerdo del corte de mangas que hice celebrando tu gol de Milán, solo por eso siempre en mi corazón. Algún día, en plan Vieri, en plan tantos, te arrepentirás de haberte ido gilipollas.

Pero volvamos a la fiesta joder, que aún no está el Sevilla ni enjabonado. La segunda parte siguió por los mismos derroteros, y se notó que este partido tenía definitivamente un color especial cuando el árbitro pitó penalty a favor. Yo estaba tan obnubilado que ni me acordaba de la sequía de este lance. Griez al parecer tampoco recordaba la mala racha desde los once metros y dejó el partido casi sentenciado. Al rato el cara cubo de Mercado no aprendió de los errores y querubín leyó perfectamente la jugada. Bellísimo ese control levantándola para taconear acto seguido. Koke rapidísimo también. Al igual que Gabi en el primer gol por cierto. Gran trabajo de presión que me juego el cuello eran órdenes del alto mando. Ese abrazo del Mono y el Cholo era delator. Estos goles me alegran doblemente: significan que el equipo tiene hambre con 0-3 que iba ya, y aparte afea a los guardiolófilos y su estúpida reincidencia en complicarse la vida al sacarla sin unos mínimos de sensatez. La cara de Sergio Rico no tenía desperdicio. Es un porterazo, lo sé, como también sé que le deseo la peor de las suertes por joderme una visita al Calderón donde el perro guarro perdió más tiempo que Carrasco en el cambio de Qarabag. Los nuestros seguían fluyendo, el Sevilla perdido mientras todos culpaban al bueno de Layún. ¿Qué culpa tendrá el mexicano cabrones? Encima Vitolo y Gameiro a escena. Que conste que no me gustó la forma de arrebartárselo a los nervionenses, pero tras tanta batalla con ellos estos años era para que se escapara sonrisilla al ver semejante cuadro. Porque el dominio seguía: perfecta colocación, un palo, contras dilapidadas por tuya mías. Yo creo que a Gameiro le dio fatiga meter el sexto (el quinto lo metió el otro francés a pase de Saúl, al que se le hincharon las pelotas en un conato de rebelión palangana). Por momentos los nuestros consiguieron algo casi imposible, silenciar este estadio, con una atmósfera, la verdad ante todo, muy envidiable. Pero el himno del arrebato está un poco pesao ya, yo prefiero el original, que lo oí el día de la copa en la retransmisión de radio y me puso los pelos de punta, sí ¿qué pasa?


Al final, entre que el marcador era de mascletá y que los sevillistas echaron la casta que les quedaba quedó un scoro que a mí en el momento, todo gula yo, me mosqueó. 2-5 y eso sin contar un penalazo de Oblak que obvió el colegiado. El Margaret Astor del final dejó a la luz un lunar totalmente perdonable, y que no ha de ocultar un gran dechado de superación, porque tras el batacazo en copa (cambiaba jugar la final por esta goleada histórica), este Atleti se ha repuesto y de qué manera. Tiene ovarios que tengamos ahora una plantilla más corta si cabe que en septiembre, pero hoy no quiero mirar hacia arriba. Prefiero mirar al césped: Costa, Griezmann, Saúl, Koke, al mejor portero del mundo... Las próximas dos semanas decidirán de qué palo vamos, por lo pronto me he saltado mi rutina de mierda para no desmerecer el gran partido que nos brindó anoche el Atlético.

lunes, 19 de febrero de 2018

De locos

Un buen comienzo ante otro rival que venía de pasar frío y golear por el gélido norte. Y no me digan que este Athletic es vasco de los de no pasar rasca, porque los bilbainos dieron otra vez ante los nuestros una imagen más bien gatuna (que por cierto suena euskera que te cagas). El primer acto transcurrió de más a menos, y con hechos constatados como el sorpaso de Giménez a Savic (no voy a decir que no me alegro) o que Correa, con sus cosas, es el único factor fantasioso/desequilibrante que tenemos. El Athletic, si fue algo, fue la perilla de candado de Iñaki Williams (muy recomendable su Informe Robinson), y tan solo durante la primera parte. Él fue protagonista de un lance en el que no más hubiera faltado que les pitasen penal, y donde Lucas quedó tocado. En el otro área Diego Costa deliraba cuando le chulearon uno bastante claro. Si es otro delantero del Atleti creo yo que lo pitan, que ya es decir, pero los de negro no se fían del brasilero. Lo de la amarilla por gesticular sí se la ganó a pulso, pero es buen chaval hijos de puta, a ver si en el Nou Camp no pitais eso.


Hay dos tipos de partidos: los que te tomas la copa y luego rellenas con el remanente de refresco, y los que además de ese extra le echas otro chorro de licor y un cubito. Éste, tras ver cómo había finalizado la primera parte, era de los segundos. Yo hablando como si siempre pudiera tomarme un pelotazo sabes? Mi desconfianza emanaba de que estos encuentros son susceptibles de encasquillamientos, y no siempre va a aparecer un centro de Vrsaljko o una cablagada de DC... el juego del rival era tan romo y fallón que temía que el destino caprichoso les tuviera guardada alguna. En esas aparece Oblak, regateando a uno: vale. El balón sin dueño por unos segundos que seguramente serían unas décimas en realidad (ni he querido ver la repe), y milagrosamente sale del segundo regate cuando yo ya veía el esperpento hecho marcador. Por cierto, ¿qué coño es esa puta equipación blanco merdellón? No la quiero más eh, si hasta en mi análisis me han sacado leucopenia... Oblak o de negro o de verde "Courtois", y punto. El caso es que tras este entuerto la jugada siguió, y cuando aún no se me habían relajado los esfínteres ni bajado las pulsaciones llegó el gol, que paradójicamente nació en Eslovenia, en esa histérica jugada. Quizá por eso el Cholo celebró el gol al cubo. Qué manera de agitarse con traje... Mientras, a mí me sigue flipando la conexión franchuta. Gameiro me encanta pero solo si está Antoine detrás de él, parece que el ex-sevillista se siente más seguro con nuestro querubín al lado. Por cierto, cásense con quien les mire como la reportera miraba a Kevin al final del partido. De ahí al final destacar la entrada de Gabi, cuya suplencia junto a la de Godín demuestran que el relevo generacional progresa adecuadamente, y por supuesto el gol de Diego Costa, que engañó al proto-vikingo y a mí cuando se la metió por el primer palo. Yo sí que estoy loco por ti lagarto. Los del Bilbo languidecieron sin pena ni gloria, siendo el peor rival que ha pasado por casa este año, que se guarden del Málaga que lo mismo... NO. Eso sí, ojito que en la Uefa puede ser esto otra historia, en la que haya penaltys y todo.