lunes, 24 de mayo de 2021
Morfina para la eternidad
domingo, 16 de mayo de 2021
La penúltima
Osasuna significa salud, pues estos hijos de puta mermaron la mía y me tuvieron por momentos avocado a la desesperación más absoluta. Me hicieron ver la semana que se me avecinaba como una grandiosa tempestad de mierda. La ojeriza que les vuelvo a tener no puede ser más fundada. Otra vez un portero feo y larguirucho haciendo el partido de su vida. Otra vez como contra el Levante, pero más sangrante si cabe, porque los navarros en la primera que tuvieron nos hicieron a más de uno cuestionarnos si el destino podía ser tan insoportablemente cruel, que diría Calamaro. El día anterior había visto el documental de Historias de los Playoff y ahí salía el cabrón de Budimir, y vaya cabezazo que sacó, no lo paraba ni dios, literalmente según vimos en el VAR. La conclusión más terrenal que saco es que a pesar de la cara de tonto con los dos goles anulados y la de muerto viviente que se me quedó en las decisiones, acertadas esta vez, el vídeoarbitraje tiene que ser defendido y mejorado. Tan solo unificar criterio con las manos y ser un poquito más laxos con los fueras de juego de pelo y medio y sería la rehostia. El partido en sí había comenzado como la seda, ocasiones, empuje, desparpajo. Correa, Trippier, Llorente, Yannick... todos enchufados pero también los palos y el desgraciao del portero ese que ni quiero nombrarlo. El gol parecía cuestión de tiempo pero tras el descanso, incluso tras la puta pausa de rehidratación, se atenuó un poco. Aún así, parecía una broma del más sádico de los guionistas ese gol de Osasuna cuando además ya teníamos la presión del gol en San Mamés. A mí se me iba la vida, desde las dos de la tarde estaba con libélulas en el estómago, fantaseaba con un pinchazo blanco y ganar, y poco a poco el destino me mandaba señales inequívocas de que no, más que nada por el cero uno que veía en el marcador. Con toda esa gente animando fuera que me los ponía de punta. No podía ser. El empate lo tenía clarísimo que llegaría. Ni lo celebré, pero era consciente de la buena inercia que volvía a suponer. El disperso Lodi se redimía para más beneficio del gol. Aquí necesitamos a todos: Herrera, João y Moussa Dembélé, el cual pienso que tiene más potencial del que hemos visto, y ojo que no nos tenga un regalito de despedida preparado. El que no sabemos si se despedirá, sería casi tanto crimen como no ganar la liga que el uruguasho (con permiso de mi Josemari) no oyera al Metropolitano cantar un gol suyo, es Luis Suárez. Un jugador que durante un lustro consideré el tercer mejor jugador del mundo y el mejor delantero, por muy cabrón que me pareciera. Gracias Lucho; gracias por tanto, Uruguay. Yo atisbaba ese gol, siempre creía en mi cárcel de la exasperación en una fianza en forma de tanto que me liberase. Ese gol fue un dechado de rabia y de satisfacción por no haber dejado de confiar. Por volver a la vida por enésima vez. Esta vez los jugadores tiraron más de mí que yo de ellos. Genial el Cholo pidiendo tranquilidad. Además mi niño, que en principio se asustó el pobre al oírme gritar como un imbécil, se lo tomó bien. Le gusta jugar con el autobús del Atleti, aunque con Indi no tiene mucha afinidad. Él fue el único testigo de mi desesperación, si es que pudo llegar a percibirla, porque mientras jugaba con él a tirarle almohadas, me puse con mucho sacrificio una máscara de bonhomía que es la que él se merece por la falta de atención de otras veces. No era justo que pagara mi zozobra durante el partido en forma de ignorancia y me alegro que así fuera. Si además jugar con él me servía para templar el estrés, pues bendita simbiosis. Todo salió como el más sádico, pero colchonero, de los directores de cine hubiera diseñado. ¿Ganar la liga hoy? Pon la penúltima, en esta caso la IPA del Lidl con la foto del indio que mencioné en mi anterior post, y a esperar. Esta liga no puede decidirse de otra forma que no sea en el último hálito.
sábado, 15 de mayo de 2021
Parar de soñar
lunes, 3 de mayo de 2021
Conductores suicidas
martes, 27 de abril de 2021
La gota malaya
martes, 23 de marzo de 2021
Peligrosamente preparado
Estoy más perdido que Diego Costa, pero ahora que se aúnan parón de selecciones y mis vacaciones, tengo que hacer mi declaración de la renta particular por adelantado, que cuando vuelva el fuego en tierras sevillanas estaré de nuevo con mis propias mierdas (obviamente sin perder un ápice de esta epopeya de temporada, quemando paseo tras paseo con el crío al son de Atletico Play, Big Zeta o audios errantes con mi sobrino Bati). Pero como esta noche solo tengo una bala, dejo gustosamente a un lado la bochornosa eliminación ante el Chelsea, como dejé en el tintero la entrada sobre la historia del equipo inglés... De hecho, a la mierda el partido contra el Alavés también.
Se ha pasado de que nos dieran la copa por adelantado a que ahora nos tilden de gafes y pechofríos, como si estos jugadores no hubieran estado ya en algunas como esta. Tan bien se hizo que el demarraje en forma de puntos fue tan espectacular que, a mí no me jodáis, no ganar la liga sería un mazazo sideral, una herida de años de curación... Por eso esa victoria ante los vitorianos fue tan importante, un rival de tan abajo que nos hizo ver el pozo por unos segundos; con un tanto de un Suárez descoordinado hasta el momento de su golazo, con ese penalty tan tonto de Rambo Savic, empeñado últimamente en dilapidar su infinito crédito en forma de absurdos lances con los brazos, y con el culmen de la catártica parada de Jan, mientras yo no lo quería creer, no quería mirar, mientras limpiaba el WC de vómitos de mi esposa totalmente desnudo y suplicante de no dejar caer un eslabón más de este sueño que yo no pedí, de puro miedo a que se esfumara, y que nos llamó a filas sacándonos de nuestra zona de comfort en el momento más inopinado. Esa atajada la celebré más que el gol de Granada, o el de Éibar, o el de tantas muescas a esta a todas luces inolvidable liga. Me sudó la polla que me oyeran en la casa de al lado, y eso que les oigo hasta de mear, que se enteren que soy del Atleti, que también está ahí er tío cuando nos eliminan los blues de Europa con su chándal de hace quince años con el escudo en el bolsillo pa recoger al niño del cole, no sea que duden de mi colchonerismo. Si es que ya lo digo yo: el Mejor Atlético del Mundo.
La victoria en Villarreal tras la sangría de puntos o el gol de Llorente antes del descanso contra el Athletic de Bilbao, fueron puntos de inflexión positivos recientes, pero como esta parada de Oblak, ninguna. Con él, Suárez y Marcos por bandera, podemos llegar lejos tras el parón de selecciones, partiendo con una nada desdeñable ventaja de cuatro puntos: el problema es que sería pingüe bajo el prisma de cualquier otra temporada pero magra con los ojos de esta, que es la que importa. Y ahí reside el problema: es evidente que el equipo, incluso con todos de vuelta de la enfermería, no carbura igual, y que los enemigos, que ya están todos ávidos de puntos para cerrar objetivos, puede que hayan olido la sangre en vez de agachar las orejas a su paso por nuestra casilla. Haciendo uno como que no ve al Madrid, el Barsa, que parecía digno de lástima hace unos meses, ahora es el candidato total, y no puedo, por mucho que me joda, poniendo un ojo en el calendario, evitar pensar que tienen más papeletas que nosotros. Esa duda de fe tiene menos de psicología inversa y cábala de lo que a mí me gustaría. Pero pshé! Creo! A pesar de todo creo en este equipo, y no lo hago por lemas como el 'Nunca dejes de creer' ese de primero de hincha del Atleti que está ahora tan de moda, sino porque si creí en Lisboa cuando empató Ramos, si creí el día del no ascenso en Getafe, así como creí en la segunda parte de la final del Camp Nou de la 13/14, ¿cómo no lo voy a hacer ahora? ¿Qué menos que eso? Además es que es algo innato, y una puta cosa se nos tiene que meter en la cabeza a todos los que andamos zozobrantes: es normal sentirse así, joder. Nos guste o no, sabemos que son ocasiones únicas, y no nos movemos tan a gusto como nos gustaría en este piso del rascacielos. La clave está en que si lo diéramos por perdido no estaríamos así. Lo que no puedo negar es el, obligatorio diría yo, correspondiente miedo a perder, máxime en esta liga. Siempre he dicho en la época reciente que ya había vivido todo en el fútbol, bueno y malo, excepto ganar una Champions, pero un desenlace como el que puede atisbarse si uno se pone pusilánime o con un puntito de pesimismo... Sería atroz, vil, inhumano, tanto que ese daño lo llevo sufriendo con carácter retroactivo desde este último mes. Eso sí, como la ganemos... Ay...
Es posible que no vuelva a escribir más hasta el fin de la liga, y ahí sabremos si hay un atlético o una atlética más en la familia, habré puesto mi banderín en la nueva furgoneta de padre que ha arrojado la toalla (¿no, Santos?), y por supuesto, habré dejado este miedo. Ahora parón de selecciones mis cojones: pensaba que iba a gozármelo como un oasis previo, pero mi mente ya está en Sevilla, velando armas en el Pizjuán, de hecho mientras me escribo esto me he zampao media bolsa de frutos secos que tenía maquiavélicamente guardada para el susodicho partido.


