miércoles, 22 de febrero de 2017

Ida y Vuelta

Qué decir ya de la impaciencia previa a estas noches europeas... Al salir del trabajo me cruzo con un gato tan negro como vestía el Bayer anoche. O bien porque acto seguido se cruzó en sentido contrario o porque el gato era del Atleti, este anecdótico "mal augurio" no fue tal. La impaciencia se mitigó con la natación del crío, pero tras llevar yendo allí meses, va el monitor ese mismo día y me dice: "Hoy vamos a ganar, soy del mismo equipo que tú". Por si acaso se me hubiera olvidado que faltaba menos de una hora para el partido.


Volvíamos a acudir, como hace dos años, a orillas del Rin. La memoria también juega, y en este caso a los nuestros se les veía concienciados de eliminar cualquier parecido con ese nebuloso partido de ida. Todos mostrando un nivel de enchufismo notable. Sobre todo Saúl y los laterales, dos espolones. Entre otros síntomas me puso contento ver alguna subida coast-to-coast de Sime. Gran partido del croata, que sigue aclimatándose al puesto (pero no te olvidamos Juanfran). Y fue precisamente el mencionado Saúl el que metió un golazo que valía un riñón de la eliminatoria. Muy parecido al de Falcao en la final de la Europa League y al de él mismo ante el Bayern el año pasado. Se ve que al Torocampista de Elche le molan las alemanas. Seguro que veranea en Mallorca. Definitivamente esta vez estábamos haciéndole daño al Leverkusen. Tanto fue así que Gameiro encara desde medio campo... Me dio el pálpito de que lo metía el solo, con lo que corre... Pero no: tras el festín de Gijón decidió sabiamente no descuidar su rol de actor de reparto, así que imantó a Toprak y al desbordado Dragovic para ceder a Antoine el 0-2. Me encanta la contundencia de los trallazos que pegan en el larguero antes de entrar. El Bayer puso a prueba a Moyá (paradón) y la zaga en general, llegando con peligro porque son un gran equipo de cintura para arriba. Eso no resta un ápice al despliegue de los nuestros, que con los goles hicieron que los 700 se apoderaran de la genial acústica del Bayarena. No sé qué tienen las retransmisiones de Champions o los campos del extranjero que se oye todo tan cojonudamente.


Se sucedían mensajes de gente no atlética sorprendida con el resultado, y yo venga a decirles que quedaba partido y eliminatoria. Así que gol nada más volver de los vestuarios, como contra el Sporting. Los renanos, a pesar de la absurda sanción a su pelotero Çalanhoglu, demostraban que como buenos germanos no se iban a rendir con el gol de Bellarabi. Pero el Atleti no se descompuso, y continuó como todo el partido haciendo más daño con menos y más afilados pases. Así pasó algo inusitado para los tiempos que corren. Penalty que era fuera y que se metió dentro, cuando últimamente era más bien lo contrario. Aún así, uno no puede confiarse nunca y poco después, en otro coletazo acortaban de nuevo los locales. Me jode por el bueno de Moyá, que en esta casa siempre será tratado exquisitamente. El balón rebotó en Rambo Savic y sembraba ciertas dudas en un partido que estaba siendo de claro dominio colchonero. Al menos no marcó el entrañable a la vez que odioso Chicharito. Ni en esa ni en la que Filipe le sacó bajo palos el empate. Carrusel de cambios, y esta vez con Thomas no se acabó la partey del Leverkusen, sino con un cabezazo donde duele de Torres, para acabar con esa fase de blitzkrieg que tuvieron los de Roger Schmidt: ese entrenador con pinta de millonario malvado de peli de acción mezclado con miembro de Spandau Ballet.


En resumen, gratificante intercambio de golpes bastante inusual para este Atleti y del que se fue con un resultado orgásmico. Esto demuestra que afortunadamente también hay mimbres para ganar partidos de esta guisa, o bien por iniciativa propia o porque a veces el rival te arrastra a ello. Está por ver si seguiremos manteniendo además ese perfil sólido y rocoso cuando haga falta, que no duden necesitaremos. De momento este fue un partido único, pero de ida y vuelta.

2 comentarios:

Tomi Soprano dijo...

Muy buenas, Don Dami:

Después de leerle su extraordinaria prosa, casi que me dan ganas de volver a tomarme unas vacaciones de nuevo, macho. Pero yo, y mogollón de juntaletras oficiales denominados "periolistos" que no le llegamos a usted ni a la altura del betún.

Me ha encantado, de verdad. Y su comparación del Señor Schmidt "Schmidt: ese entrenador con pinta de millonario malvado de peli de acción mezclado con miembro de Spandau Ballet", lo mejor que he leído en años.

Divertida, original, amena y con clase. Como somos los Atléticos. Más no se puede pedir.

Un abrazo.

Dami Fernández dijo...

Un orgullo agradarle, pero ni se le ocurra retirarse.