jueves, 21 de febrero de 2019

Continuará

Más de dos meses de espera. De maldecir aquel maldito partido en Brujas que nos ponía en un brete desde octavos... Con la liga en chino mandarín, la copa en una lengua muerta, todas las esperanzas recaen más que nunca en la competición que más deseamos, y en la primera eliminatoria aparece uno de los favoritos... Contando las semanas, los días, llega el miércoles de marras, con el ritual más marcado que nunca. 'Desesperado' de Mareando la Perdiz atronando en el coche. Hablando del partido a la más mínima oportunidad con cualquiera que tenga dos dedos de fútbol. Especulaciones, vaticinios, castillos en el aire, mis miedos e ilusiones al descubierto.
Era el escenario propicio para que este equipo nos volviera a dar una lección de grandeza, pero creo que muy pocos podíamos aventurar semejante desenlace. Quizá actitud sí, pero no esta diferencia respecto al rival, materializada además en un gran resultado. Se vio algo que en las grandes noches de Copa de Europa no estamos muy habituados: el equipo fue de más a mucho más. Se sobrepuso a varios reveses en forma de decisiones de VAR (me gusta) y ocasiones de esas que si las fallas te da la sensación de que a la siguiente el rival no va a hacer lo mismo contigo. Conforme avanzaban los minutos y las buenas ocasiones esa zozobra se aunaba a la rabia de no estar aprovechándolas ante un granítico oponente, que en Madrid comenzaba a mostrar aluminosis. Pero llegó... Como un sacrificado parto de mellizos aparecieron en el mejor momento dos goles fruto de una suerte que en su momento fue nuestra arma más venenosa: la palla ferma.
Giménez y Godín. Precisamente los artífices de lo más temido de este equipo, que fue esa defensa solidaria y metódica que hemos de recuperar. Ellos son el sol de mayo de la bandera uruguaya. Y eso también es lo que todos ansiamos: llegar a los soleados días de ese mes vivos, allí donde los partidos empiezan aún de día, ya con manga corta, el estómago hecho un mariposario y el himno de la Champions listo para ser silbado. Que continue esto por favor.

martes, 5 de febrero de 2019

La géminis de tauro

La revolución industrial trajo como la más divertida consecuencia la expansión del germen de un deporte que sobreviviría a la máquina de vapor, y no solo eso, sino que se convertiría en lo más importante del globo terráqueo. El football, a través de intrépidos hombres de negocios en busca de recursos y mano obra barata, llegó con fuerza a las ciudades de otros países a finales del siglo XIX, ya lo sabemos. Turín, cuna de la industria transalpina junto a Génova y Milán, no fue una excepción, sino un ejemplo claro. Tras varios proyectos fallidos, (hasta tres equipos turineses integraron la primera edición del campeonato italiano en 1898), cuajó uno llamado Juventus, nacido un año antes y que inicialmente convivió con otros clubes locales como el FBC Torinese.


En esa época, las escisiones estaban a la orden del día, y en este caso dos magnates de la industria textil fueron los más destacados en el devenir de la topología del fútbol turinés. En primer lugar el piamontés Marco Ajmone-Marsan, que potenció económicamente al equipo que por aquel entonces aún vestía de rosa y negro. Todo iba bien, de hecho, tras debutar en 1900, ganaron su primer campeonato en 1905. Insisto en que es acojonante la relación de los orígenes de este deporte con la industria. El llamado triangolo industriale literalmente daba forma al campeonato italiano por aquellos días. Dos equipos de Milán, dos de Génova y dos de Turín. Pero al suizo Alfred Dick, segundo opulento en cuestión, y que en ese momento presidía a la Juve, no le parecía bien la profesionalización que se avecinaba y liándose la manta a la cabeza, aunque realmente vendía cueros y calzado, tiró de algún descontento más, miró a la acera de enfrente, y tras unirse al ya mencionado Torinese sentó los cimientos del actual Torino FC. Dicho club lucirá desde entonces el color granate en honor a la Brigade Saboia, que liberó a la ciudad del mismo duque años antes. La Juventus adoptó rápidamente las rayas blanquinegras del Notts County. Por cierto, Alfred Dick se suicidó en 1909: tan temperamental como el emblema de la ciudad. Se dice que en el primer partido entre ambos clubes, en un estadio que estaba a su nombre (la Juventus queda temporalmente sin estadio tras la salida de Alfred), el suizo se encerró en los vestuarios a lo Gilma por la M-30 mientras le iban contando cómo ganaron por 2-1 el primer Derbi della Mole, llamado así por la identificativa estructura que hay en el centro de la capital piamontesa. El Velodromo Umberto I seguiría siendo el estadio del Torino hasta 1910. 


Ese cisma desembocó en la bicefalia actual, Juventus-Torino, que pasó por diversas etapas que vamos a condensar amenamente a lo largo de estas líneas. Hasta 1926, Turín no volvió a tener ganador en el máximo campeonato nacional, y fue nuevamente el club juventino. Al año siguiente algo raro ocurrió. Por supuestamente tocar a un jugador rival en un derbi, le arrebataron al Torino el que hubiera sido su primer campeonato. Felizmente se resarcieron de ese turbio asunto un año después con su primer entorchado. En 1937 la Juventus gana su primera Copa en un derbi a doble partido. En esa época los Agnelli, dueños de FIAT, ya mandaban en el club, y ganaron cinco Scudettos seguidos antes de la segunda gran guerra. Ya en pleno zafarrancho, los jugadores del Torino fueron alistados como trabajadores de la empresa automovilística de la Juventus para evitar ir al frente. Justo antes de que se suspendiera la liga, el FIAT Torino (sic) ganó su segundo título en dura pugna con el Livorno. Ese periodo en el campeonato italiano da para un artículo entero... La paz y la salida de Mussolini sentó bien en la orilla granate de Turín, y a finales de los cuarenta vivieron sin duda la mejor época del club. El archiconocido Grande Torino campó a sus anchas ganando una Coppa Italia y cuatro ligas seguidas más, con un rebranding táctico e institucional que tuvo al director técnico húngaro, Erno Erbstein, como uno de sus ejecutores principales. Tras pasar mil y una penurrias en esa época por ser judío, pudo volver al Torino y ser partícipe de los éxitos de posguerra asesorando a varios entrenadores. El problema es que la última victoria de esa gran generación tiene un epílogo amarguísimo. El 4 de mayo de 1949, tras volver de un amistoso post-temporada en Lisboa en un avión FIAT G.212 (ironía), el equipo al completo perece tras estrellarse contra un muro de la Basílica de Superga, cercana a Turín. No queda claro el motivo, pudo ser un fallo humano o en algún sensor de la nave, lo cierto es que el fútbol italiano quedaba invertebrado ante tamaña tragedia. Actualmente existe un museo donde empaparse de la trayectoria de este involvidable equipo, que quién sabe si hubiera sido aún más legendario de haber existido entonces la Copa de Europa.


Tras el durísimo golpe, River Plate, en un gesto que les honra, fue a Italia a disputar un amistoso solidario, que sentó una amistad que llega hasta nuestros días y ha dado lugar a uniformes conmemorativos por ambas partes. Bello gesto, pero la pérdida era irreparable, por eso los cincuenta y sesenta fueron años difíciles para el Torino. Sufrió su primer descenso, y solo conquistó una copa en 1968, justo la temporada en que falleció trágicamente el icónico y transgresor extremo Gigi Meroni, la Farfalla Granata, atropellado por un aficionado de su propio equipo, un tal Attilio Romero, que conducía un puto FIAT, lo cual tampoco era tan difícil en aquella época, no nos conspiranoiemos aún... Por otro lado, ajena al caos que la rodeaba, la Juventus siguió engordando su impresionante palmarés cuando los equipos de Milán le dejaban. Eso sí, se quedaron sin disfrutar de las mieles de Meroni, porque anduvieron muy interesados en la contratación de la estrella vecina ellos... De lo que sí disfrutaron fue del Trio Magico, formado por el argentino Omar Sívori, el galés John Charles y el nacional Giampiero Boniperti. En esos tiempos se produjo el apogeo de los apodos a duplas, tríos, incluso quintetos de jugadores, gracias probablemente a periodistas influidos por el fenómeno Beatles. Incluso España no se libró, si no que le pregunten al Atlético de Madrid y su Ala Infernal. Molaría verlos enfrentados cual grupos de Pokémon futboleros ¿que no? Pues verlos no los vamos a ver, pero gracias a la Copa de Ferias, precursora de la UEFA, hubo hasta cinco enfrentamientos entre colchoneros y bianconeri. En la edición 63/64, los juventinos nos eliminaron en octavos, ganándonos en ambos partidos, pero claro, de esa mítica dupla Peiró-Collar solo nos quedaba el segundo. Así cualquiera... Aunque siendo honestos, del Trio Magico solo quedaba Sívori. Excusas poquitas, porque un año después tuvimos opción de revancha en semifinales de la misma copa. En el que probablemente fue el último partido europeo del viejo Metropolitano, La Vecchia Signora encajó un 3-1 con hat-trick de Luis Aragonés. Pero la vuelta en el Stadio Comunale terminó con idéntico resultado en contra, a pesar de adelantarnos con gol de Luis. Otro Luis, Del Sol, era una de las figuras bianconeras. En el partido de desempate, jugado en el mismo estadio, empezamos ganando de nuevo, pero los italianos terminaron llevándose el toro al agua. Definitivamente esos partidos de desempate se nos dieron fatal. La semifinal contra el Real Madrid en los cincuenta, esta propia semi, la final contra el Bayern... Ay...


Por otro lado, la Intertoto existía en esa época, aunque no la controlaba la UEFA, solo daba pasta y no acceso a Europa, pero mantenía el mismo espíritu decadente y veraniego. Eso sí, el Atleti le dio fuste con la única participación de españoles, junto al RCD Espanyol, de la época antigua del torneo. Nos enfrentamos al Torino y al Ajax, pero quedamos últimos de grupo. En casa, al menos ganamos a los italianos con dos goles de Pastor, aunque allí nos derrotaron por de paliza, 5-2. Vamos p'alante que nos pilla el toro y esto se va a hacer eterno, pero es que quiero abarcar a dos equipos míticos y encima hablar de sus enfrentamientos contra el Atleti... Los setenta vinieron moviditos. La Juventus dio un paso más allá, y además de campeonar en Italia varias veces, hizo lo propio por primera vez en Europa, tras derrotar al Athletic Club en la UEFA de 1977 de la mano de un zorro de esto del fútbol, aunque aún no peinase canas: Giovanni Trapattoni. Un año antes, el Torino conquistó su primer y último Scudetto tras la catásfrofe de Superga de la mano de los gemelos del gol, ríanse de los Gemeliers esos. Con todos ustedes, Francesco Graziani y Paolo Pulici (goleador histórico del club), vaya partebragas que tenían que ser:


Por cierto, ese título no pudo festejarlo el jugador con más partidos en la historia de los granates: Giorgio Ferrini, alias La Diga, por su carácter de perro de presa defensivo. Murió de un aneurisma un año antes de la última liga del equipo de su vida. Qué triste me cago en la puta... Los ochenta acentuaron aún más la diferencia competitiva entre Juventus y Torino. A medidados de la década las cebras ya tenían todas las copas que podía ganar un club europeo (excepto la copa de Ferias, que se la quitó el Ferencvaros). La más dolorosa y truculenta fue la más ansiada. En 1985, la final de Copa de Europa contra el Liverpool en Bruselas no tuvo como protagonistas a Platini, Boniek o Paolo Rossi, sino a las 39 muertes causadas por una avalancha de hinchas reds. Demasiadas tragedias en estas líneas, de verdad. Uno podría pensar que el Torino es el único desafortunado, pero quizá sea la torinesitá transversal la que atrae las desgracias. Eso sí, ese día consiguieron su primera Copa de Europa, todo hay que decirlo, con un penalty que no sé cómo se pitó dentro del área, mamma mía... La década del sinth-pop termina para il toro peor imposibile, con un descenso a la Serie B. Movidita la cosa... Al menos el soplo de aire fresco llega con el nuevo Stadio Delle Alpi para el mundial de Italia. Fue inaugurado con un amistoso entre, al loro, una selección de jugadores de los dos equipos contra el Oporto. 4-3 terminó esta joya, click al vídeo y sigan leyendo, hijos de puta. Decíamos del Torino, que peor no les podía ir, pero con el cambio de década ascendieron y formaron un gran equipo. Tan bueno que se atrevieron a enfrentarse al Atleti...


Porque es que parecía no haber ningún duelo registrado entrambos, pero logré encontrar uno cuando había perdido la esperanza. En 1990, tras el mundial, se disputó en Génova la primera edición de un torneo veraniego con el idílico nombre de Copa Mediterráneo. Lo jugaron con un formato de liguilla a dos partidos entre cuatro equipos. El Atleti debutó ante el Toro en el Luigi Ferraris. Se nos adelantaron por dos goles en el segundo tiempo, cuando el flamante fichaje granate Martín Vázquez y Futre ya habían abandonado el césped. Con uno menos los italianos, en las postrimerías se alcanzó la igualada mediante Baltazar y Manolo. Zago, Lentini o el meta Marcheggiani son nombres a destacar en la alineación rival. Anecdotilla: en esa época Gil campaba a sus anchas mediáticamente hablando, y el Atlético de Madrid estuvo apunto de retirarse del torneo en el segundo partido, que nos enfrentaba al Olympique de Marsella, porque el gran hombre decía que aún no habían recibido el pago por participar. Al final todo se calmó y se empató nuevamente. Una joyita la página de El Mundo Deportivo que rescaté de su hemeroteca, por algo es mi diario de referencia para ver noticias del Atleti:


La última cresta de la ola del equipo al que más siguen los turineses tuvo lugar precisamente con este plantel, que obtuvo un subcampeonato de UEFA, una Copa Mitropa y una Coppa Italia al año siguiente. Luego, como tributo por esos escuetos laureles, vuelta a la convulsión institucional, con descensos incluidos (el gran interior derecho Lentini ascendió dos veces con el Torino, respect). ¿Adivinan cómo le fue a i bianconeri mientras tanto? Un par de UEFAs más, y tras el declive del Milan de Sacchi llega Marcelo Lippi al club con una liga y al año siguiente una Champions, la segunda y última a día de hoy, ganada en penales al Ajax. Recuerdo a fuego el gol de billar de Ravanelli, con su pelo plateado y cara de hijoputa italiano. Es curiosa la cantidad de finales que ha perdido la Juve (7) para "solo" tener dos copas de Europa, aunque yo me cambiaba por ellos antes de que me lo preguntasen. Insistimos en que esa época hubo bancarrotas por doquier en la otra parte de Turín, y por allí anduvo Attilio Romero, ¿se acuerdan de quién atropelló a Meroni? Pues luego presidió al Torino con igual de nefasto desenlace. Entorno a 2006 la estabilidad llega a los granate hasta el día de hoy, incluso regresan a jugar como locales al Comunale, con su mítica Torre Maratona. Paralelamente la desgracia se cernía, para variar, en las oficinas de los Agnelli, porque en las altas esferas, el vecino rico era salpicado y de qué manera por el Calciopoli, donde el directivo Luciano Moggi sugería nombres de árbitros para favorecer los intereses juventinos. Otros equipos también estaban en el ajo, y eso costó al club sus dos Scudettos  de la época (vendetta por el de 1927!)  y el descenso a la Serie B. De ella regresaron rápidamente de la mano de estrellas como Del Piero (jugador con más partidos y máximo goleador), Gigi Buffon, Trezeguet o Pavel Nedved (actual directivo y balón de oro).


La Juve se tomó su tiempo para volver, como el pelo de Antonio Conte, pero cuando lo hizo rabiosa, nadie la pudo parar. Desde 2011, año en que se mudaron al coqueto Juventus Stadium (sito sobre las cenizas del demolido Delle Alpi), el Scudetto tiene un solo dueño, y ya van por la tercera estrella (se otorga una cada diez entorchados). Tres dobletes locales consecutivos... y otras dos finales de Champions perdidas, como nosotros... En eso nos parecemos, y también en el reciente cambio de escudo. No obstante, la época actual nos trata bien tanto a Atleti como a Juventus. Nos vimos en la fase de grupos del 2014/15, edición en la que cayeron en la final contra el hijo de Amunike. Eso sí, ni nos marcaron, y en el Calderón palmaron. El sorteo ha querido que nos veamos las caras cuatro años después, y la verdad que llegan en plenitud, siendo claro favori... ¿Cómo? ¿Ya me estoy rajando?  ¡Eso nunca! A toriles y ¡Forza Toro!, que diría Petón.


lunes, 17 de diciembre de 2018

¿Qué importa?

En toda competición se tiende a ensalzar la participación de los favoritos a ganarla, a ignorar supinamente a los rivales considerados más débiles, bautizados jocosamente como cenicientas o marías. La Champions, a pesar de tener en su haber año tras año a equipos con historia en mayúsculas, no es una excepción en cuanto a este machismo futbolístico. Y no queda ahí, no importa que en su momento hayas triunfado: solo importa el presente. El pasado para la mayoría es, como mucho, volver la vista atrás tres, cuatro, cinco años a lo sumo. Mas afortunadamente no deja de ocurrir, y de hecho va a más, la constatación de que los tiempos cambian, aunque sea ligeramente, y la fisonomía del plano competitivo muta de forma paulatina: la pujanza recurrente del Dortmund, la irrupción del Tottenham, sin olvidar algunos sorpredentes resultados como las victorias del CSKA Moscú ante el Madrid o la propia clasificación sin fisuras del Ajax tras no sé cuántos años. Los dominios de algunos van sucediéndose, incluso multinacionales con solera como el Manchester United o los dos milaneses sufren lo indecible para agarrarse a esta competición, o si quiera con tener opciones de disputarla. Pocos axiomas hay, solo Madrid, Barsa, Bayern y Juventus hacen cola los primeros en cada sorteo de octavos para evitar la hecatombe del planeta. Luego están los nuevos ricos habituales para completar el mainstream: PSG y Manchester City. No digo que no tengan historia, pero a cualquier chaval le preguntas por cuánto palmarés piensan que tienen y quedarían sorprendidos de la realidad... En la otra orilla, pero tratando de llegar al mismo mar, se encuentra el Atleti. Seguramente habrá otros, pero el protagonismo en cuanto a perseguir la gloria en esta competición desde el trabajo más esencial se lo dejo exclusivamente a mi equipo. En otras décadas fueron Valencia, Leeds o Stade de Reims. Y de eso va el tema, Don Luis dijo una vez que "del Subcampeón no se acuerda nadie". No estoy de acuerdo. Los primeros que se acuerdan, y más que de la propia victoria futura o pasada, son los que han terminado en esa cruel y loable posición. Con lo difícil que es llegar hasta ahí, y los que se acuerdan de ti suelen ser para usarte como ejemplo perdedor, afirmación objetiva no obstante. Probablemente el equivocado sea yo, aunque no quiero que suene a que me conformo, yo no soy Faemino y Cansado, y no pienso que "subcampeón sea mejor que campeón", de hecho creo que ni ellos lo suscriben más que para hacer humor. Lo que trato de expresar es la grandeza histórica que hay detrás de cada institución, y que este torneo, sin uno mira hacia otro lado para olvidar lacras arbitrales y financieras, es un patrimonio que crece año tras año. Batallas increíbles, jugadas y goles de ensueño por su factura o por su valor. Yo seguiré adoptando por unas horas estas historias, y les daré protagonismo a esos momentos siempre que intersecten con el Atleti, porque más tiempo no tengo, ya quisiera yo... Todo sea que comience la superliga europea esa y ahí a ver quién es el guapo que reniega de jugarla y prefiere al Steaua de Bucarest o al Celtic de Glasgow. Mientras tanto, no tenemos que irnos muy lejos para ver cómo los a priori considerados meras comparsas también impactan directamente en el devenir...

Porque estos dos partidos del cierre de la fase de grupos nos dejaron una inesperada alternancia en la primera plaza. Parecía que ni Borussia Dortmund ni Atleti la querían, y lo que también pasaba era que el Brujas sabía a lo que jugaba. Esos dos empates a cero tienen una parte de negligencia en ambos clasificados, yo soy el primero que pensaba que íbamos a ganarle a los belgas y que deberíamos haber ganado, pero el rival también merece respeto, si no que le pregunten al Mónaco, semifinalista hace dos ediciones y subcampeón en 2004 y que ahora saca unas alineaciones que recuerda a los niños del frente nazi pero en negro. Ni olieron la Europa League de la tercera plaza. El propio Brujas fue subcampeón en el 78 ante un Liverpool que vuelve a ser tenido en cuenta desde el año pasado para ganar la orejona tras casi una década en el olvido. Está bien asumir los ciclos y no estar todo el puto día recordando tiempos pasados, pero me parece al menos pecado venial no conocer un poco más de los clubes de fútbol históricos y qué coño, de los no históricos también, porque si para la mayoría es importante solo el presente, hablemos del Young Boys, hablemos del Hoffenheim, de la vuelta del Estrella Roja tras 26 años, y si no, al menos dejadlos participar en el futuro elitistas de mierda. De momento, en próximas entregas, y ya que en octavos vamos a Turín, hablemos del Torino FC, y si acaso un poquito de nuestro rival en octavos: una vieja señora que encima no es ni MILF. Puto Luis García... ya podías haber sacado al Oporto... 

Yo nunca tuve la ilusión de ganar la Copa de Europa, pero llegó Simeone para implantármela en lo más profundo de mi ser, permitiéndome vivir todos los escenarios habidos y por haber en el camino hacia el triunfo menos el triunfo en sí, y ahora año tras año es un deseo incontrolable... algo que creo que ni cuando vuelvan las vacas flacas algún día dejaré de anhelar. Por eso afirmo que soñar no es gratis, consume tu realidad. Ya queda menos para febrero, para resolver la incógnita, aunque al mismo tiempo doy gracias por tenerla aún sin resolver. 

lunes, 12 de noviembre de 2018

Co-razón

Cada vez me queda más claro que más que equipos que se le dan mal a otros, es a nivel de entrenadores donde se da esta cuestión. No es la primera vez que el Toto Berizzo (déjà vu del 3-2 contra el Celta de la 16/17) se nos atraganta, muestra de ello es que fueron los que rompieron nuestro logro de no haber concedido en esta temporada goles antes del descanso. No será porque Oblak no lo intentó... PARADÓN, de los mejores que le he visto, pero el rechace no lo hubiera fallado ni yo en el ridículo de pachanga que jugué el miércoles. Arias era la mejor noticia, mientras Diego Costa reflejaba el estado del Atleti en este partido: quiero y no puedo. El equipo al llegar al descanso ya se había diluido como mi bolsa de Riquitos del Mercadona y mi bebida energética light. Respecto a los bilbaínos, en mi opinión poco mérito más allá de su preciosa equipación, pero ¿a quién vamos a criticar nosotros por ser certeros con las ocasiones, máxime en nuestro campo? La segunda parte el empate de Partey me hizo sacar lo peor de mí en forma de celebración, metiéndome con el Athletic, culpable de mi zozobra, por eso me vino el pensamiento fugaz de un gol en contra repentino, que efectivamente se materializó mientras vestía al niño. Así me evité ver cómo el crack de Iñaki Williams hacía pasar un mal trago a Godín. Una respuesta casi tan rápida como la del empate de River Plate en la Bombonera... Parecía que nuestro padre futbolístico nos iba a zurrar en casa, y de paso homenajear a mi amigo Ernesto, que pronto sabrá lo que es serlo... pero los nuestros siguieron echándole corazón, insistencia, pero sin esa insegura sensación de patio de colegio. El Atleti no se volvió loco, sino un martillo pilón, con apenas sustos atrás tras el zafarrancho del segundo gol en contra. Córner a córner se percibía que al menos el empate iba a llegar. El gordo cayó en Rodri, al que seguro le hizo mucha ilusión marcar su primer tanto de rojiblanco. 'Asistencias Thomas', el negrocampismo a su servicio una vez más. Disfruto mucho cuando todos los que lo hacen bien tienen minutos y contribuyen, así no se van a China en diciembre a la mínima oportunidad: Gelson, Vitolo... El empate, tras ir por detrás por dos veces, casi que era aceptable, pero pensar en los partidos que tenían los rivales de arriba y la nueva oportunidad que se escapaba era muy frustrante. En esas un defensa flaco pero no por ello rocoso con alma de delantero es objeto de una falta. Se la deberían haber hecho a Kalinic, pero nuestro nuevo croata es más de hacerlas él: increíble cómo suelta la mano el colega. Lo dicho, falta a Godín, tiempo de descuento, lluvia, el Cholo loco, patadas de kárate que encadenan pases de billar y gol de un faraón, qué digo faraón, del mismo Amón-Ra. Por si fuera poca emoción, el VAR entró de oficio a chequear, y a pesar de ello dio validez a un gol en claro fuera de juego, ya que Raúl García era el último hombre del Athletic de Bilbao tirando la línea, lo cual no cuenta, porque es uno de los nuestros. Así fue cómo nuestro uruguasho mayor, lesionado, con una sonrisa cansada y de campeón, se convirtió en la mejor imagen para resumir un encuentro de los más emocionantes que recuerdo: vaya doblete del Metropolitano esta semana. Con este final de partido uno hasta recibe con buenos ojos el parón de selecciones. El beticismo y su épica victoria nos han puesto la moneda de canto para asaltar el liderato en casa a la vuelta del mismo. Más vale coger fuerzas porque es una oportunidad de partir la mesa por la mitad.



PD: Cholo, me tienes hasta los cojones diciendo lo de que perdimos una final en dos minutos en cada puta rueda de prensa de partidos con goles en los minutos finales. Lo sabemos de sobra y los demás no necesitan saberlo. Bastante tengo yo con mi familia atlética cada vez que el más mínimo detalle nos hace que uno u otro, normalmente yo, salga con Lisboa.     

PD2: Viví la final de la Libertadores muy de cerca, tanto que vi los últimos 20 minutos. Hasta recogiendo una pizza llegaban ecos de ella: en vez de hablarse de que jugaba el Madrid,  el futbolero de turno se refirió a ella como el evento del día. Aún hay esperanza. Yo, huelga decirlo, voy con Boca. Siempre simpaticé con ellos, incluso desde antes del meneo que le dieron en el año 2000 al Real Madrid con Palermo, Riquelme y Bianchi en el banquillo. Será la equipación, los vídeos de la 12 en youtube, los partidos de Sportmanía que veía repetidos embobado con el tono del locutor... tiene algo que me atrapa. River tiene mejores mimbres, pero esta gente ya ha demostrado que tienen duende cuando peor están. El lunes 26, traeré pase lo que pase mi camiseta al trabajo. Postureo y pasión a partes iguales.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Como si no hubiera pasado nada

Un Calderón atronador, un Atleti mandón, un Atleti de Champions, es decir, ganador. No me sorprendió, de hecho clavé mi pronóstico en el Predictor, pero no por ello me alegró menos. Tras el varapalo de hace dos semanas tenía ganas especiales de este partido, lo cual entra en contradicción con no tener una forma decente de verlos. Sigo decidiéndome entre rascarme el bolsillo por tele de pago o instalarme una de estas parabólicas con un cacharro pirata, pero ¿dónde voy a vivir yo en cosa de seis meses? Por vago, por tacaño, por pensar que el streaming irá bien, últimamente veo al Atleti en unas condiciones lamentables, y que no casan para nada en un treintañero tecnológico con sueldo de pollavieja. No obstante, en los fragmentos de juego que vi, incluido el 1-0 del indómito Saúl, constaté algo que ya sabía: que los nuestros son mejores que un equipazo como el Borussia Dortmund. Así que es normal que en la liga europea esa de mierda que quieren hacer nos inviten a ambos como parias. Lo que no es normal es que estén equipos con infinitamente menor tradición europea histórica y reciente como el PSG y el Manchester City. Cuando sepa algo más de ese tema hablamos... Volviendo al partido, los alemanes no crearon ni un cuarto del peligro que nosotros allí, y el equipo respondió bien a pesar de contar con más bajas de las que parece: incluso hubo lesionados durante y después de los noventa minutos. Thomas, al que vi más fallón, fue el que dio la genial asistencia a Griezmann, así que ese fue el nivel de excelencia. Por cierto, lo de Antoine besándose el escudo me excitó un poco, para qué lo voy a negar. Yo es que le doy mucha importancia a esa mierda, ya tendré tiempo de desengañarme. ¿Algo malo? La musculatura de Giménez. Eso sí que me apena: si me dicen que no te lesionas más soy capaz de contratar el pack fusión de movistar. Mas no hay mal que por bien no venga, y "Edgar" Montero llama a la puerta. A pesar de la sorprendente goleada del Brujas ante el Mónaco, cuyo presidente ha sido arrestado, la clasificación está totalmente encarrilada... Para eso tenía preparada una cerveza DAB que compré el otro día en el Carrefour, precisamente por ser de la ciudad de nuestro rival de anoche. Pensaba tomármela para celebrar un hipotético triunfo y fotografiar las camisetas de ambos equipos con la misma... pero no, me pudo el cansancio y demasiado hago escribiendo esto en el almuerzo del curro, así que tirad de imaginación, como hago yo con el Atleti y la Copa de Europa: eso sí que es gratis, no como el canal plus.






PD: un día más tarde, cumplí mi objetivo. Mi TOC me deja descansar nuevamente:


sábado, 3 de noviembre de 2018

A balón quemado

Primera parte de mierda pero sin sufrir. La segunda hacíamos cosquillas con los mismos hombres, Gelson de delantero no me convence porque creo que a él no le gusta, y ahí se iba a echar a perder, pero ¿qué coño? No va nada mal con su otro rollo rasta, apareciendo cuando nadie le espera. Se mascaba el gol, empezábamos a hilvanar arriba por primera vez, lágrimas de emoción, en esas Griezmann el cabrón debió notar que la gente se descojonaba sobre la idea de que un tío que no hace nada en estos partidos pueda ser un balón de oro y se sacó un gol que a mí me recordó al que en esa misma portería metió el Tenerife el año del no-ascenso. Si es que es un campo maldito joder... Y entonces, además esta vez más pronto de lo habitual, llegó el enroque, el "atácame" en forma de sustitución. ¿Por qué cojones? ¿por qué, por qué? SIN VOZ DE MOURINHO. Pelegrino huele la sangre, mueve la coctelera mientras nuestro cubata se aguaba, y cae un chicharro que me ha sentado como una patada en el cielo la boca. Un gol de los que hacen que otros que no eres tú ganen ligas un par de jornadas antes. Vitolo llegó una hora tarde, y Rodri... Tarín asistió para un empate de justicia poética. Luego las prisas, los manotazos de Kalinic, feo vicio el suyo en lo poco que le he visto esta semana, y las pérdidas de tiempo. Ejecutamos la idea de nadar y guardar la ropa cada vez con menos convicción y fiabilidad, y entonces llegan estas sorpresas. A fuerza de tanto ver esta película, incluso un desconfiado como yo se ve a gusto y optimista a sabiendas de los réditos pasados, pero paradójicamente cada vez más nos ajustician y castigan esa falta de ambición, que precisamente remarcaba Saúl a pie de campo. Habituado a las buenas maneras de los nuestros hasta hace un par de años en estos menesteres, me sorprendió el empate pepinero, pero si uno ve el partido con otras camisetas, el desenlace es bastante comprensible. De hecho fue un milagro que el Sant Andreu, un equipo que el año pasado eliminó al Antequera en la fase de ascenso de carambola, no nos hiciera lo mismo. Hoy estoy cabreado, hoy le pido más al Cholo porque es el mejor, llamadme anti-atlético o vikingo si eso. Y tú Atleti, compénsamelo masacrando el martes a los jovencitos dicharacheros de amarillo por favor. ¡Quiero puta sangre ostia!

jueves, 25 de octubre de 2018

Cambios y preguntas retóricas

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Hace 24 horas que al Atleti le ha metido 4 goles el Borussia Dortmund, aunque allí ya no juega Lewandowski. Yo me caigo de sueño, pero sigo con mi propósito de no fallarme y escribir algo de cada partido de la Copa de Europa, como si sirviera de algo, así que ahí voy: es innegable que dentro de nuestro robusto microclima y nuestra envidiada por muchos estabilidad, en el Atleti se viven vientos de cambio. Podemos atenuar la evidencia con gesto de incomodidad, pero por suerte o por desgracia es así. Además de la trayectoria natural de todos estos años y el caché que con esfuerzo se ha logrado, contamos con actualizaciones que cualquiera con nociones de fútbol web diría, probablemente con razón, que son para aspirar aún a más, para salir de la zona de confort, para dar esos pasos hacia un fútbol con más registros: evolución en definitiva. Si hacemos caso al loco Bielsa, los cambios hay que hacerlos en época de bonanza... Y ahí andamos, efectivamente tras una prolongada época de éxitos, pero con sueños y cuentas pendientes, permitiéndonos el orgullo y la licencia de tener los codos doloridos de pelear hasta el final de cada temporada con los mejores. Aunque supongo que por mucho que tengamos a uno de los más grandes entrenadores del mundo, el mejor sin duda de su escuela, no es moco de pavo cambiar varios ajustes para poner velocidad de crucero a este sofisticado y caro Atleti, que parece haber intercambiado su suerte en liga y Champions respecto al año pasado. Donde a estas alturas en 2017 era todo zozobra europea, ahora es solo orgullo herido a sabiendas que la clasificación a la próxima ronda no corre aún peligro. Sin embargo en la liga, tras varios pinchazos, seguimos en la pomada. Por eso digo yo, ¿tanto problema habría habido con otra configuración de los grupos en el sorteo? ¿Teníamos dudas o remordimientos cuando otras veces hemos ganado con nuestra propia medicina? ¿Y si solo hubiera quedado 2-0? ¿Qué sensación tendríamos en liga si las dos grandes vacas estuvieran haciendo lo de casi siempre? Y si.. Es que... Si no fuera por... Todo es tan sutil en el fútbol... Lo sabemos bien... Tantos factores cualquier segundo de cada partido, que determinan el devenir del mismo y las dinámicas posteriores, que lo único que me sorprende es que esta hecatombe en el infierno dortmunder no se haya producido antes en otro estadio. Si no fue así es porque la fiabilidad de los nuestros es legendaria, por eso tantos lenguaraces guardiolianos nos esperaban a la salida tras este traspié con ganas: incluso he leído que el Atleti ha sido portada y todo... A mí sin embargo lo que más me tocó los cojones anoche fue tocarla más que ellos y que mientras tanto nos noquearan con esa velocidad y contundencia; eso, y el penoso comportamiento final con tarjetas absurdas, como si no hubiera suficiente color amarillo ya en el WestfalenStadion... Pero es que ni me jodió mucho: mejor que ocurra ahora que en febrero. Por lo demás, yo estoy tranquilo si bien expectante, este equipo se merece más que nunca nuestro apoyo y confianza, de hecho a los cinco segundos me he sentido como un gilipollas por el simple hecho de escribirlo aquí, pero ahí lo dejo... De lo poco bueno de ayer me quedo con la actitud simbólica de Godín levantando tras el cuarto a Oblak, consciente de que el gigante esloveno nos ha salvado tantísimas veces cuando nos deslizábamos por el agudísimo filo. También con el aplauso intencionadamente delante de todo el mundo de Diego Pablo: muestra de respeto de las buenas; un orgullo que mi entrenador reaccione así. Confío en que sus palabras sean ciertas, y que conozca el camino: sinceramente creo que está ante el mayor reto de su carrera con esta cacareada plantilla, que puede hacer olvidar la fragilidad defensiva y dependencia de individualidades que arrastramos en los dos últimos años, pero también puede hacer tambalearse los dogmas de fe del estilo del Atleti cholesco por los cambios que sugiere su... digamos variedad. ¿Es eso siquiera concebible? ¿Puede el Atleti de Simeone jugar a tener el balón y esas mierdas? ¿Acaso lo necesitó el Borussia Dortmund ayer? Yo confío en una respuesta general, no a mis ubicuas preguntas, sino en una reacción y mejora del equipo. Eso sí, por favor, seamos conscientes de que Simeone no es perfecto en las ruedas de prensa, que no siempre va a acertar con los cambios, de que la sombra de Gabi es alargada, y que los jugadores evidentemente no son los mismos que en la época más espartana, ni por edad ni por físico ni por nombres. Aquí lo único que no cambia es una cosa: el fútbol es una droga atroz, el Atleti es su mejor versión, y yo su peor yonki.