lunes, 29 de enero de 2024
Un hueso
viernes, 26 de enero de 2024
Intensa calma
¿O era agarrotamiento? Tan cerca y tan lejos de las semis. Este equipo se supera haciendo dramáticas ensaladas de emociones, que te tironean las pulsaciones como un cani con su Jog trucada. Al menos siguen terminando con final feliz en Copa. La víspera parecía como si se hablara más de los rivales en la próxima ronda, y más aún de grato que era que no estuviera ya el Parka, que de que enfrente había un rival reincidente, correoso, copero, y sobre todo dispuesto a llegar a toda costa a los penaltis, donde eran superiores. Hablando de los once metros, ahí fue donde por radio le empecé a tomar el pulso al partido, tras casi perder el mío propio en mi cirugía de "corte de grifo". A buen entendedor... Se falló, había que seguir remando, zapando, sobrevolando... Y así transcurrían los minutos, conmigo ya en primera fila con mi móvil sin moverme apenas, varado entre la parsimonia sevillana. No sé si eran los rescoldos de la sedación, o el manido miedo a que se escape el sueño en un escenario favorable, pero yo estaba lento, letárgico, como sin estar allí, con Marcao juez y parte de todo. Esto era un callejón con la salida cada vez más estrecha y oscura. Entró la moranca de Rakitic, mientras Ramos y el "Webo" Acuña me producían náuseas e incomodidad a partes iguales. Pero los más morrocotudos fueron los cambios del Cholo. Quitar de una tacada a Antoine y Morata para meter a Memphis y Correa me descorazonó tanto que ahí sí que me desperté, pero fue para peor. No daba mucho crédito, la verdad sea dicha. Seguían los goles anulados, los "son malísimos, pero éstos nos llevan a penaltis", y al final llegó lo soñado por Simeone y todos los que estábamos más tensos que en quirófano. Gol de Depay a pase de Angelito de Arabia. Digno de una novela barata y previsible, para cualquiera menos para nosotros, que no sabemos más que sufrir y nunca vemos venir los quiebros del destino de nuestro Atleti. Para más inri, ese último segundo truculento, que dentro de mi apatía de ayer, me hizo murmurar suplicando que no se concediera un penalty (me cago en tu calavera, Barrios) que nos habría sumergido en la mierda más absoluta de haber entrado. La Titoneta sigue colgando talismanes en su timón, Mario Suárez comentando en ESPN es uno de ellos, porque lo digo yo que soy el capitán. Pronto habrá que entrar en Nervión, pero no donde los palanganas afloran, sino el de la ría de Bilbao. Una batalla parricida donde en negro nos ganan ellos y en color nosotros entre los quince enfrentamientos coperos a lo largo de la historia, que ya lo he mirado. Hay que cargar víveres para llegar vivos a tan hostil terreno, aunque ya sepamos lo que es pasar una eliminatoria allí. Que al pasar por su lado, esa Gabarra atracada desde hace cuarenta años no nos inspire pena alguna, porque ellos no la tendrán de nosotros.
"La Copa que trajo nuestro Antic,
que yo la sueño y deseo tanto,
y que Miranda también nos dio,
contra el Real Madrid (BIS) "
viernes, 19 de enero de 2024
Humildad como reliquia
Desde nuestro prisma, la narrativa de los derbis está llena de puntos de inflexión, afines las muchas veces al abismo de la amargura, siempre tangenciales a la locura. En Copa nos sabemos aún más iguales que en Europa, pero tras el drama saudí, había una sensación similar a la de Milán: si se cae, la brecha será inolvidable a pesar del buen balance global; el fútbol tiene memoria, pero pivota y se retroalimenta solo de la épica del ganador. Y basta de florituras, que estoy más exhausto que Carlos Sainz de tanta piedra en el camino. Lo cierto es que esta vez, a lo Rocky, a lo ensayo-error, a lo final del 2013, a lo qué se yo, aguantamos, aprovechamos, fuimos retráctiles, y alcanzamos una merecida catarsis en la prórroga, justo cuando el partido ya sale de órbita y los conceptos tácticos se desprenden como tejido muerto, fagocitados por el instinto de supervivencia. Ahí, esta vez, la moneda cayó por el lado de la sencillez y el no agachar la cabeza ante patéticos monigotes. Antoine se administró como nadie, quizá demasiado, pero todo se justificó cuando bajó del altar de la hagiografía colchonera, se dejó de gilipolleces y nos subió adonde él duerme, con moraleja además para el más tonto de la clase... Aún quedaba ordalía, lo sabíamos de sobra, porque nuestro rival es el adversario por antonomasia y por los precedentes recientes. Eso sólo era volver a postrar a la bestia, pero fue Riquelme, a pase de un correcto Memphis (pélate ya!!!) quien le cortó la cabeza: sangre blanco merdellón y linfa violácea. Me recordó a mi paroxismo en Tallinn. Esta vez en silencio, con la Titoneta zozobrante a mi lado, cayendo finalmente de rodillas, rodeado con la manta noruega y un pijama de navidad. Esta vez con el extra de cobertura wasapera con el Bati, porque lo veía por la tele. Hablando de la retransmisión, no se entienda esto como falta de respeto, pero el gran Mario Suárez me gustó más como comentarista que como jugador. Un indio contra dos madridistas: pocos son. Lo malo es que en estas ocasiones de alegría, siempre echo el freno de mano, como si no fuera merecedor. Siempre busco atenuantes para sosegarme, fruto de mi espíritu pusilánime. Sobre todo, trato de actuar en actos cotidianos como si hubiera ocurrido lo contrario, para no olvidar de dónde yo vengo y de cómo fallo en el resto de obligaciones. Nunca es tarde para cambiar, pero es que no es fácil ser yo, ni decir tiene ser del Atleti, porque yo soy el Atleti. Y por eso sostengo que es el equipo del que más difícil es ser, por quién tenemos al lado, no hay problema en reconocerlo, pero sobre todo por la inefable manera de subir y bajar de las nubes. Hoy salió cara, mañana a ver qué sale en el sorteo. Aquí el "partido a partido" me la suda, yo quiero la Copa y si no moriré ahogado y sin abandonar a mi tripulación.
jueves, 4 de enero de 2024
Quemar las naves. Soltar amarras
domingo, 24 de diciembre de 2023
Conexiones
jueves, 21 de diciembre de 2023
Malos tiempos para la épica
Múltiples factores, que si el Martínez Semuera este cabrón, que si Savic ya no es Rambo, si no Santiago Urrialde, que el Geta fue superior con once, que el Atleti resurgió como Greenwood al sur de Madrid con la expulsión y mermó desde el banquillo, que Griezmann ya es un semidiós pero no puede solo (mete hasta goles en propia el mamón), que Memphis está más cerca de sacar un disco que de celebrar un gol, que si falta un Kondogbia cuando se le invitó a salir, la mala planificación, idea única de juego válida... Demasiadas variables para un equipo del Cholo.
Pero bueno, ya estamos acostumbrados a estos partidos de locura elevada al cubo. Estos sindioses nos suelen salir bien, máxime cuando nos pusimos ganando, por segunda vez sobre todo (qué me alegro por Morata y Llorente), y con el tres uno, ya que mi tocayo cabrón se empeñó en tocarle la carita a Hermoso, a quién no le gustaría. Todo CASI hecho, aunque olía a gesta local. Hasta habíamos metido un penal rozado por el portero, ya solo quedaba el contragetafe: visualizar lo peor, para que ese simple hecho hiciera que no ocurriese. Pero esta vez ni así. Los de Bordalás, que por cierto, como siempre yo posicionándome con el criticado, tienen mi respeto, a pesar de tener hijosdeputa incómodos como J. Mata, pues hicieron un gran partido, la verdad sea dicha. Quizá tenía que pasar, o más bien fueron esos cambios finales que todo el mundo dice que nos jodieron: yo no me entero de una mierda aunque no levanté los ojos del móvil desde la cama. Solo sé que al final todo se equilibra, porque no era la primera vez que vivíamos en el alambre de "Pacha", y también sé que quiero mucho a Riquelme.
Esta vez no hay un mundial a la vuelta de la esquina para revertir la situación tras él, sino un QSFC, cuyo nuevo técnico entrenaba al Geta antes de la racha de partidos ganados en casa que el propio equipo rompió ayer. Yo que no sabía si subirme a la liga, aunque me sonaba a chiste casi siempre, solo sostenido por esa tremenada racha casera, al final me quedo en el kiosko de revistas esperando mi tren, o mejor dicho mi barco (shhhhhh). Ya no hay que mirar ni a vascos por abajo ni catalanes y cervados por arriba. Solo queda asumir lo difícil que es arreglar esto, o mejor dicho, tan solo acatar los objetivos standard, rezar por ser cuartos (y gracias infinitas) y pelear los cuartos, valga la redundancia, de Champions contra todo un Inter de Milán, que ya me daré el gustazo de hablar de él extensamente en breve.