domingo, 25 de enero de 2015

Uno para todos

Que el Atleti de Simeone es un equipo en su máxima expresión es un axioma, pero luego están los partidos en los que brilla con luz propia alguno de los pupilos del argentino. El mosquetero Antoine Griezmann, en este derbi madrileño, fue el protagonista de cabo a rabo. Llevaba tiempo sin ver un partido completo de los nuestros, tenía casi síndrome de abstinencia, si bien mi metadona había sido, como mucho, ver fragmentos de partidos. El hecho de enterarme a la mañana siguiente justo antes de entrar al trabajo del resultado de la ida de copa contra el barca habla por sí solo... De esta manera, saboreé más la victoria justa y con un brillo muy focalizado de este Atlético de Madrid, que en la primera jornada ante este mismo rival ofreció una lamentable imagen. Hoy, cinco meses después, he de decir que me está pareciendo una temporada cojonuda. 

Como decía, Griezmann se está mostrando cada vez más como ese enfant terrible que sabemos que ha de ser. En el primer gol se aprovechó de típico fallo en salida de balón del Rayo de Jémez para anotar con sanfre fría. En el segundo, una gran peinada de nuestro alfil croata la culminó con igual calma. Igualito que yo vamos... Hay que ver como una portería se te puede hacer infinitamente pequeña o sorprendentemente grande. A partir de ahí, pasó lo que este año sucede con demasiada frecuencia: gol visitante que complica el partido. Trashorras, uno de los jugadores que más me llama la atención de los vallekanos, la clavó ante un Moyá que aunque imagino que sabría que era el único sitio por el que se la iba a clavar el rayista, no llegó. Por cierto, me comentan que partidazo de Oblak en copa y me alegro sobremanera. Tenemos dos grandes porteros hasta que se demuestre lo contrario. La segunda parte no contribuyó al empate, y los nuestros empujaron hasta sentenciar con un extraño gol, que es algo que creo no tenía este equipo: gol de córner en propia puerta. ¿Se imaginan que estaba ensayado para que saliera así? Luego salió Torres, el otro niño, que parece puede hacer buenas migas permanentemente con Antoine. No marcó, pero es cuestión de tiempo. Sinceramente creo que en el mercado de invierno el equipo ha salido reforzado. Aquí aprovecho para mostrarle mis respetos a Cristian Rodríguez, un jugador que ha exudado atleticismo desde que llegó y que me cautivaba con sus arrancadas, sus cebollazos y los cojones que le ponía a cada jugada. Suerte en Parma y que te vaya bonito vuelvas o no. "Cebosha: Uno di noi". Por otro lado, llega un jugador que siempre me ha gustado: Cani, sin haberle visto jugar, aportará más fútbol, cosa de la que no vamos precisamente sobrados. Y Fernando es Torres... Volviendo al partido, yo hubiera agotado los cambios, y los hubiera hecho antes, pero el Cholo sabrá. Fue un gustazo escucharle en una entrevista que ya había leído online en la que almuerza con Maldini, sus hijos y Gustavo López. Una verdadera gozada este tipo de charlas distendidas y con historias y opiniones de las que hacen a uno dar gracias por gustarle este deporte. Una nueva victoria, para seguir apuntalando la tercera plaza y seguir mirando igual hacia abajo que hacia arriba. En medio, un nuevo episodio, esperemos que no el último, de la Copa del Rey. Yo lo veo chunguísimo, pero remontable incluso si marca el puto Barsa. Otra noche mágica nunca está de más, y ya no digo nada que luego todo se sabe...


Anexo: Agvonavbare
Si hay un portero noventero al que guardo especial cariño es al nigeriano Wilfred, luego llegó Songo'o, pero el hecho de que fuera un portero de raza negra le daba un toque llamativo. Por ese motivo, me resultó fácil amarrar ese nombre en mi, incipiente por aquella época, base de datos futbolística. No me pregunten qué comí hace dos días, pero sí cualquier gilipollez desde la temporada 94/95 para acá, y les devuelvo el dinero si no les doy una respuesta convincente. Por terminar de agrandar mis vínculos con el protagonista de este anexo, recuerdo cómo lo reconocí en un capítulo de "Los ladrones van a la oficina" en el que hacía de Baltasar. Por último, uno de mis primeros cromos de colecciones Este de la temporada 95/96, la primera y última que tuve, era del africano, al que elegí para que mi vecino, que tenía ordenador con una cosa llamada escáner y otra impresora que sacaban imágenes de cualquier cosa en papel, me imprimiera en blanco y negro. Hoy, el Rayo, en otra de sus medidas que le retratan como uno de los mejores clubes de primera, y el más solidario por descontado, va a ayudar a traer a los hijos de un agonizante Wilfred, al que desconocemos los motivos, pero el fútbol no le terminó de dar para vivir como imagino vivirán los futbolistas de la actualidad. Un tío grande en ambos sentidos.