lunes, 16 de agosto de 2021

La liga sigue igual

Casi tres meses han pasado y, Eurocopa y JJ.OO. mediante, todo parece seguir igual en la liga. El exigente partido con el que tocaba arrancar de nuevo no permitía confianzas. El Celta es uno de los rivales que más nos suele complicar, porque son insolentes y descarados como pocos. Esta vez los nuestros se empeñaron en quitarme los miedos con un comienzo mandón y refrendado con golazo de Correa. Luego vino la carambola de la mano, que si juego peligroso de Aspas, que si rebote, que la mano del día anterior... No sé, a mí me parece demasiado manoseo del bueno de Llorente. Mala pata con esa pelota danzando de un brazo a otro pero no me parece tan descabellado que lo pitara el Manoera este más malo que el tabaco holandés. Lo que sí que no me gusta es que, aparte de que el Atleti siga a buen ritmo en el campeonato, también parezca que nada ha cambiado en cómo se ponderan las tarjetas según uno lleve una equipación (me gusta más la segunda que la primera, pero muy fea tendría que ser esta última para no hacerlo) u otra. Siempre me da la sensación de que sale mucho más barata una entrada en la acera de enfrente que en la del campeón. Es de una de las pocas cosas que me entero bajo el nebuloso prisma con el que veo siempre los partidos de los nuestros. A veces pienso que tan solo con escuchar la radio o ver el resumen a posteriori sería feliz. Pero siempre lo pienso cuando vamos ganando, así que es una gilipollez fruto de los efluvios del triunfo.

Marcó Aspas, que estuvo hasta en la sopa el hijodeputa, y menos mal que hubo reacción de equipo grande con un nuevo gol de Angelito a gran pase de Saúl (me encanta cómo algunos se fueron con él y cómo él mismo lo festejó). Y ya en serio, dejémonos de que si "Correa no es jugador para el Atleti", o la mucho más prepotente afirmación de que "no tiene cabida en una plantilla que aspire a todo". Somos como somos, y Correa es uno de los nuestros, con sus fallos y altibajos trufados de maravillas. Si el Atleti fuera un jugador, tendría su cara, a lo mejor sus tatuajes y piercings no, pero su comportamiento y actitud, fijo. Luego, mientras me sumergía en el apasionante mundo de las depuradoras de piscina, me perdí el baile de cambios, la C. Tangana final y cómo Aspas perdonaba una ocasión claríiisima y también encabritaba a Hermoso, que de bueno que es se cabrea sin disimular con la asquerosa de Hugo Mallo y de paso se/nos ha buscao una ruina a corto plazo. El Celta es otro equipo que se puede ir al guano a partir de ahora... Si ya olían mal con su grito de guerra Hala... Me voy a quedar solo... Y nada, que a mí me han dado una gran alegría los chavales, gasolina para echar la semana, porque no las tenía todas conmigo para este comienzo. Eso sí, por quejarme de algo, ya que estoy, me fastidia no saber si alguno de los titulares luego se pirará o quién coño vendrá para mantener fresco a Luis. Y lo de los laterales me da pavor. Es una de las partes más importantes y la que más solemos descuidar y remendar con desgana. Yo tenía hecha la idea de que Trippier se iba, que Saúl también. Esperemos que no se les ponga cara de Heitinga de aquí a septiembre o que si no haya tiempo de reacción. Pero bueno, que mu bien, joer. Inicio de campeón, ahora Elche. A ver si lo puedo ver sin un desfase de dos minutos entre la radio y el rojadirecta sin sonido, como si fueran los tiempos del Kun y Forlán. De ti depende Bati. De mí y de ser un tacaño y no ponerme una parábolica o el Movistar? En absoluto, en absoluto.

lunes, 24 de mayo de 2021

Morfina para la eternidad

Las flores de jacaranda pisadas mientras me dirigía solitario de vuelta a casa eran metáfora de lo que teníamos que hacer esa tarde, que por desgracia apareció de sopetón tras la desgracia del martes. Un día lloviznoso que me trajo la peor noticia posible. Él no fue Correa, pero siempre será mi Ángel. Nunca jugará como Suárez, pero me hizo llorar como Luis. Porque es que perder a Simón sin llegar a tenerlo entre mis brazos hizo que el "Partido a partido", que como siempre este año escucho antes de cada batalla, fuera emotivo hasta el paroxismo. Sentimientos a flor de agua. ¿Cómo iba a ser de otra forma con la que llevo encima en esta dichosa liga? Encima otro comienzo con traspiés. Esta vez casi tropiezo y me caigo por la borda a pocas millas de la orilla, pero Bati me rescató con su "goool" espoileado. La culpa mía por estar mandándole mensajes sobre si el Valladolid perdía tiempo y demás despropósitos. Felizmente arribamos tras al menos cinco o seis amagos de zozobrar. El gol de Llorente en el descanso del Bilbao, penal ante el Alavés,  la machada del Granada, el palo del Elche, la firmeza del Sevilla en Vardebebas o el aplomo contra Osasuna. Aún así la nave llegó a puerto con Othere y Übbe exhaustos y "malheridos de tanto remar contra el huracán". Floki, a la sombra de Neptuno, esperaba con sonrisa desgastada en la orilla. Fin a una epopeya sin parangón en la que todos internamente creímos por mucho que a veces desesperáramos. Los miembros de esta plantilla entran por la puerta grande en la hagiografía colchonera. Y nosotros también, qué coño! Al día siguiente de la victoria de nuevo la misma lluvia de aquel fatídico martes para ir a comprar, como manda la tradición, el periódico del triunfo. "Has de ser como la mañana del día que te conocí". "Una estrella pequeñita pero firme". Todas las letras de la radio me recuerdan a él. No olvidaré nunca esta liga porque siempre estará ligada a ti, hijo mío. Pero gracias Atleti querido por mitigar en parte este dolor, si bien no pude disfrutar apenas, estoy seguro de que el llanto cuando pitó el árbitro hubiera tenido demasiada hiel para contarlo siquiera. Para mí el día más feliz de esta liga, sin saberlo, fue el día que le ganamos al Athletic en casa. Ahí tenía todo lo que necesitaba. Daría lo que fuera por volver a ese punto y tratar de hacer algo para cambiar esta pupa tan grande que quizá yo, de tanto decir que soy el mejor atlético del mundo, he recibido a traición para desterrar esa mierda de mito que, al menos esta vez, para ínfimo pero reconfortante consuelo, dejamos a un lado.

domingo, 16 de mayo de 2021

La penúltima


Osasuna significa salud, pues estos hijos de puta mermaron la mía y me tuvieron por momentos avocado a la desesperación más absoluta. Me hicieron ver la semana que se me avecinaba como una grandiosa tempestad de mierda. La ojeriza que les vuelvo a tener no puede ser más fundada. Otra vez un portero feo y larguirucho haciendo el partido de su vida. Otra vez como contra el Levante, pero más sangrante si cabe, porque los navarros en la primera que tuvieron nos hicieron a más de uno cuestionarnos si el destino podía ser tan insoportablemente cruel, que diría Calamaro. El día anterior había visto el documental de Historias de los Playoff y ahí salía el cabrón de Budimir, y vaya cabezazo que sacó, no lo paraba ni dios, literalmente según vimos en el VAR. La conclusión más terrenal que saco es que a pesar de la cara de tonto con los dos goles anulados y la de muerto viviente que se me quedó en las decisiones, acertadas esta vez, el vídeoarbitraje tiene que ser defendido y mejorado. Tan solo unificar criterio con las manos y ser un poquito más laxos con los fueras de juego de pelo y medio y sería la rehostia. El partido en sí había comenzado como la seda, ocasiones, empuje, desparpajo. Correa, Trippier, Llorente, Yannick... todos enchufados pero también los palos y el desgraciao del portero ese que ni quiero nombrarlo. El gol parecía cuestión de tiempo pero tras el descanso, incluso tras la puta pausa de rehidratación, se atenuó un poco. Aún así, parecía una broma del más sádico de los guionistas ese gol de Osasuna cuando además ya teníamos la presión del gol en San Mamés. A mí se me iba la vida, desde las dos de la tarde estaba con libélulas en el estómago, fantaseaba con un pinchazo blanco y ganar, y poco a poco el destino me mandaba señales inequívocas de que no, más que nada por el cero uno que veía en el marcador. Con toda esa gente animando fuera que me los ponía de punta. No podía ser. El empate lo tenía clarísimo que llegaría. Ni lo celebré, pero era consciente de la buena inercia que volvía a suponer. El disperso Lodi se redimía para más beneficio del gol. Aquí necesitamos a todos: Herrera, João y Moussa Dembélé, el cual pienso que tiene más potencial del que hemos visto, y ojo que no nos tenga un regalito de despedida preparado. El que no sabemos si se despedirá, sería casi tanto crimen como no ganar la liga que el uruguasho (con permiso de mi Josemari) no oyera al Metropolitano cantar un gol suyo, es Luis Suárez. Un jugador que durante un lustro consideré el tercer mejor jugador del mundo y el mejor delantero, por muy cabrón que me pareciera. Gracias Lucho; gracias por tanto, Uruguay. Yo atisbaba ese gol, siempre creía en mi cárcel de la exasperación en una fianza en forma de tanto que me liberase. Ese gol fue un dechado de rabia y de satisfacción por no haber dejado de confiar. Por volver a la vida por enésima vez. Esta vez los jugadores tiraron más de mí que yo de ellos. Genial el Cholo pidiendo tranquilidad. Además mi niño, que en principio se asustó el pobre al oírme gritar como un imbécil, se lo tomó bien. Le gusta jugar con el autobús del Atleti, aunque con Indi no tiene mucha afinidad. Él fue el único testigo de mi desesperación, si es que pudo llegar a percibirla, porque mientras jugaba con él a tirarle almohadas, me puse con mucho sacrificio una máscara de bonhomía que es la que él se merece por la falta de atención de otras veces. No era justo que pagara mi zozobra durante el partido en forma de ignorancia y me alegro que así fuera. Si además jugar con él me servía para templar el estrés, pues bendita simbiosis. Todo salió como el más sádico, pero colchonero, de los directores de cine hubiera diseñado. ¿Ganar la liga hoy? Pon la penúltima, en esta caso la IPA del Lidl con la foto del indio que mencioné en mi anterior post, y a esperar. Esta liga no puede decidirse de otra forma que no sea en el último hálito.

sábado, 15 de mayo de 2021

Parar de soñar

Eran 3 partidos, como el número de vasos de su cordón umbilical. Éste, por ser el más inmediato y por el rival, era el más difícil. Pero para dificultades las mías para ver el partido. Cámbiese usted de compañía de internet para esto. Así que a escucharlo por la radio. En el caso de la retransmisión radiofónica es diferente, no hay tregua. Aquí no valen los paseos absurdos en derredor de la emisión cuando hay un saque de puerta o una interrupción cualquiera. Uno desconfía de cada declamación del locutor, si bien el equipo jugó a favor de obra y todo fueron buenas noticias: goles y paradas. Luego me dejé llevar mientras Bati me pasaba minuto y resultado, todo muy retro como pueden ver... Aunque yo, lo que es visualizar, solo el final del partido. Entré a ver a la hora de la verdad, en los minutos horarios, en las jugadas interminables de ataque del rival, donde cualquier desplazamiento del contrario parece el germen del acabose. Pero no, victoria de campeonato, en el sentido más figurado de la palabra. 


Porque me sorprendió, con casi estupor, ver demasiado confiados a muchos atléticos tras el partido, supongo que porque estaban esperanzados en un pinchazo en Granada que nunca ocurrió. Os conozco, hijos de puta, y sé que estáis poco a poco convirtiendo a los pamplonicas en superhombres. Todo normal si es vuestro caso. Pero que conste, yo también soy optimista sabiendo lo que ya hemos pasado. Pero precisamente por eso sabemos que cualquiera te complica. Ya nos la lió Osasuna en el Centenario. Confiemos en que eso eran otros tiempos. Hay que ser el Besiktas o el Lille (ojalá no os gafe) de España. Pero partido a partido. En este caso dos, pero porque el Madrid juega a la misma hora. Uno no es de piedra, y he vuelto a comprar alguna garguería para el susodicho encuentro. Me gustó que al girar el botellín, que había elegido tan solo porque la chapa no la tenía en mi colección, éste llevaba un indio en la solapa. Buen augurio... como si no supiera yo que eso no vale una mierda, eh? 
El haber llegado más vivos que nadie tras todo este periplo nos empodera para soñar despiertos, para paladear en el más estricto cuartucho de la imaginación, cómo sería ese momento de llegar a producirse, porque no sé a vosotros, pero olvido proporcionalmente a lo intenso y emocionante que fue el momento. Espero volver a sentir pronto esa sensación, como la de ser padre de nuevo, fantaseando con llamarle como el jugador que marque el gol decisivo, o ¿por qué no Jan? Mis nuevos gatitos se libraron de esa quimera nominal. Está la emotividad a flor de piel, el picorsito ya se siente, esto nadie lo para. Aquí estaré como siempre, velando armas antes de cada partido. Eso sí, por si acaso, mientras escribo esto me estoy tomando un ginto, que mañana nunca se sabe.

lunes, 3 de mayo de 2021

Conductores suicidas

Apenas vi el partido por una chapuza en casa: cerrar un hueco y cambiar una ventana. 
Yo era un mero peón de rojiblancas, pero fue mirar más de treinta segundos al móvil, que proyectaba el partido en medio de pellas de cemento en lo alto de un escalón, y marcar Llorente. Nada hacía presagiar lo que el bueno de Marcos cometería una hora después... Lo poco que vi y lo mucho que oí fue suficiente para constatar que el partido tuvo dos partes tan desiguales como las torres del escudo de "esta espídica ciudad" ilicitana. 

Pero yo anduve tranquilo. La ventana poco a poco iba anclándose, como el triunfo del Atleti, y entonces de repente, en plena discusión sobre cómo rematar la faena, escucho al locutor informar del penalty. Fue como una puñalada de hielo. Otra vez "deslizándonos por el agudísimo filo de la navaja", haciendo el gilipollas con los cambios, otra vez mandando señales de "embotéllame" al rival; Diego Pablo, por diosssss, que te vas a dar conmigo. Esta vez parecía demasiado para escapar, así que enseguida, no sé ni cómo, bloqueé el móvil sin que nadie se percatara mientras ni oía lo que decían, maldiciendo internamente, ridículo y sucio por sentirme tan triste por el puto Atleti. Menos mal que cuando todos se fueron abajo vi una notificación que pocas veces me dio más alegría, y ganas de vomitar y llorar e incluso se me soltó la barriga. El mensaje simplemente decía: "BIEEEEN DAMI BIEN". No había que ser muy listo para saber que significaba que otra vez nos habíamos vuelto a salvar...

Porque los nuestros se metieron en la mente de un soldado con PTSD, pero el disparo suicida en forma de penalty fallado por el rival, tan solo rozó la cara, provocando una pequeña laceración donde debería haber quedado una ensalada de sesos que abonara el fondo norte del Martínez Valero. Para ser tan pupas, que nosotros mismos lo pensamos a veces, nos estamos salvando más de una vez en una ruleta rusa que cada vez tiene menos huecos en el tambor (uno de ellos lo gastó Jorge Molina el pasado jueves). Pero me temo que esto ha de tener consecuencias a corto plazo: "La suerte nunca se olvida", que decían en Malviviendo. Por si acaso no nos podemos guindar siempre así, y para no "deslizarnos al lado marrón" la solución es aguantar jugando a por todas un puto partido entero.

Otra inmolación frustrada, pero el equipo resiste en el liderato como las palmeras de Elche soportan las ventoleras. ¿Resistiremos en el Nou Camp? ¿Aguanteré yo, que me siento reo en la vigilia de su ejecución, siquiera la víspera del partido? Porque es que no puedo seguir así por mucho tiempo o me voy a morir, porque el combustible de esta máquina de sueños es mi vida misma, pero como dicho sueño es mi motor... Así que me jodo y acepto "hacer turismo al borde del abismo" más veces: cuatro más si hace falta; no una más. Todo sea por la esperanza infinita de este título y de no escuchar próximamente la canción que titula mientras me acuerdo del liderato perdido.

martes, 27 de abril de 2021

La gota malaya

Me siento en la necesidad de rescatarme a mi mismo buceando en esta zozobra para, paradójicamente, coger fuerzas y así alcanzar la orilla. Lo dejamos antes del parón de selecciones y nosotros seguimos parados, empeñándonos, a falta de ser tonto útil en esa farsa lucrativa que era todo lo que "no estamos orgullosos de ser", en recrear una Superliga en España, a coste de la pecheada padre. 
Un equipo ejemplar se ha tornado en el hazmereír sin siquiera haber aún claudicado por un factor tan difícil de gobernar como las dinámicas, que son las madres de las rachas y las abuelas de las plagas de lesiones, la inevitable caducidad de las defensas de tres centrales y demás putas mierdas. Se da ya por hecho que el Barsa se lleva esto porque el Madrid da por hecha su Champions, y encima el Sevilla es tratado como equipo honorable y pundonoroso en contraposición de nuestro esperpento. Apestados, ultrajados, burlados antes de ser apuntillados. No podemos negar que hemos dado razones con creces. En esta cuesta abajo desde febrero no nos hemos cansado de derrochar puntos hasta dejar la broma de los colchoneros y el colchón tornada en una esterilla de playa en la que echarnos a llorar de impotencia. Todo el mundo da por ganador a cualquiera menos a nosotros, desde los comentarios unineuronales del marca con los que me mortifico tras cada derrota a la gente que sabe de qué va esto y que ha visto muchas películas en forma de desenlaces futboleros. Esta agonía no es menos por haber experimentado crueldades similares, porque en nuestro exclusivo hocico también hemos saboreado rotundo éxitos, lo que duplica el dolor, porque sabemos lo que se disfruta un título. Siempre en el purgatorio es el destino del seguidor del Atleti. Tan lejos y tan cerca del resto. Nos preguntamos probablemente ¿qué necesidad teníamos de esto? De ver al globo perder aire en esta eterna prórroga lisboeta. Me pregunto yo: ¿por qué un tío que la cagó en una de las dos finales de copa consecutivas perdidas nos mete un golazo a balón parado y su equipo muerde cuando nos jugamos la vida? ¿Por qué mientras veo el partido odio al rival por ir a muerte en vez de culpar a los nuestros? ¿Podré seguir un partido trascendente enterándome de la táctica en vez de ver aturrullado una nebulosa verde? ¿Por qué siempre pienso que Marcelino me cae gordo pero que acabará entrenando al Atleti? ¿¿¿Ganaremos la liga que ya está perdida??? Preguntas sin respuesta excepto la última, que como mucho en cinco jornadas la tendrá, y que aunque que nos torturemos dando por sabida la respuesta no sabemos un nabo. Hemos de esperar estoicamente, velando armas con la fe por armadura como atléticos que somos. Por ese mismo motivo nos sabemos capaces de lo mejor y de lo peor, y solo queda agarrarse a esa tabla para llegar a Elche, que también estaba por ahí allá por 2014. Ya puestos prefiero ir valiéndonos solo ganar todos los partidos porque así se llegará antes al Gólgota, quién sabe si resurrección mediante.
Creo en mi propia fe, pero no sé si creo en ganar o tan solo es la ceguera de esta bendita pasión, del saber que pase lo que pase estamos gustosamente enredados en ella, por mucho que a veces desesperemos. No releáis, ni yo sé qué significa este sin sentido que acabo de soltar. Solo quería dar la cara como hice el lunes cuando paseaba a mi perra con mi chándal y mi camiseta reglamentarias. Me sentía como un profeta superior, o más bien un mártir orgulloso ante ese plebe romana imaginaria en sus cuádrigas motorizadas, deleitándome en pensar que alguno se percataría que acababa de ver a un atlético de pura cepa. El cilicio mental sigue presionando, y así será hasta que esto acabe, pero lo he aflojado un poquito tras zambullirme en este mar de lágrimas contenidas. Media hora menos para la próxima. Vamos Ama, vamos Bati, vamos Pepe, vamos Hermano de Tallinn, vamos Don Tomi, vamos todos ostiaaaa. Ya lo dice un hombre con el que me he encariñado sobremanera estos últimos partidos por su pureza al representar nuestro sino: "Enamorados del Atleti de Madrid"... Y a quien no le guste que nos la coma.




martes, 23 de marzo de 2021

Peligrosamente preparado

Estoy más perdido que Diego Costa, pero ahora que se aúnan parón de selecciones y mis vacaciones, tengo que hacer mi declaración de la renta particular por adelantado, que cuando vuelva el fuego en tierras sevillanas estaré de nuevo con mis propias mierdas (obviamente sin perder un ápice de esta epopeya de temporada, quemando paseo tras paseo con el crío al son de Atletico Play, Big Zeta o audios errantes con mi sobrino Bati). Pero como esta noche solo tengo una bala, dejo gustosamente a un lado la bochornosa eliminación ante el Chelsea, como dejé en el tintero la entrada sobre la historia del equipo inglés... De hecho, a la mierda el partido contra el Alavés también. 

Se ha pasado de que nos dieran la copa por adelantado a que ahora nos tilden de gafes y pechofríos, como si estos jugadores no hubieran estado ya en algunas como esta. Tan bien se hizo que el demarraje en forma de puntos fue tan espectacular que, a mí no me jodáis, no ganar la liga sería un mazazo sideral, una herida de años de curación... Por eso esa victoria ante los vitorianos fue tan importante, un rival de tan abajo que nos hizo ver el pozo por unos segundos; con un tanto de un Suárez descoordinado hasta el momento de su golazo, con ese penalty tan tonto de Rambo Savic, empeñado últimamente en dilapidar su infinito crédito en forma de absurdos lances con los brazos, y con el culmen de la catártica parada de Jan, mientras yo no lo quería creer, no quería mirar, mientras limpiaba el WC de vómitos de mi esposa totalmente desnudo y suplicante de no dejar caer un eslabón más de este sueño que yo no pedí, de puro miedo a que se esfumara, y que nos llamó a filas sacándonos de nuestra zona de comfort en el momento más inopinado. Esa atajada la celebré más que el gol de Granada, o el de Éibar, o el de tantas muescas a esta a todas luces inolvidable liga. Me sudó la polla que me oyeran en la casa de al lado, y eso que les oigo hasta de mear, que se enteren que soy del Atleti, que también está ahí er tío cuando nos eliminan los blues de Europa con su chándal de hace quince años con el escudo en el bolsillo pa recoger al niño del cole, no sea que duden de mi colchonerismo. Si es que ya lo digo yo: el Mejor Atlético del Mundo.

La victoria en Villarreal tras la sangría de puntos o el gol de Llorente antes del descanso contra el Athletic de Bilbao, fueron puntos de inflexión positivos recientes, pero como esta parada de Oblak, ninguna. Con él, Suárez y Marcos por bandera, podemos llegar lejos tras el parón de selecciones, partiendo con una nada desdeñable ventaja de cuatro puntos: el problema es que sería pingüe bajo el prisma de cualquier otra temporada pero magra con los ojos de esta, que es la que importa. Y ahí reside el problema: es evidente que el equipo, incluso con todos de vuelta de la enfermería, no carbura igual, y que los enemigos, que ya están todos ávidos de puntos para cerrar objetivos, puede que hayan olido la sangre en vez de agachar las orejas a su paso por nuestra casilla. Haciendo uno como que no ve al Madrid, el Barsa, que parecía digno de lástima hace unos meses, ahora es el candidato total, y no puedo, por mucho que me joda, poniendo un ojo en el calendario, evitar pensar que tienen más papeletas que nosotros. Esa duda de fe tiene menos de psicología inversa y cábala de lo que a mí me gustaría. Pero pshé! Creo! A pesar de todo creo en este equipo, y no lo hago por lemas como el 'Nunca dejes de creer' ese de primero de hincha del Atleti que está ahora tan de moda, sino porque si creí en Lisboa cuando empató Ramos, si creí el día del no ascenso en Getafe, así como creí en la segunda parte de la final del Camp Nou de la 13/14, ¿cómo no lo voy a hacer ahora? ¿Qué menos que eso? Además es que es algo innato, y una puta cosa se nos tiene que meter en la cabeza a todos los que andamos zozobrantes: es normal sentirse así, joder. Nos guste o no, sabemos que son ocasiones únicas, y no nos movemos tan a gusto como nos gustaría en este piso del rascacielos. La clave está en que si lo diéramos por perdido no estaríamos así. Lo que no puedo negar es el, obligatorio diría yo, correspondiente miedo a perder, máxime en esta liga. Siempre he dicho en la época reciente que ya había vivido todo en el fútbol, bueno y malo, excepto ganar una Champions, pero un desenlace como el que puede atisbarse si uno se pone pusilánime o con un puntito de pesimismo... Sería atroz, vil, inhumano, tanto que ese daño lo llevo sufriendo con carácter retroactivo desde este último mes. Eso sí, como la ganemos... Ay...

Es posible que no vuelva a escribir más hasta el fin de la liga, y ahí sabremos si hay un atlético o una atlética más en la familia, habré puesto mi banderín en la nueva furgoneta de padre que ha arrojado la toalla (¿no, Santos?), y por supuesto, habré dejado este miedo. Ahora parón de selecciones mis cojones: pensaba que iba a gozármelo como un oasis previo, pero mi mente ya está en Sevilla, velando armas en el Pizjuán, de hecho mientras me escribo esto me he zampao media bolsa de frutos secos que tenía maquiavélicamente guardada para el susodicho partido.