martes, 14 de enero de 2025

Como en casa...

Dadas las circunstancias, era una ocasión histórica. Casi imperdonable el no ir. Pero mi suegra trabajaba, tengo tres niños, y precisamente por olvidárseme recoger al mayor del colegio me había autocastigado con no asistir a este Marbella - Atleti, cuando aún no sabía que no iba a poder. Así viví hasta la víspera, cada vez más indiferente con el consuelo de saber que lo podría ver en una pantalla de televisión grande en vez de ser un nómada del stream móvil. Pero lo que vi horas antes en la tele donde esperaba ver este icónico partido fue al Bati, contramaestre de la (Ba)Titoneta, al sabio de Herrezuelos Amador y a la joven promesa Darío, nuestro ya consolidado heredero colchonero. Una jocosa invitación, una mujer alegre por haber sabido mantener el secreto y un hombre con alma de niño que le recogía al vuelo una camiseta del Atleti mientras el corto vídeo terminaba. Al final el sueño era posible. El castigo ya me llegaría más tarde en la forma más cruel que mi cuerpo me puede castigar.

Así volvería a un campo a ver un partido más de cinco años después. Desde el infame derbi de septiembre de 2019 no pisaba un estadio. La Rosaleda: el campo donde por razones obvias más fútbol profesional he visto. Y mi extrañísima relación con el Málaga CF desde la época cuando nos ganaron la cuarta plaza con el jeque. He visto allí desde partidos de segunda con Catanha y Guede ante un Toledo donde jugaba Emery hasta inolvidables duelos Champions culminando con una volcánica temporada 13/14 como abonado (hará unos diez años allí nos poníamos líderes en un día de cabalgata con una árida victoria). Allá hace unos trece años debutaba un Simeone que ayer (de alguna forma) nos ayudaba a conseguir la victoria trece consecutiva. En un Málaga - Atleti me cantaron que era de Segunda, en otro Málaga - Atleti empecé a hacerme parte del macho beta que soy hoy... Siempre Málaga. El no sé qué qué sé yo de esa ciudad desde que para mí era un entramado de túneles con luces y centros comerciales donde no se veía la playa, sino el mar, hasta mi conocimiento tardío pero intenso de su centro histórico (con permiso de sus guiris de ida y vuelta). Mi simpatía por el Málaga por diversos motivos ha ido decreciendo con el paso del tiempo. Incluso a veces me sentí sucio y envidioso porque despechos y rangos me impedían desear muy fuerte que llegaran a donde mi Atleti no podía llegar. Así de mezquino soy cuando se trata de mi equipo. Yo en todo caso soy del Antequera, pero si escucho un "Puta Málaga" salto, sobre todo sin conocer el previo inmediato del tensísimo choque en según qué planos. Estoy cada vez más harto de algunos cánticos vergonzantes que hacen quedar al Atleti a la altura del betún del Dia. Ese contexto raro pues, hizo que floreciera mi personalísimo fundamentalismo mediante hechos inusitados, como que yo haga reiterados cipotes a mis compañeros de escudo por del otro córner por ultrajar a Málaga (yo no pensaba en el club, pienso en esa ciudad fea pero bonita, en mi provincia, en Andalucía, en que qué necesidad hay), haciendo que el Bati me llamara al orden (primera vez). Toxicidad a raudales, pero por mi parte también. Solo puedo insultar yo parece, sobre todo a Callejón (segunda vez). Por un lado me creo que somos todos uno y que lo que me contraria me avergüenza como si lo hicera yo, y por otro me creo tan por encima del bien y del mal que me creo de otro Atlético de Madrid, donde lo primero o lo segundo no es ser antimadridista, porque el Atleti está por encima del resto. Actitud delirante, lo sé.

Lo que es el partido, calma chicha, aún más anestesiada desde el gol de Antoine. Me quedé esperando un posible fuera de juego desde el VAR, que ni había por cierto. Por lo demás, todo va a cámara lenta, los jugadores parece que no tienen prisa. Todo parece más peligroso o inofensivo directamente proporcinal a lo cerca que estés de la jugada.
Con las gafas nuevas y graduadas a conciencia, el momento de mayor éxtasis fue el repentino efecto (aunque duró una media hora) de ver al cholo en la banda. El abrigo gris del nota de la otra área técnica me escamaba, pero éste se movía como él, vestía como él... Hasta que me vi a Nelson Vivas por la pantalla, recordamos que el Cholo estaba sancionado de Cáceres y me di cuenta de que el fútbol no se ve tan de puta madre en cualquier parte de La Rosaleda. Aunque de eso ya nos habíamos dado cuenta antes: tan cerca de la barandilla y con tanta gente tardona y perdida, aquello tenía más trasiego de gente que un paso de peatones de Tokio a la hora del curro. Todos saturando al acomodador, que querría cortarse las venas: argentinos pa ver a Julián, atléticos de toda España aturrullados buscando su sitio... El Paseo de Acacias vamos. Lo de la lentitud para entrar al estadio sin siquiera ser por cacheos sino por simple falta de efectivos lo dejamos para otro día.

Acabó el partido según lo esperado. Hubiera estado algún golito más, sobre todo porque era nuestra portería, pero nada. La vuelta fue rápida... Hasta el coche. Aparcar en centro comercial es una buena idea si vas cualquier otro día por la zona. En día de partido te convierte en un ratón atrapado. Cincuenta minutos de reloj dentro en una suerte de tercer tiempo. Lo que faltaba para darme cuenta de lo que ya sabía: como en casa, en ningún sitio para ver el fútbol.

domingo, 22 de diciembre de 2024

Siempre hay algo increíble

Esto es de locos. Nunca he visto nada igual. Disfrutémoslo aunque a mí me cueste hacerlo, pero intuyo que será una felicidad más tántrica y duradera que me ayudará más tiempo en mis propios partidos diarios. Mismos medios, mismo fin, distinto plan. Volver a ser alguien hasta no se sabe cuándo pero ahora sí sabiendo cómo. Yo me con poco me vale, pero me jode muchísimo perder la ilusión cuando hay un sueño tan lejano pero posible. Ahora hablemos de nuevo solo del Atleti. Así que voy grinchear un poco: para seguir arriba y hacer bueno este excelente excedente de puntos, habrá que ser inteligente en el mercado para no llorar si a Galán o Barrios les da por lesionarse, y ya que estamos, por pedir que no quede, mejorar ante rivales que tratan de arrinconar en su campo (y no me refiero precisamente al Barsa o al Madrid). Lo demás da hasta vértigo, por mucho que ya hayamos estado ahí, aunque yo me veo presto. Echaba de menos esta sensación de agonía protegiendo el valioso empate, y encima cae un nuevo milagro a la francesa. Sabemos que no siempre saldrá cara, pero cuando pase estaremos preparados, porque sabemos de dónde venimos hace nada. Qué alegría me da la cohesión y buena pinta que tiene esto, qué bueno es el que me note a mí mismo echando el freno de mano porque esto es muy difícil. Así que volvamos a saborear estos efluvios ligueros las veces que hagan falta hasta mediados de enero, y por supuesto no despreciemos el aroma de la Copa, que finalmente por dos circunstancias la cual más frustrante no podré ver en directo en esta ocasión histórica... Entre ellas anda el juego.

martes, 17 de diciembre de 2024

La tecla

Hace siete semanas, que no siete meses, era imposible levantar una piedra y encontrar a alguien con algo de esperanza en pelear la liga y entrar en el preciado Top-8 de la Champions. Pero, en un giro paulatino y aperaltado, el equipo ha ido creciendo sobre porterías a cero y victorias casi sonrojantes por lo pobre. Y ahora, con permiso siempre de las lesiones (larga vida a Luis Piñedo) ha surgido un once tipo, un esquema, un plan de equipo, y por tanto una ilusión. Lo que en el Villamarín parecía el principio del final pasó a ser el final del principio, y de qué manera. La primera parada fue un zozobrante triunfo en Vic, mientras los demás primeras ya goleaban a los veinte minutos. Se ganó a un Las Palmas que aún no sabíamos lo que iba a hacer en Montjuïc. Triunfo milagroso y repudiado por muchos, en París. Mallorca casi más de lo mismo. Con el Alavés hubo que picar piedra. Pero Pragadolid confirmó la mejoría del equipo a falta de rivales de más caché, sin embargo el Cacereño nos los puso de bandana, pero la tendencia ha era ascendente y las victorias ante Sevilla (partido para la década) y Getafe, por mucho que no sean Hors Categorie, no hacen más que construir sobre los cimientos de esos triunfos feos y vergonzantes a ratos que tan bien nos vienen ahora para mirar de soslayo a un Barcelona que de tan perfecto que era ya no lo es tanto. Todo esto viene a cuento de que vamos allí sin el gancho, y aunque no queremos ni oír hablar de nada que no sea el partido a partido, uno ve por fin el atacante que es Julián, el desparpajo de Galán, la garra de Giuliano, a un uruguayo sano al que no quiero mufar, el poderío perenne de Llorente, la implicación de soyuntruhánsoyundepaul, a Sørloth sin una puñetera mala cara resolviendo desde el banquillo, la resurreción de Koke para las segundas partes, y no puede más que disimular la ilusión, máxime cuando pintaba esto tan putamente mal hace nada y ahora estamos ahí, molestando. Queda un partido para acabar el año donde lo más normal es perder, pero lo que no es normal es no sorprenderse, por no decir asustarse, de cómo vamos a llegar y del porvenir: el Antequera es líder, el Atleti colíder, y encima el año próximo puede empezar viendo en directo a mi Atleti en mi querida Rosaleda con el Mundial de clubes de propina. Ilusión es poca, como una vela a Santa Tecla, que por fin nos socorrió Cholo y fichajes mediante.

lunes, 25 de noviembre de 2024

Dos grandes de tres países


Como ya casi es costumbre, de nuevo al zambullirnos y profundizar en la historia de un equipo, tocamos a otro. No hay mejor motivo que el enfrentarnos a ambos. En este caso, tanto monta, se trata de dos equipos checoslovacos, de hecho el primero nació siendo parte del Imperio Austrohúngaro. Allá por 1893 eclosiona el Athletic Club Královské Vinohrady. No se asusten, se trata del que tan solo un año después se comenzaría a denominar AC Sparta de Praga. Lo de Sparta creo que no hay que explicarlo, pero sí matizar que: uno, la sede del equipo cambió de la localidad de Vinohrady, que rehusó financiarles, a Praga; y dos, que el Sparta de Rotterdam tuvo esa greco-idea de naming un lustro antes que nuestros aún así originales checos. Más aún lo serían si hubieran mantenido su indumentaria original: negra y con una gran S en el pecho. A mí me acojonaría un poco tanta virilidad sin siquiera echar a rodar el balón (esta temporada la están usando de segunda, menos mal que el partido contra ellos son locales). Pero en 1906 cayeron en el tópico del viajecito a "las islas", la meca aún del foot-ball, y el presidente, como para decirle que no, se trajo de su periplo inglés unas camisetas rojo burdeos, que si el Arsenal (ese era entonces su color), que si los gunners molan y otro más que sucumbe a esa manida historia para identificarse cromáticamente. No obstante, la verdad sea dicha, los colores del Sparta también son el amarillo y el azul. El amarillo y el rojo son los colores reales de la ciudad, y el azul simboliza a Europa, o eso dicen. El fútbol pronto fue la sección dominante, porque no he encontrado más que la mención a una exhibición de patinaje en los albores de la organización. Y de repente, Ka-Boom!, la Primera Guerra Mundial paraliza todo, o casi, porque el campeonato de Bohemia (la Chequia actual tiene dos grandes regiones: Moravia y Bohemia, ésta última lugar de la capital y situada más al oeste), lo que decía, el campeonato de Bohemia se disputó de forma discontinua pero sin parecer directamente comprometido por el gran conflicto, y el Sparta ganó su primer título para comenzar a remontar la hegemonía inicial de su archirrival, el Slavia de Praga. Al acabar la guerra, ésta daría el testigo a dos hechos, cada cual más importante: la creación de Checoslovaquia, y el nacimiento en 1919 del otro club que nos atañe hoy, el Športový klub Slovan Bratislava futbal.


Los eslovacos no son el Slavia, pero casi, ambos hacen referencia a la esencia eslava de la zona. De todas maneras, en sus inicios se denominaron I. ČSŠK Bratislava (el I CzechoSlovak Sports Club Bratislava), abrazando al nuevo estado desde el principio, ¿eh? Ganaron su primer campeonato eslovaco en 1926. Porque nótese que a pesar de ser el mismo país, la región eslovaca no entraría en la Liga Checoslovaca (fundada en 1925) hasta 1934, de hecho Moravia lo hizo poco antes. Para esa época ya estaba acuñado el término Sparta de Hierro, Iron Sparta, para alabar las proezas de los de Praga, imbatidos en liga tres años y que amasaban campeonatos checos (y luego checoslovacos) cuando no estaban de gira por Estados Unidos (donde existió también el AC Sparta Chicago), y Barcelona entre otros. Por su parte, los de Bratislava, al parecer le endosaron un ocho a uno al Newcastle United en un amistoso a finales de los años veinte. El pujante fútbol centroeuropeo tuvo como máximo exponente en el mundial 34 a los checoslovacos, que subcampeonaron con una plantilla con mucha más representación del Sparta (7) que del Slovan (1).  Entonces llegó la Segunda Guerra Mundial para deformar todo el entramado futbolístico que parecía estaba ya bien cristalizado. Se rompió Checoslovaquia, y por ende su sistema de ligas. Cada uno tiró por su lado, y a lo que es el Slovan le fue, como al célebre cómico checo y ex-portero del Sparta Vlasta Burian, de cine. Ellos ganaron varias ligas y los de Praga, por su parte, siguieron en el mainstream, batiéndose el cobre dignamente con el Slavia, que a primeros del pasado siglo era incluso más temible en balance. Los de Bratislava estrenaban además el que sigue siendo, tras varias remodelaciones, su estadio actual, el Tehelné pole, también llamado Estadio Nacional. 

Tras la guerra ambos sufrieron la comunista imposición de un cambio de nombre: en el caso de los checos tardarían cuarenta y tres años en recuperar el original. Como curiosidad, los dos compartieron por un tiempo la palabra halcón (sokol) en su nombre. Aquí el que no corre vuela. Como nosotros, que tenemos que seguir con esto para no hacerlo más insufrible. Lo bueno es que ahora de nuevo hay liga checoslovaca y nuestros amigos unen sus caminos. De hecho, el Slovan gana tres seguidas tras la remodelación posterior a la guerra en 1949 (un poco antes anduvo por sus filas un joven Ladislao Kubala). Al igual que al gran jugador húngaro, la época socialista se le atragantó primero un poco más al Sparta y los eslovacos lo aprovecharon de la mano, por nombrar a algún capo, del gran goleador Emil Pazický. En los sesenta, la selección nacional hizo un gran papel nuevamente, y el Slovan proporcionó al portero Schrojf y al defensa Popluhár, titulares en la final junto con el capitán general de los espartanos en aquella época, el centrocampista ofensivo Andrej Kvašňák. Como ven, sacamos las grandes actuaciones en el plano de selecciones para calibrar el caché de ambas escuadras a cada momento. No obstante hay que sacar a la palestra una competición como la copa de un pino, la Copa Mitropa, una de las precursoras de la Copa de Europa, con la salvedad de que sólo participaban equipos centroeuropeos, balcánicos e italianos. El Sparta ya la había conseguido dos veces en 1927 y 1935, pero en 1964 tuvo un sabor distinto, porque la ganaron a doble partido contra... ¡el Slovan! Tienen que odiar los celestes esta competición, porque encima de no haberla ganado, sus máximos rivales eslovacos, el Sparta Trnava y el Inter Bratislava, sí lo hicieron por esa década. De todas formas, mientras el Sparta quedaba a las puertas de un par de finales de Copa de Europa poco antes, ya en 1969 el destino le tenía al Slovan algo más glorioso reservado en compensación, aunque los del Atleti sabemos que esa mierda no existe: ganaron al favoritísimo FC Barcelona la final de la Recopa de Europa en Basilea, dato que ha entrado entre vítores en mi memoria para información absurda de fútbol. A pesar de ser el único club checoslovaco, checo, eslovaco o eslovacheco en ganar un título reconocido por la UEFA, de lo que no tengo ninguna duda es que la joya de la corona de esta década es, sin embargo, el triunfo en el prestigioso Torneo de Caracas por parte del Sparta de Praga. Al parecer era un torneo veraniego intermitente que poco a poco fue perdiendo peso, pero que en su momento era lo más parecido al mundial de clubes que había. Los checos se lo ganaron al Deportivo de la Coruña, así que por mucho protosuperdépor que fuera, estaría ya la competición venida a menos, digo yo, aunque por mis huevos que esta excentricidad tenía que salir. Pero aquí no acaba esto. Me doy cuenta de otra morrocotuda sorpresa: el Slovan tiene nueve Intertotos. ¿Qué sentido tiene eso? Primero, ¿quién va a querer tantas? Y segundo, ¿cómo? si nunca me sonó siquiera ese dato. Hay trampa doble. Reducciéndolo al absurdo, antes de ser auspiciada por la UEFA, se fundó esta competición para que los suizos y demás siguieran apostando al fútbol en verano, y de paso dar algo de chicha a los clubes que no hubieran clasificado a Europa. El tema está en que al principio sí hubo ediciones con finales, e incluso la ganó doblemente otro equipo checoslovaco, de la parte eslovaca, el Slovnaft Bratislava, nombre raro por el que se conoció un tiempo al maltrecho y otrora gran club, Inter Bratislava. Pero ellos no se apuntan esas no, sino otras cuando el torneo eran varios grupos de equipos normalmente en las mismas coordenadas que los de la Copa Mitropa, pero con nórdicos y del sur también. Tan solo había un puñado de CHF como premio para todos los ganadores de grupo, que había bastantes cada edición, y solo por eso los eslovacos tienen la cara de adjudicarse las nueve que tienen, cuando no tenían ni trofeo físico. Si fuera así, entonces nuestros socios del Sparta tendrían cinco, pero ellos no hacen alarde. Hay que saber venderse, desde luego. Por cierto, el Atleti está en todos los fregaos, y participó en la única edición no UEFA que tuvo españoles, junto al Español de Barcelona. Caímos ante Ajax y Torino allá por 1968 y jamás se quiso volver a saber nada de aquello en la piel de toro. Y oootra vez nos hemos vuelto a rezagar contando anécdotas de mierda... 

En los setenta el Slovan continuó rampante: los de Praga tocaron fondo bajando a segunda (dos añitos en el infierno) mientras los Králi Bratislavy (Reyes de Bratislava) ganaban la liga. Muestra de ello es que en la Euro 1976 el Slovan lleva a siete, por cero del Sparta. En los ochenta cambiaron las tornas, y los eslovacos se tiraron tres años en segunda. Por su parte los rojos se cargaron al Real Madrid en una UEFA e imitaron a la Quinta del Buitre ganando seis de las últimas siete ligas con el país unificado. Solo una leve revolución de terciopelo futbolística hizo al Slovan (cuarto en número de campeonatos checoslovacos tras Sparta, Slavia y el venido a menos Dukla Praga) quitarle la penúltima liga antes de que este país se partiera en dos, oficialmente en 1991 y balompédicamente en 1993. Entre medias llegó la segunda gran oportunidad para el Sparta de Praga de llegar a una final de Copa de Europa. En un formato feísimo, se quedaron a las puertas en su grupo, dejando al Barcelona, a pesar de ganarle en uno de los partidos de esta ronda grupal de semis, el honor de jugar y ganar la final contra la Sampdoria. Si llega a ser Sparta vs Samp hubiera estado a la altura de la Oporto vs Mónaco... Eso sí, se vengaron al ganarle a los catalanes el Trofeo de Ciudad de Cartagena de 1998. Pero lo cierto es que partir de la separación en dos países, todo es más monótono. Más allá de los jugadores más conocidos que han estado ligados al Sparta, como Siegl, Shkuravy, Novotny, Kouba, Rosicky o Nedved, básicamente ambos son los más laureados de sus respectivas ligas, si bien el Slovan tuvo un bajón que le volvió a costar la categoría a principios del siglo XXI. Pero los dos caminan con mucha más gloria que pena, aunque en Europa mejor no hablar... Tan solo unos cuartos de final de Europa League para el Sparta que llevarnos a la boca entre los dos. Los de Praga son seguidos bien de cerca por el Slavia, su acérrimo rival; en Eslovaquia se podría considerar al Sparta... Trnava el mayor oponente histórico del Slovan. Éste vive un momento de dominio mucho mayor que sus hoy compañeros de viaje checos, al mando de los Vladimir Weiss, entrenador y jugador respectivamente, porque no les tosen en el campeonato local desde 2018, mientras en Chequia anda todo más disputado. El Sparta vuelve a la Champions diecinueve años después, mientras que a unas unas tres horas largas de distancia, el Slovan debuta en fase de grupos. Definitivamente ha ayudado el aumento de participantes. Nos suelen salir bien putas las supuestas cenicientas, y tanto en el mítico y coqueto estadio Letná de Praga como en el Mertropolitano ante los eslovacos, la luna puede convertirse en "una daga manchada de alquitrán. Ay, Praga! Darling Praga..." (con voz cazallera de Sabina)



lunes, 11 de noviembre de 2024

¿Cemento o cementerio?

"Ojalá volviera el Atleti que tiraba las segundas partes pero te mataba cuando tenía una oportunidad". Jugando de visitante. Eso lo he escuchado y leído yo más de una y diez veces. El cualquier tiempo pasado fue mejor aplicado a la época de Simeone. La pizza no de cabra, sino de algo que haría vomitar a una cabra (y quizá ni Rambo Savic ni se comería) sirvió para irnos a un parón, recuperar lesionados, ahora que Griezmann no va con Francia que recupere piernas, y ver qué ocurre cuando Llorente vuelva en ese ala infernal que conforman Nahuel y Giuliano, con permiso del lanzador Oblak. Lo raro es que cuando añorábamos esa época de victorias implacablemente rácanas, que a mí me valían, me valen y me valdrán, teníamos otro tipo de jugadores, había menos sobresaltos en cuanto a titulares, importantes, maltratados y directamente defenestrados. Por eso es que este juego me descoloca, y me dice que siguiendo así no va a sonar la flauta siempre (o siendo más respetuosos, que ésto no es el camino), y no porque no sea capaz de visualizar estos partidos, si bien algo de apuro da ver la primera parte que nos cascamos... Si esta es la tecla del Cholo, sea, pero no sé yo si con estos mimbres se puede construir una caja fuerte que te electrocute si intentas abrirla como antaño. Eso contando con que esto sea un plan.





viernes, 8 de noviembre de 2024

Ni puta idea

Qué ingenioso mi título, como el documental de Luis Enrique, pero sin asteriscos. Quizá el inefable asturiano debería empezar a preguntarse por qué siempre le pasa lo mismo, porque el Atleti no es el primero que les moja la oreja así. Con el tiempo me está cayendo gordo y mejor al mismo tiempo. Pero no es hoy día de dualidades, sino directamente de cosas que no tienen explicación. Cómo es posible si no que Espanyol y Lille no, y Bilbao, Celta y París, sí. La única posible respuesta la pone en los rótulos del marcador de la Champions: Atleti. Y si no, el comodín del público dirá que está en la cosa inmediatamente por debajo de él, el fútbol en sí mismo. El deporte donde la contundencia, cuyos otros nicknames son Suerte o también Puta Chorra, supera a la superioridad del rival... 

Me alegro por el lobo-hombre en París Nahuel MVPolina, de que Oblak haga el pase de Arnau Tenas en la Final Olímpica  en vez de revolcarse en el césped, y de que Correa marcara cuando todos esperábamos que saliera Sorloth y dábamos por bueno un empate resoplando. Al final lo que cuenta mientras nos encontramos, son estos triunfos (entre el miedo al VAR y este Atlético raro hacía que no celebraba un gol...) los que quedan en el recuerdo, sin saber en el futuro al rememorarlos si estábamos en la mierda respecto a juego o la posición en la tabla. No es el camino, ni un atajo, pero seríamos necios si no nos quedáramos con las circunstancias de ayer a la hora de valorar. Ganamos en un estadio dificilísimo ante uno de los cocos, con difícilmente peor panorama en cuanto a bajas. Encima me enamoró la forma en la que salimos a veces de su presión y cómo intentamos subir por momentos (solo vi la segunda parte, quizá eso me autosesgue). Me resisto a creer que esto vaya a ser un punto de inflexión, pero que me quiten lo celebrao mientras constato que nadie tiene ni puta idea de nada, y si alguien la tiene en algún momento, que por favor sea el Cholo, al menos hasta el verano.



viernes, 25 de octubre de 2024

Malos vientos

La frustración e incredulidad por el penalty que pitó el infame Marco Guida, primer árbitro europeo que crucificaré en mi mente en mi vida, solo superó por un momento la tristeza, o mejor dicho el estar tristón, que no es lo mismo que triste, porque va trufado de indiferencia culpable. Luego encima uno recapacita en que era el Lille B, mira la clasificación de esta Champions casi tan absurda como el penalty (que si nos lo pitan a nosotros lo habríamos fallado), se da cuenta de que el Cholo lleva perdido desde mitad de la última liga, que no hay identidad y sabes que no la va a haber, que siempre hay las mismas carencias, que somos presos de aspirar a la grandeza por haberla probado, y a la vez nunca perderemos el regusto amargo de los dosmiles, así que no tenemos nada sólido a lo que agarrarnos más que a que amamos al Atleti, que no merece la pena pensar si podríamos vivir sin él, y que al menos, y por lo menos, yo me fui más contento en esta surrealista derrota que al ganar en otros campos de manera pobre. Sin más asideros que las esquinas del escudo, o como mucho la vuelta de Llorente, Barrios y hasta, fíjense lo que les digo, Thomas Lemar. Otra cosa será después del Betis, donde independientemente del resultado de Heliópolis volverá a zarpar, sin posible moratoria, la (Ba)Titoneta de la Copa.  

PD: Sabina Nostradamus: "Hoy dice el periódico. Que ha muerto una mujer que conocí. Que ha perdido en su campo el atleti. Y que ha amanecido nevando en París." Porque próxima parada europea PSG y al loco de Luis Enrique.