jueves, 2 de octubre de 2014

Ligarte a la estrecha buenorra

-Perdone señor, ¿sabe dónde está una mezquita que me han dicho que está por aquí cerca?
-Pues no tengo ni idea. A mano izquierda creo que hay un sitio en el que se reúnen evangelistas brasileños de esos, pero de mezquitas, no sé nada.

Como si de una premonición al desenlace final se tratara, mantuve esta conversación con un musulmán que me topé camino al partido. ¿Sabría lo que es el ardaturanismo? ¿Debería haberle dejado mi número para hacerle entrar en la verdadera fe? No, mejor no.

Salió el Atleti ante una Juve menos Juve con ese verde tan feo e impersonal. En todo caso que vistan de rosa (su color originario) o de azul (mítico en Europa). Colores con identidad, joder. Es frustrante lo de las equipaciones. Pero ¿qué les voy a contar yo? Que tengo un modelo bastante cani de la Vecchia Signora en tonos dorados. Por ahora tan solo el Levante me ha jodido la estadística de equipo que está en mi colección de camisetas y pierde. Volviendo al partido, enseguida se vio que delante había todo un hueso. Un equipo aguerrido, de los que no dan un resquicio y con jugadores top 20 a chorros. Pocas ocasiones, con un anecdótico dato de posesión y pases realizados favorable a los transalpinos. Quien se guíe por esas cifras a la hora de valorar a un equipo mal lo lleva. Tiago estuvo sublime en colocación y contundencia. Está ahora mismo en un momento dulcísimo. Un auténtico cortafuegos. Del portugués más o menos me lo espero, pero hay alguien que se merece nuevo reconocimiento: Mario Mandzukic, un tío con un par de testículos, intercambiando manotazos por doquier con defensas desquiciantes. Seguro que es un hijoputa, pero es nuestro hijoputa, los centrales le tocan los cojones bastante pero él aguanta sin perder los nervios. Para chulo nuestro batman larguirucho, que se quita la máscara al cuarto de hora dejándose la napia desprotegida ante la atonicidad de Bonucci. Lo dicho, un tío grande y guerrero, no como la maricona de Llorente. Al descanso daba la sensación de que se necesitaba un golpe de timón para superar a esos tres centrales. Éste se produjo paulatinamente. Tanto, que incluso los italianos comenzaron a llegar al área con cierta claridad. Pero una jugada de Arda por banda derecha provocó la amonestación (árbitro malísimo para ambos equipos) para Chiellini, que daría divinamente el pego como actor en pelis de romanos. Ese lance, cual partido de rugby, permitió arrinconar durante unos minutos a los juventinos, con varios corners y centros. Ya que no se podía con cates, pues a empujones.

Entonces llegó el gol. Es un tío raro este turco. Se lleva balones inverosímiles metiendo culo, es listo como nadie para romper a las defensas en esos bloqueos cerca de las esquinas, pero luego el bueno de Manyu todo el rato bajando para cubrir el hueco que dejaba en las contras... Anarquía al servicio de la magia. Porque en contraprestación apareció nuestro barbudo favorito en un centro de Juanfran (todo lo que le diga es poco) al que no llegó el propio croata, y sin saber muy bien cómo, embocó el balón bajo la mirada con ceño fruncido de todos los rojiblancos del mundo: en Estambul y en Málaga los hay fijo. Al igual que los grandes de la NBA se crecen en los play-offs, a Turan le va la Copa de Europa. No es la primera vez que el otomano consigue goles de pura raza en Champions: Milan, Oporto, Zenit, Chelsea, y ahora Juventus. Un gol de sutil casta, de huevos. Tras los peores minutos de la reanudación, nos poníamos por delante con pocas ocasiones. Cosas de equipo grande y tal. El marcador no se podía mover. A base de palos vamos aprendiendo a echar el cerrojo, pero Ansaldi, no te vayas al corner en el 84' cabrón. Este tío centra de puta madre por cierto. Luego Siqueira reforzó ese lado y forzó corners que si yo fuese un aficionado de la Juventus habría roto la tele de impotencia (el travelo de Lichsteiner casi pierde los estribos). Pero qué bien sabe cuando es uno de los tuyos el que resguarda la ventaja. En esa ensalada de laterales dobles, con Mario entrando como cemento extra, mientras los italianos metían a ochocientos delanteros y al repelente niño de papá de Morata, murió el partido como empezó: feo de cojones, plomo puro, pero con un gol más. No se cometieron errores, y he ahí el resultado. No es nada fácil crearle problemas a este tipo de equipos, y les vencimos con mentalidad férrea y de equipo ganador. No había encajado goles y contaban por victorias sus partidos. Ahora es el Atleti quien lleva tres seguidos sin recibir un gol, aunque Moyá apunto estuvo de liarla y de paso darnos una taquicardia gratuita. Se reconduce la clasificación, y ahora espera el Malmoe, al que no habrá que subestimar (le mojó la oreja a los grecos). Definitivamente estos triunfos son los que mejor saben, valorémoslo como se merece antes de la siguiente batalla.



PD: La próxima vez que cruce con un mahometano y me haga la misma pregunta, le diré que el Calderón a ratos es mezquita y hay un duende turco al que alabar. Luego lo mismo me tira un zapato a la cara...