sábado, 15 de mayo de 2021

Parar de soñar

Eran 3 partidos, como el número de vasos de su cordón umbilical. Éste, por ser el más inmediato y por el rival, era el más difícil. Pero para dificultades las mías para ver el partido. Cámbiese usted de compañía de internet para esto. Así que a escucharlo por la radio. En el caso de la retransmisión radiofónica es diferente, no hay tregua. Aquí no valen los paseos absurdos en derredor de la emisión cuando hay un saque de puerta o una interrupción cualquiera. Uno desconfía de cada declamación del locutor, si bien el equipo jugó a favor de obra y todo fueron buenas noticias: goles y paradas. Luego me dejé llevar mientras Bati me pasaba minuto y resultado, todo muy retro como pueden ver... Aunque yo, lo que es visualizar, solo el final del partido. Entré a ver a la hora de la verdad, en los minutos horarios, en las jugadas interminables de ataque del rival, donde cualquier desplazamiento del contrario parece el germen del acabose. Pero no, victoria de campeonato, en el sentido más figurado de la palabra. 


Porque me sorprendió, con casi estupor, ver demasiado confiados a muchos atléticos tras el partido, supongo que porque estaban esperanzados en un pinchazo en Granada que nunca ocurrió. Os conozco, hijos de puta, y sé que estáis poco a poco convirtiendo a los pamplonicas en superhombres. Todo normal si es vuestro caso. Pero que conste, yo también soy optimista sabiendo lo que ya hemos pasado. Pero precisamente por eso sabemos que cualquiera te complica. Ya nos la lió Osasuna en el Centenario. Confiemos en que eso eran otros tiempos. Hay que ser el Besiktas o el Lille (ojalá no os gafe) de España. Pero partido a partido. En este caso dos, pero porque el Madrid juega a la misma hora. Uno no es de piedra, y he vuelto a comprar alguna garguería para el susodicho encuentro. Me gustó que al girar el botellín, que había elegido tan solo porque la chapa no la tenía en mi colección, éste llevaba un indio en la solapa. Buen augurio... como si no supiera yo que eso no vale una mierda, eh? 
El haber llegado más vivos que nadie tras todo este periplo nos empodera para soñar despiertos, para paladear en el más estricto cuartucho de la imaginación, cómo sería ese momento de llegar a producirse, porque no sé a vosotros, pero olvido proporcionalmente a lo intenso y emocionante que fue el momento. Espero volver a sentir pronto esa sensación, como la de ser padre de nuevo, fantaseando con llamarle como el jugador que marque el gol decisivo, o ¿por qué no Jan? Mis nuevos gatitos se libraron de esa quimera nominal. Está la emotividad a flor de piel, el picorsito ya se siente, esto nadie lo para. Aquí estaré como siempre, velando armas antes de cada partido. Eso sí, por si acaso, mientras escribo esto me estoy tomando un ginto, que mañana nunca se sabe.

lunes, 3 de mayo de 2021

Conductores suicidas

Apenas vi el partido por una chapuza en casa: cerrar un hueco y cambiar una ventana. 
Yo era un mero peón de rojiblancas, pero fue mirar más de treinta segundos al móvil, que proyectaba el partido en medio de pellas de cemento en lo alto de un escalón, y marcar Llorente. Nada hacía presagiar lo que el bueno de Marcos cometería una hora después... Lo poco que vi y lo mucho que oí fue suficiente para constatar que el partido tuvo dos partes tan desiguales como las torres del escudo de "esta espídica ciudad" ilicitana. 

Pero yo anduve tranquilo. La ventana poco a poco iba anclándose, como el triunfo del Atleti, y entonces de repente, en plena discusión sobre cómo rematar la faena, escucho al locutor informar del penalty. Fue como una puñalada de hielo. Otra vez "deslizándonos por el agudísimo filo de la navaja", haciendo el gilipollas con los cambios, otra vez mandando señales de "embotéllame" al rival; Diego Pablo, por diosssss, que te vas a dar conmigo. Esta vez parecía demasiado para escapar, así que enseguida, no sé ni cómo, bloqueé el móvil sin que nadie se percatara mientras ni oía lo que decían, maldiciendo internamente, ridículo y sucio por sentirme tan triste por el puto Atleti. Menos mal que cuando todos se fueron abajo vi una notificación que pocas veces me dio más alegría, y ganas de vomitar y llorar e incluso se me soltó la barriga. El mensaje simplemente decía: "BIEEEEN DAMI BIEN". No había que ser muy listo para saber que significaba que otra vez nos habíamos vuelto a salvar...

Porque los nuestros se metieron en la mente de un soldado con PTSD, pero el disparo suicida en forma de penalty fallado por el rival, tan solo rozó la cara, provocando una pequeña laceración donde debería haber quedado una ensalada de sesos que abonara el fondo norte del Martínez Valero. Para ser tan pupas, que nosotros mismos lo pensamos a veces, nos estamos salvando más de una vez en una ruleta rusa que cada vez tiene menos huecos en el tambor (uno de ellos lo gastó Jorge Molina el pasado jueves). Pero me temo que esto ha de tener consecuencias a corto plazo: "La suerte nunca se olvida", que decían en Malviviendo. Por si acaso no nos podemos guindar siempre así, y para no "deslizarnos al lado marrón" la solución es aguantar jugando a por todas un puto partido entero.

Otra inmolación frustrada, pero el equipo resiste en el liderato como las palmeras de Elche soportan las ventoleras. ¿Resistiremos en el Nou Camp? ¿Aguanteré yo, que me siento reo en la vigilia de su ejecución, siquiera la víspera del partido? Porque es que no puedo seguir así por mucho tiempo o me voy a morir, porque el combustible de esta máquina de sueños es mi vida misma, pero como dicho sueño es mi motor... Así que me jodo y acepto "hacer turismo al borde del abismo" más veces: cuatro más si hace falta; no una más. Todo sea por la esperanza infinita de este título y de no escuchar próximamente la canción que titula mientras me acuerdo del liderato perdido.

martes, 27 de abril de 2021

La gota malaya

Me siento en la necesidad de rescatarme a mi mismo buceando en esta zozobra para, paradójicamente, coger fuerzas y así alcanzar la orilla. Lo dejamos antes del parón de selecciones y nosotros seguimos parados, empeñándonos, a falta de ser tonto útil en esa farsa lucrativa que era todo lo que "no estamos orgullosos de ser", en recrear una Superliga en España, a coste de la pecheada padre. 
Un equipo ejemplar se ha tornado en el hazmereír sin siquiera haber aún claudicado por un factor tan difícil de gobernar como las dinámicas, que son las madres de las rachas y las abuelas de las plagas de lesiones, la inevitable caducidad de las defensas de tres centrales y demás putas mierdas. Se da ya por hecho que el Barsa se lleva esto porque el Madrid da por hecha su Champions, y encima el Sevilla es tratado como equipo honorable y pundonoroso en contraposición de nuestro esperpento. Apestados, ultrajados, burlados antes de ser apuntillados. No podemos negar que hemos dado razones con creces. En esta cuesta abajo desde febrero no nos hemos cansado de derrochar puntos hasta dejar la broma de los colchoneros y el colchón tornada en una esterilla de playa en la que echarnos a llorar de impotencia. Todo el mundo da por ganador a cualquiera menos a nosotros, desde los comentarios unineuronales del marca con los que me mortifico tras cada derrota a la gente que sabe de qué va esto y que ha visto muchas películas en forma de desenlaces futboleros. Esta agonía no es menos por haber experimentado crueldades similares, porque en nuestro exclusivo hocico también hemos saboreado rotundo éxitos, lo que duplica el dolor, porque sabemos lo que se disfruta un título. Siempre en el purgatorio es el destino del seguidor del Atleti. Tan lejos y tan cerca del resto. Nos preguntamos probablemente ¿qué necesidad teníamos de esto? De ver al globo perder aire en esta eterna prórroga lisboeta. Me pregunto yo: ¿por qué un tío que la cagó en una de las dos finales de copa consecutivas perdidas nos mete un golazo a balón parado y su equipo muerde cuando nos jugamos la vida? ¿Por qué mientras veo el partido odio al rival por ir a muerte en vez de culpar a los nuestros? ¿Podré seguir un partido trascendente enterándome de la táctica en vez de ver aturrullado una nebulosa verde? ¿Por qué siempre pienso que Marcelino me cae gordo pero que acabará entrenando al Atleti? ¿¿¿Ganaremos la liga que ya está perdida??? Preguntas sin respuesta excepto la última, que como mucho en cinco jornadas la tendrá, y que aunque que nos torturemos dando por sabida la respuesta no sabemos un nabo. Hemos de esperar estoicamente, velando armas con la fe por armadura como atléticos que somos. Por ese mismo motivo nos sabemos capaces de lo mejor y de lo peor, y solo queda agarrarse a esa tabla para llegar a Elche, que también estaba por ahí allá por 2014. Ya puestos prefiero ir valiéndonos solo ganar todos los partidos porque así se llegará antes al Gólgota, quién sabe si resurrección mediante.
Creo en mi propia fe, pero no sé si creo en ganar o tan solo es la ceguera de esta bendita pasión, del saber que pase lo que pase estamos gustosamente enredados en ella, por mucho que a veces desesperemos. No releáis, ni yo sé qué significa este sin sentido que acabo de soltar. Solo quería dar la cara como hice el lunes cuando paseaba a mi perra con mi chándal y mi camiseta reglamentarias. Me sentía como un profeta superior, o más bien un mártir orgulloso ante ese plebe romana imaginaria en sus cuádrigas motorizadas, deleitándome en pensar que alguno se percataría que acababa de ver a un atlético de pura cepa. El cilicio mental sigue presionando, y así será hasta que esto acabe, pero lo he aflojado un poquito tras zambullirme en este mar de lágrimas contenidas. Media hora menos para la próxima. Vamos Ama, vamos Bati, vamos Pepe, vamos Hermano de Tallinn, vamos Don Tomi, vamos todos ostiaaaa. Ya lo dice un hombre con el que me he encariñado sobremanera estos últimos partidos por su pureza al representar nuestro sino: "Enamorados del Atleti de Madrid"... Y a quien no le guste que nos la coma.




martes, 23 de marzo de 2021

Peligrosamente preparado

Estoy más perdido que Diego Costa, pero ahora que se aúnan parón de selecciones y mis vacaciones, tengo que hacer mi declaración de la renta particular por adelantado, que cuando vuelva el fuego en tierras sevillanas estaré de nuevo con mis propias mierdas (obviamente sin perder un ápice de esta epopeya de temporada, quemando paseo tras paseo con el crío al son de Atletico Play, Big Zeta o audios errantes con mi sobrino Bati). Pero como esta noche solo tengo una bala, dejo gustosamente a un lado la bochornosa eliminación ante el Chelsea, como dejé en el tintero la entrada sobre la historia del equipo inglés... De hecho, a la mierda el partido contra el Alavés también. 

Se ha pasado de que nos dieran la copa por adelantado a que ahora nos tilden de gafes y pechofríos, como si estos jugadores no hubieran estado ya en algunas como esta. Tan bien se hizo que el demarraje en forma de puntos fue tan espectacular que, a mí no me jodáis, no ganar la liga sería un mazazo sideral, una herida de años de curación... Por eso esa victoria ante los vitorianos fue tan importante, un rival de tan abajo que nos hizo ver el pozo por unos segundos; con un tanto de un Suárez descoordinado hasta el momento de su golazo, con ese penalty tan tonto de Rambo Savic, empeñado últimamente en dilapidar su infinito crédito en forma de absurdos lances con los brazos, y con el culmen de la catártica parada de Jan, mientras yo no lo quería creer, no quería mirar, mientras limpiaba el WC de vómitos de mi esposa totalmente desnudo y suplicante de no dejar caer un eslabón más de este sueño que yo no pedí, de puro miedo a que se esfumara, y que nos llamó a filas sacándonos de nuestra zona de comfort en el momento más inopinado. Esa atajada la celebré más que el gol de Granada, o el de Éibar, o el de tantas muescas a esta a todas luces inolvidable liga. Me sudó la polla que me oyeran en la casa de al lado, y eso que les oigo hasta de mear, que se enteren que soy del Atleti, que también está ahí er tío cuando nos eliminan los blues de Europa con su chándal de hace quince años con el escudo en el bolsillo pa recoger al niño del cole, no sea que duden de mi colchonerismo. Si es que ya lo digo yo: el Mejor Atlético del Mundo.

La victoria en Villarreal tras la sangría de puntos o el gol de Llorente antes del descanso contra el Athletic de Bilbao, fueron puntos de inflexión positivos recientes, pero como esta parada de Oblak, ninguna. Con él, Suárez y Marcos por bandera, podemos llegar lejos tras el parón de selecciones, partiendo con una nada desdeñable ventaja de cuatro puntos: el problema es que sería pingüe bajo el prisma de cualquier otra temporada pero magra con los ojos de esta, que es la que importa. Y ahí reside el problema: es evidente que el equipo, incluso con todos de vuelta de la enfermería, no carbura igual, y que los enemigos, que ya están todos ávidos de puntos para cerrar objetivos, puede que hayan olido la sangre en vez de agachar las orejas a su paso por nuestra casilla. Haciendo uno como que no ve al Madrid, el Barsa, que parecía digno de lástima hace unos meses, ahora es el candidato total, y no puedo, por mucho que me joda, poniendo un ojo en el calendario, evitar pensar que tienen más papeletas que nosotros. Esa duda de fe tiene menos de psicología inversa y cábala de lo que a mí me gustaría. Pero pshé! Creo! A pesar de todo creo en este equipo, y no lo hago por lemas como el 'Nunca dejes de creer' ese de primero de hincha del Atleti que está ahora tan de moda, sino porque si creí en Lisboa cuando empató Ramos, si creí el día del no ascenso en Getafe, así como creí en la segunda parte de la final del Camp Nou de la 13/14, ¿cómo no lo voy a hacer ahora? ¿Qué menos que eso? Además es que es algo innato, y una puta cosa se nos tiene que meter en la cabeza a todos los que andamos zozobrantes: es normal sentirse así, joder. Nos guste o no, sabemos que son ocasiones únicas, y no nos movemos tan a gusto como nos gustaría en este piso del rascacielos. La clave está en que si lo diéramos por perdido no estaríamos así. Lo que no puedo negar es el, obligatorio diría yo, correspondiente miedo a perder, máxime en esta liga. Siempre he dicho en la época reciente que ya había vivido todo en el fútbol, bueno y malo, excepto ganar una Champions, pero un desenlace como el que puede atisbarse si uno se pone pusilánime o con un puntito de pesimismo... Sería atroz, vil, inhumano, tanto que ese daño lo llevo sufriendo con carácter retroactivo desde este último mes. Eso sí, como la ganemos... Ay...

Es posible que no vuelva a escribir más hasta el fin de la liga, y ahí sabremos si hay un atlético o una atlética más en la familia, habré puesto mi banderín en la nueva furgoneta de padre que ha arrojado la toalla (¿no, Santos?), y por supuesto, habré dejado este miedo. Ahora parón de selecciones mis cojones: pensaba que iba a gozármelo como un oasis previo, pero mi mente ya está en Sevilla, velando armas en el Pizjuán, de hecho mientras me escribo esto me he zampao media bolsa de frutos secos que tenía maquiavélicamente guardada para el susodicho partido.

jueves, 7 de enero de 2021

Estopa

"Y si los dioses supieran que un tío del barrio les supera, 
[...]
si te descuidas, boberas,
vete pidendo ayudita a los druidas del parque,
si te pasas de listo no te enteras, 
si te pasas de tonto tantangaooo"

Al saber del emparejamiento con el Cornellá lo primero que me vino a la chorla fue la pegadiza canción "El Blade" del dúo barcelonés que titula hoy. Estopa también repartió nuestro verdiblanco rival, que merecidamente pasó de ronda entre un descalabro tras otro de los nuestros. Quizá anduvieron privando en alguno de los garitos de la canción, porque el cuadro humilde del duelo, aún jugando su partido y haciéndolo bien, necesitaba una dosis extra de alineación de astros, a la que nosotros contribuimos con confianzas desde el inicio. El once que saltó al césped artificial debería haber sido suficiente para pasar pero, ¿Qué cojones es eso de que ni siquiera viajen los pesos pesados? Giménez se confía también, se lesiona por el orgullo herido de ver que un "inferior" le gana el duelo, falta y gol. Ya lo decían en la retransmisión: el balón parado iguala las categorías... Discutible hasta cierto punto, pero no hoy. No sé qué coño pasa que nos la cuelan demasiado por arriba, joder. Al menos últimamente algo de daño hacemos en el de ataque, pero nos rematan en balón muerto mucho desde hace varios años ya. 1-0. Minuto 7. Encima las que tú tienes para bajarlos a la tierra no entran, y esto se convierte en una irritante carrera contra el tiempo en la que todos fuimos Savic y su desesperación. ¿Que no es suficiente ventaja? El pobre Ricard se vuelve tan torpe como El Langui (se parecen y todo) y es expulsado para, ahí sí que sí, ponérnoslo no ya en alemán, sino en mandarín. Pero a quién voy yo a culpar, si este deporte con su marcador corto nos tiene siempre preparadas estas maravillosas desgracias... 

Lo que menos me gustó de esta vergüenza fue la falta de ocasiones y la frustración que todos sufrimos por el exceso de faltas. De nuevo, olé por el UE Cornellá, debemos de superar ese escollo. ¿Tú qué harías? ¿Veis? Tengo que elogiarlos a cada lloriqueo, no lo puedo remediar. Me siento como una mierda mencionado ese apartado. Este tipo de partidos tienen ese componente de sucio odio al rival que nos martiriza. Los maldices por sus constantes pérdidas de tiempo, por sus calambres y lesiones típicas con salida en falso de los minutos postreros, pero por otro lado piensas: "¿Qué coño quieres que hagan los chavales?" Es una sensación similar a cuando el de un curso más pequeño te tocaba los cojones: si le pegas te puede llegar un hermano grande a devolvértela o también te pueden decir que te metas con uno de tu edad. En resumen, no habría ni que haber dejado que se plantearan la posibilidad de que podían ganar para evitar caer en esos dilemas. Fácil, ¿eh? Porque además el rival sí que tenía claro lo que tenía que hacer y no era nada cojo. Se agarraron a todo lo que tenían a su mano (y más que se pudieron llevar si hubiese habido VAR con el brazo de Ricard antes del gol). Eso además descarta la posible condescendencia arbitral, porque cuando estamos en la mierda en estos escenarios pensamos que el árbitro cree que es es divertido ver al grande en apuros así que no, no es jodida excusa válida. Encima los muy mamones se destapaban con excelentes jugadas de vez en cuando para terminar de exasperarnos. Lo dicho, una tortura de tarde noche en la que la única alegría fue el debut de los chavales San Román y sobre todo Mario Soriano. ¿Qué será de Grbic y Saponjic ahora?...

...¿No esperábamos esta emboscada? ¿Tenía sentido tanta confianza ante este rival, que estuvo apunto de ascender a segunda? ¿Precisamente nosotros, con la herida copera reciente, joder? Esto se convierte en tendencia peligrosa. La de la Cultu fue perdonable porque ahí fallamos un montón de ocasiones, ¿pero ésta? Casi que la equiparo a la eliminatoria a doble partido perdida con el Albacete. Otros tenían ya sus Alcorcones o Toledos, sus Noveldas y Figueres. Nosotros con retraso pero ya tenemos nuestros propias derrotas inopinadas para no ser menos. El atenuante del buen momento en liga no es más que una excusa de las que surgen al abrazar la almohada al borde del llanto. Qué liga ni pollas! El año que viene quiero otro duelo como este, pero ojalá tarden en repetirse porque será que habremos seguido como un tren en el campeonato doméstico y jugaremos la Supercopa a 4 cual patricios. Pero lo que es ahora, desde luego los muchachos se han esforzado en hacerme querer olvidar la Navidad, que esta vez estaba disfrutando de forma un tanto cursi para mi estándar, por el niño pequeño y tal. En esta ocasión menos mal que tenía el documental de Fernando Torres para aliviarme las penas, que me encantó porque me ha hecho entender muchas cosas de su primera marcha. Me encanta que hable tanta gente del entorno y del gran fútbol, menos el representante ese cuando critica al Cholo por no poner a El Niño. En general una muy recomendable pieza...

...Pero poco duró el buen sabor de boca, enseguida me volvió la canción de Estopa al tarro para alegremente recordarme la humillación sufrida: 
"Siempre sabes donde las dan y tu las tomas pero eso sí aquí en K.O.rnelláaa"

lunes, 4 de enero de 2021

Los dos abismos

Antes que nada pido perdón, porque mi arrogancia desde el gol de Marcos Llorente estuvo apunto de salir cara. Me confié, y por eso se fueron al limbo varias ocasiones para rematar este catártico encuentro. Tengo parte de culpa, como todos los que también lo diérais por hecho, en el exceso de confianza que reconoció Giménez en rueda de prensa. Aunque sé que no pero sí, me creo el centro del universo de mi Atleti, a muchos también os pasará. Estoy tan enfermo de él que es un ejercicio de devoción absoluta y no megalomanía, otra explicación no tendría en alguien tan humilde como yo, que por no agobiar se lleva un rapapolvo de no una, sino dos churreras en la mañana del partido. Hoy mismo he respondido con actos en un ámbito en el que mis acciones sí tienen repercusión, o al menos dejan paz mental, dando una mala reseña en google. Pero volvamos al plano adimensional que nos ocupa, a esta personificación que sufro, cábalas, gafes y contragafes mediante, me posee a veces. Una superstición fruto del miedo a que se evapore mi ilusión, que estrangula el sin sentido de que afecte en alguna medida el hecho de que yo diera por sentado el triunfo antes de tiempo... Y encima teniendo razón. Porque con los jugadores que esta vez aún aguantaban sobre el tablero, yo tenía fe en mi torre Koke, mi alfil João y en mi caballo Suárez para ganar esta partida, y eso que enfrente había peones experimentados como Laguardia (te expulsaron porque envidian tu barba) o el infravalorado Pacheco. Sí, he visto The Queen's Gambit, quería dejar huella, como lo ha hecho en mi, pero no puedo hacer más referencias a ella sin hacer más el ridículo, al menos no la recomiendo como hace la gente, yo solo recomiendo que no seáis tan hedonistas como yo y desconfiéis del triunfo, que veáis una trampa a cada vuelta de esquina, solo así construiremos la meta a la que queremos llegar.

Pero retrotraigámonos concretamente a la segunda parte, a esa rigurosísima expulsión fruto del VARiable, que miedo me da cómo nos puede afectar en el futuro ese caprichoso artefacto, y que se convirtió en el chupito de Thunderbitch que necesitaba el equipo vitoriano para ir arriba con todo. También ayudó que ellos metieron a sus dos delanteros titulares. Y por último que Felipe hizo corto y quitó las telarañas, y seguro que algún cacho de escarcha, de la escuadra derecha de Jan. Era un mazazo se mirase por donde se mirase. Encima era hasta justo dado el desarrollo del partido... Un patinazo en el hielo babazorro, otra trampa  como escarmiento divino al error arbitral, como en aquella jornada 1 de la 2015/16, donde el bobo ese de Manu García nos dio la noche con su golazo... Si queremos tener esa sensación de decepción, que en el fondo es un gustazo porque quiere decir que estamos bien arriba, más nos vale a todos, os maldeciré si no lo hacéis, desconfiar de todo, apoyar mentalmente al equipo, tener humildad y no hacer ni caso a los putos que nos felicitan por adelantado. De esa forma luego llegarán alegrías como la de esta ocasión, no siempre sera así, cuando los de arriba conectaron para arrancar un triunfo de obligado cumplimiento por el propio nivel de exigencia. Porque a estas alturas, nunca mejor dicho, existen dos precipicios, uno te proyecta a la ilusión más celestial, a un vértigo que te hincha el pecho y el otro nos espera atrás para descabalgarnos de un sueño que absolutamente nadie esperaba. Pero basta por hoy de precauciones. Ahora vuelta a la trinchera con la esperanza intacta, qué digo intacta, reforzada tras este sobresalto con final feliz, mira que levante la mano el que no se acojonó con que anulaba el gol por fuera de juego de Félix...


sábado, 5 de diciembre de 2020

Metamorfosis

La primera parte transcurrió tal como Sergio quería y la segunda y definitiva a pedir de boca del Cholo, y de cualquier indio que se precie. Me sorprendió tanto como la continuidad del sistema de juego el inicio atrevido de los del Pisuerga, aunque esa película ya la vi este verano, sin público también, cuando nos costó la vida ganarles. Pero tengo muy claro que el mayor número de cambios nos beneficia más que a nadie en España. Sin embargo, ninguno de los ingresados fue el que abrió la lata, sino Lemar, coast-to-coast, pura fe en un balón difícil de rematar y que ni siquiera tenía su nombre. Enseguida se le quitó esa mirada de tocapelotas al bueno de Masip y solo entonces empezó a no tardar cuarenta segundos en cada saque. Pero qué les voy a contar, si de esas hemos hecho nosotros así de veces. Muy buena primera parte del Valladolid, que si bien no hizo sudar a Oblak, sí que remató mucho, aunque fuera por finalizar. Pero tanto tienes, tanto vales, y tras el entreacto se notaron los quilates en la balanza con Llorente, Joao y la jerarkía de Koke. Kondogbia y Torreira pura fibra en la separadora también. Pero fue de nuevo by order of the fucking Peaky Blinders como Trippier, el cual vuelve a regentar su propia casa de apuestas, peinó un balón a un auténtico mastodonte como Llorente, que flota como un águila y pica como un dientes de sable. Esa definición la podría haber firmado el mismísimo presidente del Valladolid, que me han dicho que la toca y tal.  En fin, que pasamos de la ceja levantada a la sonrisa bobalicona en cuestión de un par de cambios. Son necesarios estos trucos para seguir opositando, pero ese jugar con fuego en partidos de obligado cumplimiento pilla con la guardia baja al más pintado. La siguiente sesión de liga será en el Paseo de los Melancólicos que han montado en Valdebebas. Al menos tras ganar en el Pizjuán solo llorarán por un ojo. Ni caso a esos cocodrilos con cuernos que nos felicitan por la liga. Pasen de ellos como hizo Marcos con Roque Mesa cuando fue a buscarle la boca, aunque no sé que hago hablando de muertos, que está feo. Un condón en cada oreja y pa Salzburgo a no repetir cagadas con otro Red Bull, que ya tuvimos bastante en Lisboa. No hemos hecho una puta mierda aún. La única concesión que os dejo es que os memoricéis el calendario de partidos.