jueves, 18 de diciembre de 2014

Feto

El partido no ofrece ningún atractivo más allá de encontrarme sin nada mejor que hacer. Además, ver al Atleti (con su incomparable abanico de emociones) siempre es un placer, más que un deber. Es el último partido del año en el Calderón. Un partido descafeinado, pero con varios canteranos y jóvenes fichajes que quizá tuvieran algo que decir. Y sobre todo, hay otro frente (el de la afición) cuya comunión, de ahí la palabra que titula, debe germinar poco a poco. Últimamente cualquier grito aislado que se oiga en el campo me suena a música celestial. Se nota que el aficionado de a pie es consciente de que vamos a tener que remar todos juntos más que nunca, pero al igual que con algunos jugadores que fueron de la partida, todo está en estado embrionario. En lo meramente futbolero, Manyuka y su olfato de Perdiguero de Burgos reconducen un tiro desviado en la única ocasión que recuerdo de la primera mitad. Es increíble la movilidad que tiene el eslavo... no sé de dónde sacan perlas como delantero tronco, si el menda se harta de defender y cae a banda... demasiado en mi opinión. Aún así, se le ve más que a Raúl Jiménez. Así continúa el cúmulo de choques e imprecisiones, y aprovecho para otros menesteres como cortarme el pelo, diseñar un plan b para el desayuno o zanjar los últimos flecos de la expedición a tierras jiennenses. Pasa el tiempo, con el Atleti llevando la batuta pero sin ritmo ni swing. Entonces aparece una carambola para darle el empate a los catalanes. Me sigo quedando con las ganas de ver una parada del bueno de Oblak... Lo poco que le tiran y la cantidad de goles que encaja el pobre chaval. La rebelión queda rápidamente minimizada con un nuevo tanto de SuperMario. Qué remate! ¿A que no adivinan a pase de quién? Koke y Mandzukic no estarán en San Mamés, cosas como esa jugada a buen seguro que no tendremos... Posteriormente, lo más interesante es la fumada del comentarista sobre el potencial riesgo de Simeone si alineaba a cuatro jugadores del filial. Y una mierda! Golazo para volver a empatar del L'Hospi. Esta vez sin rechace pero con un efecto diabólico que le vuelve a otorgar el beneficio de la duda al esloveno Oblak, pero me temo que este partido le está haciendo un flaco favor, y recemos porque tenga personalidad y no le entre ninguna psicosis tipo Asenjo. Finalmente hace una buena intervención que quizá le restaure la confianza: de paso le salva el malrato al debutante Keita de meterse un gol en propia. Conforme pita el árbitro publico esta entrada, posiblemente la última de una año legendario, por mucha mierda de partido que nos hayamos tragado en estos dieciseisavos de Copa, este 2014 ha sido colosalmente rojiblanco.