lunes, 14 de julio de 2014

Brasil 2014: parte de la historia

Don Alfredo Di Stéfano, prócer de la historia del fútbol, es parte del libro de leyendas de nuestro amado deporte. A pesar de apenas haber visto imágenes en blanco y negro de él como jugador, y como yo mucha gente, nadie duda de su calidad y su condición de grande del balompié. Acuñador de infinidad de frases ingeniosas, siempre le guardaré cierto rencor/pena por una: "Ser del Atlético de Madrid y no del Real Madrid es como ser pobre pudiendo ser rico". Aún así, mi más profundo respeto para un hombre por el cual el eterno rival ganó su décima Copa en Lisboa en vez de la cuarta o la quinta... Un hombre de clubes, no de selecciones nacionales, porque curiosamente no disputó un solo Mundial. Aún así es recordado como un grande. Más mérito aún. Pero como una especie de ironía, se fue en plena Copa del Mundo, justo cuando empezaban a forjarse las nuevas leyendas o los de siempre añadían nuevas páginas a su tomo de éxitos. Pasamos a completar esta trilogía mundial, del que puedo decir sin duda que me ha parecido el más emocionante de los vividos. 

Los cuartos, que son similares a los de las campanadas de fin de año porque anuncian el final inmediato del torneo, nos dejaron cuatro estampas. En el pase de Brasil a regañadientes, sin duda es el rodillazo a Neymar, del cual bromeé para enterarme al día siguiente de que se perdía el resto de campeonato. Pero donde Brasil realmente comenzó a cavar su tumba fue con la ausencia de Thiago Silva, un gran jugador que encima anotó en este partido ante Colombia. El seleccionado cafetero fue de menos a más durante el partido y gracias a ellos pudimos palpar una vez más el miedo en la cara de esta Brasil toda emoción y garra, con un fútbol semi nulo. Bravo por los colombianos, que espero se hayan marchado con buen sabor de boca pese a la eliminación. El Francia-Alemania se antojaba el partidazo de la cuádrupla, pero fue de lo peor. Alemania tiró de balón parado para dejar impotente a unos galos que hicieron bastantes méritos para equilibrar la balanza. En la próxima Euro los franchutes tendrán una selección mucho más madura y experimentada. Ojito. Mientras, los teutones se metían en semis con más pena que gloria, ¿No eran estos los máximos favoritos? No parecían llegar en plenas condiciones a un choque contra la anfitriona... 

Por el otro lado del cuadro, Holanda se enfrentó a su romance con los penalties y salió airosa. Quizá Van Gaal tenga parte de culpa con su decisión de meter al suplente a parar: ahí invirtió la psicología de la tanda e intimidó la confianza de los costarricenses con Keylor. Estratega nato el cabezón holandés, que tuvo el temple para tomar esa decisión tras ver cómo su equipo derrochó ocasiones para no haber llegado a la muerte súbita. Y otro aplauso para los Ticos, que vendieron cara su piel. Que se vayan de juerga con Colombia para celebrar su gran papel. Para completar el cuarteto de semifinales, Argentina no podía fallar, pero Bélgica venía de hacer su mejor fútbol ante los yankees... Nada fueron para la garra albiceleste y el golazo de Higuaín, que fue suficiente motivo para mandar a casa a una indolente selección belga. Gran decepción de partido y merecido pase de los argentos. Mi camiseta negra de Alderweireld no dio nada de suerte a los diablos rojos. Brasil-Alemania. Holanda-Argentina. Diez copas del mundo entre todos. Si bien los Países Bajos no tienen ninguna, tienen tres subcampeonatos, y eso también es ser historia de los mundiales. Discrepo con Don Luis en lo de que "del subcampeón no se acuerda nadie"... 

En las semifinales solo jugó Alemania. Brasil, Argentina y Holanda no comparecieron. Die Mannschaft hizo un ejercicio de superioridad y efectividad tal que desgarró los anales de la historia brasileños y recuperó para el partido apelativos bélicos e industriales como Panzer, Wehrmacht o Luftwaffe, que parecían desterrados para esta remodelada selección. Creo que no me arriesgo mucho si digo que no veré una goleada de semejante importancia en el resto de mi miserable vida. Brasil era un globo inflado con rezos, himnos a capella y sobre todo la presión de sus 200 millones de habitantes, así que al mínimo roce serio la burbuja estalló sin remisión. El concepto de "hacer un siete" tendrá una nueva acepción a partir de ahora. Si por alguien me alegro es por el mezquino de Scolari, que solo se ha dedicado a sembrar dudas de cara al trato arbitral hacia Brasil. Por si fuera poco, Holanda echaba una palada más de sal en la herida en el partido por el tercer puesto. Lágrimas y traumas por doquier en los brasileños, que a pesar de terminar haciendo la ola en el estadio y firmar unas semifinales, lo cual no es moco de pavo, se van con una cicatriz eterna en medio de sus cinco estrellas. El tercer puesto de Holanda fue totalmente merecido, ofreciendo una propuesta diferente y lógica dada la naturaleza contraatacante de sus delanteros. Un montón de nombres desconocidos para el gran público como Blind, Martins Indi, Clasie o Memphis Depay nos sonarán mucho a partir de esta copa. Solo los penales les separaron de una final a la que llegó Argentina tras buscar más el partido en uno de los encuentros más infumables del mundial junto al Irán-Nigeria y el Rusia-Corea. Solo Cillessen arriesgó algo en un par de recortes. El resto fue un pacto de no agresión cumplido tan a rajatabla que parecían no querer enfrentarse a los alemanes en la final. Romero fue la estrella, pero es que Mascherano fue el héroe. Todo lo que se le diga es poco a este auténtico jefazo. Se dejó el orto literalmente por su país. La manida frase de "es un jugador que siempre quieres tener en tu equipo" está personificada en él. Así nos íbamos al cacareado Maracaná, con la panorámica detrás del Corcovado explotada hasta la saciedad por los realizadores televisivos, como para no hacerlo...


Ahí estaban dos estilos de fútbol, cuyo único denominador común era la pasión. Argentina, con su exceso de testosterona y su raza. Alemania, con su generación de jóvenes con carácter y abrazados al fútbol de talento. Salió bien Argentina, con las ideas mucho más claras, y este tipo de partidos lo ganan esos equipos. Pero no es menos cierto que el que perdona lo acaba pagando. En una final muy igualada, incluso a golpes aparatosos (Garay-Kramer y Neuer-Higuaín), era obvia la prórroga, incluso parecían inevitables los penalties. Pero entonces aparecieron dos invitados de última hora: Schürrle y Götze. Entre esta aleación de umlauts y consonantes del final del alfabeto apareció el gol que valía una copa del mundo, y que yo tan solo oí por la radio mientras iba a recoger una pizza tras haber estado con los ojos como platos ante la pantalla durante el resto del partido. Los germanos son el primer campeón europeo en América, que perdió la oportunidad de igualar al viejo continente en títulos (ahora 9-11). Me alegro porque su oferta futbolística es noble e irrechazable, pero mis respetos también a Argentina por el buen partido que hizo. Un derroche de fe incontrolable y absolutamente necesaria en el fútbol plastificado de hoy en día. Si su estrella hubiera brillado, hoy probablemente tendrían una más cosida sobre su escudo. Porque aunque la FIFA y su afán compensatorio vomitaron el premio de mejor jugador para Messi, el argentino no ha estado en modo Maradona, y ha ido claramente de más a menos. Yo se lo hubiera dado a Robben o a Mascherano por delante de él. 


Pero eso son nimiedades, no son las típicas cosas que recuerdas años más tarde, y que están destinadas a ser contadas a los nietos o en su defecto a infantes de edad similar. En mi caso esas serían el récord de máximo goleador de Miroslav Klose, la incrédula celebración del gol de Brooks para USA, el 1-5, el 1-7, las sonrisas y lágrimas de cada partido, y sobre todo lo más importante: dónde y con quién estaba. Historia con mayúsculas. La bandera alemana, que alguien se encontró tirada en la calle y me cedió conociendo mi afición a la vexilología, aún deberá ondear en mi balcón cuando llegue a mi piso esta tarde. Lo mismo que ondeaba otra sobre los hombros de un niño alemán que corría sin rumbo lleno de alegría cuando terminó todo (la Costa del Sol es así). Ahí eché de menos la sensación de saberte campeón del mundo, y me pareció no haberlo saboreado cuando pude. Ésto, sumado a ver más tarde las imágenes de Puyol habiendo ofrecido la Copa que ahora ya era alemana, me hizo darme cuenta por primera vez cuatro años más después de lo sumamente difícil que es que tu selección gane un Mundial, y que además tú estés ahí para verlo.